LOS ÁNGELES - Hay vívidas cicatrices que muerden con rabia por caprichos de la memoria. Y más aún si son siete las muescas en la piel de la brutal dentellada.

México no olvida el 7-0. Y no porque fuera en la edición de lujo de una Copa América Centenario. Ni aún porque fuera bajo la guadaña afilada de Chile.

No, la herida fue más profunda: un acto brutal de realismo laceraba al futbol más surrealista del mundo. El por entonces Rey Tuerto de Concacaf era destazado por el campeón de América.

Porque el 7-0 fue el aborto sietemesino de las promesas en gestación en el útero verborreico de Juan Carlos Osorio: "Competimos para llegar a la Final y ganarla", dijo ante del aquelarre en la portería de Memo Ochoa, en el averno de Santa Clara, irónicamente la santa patrona de la televisión y que llevó por esa vía, un dedazo de cruel amargura a 130 millones de mexicanos.

El mismo Osorio lo dijo semanas antes del Mundial. "Eso (el 7-0) no lo olvidaré nunca. Sólo yo sé las noches sin dormir y las veces que he llorado por ello", confesó.

Este martes, astuto, colmilludo, ladino, mañoso, Ricardo Ferretti pondrá lo mejor de lo que tiene para enfrentar a Chile. Reservó lo mejor de su menú ante Costa Rica.

Aún en el hedonismo del interinato, El Tuca sabe que no puede, que no debe y que no quiere, perder ante Chile y menos aún con un marcador que deja esas cicatrices que mordisquean con rabia cuando se les invoca.

Por lo pronto, con una guarnición aún juvenil de jugadores, veloces, ansiosos, Ferretti contempla siete "europeos" para tratar de ponerle concha nácar y hacer menos abracadabrante de lo que ya es la atroz cicatriz.

Sagaz, zorro de mil batallas, vivillo y calculador, Ferretti sabe que Chile vive su propio proceso de transición, y sabe también que en el zarandeo interno que vive el técnico Reinaldo Rueda, es un tiempo propicio para atreverse.

Mientras México viene de conseguir una victoria transpirada y angustiosa ante Costa Rica, Chile llega lastimado por el sufrimiento absoluto ante Perú, que pudo ponerle más piedras y alcayatas, al ataúd del seleccionado de Rueda.

Sin que deba ser el factor fundamental, La Corregidora de Querétaro estará abarrotado, y seguramente, todos esos que dicen que "del 7-0 ni me acuerdo", le harán sentir en cada momento a los chilenos que también de dolor se canta.

Ferretti tiene pues todas las circunstancias a su favor. Fotogénicamente todo está servido: para este martes, Tuca puede tomarse una selfie para la inmortalidad en Querétaro.

Y de paso puede, si quiere, porque debe, entregarle ungüento personalizado a los mexicanos para los achaques inevitables de esas cicatrices, como las del 7-0, esas que muerden y remuerden, en la complicidad soez con la memoria.

Veremos...

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Fútbol, México

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