Get ADOBE® FLASH® PLAYER
'Billy' Álvarez presenta a Pedro Caixinha
LOS ÁNGELES -- Cruz Azul cumple 20 años ensayando. Y fallando. 20 años sin descendientes en una sala de trofeos con herrumbre de mitología. El fracaso no preña ilusiones.

Pedro Caixinha es la nueva apuesta. En La Noria lo habían apalabrado cuando Paco Jémez aún vociferaba ante la prensa. En Cruz Azul tienen lista la llanta de refacción antes de que termine de desinflarse la original. En ese quirófano celeste operan sin diagnóstico.

20 años. Para el tango, no son nada. Para la febril ansiedad de la afición cruzazulina, huelen a eternidad. La matriz se volvió anciana y estéril.

Aquella postal está fresca. Aquella de hace 20 años y días. Aquella escena en la que, en Ángel David Comizzo se engendró Chuck Norris y le desacomodó de una patada artera, la quijada a Carlos Hermosillo y le reventó el labio. Penalti.

Era gol, era título, era sentencia, era venganza, desde antes de que lo cobrara Hermosillo. El hilo de sangre en su rostro tenía ese perfume fresco y escarlata de la vendetta.

La mirada de Hermosillo aterraba. Comizzo no veía la pelota. Estaba hipnotizado por la mirada de la cobra parada ante el balón. El odio era el cordón umbilical entre verdugo y víctima. La lividez del portero argentino era síndrome de rendición.

Ese día, ante ese Hermosillo, ni dos Comizzos habrían detenido el balón.

Tal vez a La Máquina que presume ser de sangre azul, a pesar de ser manufactura de gente obrera, de gente de overol sin etiquetas, de artesanos del cemento, tal vez le urge sentir el sabor de la sangre, de la roja, de la genuina. Tal y como ese 7 de diciembre de hace dos decenios, Hermosillo la paladeaba, manando, mamando, caliente.

Cruz Azul espera que Pedro y su Caixinha (cajita, en portugués) de herramientas espirituales, amputen ese aburguesamiento del jugador celeste. Cobra bien y a tiempo. Y si fracasa, el maldito y ruin rufián es el técnico. Ellos, como Dimas y Gestas.

Porque la sangre azul es una metáfora del elitismo, de la nobleza. En la vida real, sólo algunas alimañas, crustáceos y moluscos tienen sangre azul. Aunque, a veces, sí, parece, que algunos de ellos se visten de celeste.

Caixinha se ha guardado el discurso triunfalista. "Vamos a trabajar para darle a la afición lo que tanto desea", dijo a su llegada a la Ciudad de México.

Tarde o temprano deberá montar sus bastiones. Porque su misión está clara. Nadie lo engañó. Está obligado a ser campeón. Menos que eso, sería agregarlo al camposanto celeste, donde yacen los cadáveres de las buenas intenciones.

El portugués tiene una ventaja: un mejor presupuesto del que dispuso en Santos y una población cautiva en el vestidor, de jugadores compungidos, contritos y ansiosos de reivindicarse.

La plantilla de Cruz Azul es competitiva en el archivo muerto de los currículos. Necesita, sin embargo, volverse competitiva en el juzgado inapelable de la cancha. Sin duda, Paco Jémez lo habría conseguido si no fuera por sus desesperadas e histéricas ansias de fuga, para volver al confortable vientre de su patria.

Cierto que las pretensiones de Caixinha, respecto a refuerzos, serán reguladas desde Miami. Aunque Cruz Azul sostiene que Carlos Hurtado es "una leyenda urbana", como el Chupacabras. Lo cierto es que cada torneo, como el Chupacabras, devasta el gallinero azul.

La turbulencia será en diferentes frentes. No sólo en el vestuario, sino en la relación banca y tribuna, conforme a los designios de los resultados, y habrá que ver qué tan divertidas, viscerales y tormentosas se vuelven las conferencias de prensa.

Con Caixinha llega la modernidad. Los jugadores deberán ampliar sus horizontes. Los dispositivos ya no serán para redes sociales, juegos y videos morbosos, sino para que carguen con tarea a casa.

Recordemos que el técnico, que se ampara como discípulo de José Mourinho, gusta de desmenuzar en tabletas el destino inmediato de sus jugadores. Les nutre pormenorizadamente de información de sus rivales y de su entorno.

Los futbolistas de Cruz Azul sabrán hasta el signo del zodiaco de sus contrarios y hasta el número del "pollo" (dícese de ese celular confidencial que muchos jugadores tienen a escondidas de su club, su promotor, sus directivos, su técnico... y sus familias) de sus colegas y adversarios.

Habrá pues que esperar que Pedro saque del fondo de su Caixinha de Pandora, como en la mitología griega, la esperanza, para contrarrestar todos los males del planeta azul.

