LOS ÁNGELES - Debió ser en 1984. Notisistema, en Guadalajara. Estaba a cinco minutos de entrar al aire con el noticiero deportivo. Súbitamente, uno de los operadores de cabina, se desploma en el sillón de la redacción de deportes: "Rafa, explícame por favor, ¿cuál es el problema del futbol mexicano?".

Mis cinco minutos de gracia antes del noticiero, se evaporaron. Solté una prolongada carcajada con decibeles de histeria.

El operador me miró fijo. Creyó que me burlaba de su pregunta. En realidad, me reía de la imposibilidad absoluta de dar una respuesta.

Hoy, 34 años después, en el estacionamiento de las oficinas de ESPN en Los Ángeles, un compañero me asalta con la misma pregunta. La carcajada tuvo todos los decibeles histéricos de la impotencia.

34 años después, al futbol mexicano le ha pasado de todo... pero, al futbol mexicano no le ha pasado nada. Todo está cambiado... pero, nada ha cambiado.

1.- El futbol, como ente, sigue en manos de las mismas zarpas. Y no es la avaricia financiera, sino la roñosa mezquindad del autoritarismo.

Se debate, el futbol, como ente, inocente e impotente, entre quien lo prostituye y entre el pánico reverencial, de sus genuinos propietarios, los dueños de equipos, parapléjicos de valentía, sumisos, con la yunta en el cogote.

Ellos, los dueños, perviven bajo el entendido de la libertad, como la auto esclavitud del silencio. Ahí, en la contemplación de su mansedumbre, eligen vivir de los deslices de compasión del dictador.

2.- Como no cotizan en la bolsa de valores de la opulencia, algunos directivos, conjuntan una mafia con los promotores y hacen del mercado negro de piernas extranjeras un negocio promiscuo, auspiciado por la propia FMF. De nuevo, las migajas de la carne podrida.

3.- En esa pirámide, el futbolista mexicano sigue en el desamparo que su propio egoísmo provoca. Cuando las plagas embisten, se declaran unidos, solidarios, y en esos 34 años han inventado su propia aberración de un sindicato.

Pero, cuando la marea se convierte en Tsunami, entonces, cada rata se refugia en las chalupas de sus propios miedos.

¿Que no pagan en Veracruz, ¿Puebla, Xolos, etcétera...? ¿Qué un jugador es victimizado por el (inexistente) Pacto de Caballeros? El amparo mexicano de la indiferencia: "Que se haga la voluntad de Dios... pero en los bueyes de mi compadre".

3.- ¿Y los técnicos? Muchos de ellos, rapiña silenciosa. Zopilotes del oportunismo ante el olor de sangre del colega. No todos, hay algunos que aún pueden mirarse al espejo sin vergüenza. Despavoridos ante la mano de obra barata y abaratada del entrenador sudamericano, de repente se encuentran sin chamba, y hasta algunos, eligen los micrófonos como último bastión para derogar a algún colega vacilante en su puesto.

Y entonces Plauto, 2,200 años después nos retuerce la cita; "El técnico mexicano convertido en el lobo del técnico mexicano". Entre el chambeador y el chambista hay una línea de fuego.

Y víctimas de todo ello, han sido, son y serán, el futbolista joven, iluso, ilusionado, y por supuesto, la afición, que, en el peregrinaje cíclico del fracaso, cada cuatro años acude de carnaval y regresa con la mortaja de las plañideras.

Sí, no faltará algún agazapado, Narciso de su viveza e intelectualidad, que insista en culpar a los propios medios de comunicación. Se sabe: generalizar, absuelve.

Hay, sin duda, algunos que ejercen el concubinato de adulterio interesados en los intereses del futbol, y desinteresados en las necesidades del futbol.

Y aquí, necesario aclarar: el silencio y los vítores, son más culpables que la denuncia y la crítica. Si se protege lo que se calla, el delito sobrevive. Si se denuncia, lo que se calla, el delito, al menos puede morir de insolación pública.

Pero, la realidad, es que, esta exposición, es insuficiente. 34 años después, al futbol mexicano le ha pasado de todo... pero, al futbol mexicano no le ha pasado nada. Todo está cambiado... pero, nada ha cambiado.

34 años después, vuelvo a carcajearme, pero para no ir de réquiem por este futbol mexicano, que, afortunadamente, nos revive y sobrevive cada fin de semana, porque, sin duda, el futbolista mismo, en su mayoría es lo único limpio que le queda.

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Fútbol, México

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