LOS ÁNGELES -- La cartelera no tiene misterios. Esconden más --y esconden muy poco-- en los aparadores de Ámsterdam que las Semifinales de la Liga MX.

El juego es: todos contra el Tuca y todos contra Tigres. Como marabunta insaciable, los felinos dejaron en los huesos a un Monterrey ya aquejado de osteoporosis. Ni médula para un taco. Y además, el cierre de torneo, los revitaliza. Aunque Tuca no lo quiera, es favorito.

Mientras los Tigres adquieren solidez, confianza, altivez y amenazan con estar a la altura -finalmente- de su nómina multimillonaria, los otros siguen juntando piezas. Los tres, Chivas, Xolos y Toluca, descubren que a sus juegos de Lego les faltan fichas.

Lo hemos mencionado, el mejor y peor enemigo de Tigres es su historia de vida. Cuando aparece como favorito, elige desmayarse como víctima. A veces parece un tiburón con prótesis y caries en la prótesis.

Pero, por nómina, por rendimiento, por solidez, por consistencia, por continuidad, los Tuca Boys son el equipo más amenazador, más allá de que en la confrontación en la última línea, palidece. Claro, el gran desafío es saltar las garitas para llegar hasta ya.

La serie entre Chivas y Toluca seduce. Dos equipos que hacen de su temeridad un pacto suicida, más allá de que Matías Almeyda ha rediseñado a su equipo. Lo advertimos: en el cierre del torneo, jugando con fuego, ensayó alternativas. Ha hecho un equipo camaleónico.

Toluca, en tanto, con una descabellada hambruna al ataque, en esa estrujante devoción por morir matando y matar muriendo, dispone de suficientes liebres para encarar al tortuguismo de la zaga de Chivas.

Sin duda fueron más didácticos para Almeyda los sufrimientos de Toluca en la vuelta ante Santos, que para Cristante, los sufrimientos de Chivas ante Atlas. Especialmente porque ese ritmo frenético de sacrificio y combate masivo de los Rojinegros es imposible pedírselo a los Diablos.

Además, el Guadalajara ya tiene a Pizarro listo y con un par de chiqueadores y masajitos, de los deportivos, Ángel Zaldívar estaría en condiciones de regresar, especialmente ahora que La Chofis tiene el GPS más descompuesto que taxista mañoso.

Por eso, esta llave puede consumar un marcador generoso en el global de los 180 minutos, a pesar de Talavera y a pesar de que para Chivas meter el balón es más complicado que la parábola bíblica de hacer pasar a un camello por el ojo de una aguja. Como policía inepto, es más probable que el Guadalajara se dé un tiro en el pie, antes que en la frente del Diablo.

¿Xolos? Ante Morelia ratificó su capacidad como colectivo. Juega mejor cuando las circunstancias lo tienen arrinconado. Insisto en lo de hace semanas: a los jugadores les falta esa personalidad despiadada, carnívora, de su Supersaiyajin Miguel Herrera.

Cierto que para la mitología náhuatl, el Xoloizcuintle era el perro guía en las tinieblas postmortem, o, generalmente, como relleno de los tamales para el rey en turno, pero también eran mascotas salvajes. Pero estos canes sofisticados de Herrera parece que tiene prótesis dentales.

No obstante, buenos futbolistas hay y buen futbol hacen. Hay disciplina y orden. De seguir al pie de la letra el mapa del Piojo Herrera, meterán en problemas a los Tigres. Y si Ferretti se siente Bobby Fischer, su adversario tiene dotes de Gary Kasparov.

Parece una obviedad, pero en el saldo disciplinario de estas semifinales, empezará a olisquearse al campeón. Y me parece que los jueces tendrán más chamba en el agarrón entre norteños. Y claro, para beneplácito del campeador entre Toluca y Chivas.

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Chivas venció al Atlas y está en semifinales
LOS ÁNGELES -- El Profe le puso la Cruz al Atlas. Y Chivas es semifinalista. Matías Almeyda, por fin, es semifinalista. 1-1, y el reglamento extermina la pujanza rojinegra y ampara la ilusión rojiblanca.