Comentarios

Usa una cuenta de Facebook para agregar un comentario, sujeto a las políticas de privacidad y Términos de Uso de Facebook. Tu nombre de Facebook, foto y otra información personal que hagas pública en Facebook, aparecerá en tu comentario, y puede ser usado en las plataformas de medios de ESPN. Más información.


LOS ÁNGELES -- Monterrey 2017. La metrópoli de la gloria. La metrópoli de la frustración. Y es la urbe con esas facciones mixtas de la comedia y el drama. Medio corazón de euforia y medio corazón de luto. Cada paso de baile del carnaval pisa un alma en pena del funeral. Vecinos más distantes que nunca.

Tras esta Guerra Civil, futbolísticamente, Monterrey, la ciudad, la macrópoli, ya no volverá a ser la misma. La supremacía ya tiene un rostro.

Tigres, campeón. Rayados, subcampeón, es decir, el primero de los 17 súbditos de este Clausura 2017.

Pero, lo más importante para Tigres es ser el omnipotente señor feudal de Monterrey, San Nicolás de los Garza y anexas.

Qué profundo debe ser el placer de Tigres y sus feligreses. Que profundo debe ser el desconsuelo de Rayados y sus dolientes.

Este domingo por la noche era más que un título, era más que un trofeo, era más que una medalla, era, es y será, el bastón absoluto de mando del territorio.

Se jugaron 115 Clásicos Regios para que, finalmente, tuvieran una cita en una Final. Era la Madre de todas las Guerras Civiles. La ganó Tigres, a su modo. La perdió Monterrey, a su modo.

Con el 1-1 de herencia en la Final de Ida, con la fastuosa, explosiva, generosa, multidecibélica, trinchera del estadio de Rayados, los Tigres se emanciparon de temores y de maleficios, de sentencias anticipadas y de velorios prometidos.

Cuando Pabón pavoneó la ventaja en el marcador, un 2-1 global que al minuto 2 de juego se erguía como epitafio de un mausoleo magnífico para Tigres, Rayados tendió la trampa en la que sucumbiría.

Pareció, por momentos, que la desventaja, los malos augurios, el escenario mismo, asfixiaban a Tigres. Sufrió para enderezarse, para creer que debía creer, mientras Monterrey se paseaba cómodamente en su cancha, como vistiendo de galas y oropeles el recinto de su coronación.

Pero, llega primero un zapatazo de Edu Vargas en el que tal vez a Hugo González se le debilitaron las muñecas. El 1-1 (2-2 global), dejaba el suspenso, y en la tribuna indecisa, festiva a veces, sofocada otras, las dudas y los demonios de la era Mohamed, se convertían en incómodos recuerdos.

A los 34 minutos, cuatro después de que Vargas resucitara a los felinos, remata cómodamente entre los distraídos rascacielos albiazules. El cabezazo es seco, brutal: 1-2 (2-3 global).

Las voces en la tribuna eran apenas estertores, lamentos, convulsiones sonoras de una fe menguada aún con los 56 minutos, más los seis de compensación que vendrían.

Monterrey hizo lo suyo. Tigres lo hizo mejor. Pareció equivocarse Ricardo Ferretti en la entrada de Acosta, pero tras perder balones en media cancha, rescata uno, dramático, cuando ya Funes Mori, en el área, martillaba la escopeta contra Nahuel Guzmán.

Tigres montó su guarnición, levantó un muro. Y resistió. Porque Rayados sacó su mejor repertorio. Jugadas a velocidad, paredes, desbordes por los extremos, centros envenenados, jugadas de doble cabeceo. Y al fondo, estaba Nahuel.

Y La Pandilla tendría la mejor oportunidad de salvar el pellejo. Ahí, en ese manchón voluble, donde se levantan monumentos o se cavan tumbas. Desde el punto penal.

Irónico, el futbol, unge de gloria en el torneo, pero después embarra de estiércol al elegido: Avilés Hurtado, goleador, futbolista completo, ídolo de Rayados, se muerde los labios, los ojos bailotean, ante la danza de Nahuel desde la raya. El balón no golpeó la red, sino que colando metros encima del arco, impactaría el centro neurálgico de la desgracia y la rendición.

Desde los once pasos, el fracaso es más tétrico, más patético, menos consolable. El hubiera sólo entrega medallas en el Limbo.

Las bancas elucubraban. Mohamed montaba una bayoneta y Ferretti enviaba un escudo más. El Muro de Jericó del Tuca no caería y las trompetas rayadas guardarían silencio hasta el autohomenaje luctuoso con la cadenciosa marcha fúnebre de Chopin.

¿Fracasa Mohamed? Sí, sin duda, porque pierde de nuevo una Final. Pero, no puede soslayarse la magnífica temporada de 22 jornadas en el torneo... excepto en el más importante, el juego 23, la Final de Vuelta.

¿Debe seguir? ¿En qué se equivocó? ¿Podrá rescatar a Avilés Hurtado? ¿La afición perdonará dos veces quedarse vestida y alborotada, enviudando antes de la luna de miel?

¿Ferretti? Está inventariado ya entre los bienes de Tigres. Si decide irse en el 2020, ya sabe que será presidente honorario de Zuazua.

Porque este domingo, a Tigres no le importa si se corona amo y señor del futbol mexicano. Le importa, le viste, le engalana, le interesa, haber sellado la inmortalidad de ganar la Gran Final a su rival de vecindario.

Tigres gana la omnipotencia de Nuevo León... ¿a perpetuidad?

Comentarios

Usa una cuenta de Facebook para agregar un comentario, sujeto a las políticas de privacidad y Términos de Uso de Facebook. Tu nombre de Facebook, foto y otra información personal que hagas pública en Facebook, aparecerá en tu comentario, y puede ser usado en las plataformas de medios de ESPN. Más información.


LOS ÁNGELES -- En hábitat de esquimales, con coloquial aguanieve y despiadado granizo, para flagelar aún más a los jugadores, quienes, todos, demostraron la raza genuina de futbolistas profesionales, en una batalla implacable que terminó con saldo de tregua: 1-1, en un veredicto salomónico.

Al marcador le ensuciaron la cara. Nahuel Guzmán opta por el harakiri clavando la pelota en el vientre de su arco, en su incapacidad para reaccionar a un balón desviado con la mollera por 'El Pato' Sánchez. Nahuel en su versión cómica: 0-1.

El empate llega con un aparatoso clavado, con un penalti que Isaac Rojas ve, en un arremolinamiento donde nada se puede precisar. Trata de maquillar la pifia Enner Valencia, al cobrar con esa temeraria imprudencia a lo Panenka, mientras que Hugo González abrazaba a su izquierda su frustración sofocada. 1-1.

Después del 1-1, hubo más. Hubo mucho, pero lejos de la red. Lejos del marcador. Lejos de insinuar un veredicto en La Final del Apertura 2017. En El Volcán, la tribuna vomitaba lava, mientras cadenciosamente bailaba en su funeral el plumaje del aguanieve.

Una fiesta de futbol, generosa, sin ser absoluta en la pizarra, con la nación felina viviendo silencios, ese mutis de angustia, de desesperación, de rictus cardiacos, mientras los ataques de Monterrey se sumaban a la incertidumbre en torno al Patón Guzmán.

Habría que someter a revisión algunos esfuerzos, pero podría ser engañoso a través del escueto paisaje de la televisión. En la pasarela de las culpas, con la clemencia ante las circunstancias del juego y de la misma acción del tiro de esquina, sólo el arquero de Tigres queda sentenciado.

Insisto, bastante inclemente era ya el escenario, porque más allá del clima, la sofocante presión de que esta Final había que jugarla al límite de todos los límites, los futbolistas respondieron.

Una prueba fehaciente de la gran responsabilidad asumida por todos, es que más allá del despliegue físico, de la intensidad anímica y pasional, el único amague de calambres en el juego, queda claro que fue una argucia más que una realidad.

Esto habla de que cada futbolista fue profesional 24/7 para este encuentro, y que ninguna banca dejó nada a la deriva. Cierto es su obligación, pero no siempre la cumplen.

Por eso, sin que el 1-1 sea el más suculento de los desenlaces, en un juego de tan álgido compromiso y lucha, lo cierto es que la demostración de sus alcances, escaló cerca de la perfección.

La Final de Vuelta tiene 90 páginas de suspenso e incertidumbre. Este viernes se hará el recuento de los estropicios. Tigres pierde a Hugo Ayala y Monterrey a Leonel Vangioni. La roja del felino es un castigo a la torpeza. La roja al rayado, es una tibia reprimenda a sus desvíos de carnicero.

Los médicos pesarán en las alineaciones del juego dominical: ¿Avilés Hurtado estará recuperado? ¿Bastarán una sobada con linimento mágico para Enner Valencia?

Esperar pues. Y desear que la integridad de jugadores y profesionales, la respeten, nuevamente, finalmente, en el desenlace para conocer la nuevo campeón.

Comentarios

Usa una cuenta de Facebook para agregar un comentario, sujeto a las políticas de privacidad y Términos de Uso de Facebook. Tu nombre de Facebook, foto y otra información personal que hagas pública en Facebook, aparecerá en tu comentario, y puede ser usado en las plataformas de medios de ESPN. Más información.