El Pelado cumple la promesa: juega distinto en la Liguilla. Lo condicionan, además, las lesiones, pero encuentra una solidaridad granítica entre sus jugadores. En su equipo sobrevive el grupo, que, incluso, ha sido capaz de absorber y de moldear el aparente conflicto que implicaba Alan Pulido en su llegada.

Con la ventaja anémica en el marcador, José Guadalupe Cruz abusó de la temeridad y fue víctima de ella. Sentar a Matías Alustiza fue el primer tranquilizante para el Guadalajara. De hecho, obligó a Almeyda a modificar su organigrama: había una amenaza menos.

Sin embargo la decisión de El Profe no pareció tan descabellada en el primer tiempo. Hasta que al minuto 46, un error de marcación validó el empate de Chivas y la eliminación de Atlas.

Sin embargo, el reacomodo de Chivas en esa primera mitad fue contraproducente. Puso a flotar a La Chofis en tierra de nadie. Incluso, en una decisión absurda, del jugador o del DT, aparecía en notable desventaja, como centro delantero, y a él, la rumba, sólo se le da en espacios abiertos.

O, incluso, por esa inercia de que salió con el GPS hackeado, La Chofis apareció dos veces detrás del Chapito, en un evidente descontrol del jugador. Insisto: él no puede dilucidar en la cancha conforme a las necesidades del equipo, él necesita tener el balón y embestir.

Juramentada en el vestuario una devoción extrema, una lucha constante y concentrada, Atlas inquietó a Chivas en el primer tiempo, porque le arrebató la media cancha, y porque sabía que en los tres cuartos del terreno había condiciones de ganar en rotación de puestos.

Inexperiencia, sentenció al Atlas. Inexperiencia ofensiva, sobre todo para elegir la jugada final, en ataques enceguecidos, sin buscar nunca las opciones que se le generaban. Toda esa dinámica, muy cierto, no entra ni en las hormonas ni en las neuronas de Alustiza. Por eso Cruz eligió nervio contra nervio.

La diferencia ocurre en un tiro de esquina. Y Clifford sigue en el limbo en esas jugadas. El recentro toma a Orbelín Pineda de espaldas al arco, y tuerce el pescuezo como acto reflejo, más que por un artificio del goleador, para vencer a Fraga. 1-0 en la agonía del primer tiempo.

El complementó retocó el juego. Apareció Alustiza pero la trinchera había sido levantada por Chivas. Ya con Michael Pérez sustituyendo a la extraviada Chofis, Atlas empezó a jugara la ruleta rusa.

El Guadalajara sabía que ese 1-1 era su princesa en el castillo. Un gol del Atlas obligaría a que el Rebaño se saliera de su pichicato estándar de goles en la temporada.

Almeyda había hecho la tarea entre semana. Si Atlas abusó de consumir tiempo en la primera mitad, en la segunda Chivas sacó un repertorio de cancherismo desconocido prácticamente por el equipo. El reloj estaba en la muñeca del árbitro, pero los minutos estaban en el buche del Rebaño.

Incluso, en esa desesperación, ya desordenada, ya angustiada, ya histérica del Atlas, Carlos Fierro le saca escalofríos al larguero, mientras una encogida chilena de Pizarro se encariña con la base del poste.

Para esa ruta agreste a la pretensión del título, Almeyda encuentra bálsamo: Pizarro ratificó que está listo, mientras que Zaldívar ya estaría listo.

¿Atlas? La madurez que le urge solo la adquiere con estos sopapos. El problema es que ya son 66 años de ellos.

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LOS ÁNGELES -- Fue un abuso. Absoluto. Lesa impunidad. Tigres hizo suya la plaza, la ciudadela ajena, y en pleno zócalo tendió la ajada, mustia, marchita, humeante y humillada zalea del castrado adversario.

Los ¿futbolistas? ¿profesionales? del Monterrey abochornaron a su afición, esa que en un acto extremo de Fe, creyó en unos Rayados reacios creer. Los eunucos visten de rayas.

6-1. Tigres en plan de tsunami. Un epitafio doloroso, pero es, en un clásico regio, una vejación absoluta. Semejante ultraje tiene un responsable: Antonio Mohamed.