LOS ÁNGELES -- Una Final nuclear. Seis de los mejores 19 goleadores de la Liga estarán en el Juicio Sumario del Apertura 2017. Alrededor de 33 por ciento de los mejores romperredes del torneo.

Un desenlace de la Liga MX con jugadores explosivos. Sí, todos extranjeros: Avilés Hurtado (Monterrey, 14), Rogelio Funes Mori (Monterrey, 12), Enner Valencia (Tigres, 11), Eduardo Vargas (Tigres, 6), André Pierre Gignac (Tigres, 6), Dorlán Pabón (Monterrey, 5).

Sin duda, La Final misma exalta esa brutal competencia: ¿cuál delantera es más demoledora? Aquí, no necesariamente, lo más costoso es lo más valioso.

Liga MX

Marcan, las estadísticas, la diferencia entre valor y precio. Y la balanza se inclina a favor de Monterrey en esta comparativa entre estos seis jugadores que han sido seleccionados nacionales de sus países.

La trinca infernal es la de Rayados, según el análisis de Carlos Zafra, de ESPNDeportes. Cuidado porque no necesariamente todos los goles son determinantes en el marcador, pero la regla de FIFA para determinarlo, a veces, peca de subjetiva.

Las cifras explican que el trinche de Monterrey marcó 31 goles y el costo de las transferencias es de 15.4 millones de dólares por los colombianos Avilés Hurtado y Pabón, y el argentino Funes Mori.

¿Qué ha recibido Tigres en el Apertura 2017 a cambio de una inversión de 25.5 millones de dólares? La producción de 23 goles.

En una comparativa fácil, superficial, pero útil, cada gol de los tres felinos ha costado cerca de 1.1 millones de dólares.

En el caso de La Pandilla, cada gol de estos tres artilleros le ha costado 490 mil dólares, es decir menos de la mitad de la inversión hecha por los universitarios con la compra de las cartas de sus futbolistas.

¿Significa algo este comparativo? Una referencia ociosamente genuina y anecdótica para agregar condimentos a La Final.

Porque, por ejemplo, con Tigres, sólo Gignac suma dos títulos de Liga, mientras que el triunvirato de Rayados no suma ningún campeonato en su carrera. Y el francés, queda claro, en medio de esa parsimonia con la que parece comportarse en la cancha es el detonante felino, especialmente -casi siempre- en fases finales.

En la cancha, además, son futbolistas muy diferentes. La explosividad vertiginosa de Rayados le permite improvisar ataques con una armonía desquiciante para el adversario, especialmente si cuenta con espacios, esos que seguramente Tigres no le dará.

Los felinos elaboran más, hasta que en los últimos metros, a pura inspiración, le permite generar las jugadas de gol.

¿Quién es más implacable en la antesala del gol? Avilés Hurtado tiene más recursos, aunque Enner Valencia perdona muy poco.

¿Hay más semejanza entre Funes Mori y Eduardo Vargas? En eventuales funciones en la cancha, sin duda, pero el primero es indispensable, mientras que el chileno, a veces, al igual que Enner, debe chupar banca.

Gignac con esa frialdad astuta, se acomoda en la cancha, a veces lejos del gol, pero cerca de ser la catapulta final del equipo, mientras que Dorlán Pabón, con ocho asistencias, ha asumido, sumisamente, ceder el protagonismo del gol a Funes Mori y a su paisano Hurtado.

Al final, más allá de esa intrincada ecuación de costos, goles, partidos jugados y remuneración en puntos de cada gol, queda la implacable presencia de área de todos ellos. Por eso, insisto, la atención se centra en ellos.

Una Final Nuclear, sin duda, en la que, por supuesto, impactan en ese rendimiento el resto de la plantilla, porque Tigres tiene a Jürgen Damm y Javier Aquino, mientras que Monterrey se respalda en Neri Cardozo y Jonathan González.

Sin duda, por su recorrido como entrenadores, tanto Tuca Ferretti como el Turco Mohamed deben estar más preocupados por depurar sus comando antiexplosivos, que por refinar sus recursos ofensivos.

Veremos...

Comentarios

Usa una cuenta de Facebook para agregar un comentario, sujeto a las políticas de privacidad y Términos de Uso de Facebook. Tu nombre de Facebook, foto y otra información personal que hagas pública en Facebook, aparecerá en tu comentario, y puede ser usado en las plataformas de medios de ESPN. Más información.


LOS ÁNGELES -- La Final del desdén, del menosprecio, del ninguneo. O, tal vez, La Final de la envidia, del egoísmo, del rencor, del resentimiento.

Eso parece ser el desenlace del torneo entre Monterrey y Tigres. Un acto segregacionista por parte de las aficiones de los otros 16 equipos de la Liga que, desde la inclemencia apática del sofá, pueden, o no, arrimarse al festín regiomontano.