Rayados hizo un acto de ilusionismo de 25 minutos. Parecía que quería. Y que podía. Porque, sin duda, debía, a pesar de que algunos, como Edwin Cardona, se movían menos que su sombra.

Pero, en ese acoso estéril, empujados por la inercia de la afición, a la desfachatez del Juego de Ida, y la urgencia de negociar su permanencia seis años más con la mejor beca posible, los jugadores sólo ratificaron su inmoral impotencia. Su descaro es casi un delito.

Después, Tuca rescata los trucos del Tuca. Y hace Jaque Mate al Turco. Mete a Meza, y contra sus hábitos de otros tiempos, monta línea de cinco y casi de seis con Pizarro. Ante semejante laberinto, Mohamed demostró que apenas es un aprendiz del Sudoku.

La ganzúa de Tigres volvió a ser Gignac. Un tiro libre con más intención que letalidad, encuentra en el padrinazgo paquidérmico de Hugo González la complicidad para el 1-0, que acumulaba en 5-1 depredador.

Rayados percibió el tufo. Y no, no era esa fragancia sagrada del sudor honorable del competidor noble. Era la pestilencia de su propio cadáver. El 5-1 era el certificado de defunción. Pero, como los pollos descabezados, seguían corriendo enloquecidos, como estertor y como espasmo muscular de su muerte.

Giganc tenía más. Se enreda Montes en una pirueta torpe de jirafa recién nacida, al enredarse con sus piernas, y el balón llega al chacal francés. Sabio asesino de Liguillas, pero sólo de Liguillas y sólo en el torneo doméstico, alcanzó a tomarse la selfie antes de ridiculizar a Hugo.

Con el 6-1, la afición regia empezó a abandonar su flamante estadio, que se ha convertido, lamentablemente, en sólo una pira, un crematorio, un mausoleo de sus sueños más humedecidos de llanto que de champaña.

Acaso, la falta de gallardía, de masculinidad de los adversario descarapela la consumación de Tigres como amo y señor de Monterrey. No es lo mismo confrontar a guerreros que a ninfas perfumadas que además se amotinan ante su entrenador.

Mohamed demostró que no tiene capacidad de respuesta. Y que en la cancha no tiene auténticos caudillos como los tuvo en Monterrey y América, capaz de detonar, si les queda, la testosterona a los señoritos indecorosos que hoy maneja.

El Turco tiene contrato por dos años. Le han comprado lo que ha pedido. Y seguro, le comprarán, nuevamente lo que ahora pida.

Mohamed tiene la opción de hacer una limpia. Estos soldados le ayudarán a ganar batallas, pero ninguna guerra. Y a estos jugadores, Mohamed los puede convencer de ganar batallas, pero nunca la guerra. Perviven, ambos, en la misma incubadora del fracaso.

Ciertamente el arbitraje de Fernando Hernández fue calamitoso, pero más por torpe y huidizo que por sospechoso. Perdonó a Funes Mori tras alevosa plancha al histriónico Nahuel, mientras que el choque con Dueñas, visto por TV, parece una colisión accidental, más que provocada por el jugador.

¿Tigres? ¿Quién puede detenerlos? Tuca Ferretti ha encontrado los jugadores perfectos para del sopor ir al vértigo. Mucho debió aprender de cómo pierde la Final de la Concachampions ante Pachuca. Hasta se da el lujo de jugar con diez, mientras tiene a Sosa escondiéndose en la cancha.

Y ocurrió de nuevo. Violencia extrema. Algunos aficionados de Monterrey embistieron a seguidores de Tigres. Imprudencia compartida, sin duda. Pero ese tono de linchamiento urge ser sancionado de manera radical y drástica. Pero, lo sabemos, Decio de María no se atreve. Él es cómplice.

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LOS ÁNGELES -- El forense de la Liguilla ya dispone de dos autopsias. Dos que mueren de lo mismo: Monterrey y Santos con un indigesto y masivo 4-1. Muerte cerebral, dicen en mi pueblo, "desde endenantes".