"Clásico de pueblo". "Clásico regional". "Clásico de rancho". Algunos de los estigmas más generosos o menos ingratos en las redes sociales hacia La Final entre Monterrey y Tigres.

Lo cierto es que, más allá de fanatismos enceguecidos y enceguecedores, seduce a cualquier aficionado al futbol, especialmente por la investidura de ser La Final del Apertura 2017.

Liga MX

Despojados de vestimentas y pasiones elitistas, como los feligreses de Tigres y Rayados, el juego se sostiene del clímax del juicio sumario a una campaña que en la Tabla de Clasificaciones fue controlada por estos equipos y que merecen la oportunidad de coronarse.

El regionalismo es una sulfurosa sustancia genética del mexicano. Hay una sensación de que ser tapatío, capitalino, chilango (porque no todos los capitalinos son chilangos, ni todos los chilangos son capitalinos), regiomontano, veracruzano, yucateco, colimote o culichi, es un título nobiliario que supera al destino de ser puntualmente mexicano.

En un país que es capaz de discurrir once tipos de moles y 13 tipos de pozoles, según los condimentos y creatividad de la región de donde provenga el platillo, es entendible que la denominación de origen para un equipo de futbol sea más radical.

El mole y el pozole se sirven en cualquier plato, cualquiera que sea la etnia de su recetario, pero no cualquier camiseta se ajusta a cualquier cuerpecito ni a cualquier ideología futbolística.

Lo cierto es que en medio de los resabios regionalistas, especialmente hacia el estado, Nuevo León --pulso financiero e industrial del país--, la expectación nacional, por vehemencia al futbol mismo, se mantendrá vigente.

Con una sobrepoblación de jugadores extranjeros, prohijada por la estulticia de la FMF, pero Monterrey y Tigres confirman tener los mejores planteles con 13 futbolistas seleccionables de diferentes países, y 21 que han sido o son seleccionados nacionales.

Más allá de los cuestionamientos acerca de la exquisitez futbolística de ambos entrenadores, lo cierto es que Monterrey es la mejor versión del Turco Mohamed como técnico, en todos sentidos, incluyendo el delicatessen futbolístico.

Por su parte, Tigres debe ser el equipo más maduro del Tuca Ferretti, más allá de que no pudo encontrar una versión para el futbol de transición que llegó a ser Rafael Sobis, o el aporte mixto de Guido Pizarro.

Entendiendo que los 16 clubes ausentes de La Final conjugarán el término fracaso o no, según las dimensiones de su importancia y de sus metas, la distancia que marcaron felinos y regios del resto de los equipos no puede ser cuestionada.

Por eso, más allá de esos regionalismos que supuran de manera lastimera epítetos como "clásico de rancho grande", lo cierto es que La Final tiene el encanto de la riña entre los más poderosos futbolísticamente del Norte, y financieramente, los más pudientes de la Liga MX.

Ojo, no reculo a la opinión que tengo de que muchos de estos clásicos regios, en temporada regular, e incluso en Liguilla, se juegan bajo el precepto escabroso del "miedo a no perder", especialmente con Mohamed y Ferretti, y quedan a deber en espectacularidad, que seguramente, por el apasionamiento de sus fanáticos, por los estremecimientos naturales de la pugna, para ellos, pasa desapercibido este punto.

Lo cierto es que, seguramente, de esta versión regional de mole y pozole -aunque en realidad será puro cabrito-, que se servirán en Monterrey, el resto de las 16 pasiones regionales del país quisieran haber alcanzado una probadita.

Comentarios

Usa una cuenta de Facebook para agregar un comentario, sujeto a las políticas de privacidad y Términos de Uso de Facebook. Tu nombre de Facebook, foto y otra información personal que hagas pública en Facebook, aparecerá en tu comentario, y puede ser usado en las plataformas de medios de ESPN. Más información.


LOS ÁNGELES -- Apesta a suicidio. Pero, digamos que América murió de todo. Y que murió por nada. Murió vejado, humillado. Tigres no tuvo compasión. Le puso escándalo e inclemencia al epitafio: 4-0 en el global.

Y claro: 17 equipos sonríen satisfechos ante la evocación y la invocación del Ódiame Más. La felicidad mezquina se infiltra en los triunfos ajenos.

Si Morelia no inventa una odisea mayúscula este domingo, la Final cita a Tigres y Monterrey: los dos mejores equipos y las dos escuadras más caras de la Liga Mexicana. Cartera manda: 13 seleccionados nacionales de diferentes países entre ambos equipos.

América murió de todo. Murió de epidemias. O de pandemias: expulsiones (Guido, Edson), apatías (Romero, Uribe, Ibarra), enanismo espiritual (Quintero, Paul Aguilar y otra vez Romero), banca (¿Güero Díaz?) y estrategia (Miguel Herrera).