Hay uno en estado de pánico: Xolos y el 1-0 ante Morelia, que ya lo venció en la fase regular. Y hay otro, chimuelo y de músculos fatigados: Chivas, con el 1-0 ante Atlas y la esperanza de redimirse en la que alguna vez, algún día, debe ser su fortaleza: su propio estadio.

En lo personal, Xolos me despertó sospechas en el 0-0 ante América. Un equipo que juega bien, pero sin la personalidad de los héroes accidentales. En la banca hay esa energía fantasiosa del Sayayin Herrera, pero en la cancha, espiritualmente, más que Xoloizcuintles, se comportan como Lassies de granja de calendario.

Sansores sentencia en esa complicidad con el arquero Lajud, una carambola a tres bandas que le duele a Tijuana, más allá de la sensación de capataz que parece tener en casa. Jugar bien es parte de la ecuación en una Liguilla. El Piojo lo sabe, pero no bautiza aún la actitud piojosa de algunos jugadores.

Pero, convertido en el cuarto mejor local del torneo, recibe a un intruso ladino. Morelia, con Roberto Hernández, se convirtió en el tercer mejor visitante de la Liga, un punto detrás de Xolos y Toluca, que pudo haber sido mejor sin Marini acomodando su apodo (Pomelo) en la banca monarca.

Para Chivas la situación es aún complicada. El Profe Cruz sabe más del negocio de cancha, aunque sepa menos de vestuario que Matías Almeyda. El Pelado transpira aún como futbolista, y eso le permite reclutar solidaridad del jugador.

Con un milagro muy respetable, como hacer campeón al Atlante, José Guadalupe Cruz tiene, en ese compendio inequívoco de más fracasos que éxitos, cómo debe jugar una Liguilla. Tiene peones para esquematizarla, y un alfil redimido, como Alustiza, quien en Atlas ya no dispara balines contra la muchedumbre, sino goles útiles.

Chivas tiene una selección de mexicanos, que con algunos agregados de la Liga, podría desafiar a la sedosa legión europea, pero a Almeyda le resultaron quebradizos. Pereyra este jueves, y entre enfermeras y la mítica podóloga tratan de recuperar con metodología exprés, incluyendo chiqueadores y veladoras, a Saldívar y a Pizarro.

Esperando que, algún día, algún siglo de estos, La Chofis sea más amenazante que su apodo de barriada, y sea más asiduo al área que a los salones de relajación en Guadalajara, Almeyda tiene sólo un pilar en Pineda, cuyo nombre, Orbelín, significa, según él mismo, un "dios muy guapo y sincero", más cierto lo segundo que lo primero, pero el jugador más completo de Chivas.

La mayor esperanza de Chivas, es el mismo ADN del Atlas. De sangre le vienen las dudas a este galgo rojinegro. Las penurias de 66 años. y encima ser el sexto en la tabla, lo condenan anticipadamente, más allá de que ese arrejuntamiento del 666, coincida con el número maldito de La Bestia.

Con ese 1-0, Atlas especula con cierta ventaja, pero ni los mejores tahúres apuestan por un par de cuatros. Pero, insisto, El Profe Cruz sabe cómo, en espera de que sepa convencer a sus jugadores de un porqué. Aquel Atlante que hizo campeón, embelesaba en el torneo regular, pero se coronó en la miseria del sufrimiento en la Liguilla. La misma Cruz, para el Atlas y para El Profe.

Así, la única esperanza de Chivas es la desesperanza histórica del Atlas.

¿Los desahuciados? Mohamed ya sufre de una rebelión emocional dentro del equipo descreído que tiene. Estuvieron tan cerca ante Pachuca, con la complicidad arbitral incluso, y se les arrugó la piel,

¿Santos? Chepo de la Torre, en tiempos de crisis, y dudo que haya cambiado, pierde el control absoluto de las circunstancias. Transpira inseguridad y transfunde inseguridad. No hay peor virus en un vestuario que la fatalidad de escribir el epitafio antes que el testamento. Chepo es de esos.

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LOS ÁNGELES -- Tigres tiene facha de campeón. Vestido de catrín amenaza con ser finalista. Cinco victorias en seis juegos y 18 goles por dos recibidos. Y un 4-1 a Monterrey. Ruta de monarcas.