Y América murió por nada. Aguerrido de arranque, se desordenó pronto. Y el corazón se le encogió. Y las neuronas también. Y las gónadas, por supuesto. Y la fe en si mismo. Y la fe en su adiestrador. Y hasta las expulsiones parecieron un acto de deserción, de cobardía.

Este sábado, en El Nido empezaron a montar de inmediato el tianguis de la desintoxicación: Quintero, Uribe, Guido, Valdez, Samudio, Ibarra... y contando. "Le cambió mis dos pollos de 50 por su gallo de cien".

Y a Miguel Herrera le aguarda el banquillo de los acusados. Prometió al patrón el título. Y Emilio alarga la sequía sin festejos. Cuidado y alcanza a Cruz Azul.

Tigres fue paciente. Le amparaba el 0-1 de la ida. Y sus jugadores empezaron a despedazar psicológicamente al árbitro Fernando Guerrero, ante cualquier falta de las Águilas. Hasta en eso se calló y se les cayó el pico a las Águilas.

Enner Valencia le rompe la impavidez del 0-0 al marcador. Y vendría su segundo, luego de su acto de rebeldía ante la etiqueta de reservista que le impuso su entrenador. Gignac cerró la cuenta desde el manchón: 3-0 en la dosis y 4-0 en el global, ya sin sudar, sin despeinarse, y podría decirse, al final con un dejo de piedad para no hacer caldo del avechucho caído.

Tras sólo 45 minutos de ajetreo, esos en los que el América, medianamente quiso, pero ni supo, ni pudo, Tigres gozará de un día más de reposo que Monterrey. La fiesta será toda regia.

Lo cierto es que, desplumadas, las Águilas podrán desprenderse más fácilmente de esos gorupos que les chupan la sangre y las avergozaron en esta semifinal ante Tigres.

Etiquetas:

América, U.A.N.L

Comentarios

Usa una cuenta de Facebook para agregar un comentario, sujeto a las políticas de privacidad y Términos de Uso de Facebook. Tu nombre de Facebook, foto y otra información personal que hagas pública en Facebook, aparecerá en tu comentario, y puede ser usado en las plataformas de medios de ESPN. Más información.


MIAMI -- Escalofríos. Cuando el destino de México rodó bajo la sombra de Alemania esa debió ser la sensación colectiva que reptó entre la piel erizada de los mexicanos.

La desgracia tiene memoria de bibliotecario: Argentina 78, México 86, Confederaciones 2017... y contando. Alemania ha hecho del Tri más un escalón que una víctima. Las víctimas, a veces, merecen condecoraciones.

Las penurias llegan acompañadas: Suecia y Corea del Sur se agregan al vecindario. Las recientes experiencias del México de Juan Carlos Osorio ante los europeos, más allá de la victoria sobre Polonia alternativa y una Rusia maltrecha, han sido funestos.

Suecia goza de rigor táctico, de rascacielos, de poder y de futbol pragmáticamente desesperante. Jugará al gato con el ratón verdusco.

Corea del Sur ha crecido. Le han marcado la pauta el poderoso desarrollo de Japón y la intromisión de Australia. La experiencia de Francia 98 es una referencia inútil: aquella era un grupo de sudcoreanos en párvulos.

Pero, la emboscada no es sólo en la caravana del grupo. Va más allá. Enseguida, como segundo del grupo, si los imponderables del futbol lo bendicen, lo aguardaría Brasil, que disputa con Alemania los momios generosos de los apostadores.

¿Hasta dónde puede llegar México? Hay demasiadas manos en la cocina. Demasiados cocineros, para un Tri, que requiere de un líder absoluto.

Incapaz Juan Carlos Osorio de un tacto capaz de estremecer al futbolista mexicano, ha tenido que asegurarse de auxiliares. Pero, Imanol Ibarrondo ya fracasó, rotundamente, con su prédica desgastada de que en cada bellota vestida de tricolor, puede emerger como parte de magia, un poderoso roble.

Ha agregado a Gerardo Torrado, sin duda un futbolista de temperamento y pundonor, pero que en sus afanes de guiar a equipos, no le ha alcanzado, incluyendo, claro, cuando era el caudillo del vestidor, por ejemplo, en Cruz Azul.

Con Rafa Márquez muy lejos de un nivel mundialista, le quedan pocos capataces en el vestidor y en la cancha, pues acaso el único con mediana credibilidad sigue siendo Andrés Guardado.

Hace dos años, Osorio se regodeaba al ver que sus jugadores europeos cotizaban en ligas europeas. Desde los diseminados en Portugal, hasta las insinuaciones de los Dos Santos, y de un Carlos Vela que todavía se comprometía más con el futbol que con esa vida hedonista que pretende continuar en la MLS.