Pero... Así apareció, por ejemplo, este mismo Tigres ante un Pachuca fragilizado en la Final de la Concachampions. Y se quedó con el traje de gala alquilado.

Este miércoles, despedazó a Rayados. Futbolística y moralmente. Las damiselas del té del 'Turco' Mohamed confirmaron que las guerras importantes las juegan saliendo de la estética.

Incluso el gol al minuto 91 para Rayados, es una ternurita de servicio de volibol de Nahuel Guzmán, más que un rechace rabioso, y que no desperdicia Basanta.

Un Gignac que había marcado dos goles en los primeros 11 juegos, suma ocho en seis encuentros, mientras que Jesús Dueñas, con dos tantos y una asistencia, se hace cargo del protagonismo funcional, en un equipo donde Javier Aquino establece la diferencia.

Insisto: Tigres es un experto en espejismos. Final de Libertadores ante un River desvencijado, una Final con América y la Final de Concachampions son relatos recientes de naufragios. Es un equipo sin palabra de honor.

No obstante, la demostración en La Liga MX, desde la emancipación ante Chivas, se convierte en la saludable referencia de que esta vez, nuevamente, puede apoderarse del control doméstico del futbol mexicano, más allá de que arredre en reclamos internacionales.

Cierto: este miércoles Rayados fue más cómplice que rival. En un bosquejo de montar dos garitas con despliegue rápido, Monterrey quedó aislado y desarticulado. Jugadores como Sánchez, Ortiz y Chará vagabundearon en la cancha, no sólo espiritualmente, sino impotentes de controlar y de ejercer el dos a uno que específicamente había ordenado Mohamed. Funes Mori a la deriva y Pabón en su obsesión de héroe frustrado.

Al final, la duda prevalece: o no fue lo suficientemente explícito, claro, confiable el discurso del 'Turco', o los jugadores son de cortas entendederas, o rechazan toda ascendencia del entrenador sobre ellos como refleja, por ejemplo, el desplante de Edwin Cardona de negarse al medio tiempo a bajar al vestuario.

En ese matrimonio del que quiere y puede con el que no quiere y por lo tanto no puede, Tigres puso potestad absoluta del encuentro y quien quiera ver una eventual reacción de Rayados fue, estrictamente, por la emboscada que montó el 'Tuca' Ferretti y que a estas alturas es de suponerse, hasta un hombre de cierta holgazanería táctica como Mohamed ya debería conocer.

4-1 que parece irrevocable. Monterrey necesita de tres goles de diferencia, y ya quedó en evidencia la fragilidad emocional y competitiva de su defensiva, empezando por los reiterados trastornos de Hugo González.

Así, con las Semifinales en el horizonte, para un equipo, insisto, sin palabra de honor, pero con elementos determinantes como personalidad, oficio, determinación y confianza, Tigres necesitaría ser una versión aún peor de sus perjuras decepciones: las finales de Libertadores y Concachampions.

Y Mohamed puede estar tranquilo. Tiene dos años más para seguir jugando flemáticamente al té, en lugar de a los soldaditos.

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LOS ÁNGELES -- Hay una historia fascinante sobre las águilas. Tiene el encanto de las leyendas y el desencanto de los mitos. Los ornitólogos la rechazan y los motivadores la perfeccionan.

El relato, dramático, explica que a los 40 años, las águilas eligen un risco seguro, donde montan un nido y amputan su pico, demasiado curvo y casi inútil, golpeándolo contra una roca. Y esperan por semanas hasta que se regenere.

Con el nuevo pico, arrancarán sus casi decrépitas garras, y esperarán, continuando un penoso ayuno, a que nazcan nuevas. Lo mismo hará con su plumaje. Una gestación de una nueva versión de sí mismas que se prolonga por cinco meses, para vivir otros 30 años.

Una alucinante crónica, pero, insisto, oscila entre lo mítico y mágico, y lo incomprobable e irrazonable. Pero, por hoy, alcanza para estas reflexiones.

En esta fauna del futbol mexicano, las Águilas del América entran en un estado de emergencia similar. Son tiempos de contingencias. En este momento, en ruinas, deberán regenerarse.