Con el futuro inseguro para Javier Hernández, y con Raúl Jiménez demostrando más personalidad, pero, en las fugaces oportunidades como suplente, sólo el Chucky Lozano se atreve a levantar la mano... en la Liga de Holanda.

Con Inglaterra en el camino, como juego de preparación y dos adversarios que buscan para enfrentar en Europa antes de asentarse en Rusia, la ventaja que tiene Osorio es que podrá contar con un mes de trabajo para tratar de armar un es esqueleto, pero de muy frágil columna vertebral.

El discurso inicial de Decio de María y Juan Carlos Osorio, cuando fue presentado, era que llegaba para buscar "trascender en el Mundial", es decir, al menos El Quinto Partido.

Hoy, queda claro, ya un cuarto juego en Rusia 2018, tiene domicilio en el vecindario de la utopía.

Etiquetas:

América, U.A.N.L

Comentarios

Usa una cuenta de Facebook para agregar un comentario, sujeto a las políticas de privacidad y Términos de Uso de Facebook. Tu nombre de Facebook, foto y otra información personal que hagas pública en Facebook, aparecerá en tu comentario, y puede ser usado en las plataformas de medios de ESPN. Más información.


LOS ÁNGELES -- El VAR habría salvado al América del nefasto trabajo de Óscar Macías, pero no de la superioridad de Tigres.

Al final, el 1-0 describe y circunscribe el dominio de los felinos sobre el América en el Estadio Azteca.

El árbitro, dechado de errores en el Morelia frente a Toluca, marca un penalti que sólo existió en esa cabecita donde hicieron carambola los nervios, el temor, la ignorancia y una dosis imprescindible de estulticia: centro de Enner Valencia, el balón se estrella en el rostro de Bruno Valdez y después en la mano.

Y Macías se lleva el Oscar de las sospechas. ¿Sus jueces de línea? ¿Un ciego guiando a otro ciego?

Pero, sin duda, con el árbitro como villano absoluto de la serie, el América tiene más preocupaciones que estos jueces de crisálidas camisetas.

Imago7
El principal conflicto de El Nido: no juega mejor al futbol que sus adversarios. Porque lo mismo le ocurrió ante Cruz Azul. El doble 0-0 ante La Máquina lo envió a la tertulia del "friendzone" de las semifinales en la Liguilla. Un acto de clemencia del reglamento.

Además, si América pretende convertir a Macías en el mesías de Tigres, olvidaría, entonces, que Oribe Peralta y Diego Lainez bien pudieron cargar con tarjetas rojas por las guillotinas brutales disfrazadas de planchas que tiraron a sus adversarios.

¿Será acaso que, tras la representación pública de Miguel Herrera sobre su patrón Emilio, con manotazo en la mesa incluido, con eso de "quiero a mi equipo campeón", la histeria y los nervios han traído convulsiones nerviosas en El Nido?

¿A estos felinos pragmáticos, cómodos, de colmillo retorcido, de diente de sable --que no se inquietan ante nadie, que no sea el Monterrey--, a estos mismos Tigres, podrá el América hacerle dos goles en El Volcán?

Después del 3-1 a Cruz Azul en la Fecha 13, el América ha marcado dos goles en siete partidos... pero ha recibido cinco. Dos goles en siete juegos equivale a que marca un tanto cada 315 minutos.

Mientras tanto, Tigres, como local, recibió tres goles en ocho partidos y marcó 17. De miedo los contrastes.

Miguel Herrera tiene poco tiempo, horas acaso, para resucitar a su equipo, no sólo en lo anímico, sino puntualmente en lo futbolístico, donde el equipo se ha estancado de manera dramática, arrastrando la esperanzadora brillantez individual de sus jugadores.

Este miércoles en el Estadio Azteca, la tenaza que rompía candados y se vanagloriaba en el marcador quedó desvencijada: Oribe Peralta y Carlos Darwin, especialmente el colombiano, deambularon en la cancha. Los abucheos terminaron por oxidarlos.

De nuevo con Marchesín poniéndole piedad al marcador final, con un par de atajadas soberbias, el resto del equipo se vio torpe en idea, al grado que terminaron todos, al final del partido, arrejuntados bajo las faldas, amponas de excusas, de la pifia del árbitro Óscar Macías.

Si bien puede decirse que con una terrible injusticia, el silbante hizo justicia a lo que ocurría en la cancha, lo cierto es que las Águilas estaban ya muertas competitivamente, antes del asesinato a mansalva de Juninho desde el manchón de las sentencias.