Más allá de aquel tremendo ilusionismo que mercó entre ignorantes Michel Bauer, al hablar de su reingeniería, y que terminó aplastado por el edificio deforme de su incompetencia, la realidad es que hoy en El Nido, es tiempo de amputar picos y garras, y deshacerse de plumajes caducos.

Clausurada la era de Ricardo Peláez, y cercenados los tentáculos sobrevivientes en el América, al villano de Coapa le quedan dos meses y medio para sacar de circulación esa gallareta desvencijada que fracasó en el Año del Centenario y que, encima, termina sin Liguilla, al ser incapaz de rescatar un punto de nueve posibles.

De repente, bisoños en futbol y aparentemente hábiles en jugar al ábaco para su patrón Emilio Azcárraga Jean, Yon de Luisa y José Romano empiezan a tratar de poner orden.

A la distancia, parece que su patrón pide que le armen un Cubo de Rubik... a un par de daltónicos. Como regalarle velas a un invidente.

Se insiste en que Santiago Baños y/o González Iñárritu llegarían a sentarse en el polvorín donde estuvo Ricardo Peláez. Y, ya se sabe, empezar a vender y reclutar, según las pretensiones de Miguel Herrera, quien de momento tiene las neuronas y la adrenalina puestas en Xolos.

En el remolino insalubre, pero cíclico, de rumores, se anticipa que Oribe Peralta iría a Pachuca en negociación que podría incluir un trueque. A estas Águilas en miscelánea regenerativa, les sobra mercancía de cambalache, pero le faltan piezas clave. Chabelo prepara sus catafixias.

Aún no hay una lista oficial de transferibles, pero todos son negociables, excepto Agustín Marchesin y Paul Aguilar, además de Diego Láinez y Edson Álvarez. Aunque Miguel Herrera sabe que puede hacer más con lo que Ricardo La Volpe eligió hacerse menos. No es lo mismo roto que descosido.

Como la mítica águila en ese proceso de metamorfosis evolutiva, y de vida o muerte, América empieza a moverse, y así como Santos de Torreón ha sido su tienda de refacciones, también en un momento lo fue Xolos, y volvería a serlo.

Las versiones en torno a Avilés Hurtado y Guido Rodríguez cobran fuerza, y los jugadores saben que si con su sueldo pueden llevar un pollo a su mesa cada día, en la mudanza podrían llevar dos pollos, con base en la metáfora que una vez usó Miguel Mejía Barón.

Si llegan Baños y/o Iñárritu, tanto De Luisa como Romano intentarán que mejoren lo hecho por Peláez, y con menor inversión, menos dramas, menos estremecimientos, menos "microgerenciamiento" de los técnicos, y más consistencia.

Recordemos que una de las deudas más calamitosas de Peláez fue no respaldar con títulos, en el Año del indeCentenario, cuando se desató esa campaña de usurpación de Campeonísimo en un desafío abierto al Guadalajara. Peláez prometió una dinastía, y no cumplió.

Cierto, América es el más ganador de títulos en el futbol mexicano, pero el apellido de Campeonísimo, de momento, le queda más como apellido de divorciada que de cuna, y eso, estremeció de rabia el Salón Oval de Televisa.

Por lo pronto, con la generosidad de recursos, la moneda de cambio de varios jugadores, dos meses y medio de trabajo, parece el tiempo razonable para que las viejas águilas desahuciadas, logren transformarse, regenerarse en un reto ineludible para los dos burócratas que se sienten, en este momento, todopoderosos sabelotodo de los intríngulis del armado de un equipo de época.

Escribió Víctor Hugo que "es necesario que cambies de hojas, pero debes mantener intactas tus raíces".

¿Conocerán De Luisa y Romano las raíces del América, o sólo se han dedicado a andar entre las ramas del elitismo de Televisa?

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LOS ÁNGELES -- Mientras en Las Vegas 'Canelo' Álvarez imprimía con sangre en sus guantes el rostro y el obituario deportivo de Chávez Junior, como Santo Sudario, la Liga MX preñaba su Liguilla y también consumaba las exequias a la arrogancia del América y a las perfidias de Jaguares de Chiapas. De las veladoras, a los cirios.

Tal y como Chávez Jr., en la ceremonia de los desesperados, LaVolpe reconstruía la epidermis de su impertinencia con estrofas rotas de su fracaso, tras cruzazulearla ante Pachuca: "Nadie nos pasó por encima", mientras se acurrucaba en el regazo de la mediocridad de la eliminación.

Nada más deleznable que salirse de su tumba, para ser plañidera de su propio funeral. En casos lastimeros así, la Extremaunción es un sacrilegio.

A su vez, con una victoria sobre Atlas, los Jaguares extinguen la franquicia y quizás el futbol en Chiapas. Lamentables los estruendos lacrimógenos de que "gallardamente entregaron todo ante el Atlas". El arrepentimiento debe llegar antes de la penitencia, nunca al revés.

Más allá de las sabidas e impunes felonías de directivos y cuerpo técnico en Chiapas, a los jugadores les faltó ese instinto rabioso de supervivencia en muchas jornadas. La muerte les dio otras 16 oportunidades. La cicuta estaba en su propia saliva... o baba.

Y así, mientras América y Chiapas repujan por sus respectivos fracasos, en la cobardía de no aceptar que su vida y su muerte la fueron escribiendo ellos mismos en un total de 17 jornadas, hay ocho que ya están en la Fiesta Grande, con uno de ellos que en el espejo de la Fecha 5 tenía rostro putrefacto: Morelia, por ese entonces, se repudiaba a sí mismo. Era el Dorian Gray de ultratumba.

Cuando Marini fue enviado a depositar su delicadísimo apodo (Pomelo) en otras poltronas, Roberto Hernández, del vestuario del escepticismo absoluto, salió a dar respiración boca a boca hasta a los gusanos que ya asomaban en cada resuello de Monarcas.

Y con 19 puntos de 36 posibles, con el virtual campeón de goleo Raúl Ruidíaz como Cid Campeador del milagro, en el último minuto sacó la victoria ante las damiselas del té de las cinco que dirige el 'Turco´ Mohamed en Monterrey. Liguilla y salvación.

Sin extravagancias, casi repudiado por sus dueños entregados al linaje atlista, ahí, entre el desprecio y el menosprecio, Morelia asestó el bofetadón a sus víctimas y a sus verdugos: primero elimina a los pomadosos Pachuca y América, para sentenciar luego a Chiapas, y reclamarle por último, públicamente, los ingratos ultrajes por desdén de su amo. La mascota le ha mordido la mano.

Mientras tanto, Clásico Tapatío. Atlas, un amnésico respecto a referencias inmediatas, encara en la Liguilla a otro sumido en un Alzheimer pasajero, Chivas, que acusa las reumas de las ausencias de sus lesionados, y que de manera deplorable firmó un pacto de no agresión durante 90 minutos con Necaxa. Mellizos del conformismo timorato.

En el escenario virtual, Tigres aparece como el favorito. Es, de momento, el equipo con más personalidad en la cancha y con todos los trucos en la banca... a pesar de la cólera contraproducente del Tuca Ferretti, aunque parece que la reciente paternidad le ha dado un semblante de abuelo bonachón.

¿Monterrey? 'Turco' Mohamed se debilita en la burguesía y aburguesa a sus jugadores. Renovó contrato por dos años más. Tiene una línea de ataque letal. Pero todas las fieras necesitan ser cebadas. Esta, ronronea de hartazgo.

¿Xolos? La mayor carga de testosterona está en la banca. Y es difícil, tecnológica, fisiológica y ganéricamente, imposible que el Piojo Herrera lo clone a todos de ella.

¿Toluca y Santos? El oficio de Hernán Cristante está aún en capullo, mientras que el Chepo depende en extremo de un gambusino como Djaniny, quien, cuando se le metabolicen las neuronas y las hormonas, puede ser el mejor atacante de la Liga, pero...

Así, que los muertos entierren a sus muertos, y esperemos la fiesta de reivindicación de los vivos, porque todos, los ochos clasificados, tienen deudas pendientes con su gente...

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