Si bien el Tuca Ferretti tiene una banca poderosa, es innegable que el América tiene potencial en sus jugadores para trastocar la historia en El Volcán, pero Miguel Herrera debe primero rescatar conceptos y después solidarizar voluntades, especialmente, si es como dicen, que el grupo de jugadores paraguayos han iniciado una revuelta como respaldo a un Cecilio Domínguez, quien en realidad es una luciérnaga que se enciende en la calma, pero se apaga en las tormentas.

Etiquetas:

América, U.A.N.L

Comentarios

Usa una cuenta de Facebook para agregar un comentario, sujeto a las políticas de privacidad y Términos de Uso de Facebook. Tu nombre de Facebook, foto y otra información personal que hagas pública en Facebook, aparecerá en tu comentario, y puede ser usado en las plataformas de medios de ESPN. Más información.


LOS ÁNGELES -- Drama. Ansiedad. Angustia. Ilusión. Con eso y futbol bien jugado se nutre un espectáculo. Y América y Tigres lo dieron.

2-2. Un empate. Deja agruras, si se quiere, para un Tigres que tuvo la ventaja, y también para un América que gozaba del cobijo de su Nido.

Pero, como espectáculo, como choque de poderosos, un belicoso y digno 2-2, para que todos, especialmente los aficionados al futbol, puedan dormir satisfechos, plenos.

Porque, más allá de la euforia desbocada en decepción entre los aficionados de Tigres y bajo el amparo de ese resoplido final de supervivencia entre los americanistas, en ambos bandos debió prevalecer la eventual fastuosidad del espectáculo.

Cierto: el arbitraje sigue enfangándose. Se ensucia de torpeza, de temor, de incoherencia, pero termina siendo un lastre enquistado que damnifica, inevitablemente, a todos los equipos.

Sorprende Tuca Ferretti dejando en la banca a Gignac, Vargas y Sosa, sin menoscabo del manejo del partido por momentos, y el latigazo incisivo por ambas bandas con Aquino y Damm.

Minucioso, detallista, didáctico debió ser en el vestuario, la lectura del adversario. Hasta con eso se sazonó el encuentro. Ferretti y Miguel Herrera también tenían una confrontación personal en ese ego tan humanamente incontrolable.

Reacomodos tácticos por ambos equipos en el mismo primer tiempo, cambios venenosamente inducidos, respuestas del adversario, y hasta la fortuna cuando el mismo rescatista 'Güero' Díaz mata los nervios y mata a Nahuel en la respuesta instintiva para el 2-2.

Y más allá del mapa estratégico que pudieron desplegar y después guardarse en la bolsa ambos entrenadores, ciertamente la devoción y el compromiso de los jugadores fue contaminando de esa rabia bendita de competencia a cada uno de los jugadores.

Insisto, más allá de las torpezas arbitrales de Ortiz Nava, que serán vistas con un cristal diferente de cada fanatismo, los jugadores aceptaron ese desenlace de jugar duro y jugar rudo, azuzados además, al entender que el silbante tenía como concepto de justicia su instinto de supervivencia.

Las cifras no mienten: 34 faltas, 17 por bando, es decir, una casi cada dos minutos y medio, con base en los 90' reglamentarios. Se dieron, mutuamente, pero no hubo pucheros de espíritus frágiles.

Y mientras podría cuestionarse el bajo nivel de Paul Aguilar, a quien sacaron al baile con frecuencia, fue pundonorosa la respuesta de Miguel Samudio: a partir del penalti que comete sobre Damm se convirtió, en el segundo tiempo, como un gallardo acto de contrición, en el jugador referente en varios ataques de las Águilas.

En un plantel tan sólido como Tigres, capaz de transformarse sin demérito con sólo un movimiento, cuando Gignac entra por Zelayarán, y aunque pierde conducción y lucha, el francés obligó a la reubicación de Guido Rodríguez

El 2-2, insisto, tendrá ese sabor de injusticia, de insuficiencia para ambas aficiones, y para los equipos mismos, un saborcito amargo, pero, visto desde la barrera de la indiferencia, cualquiera pudo y debió saborear el encuentro.

Con dos de los planteles más poderosos metidos en la azotea de la general entre un pelotón dominante, el saborcito del empate, como un mensaje de imbatibilidad en un duelo de poder a poder, deja a ambos en la lucha abierta del protagonismo.

Tigres recibe a un equipo con una nómina diez veces inferior, pero capaz de cualquier hazaña, como Lobos BUAP, mientras que América visita a una de todas esas plazas en las que ha provocado el levantamiento poderoso del Ódiame Más: Morelia.

Comentarios

Usa una cuenta de Facebook para agregar un comentario, sujeto a las políticas de privacidad y Términos de Uso de Facebook. Tu nombre de Facebook, foto y otra información personal que hagas pública en Facebook, aparecerá en tu comentario, y puede ser usado en las plataformas de medios de ESPN. Más información.