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Santos frena intento de remontada del América
Devastando El Nido, Santos cree en sus propios milagros ante los Diablos Rojos en la Final del Clausura 2018.

¿América? Se conjuga bajo el verbo fracasar. Perdió todo a lo que tuvo acceso. Sus corifeos agregaron himnos de victoria precipitadamente.

Este domingo, había una alianza para resucitarlo. Pero el América renunció a ella. El árbitro Pérez Durán no defraudó: por torpeza o dolo, regala un penalti que sentencia Cecilio.

Y a lo largo del juego, tres balones torcieron la brújula. En lugar de enredarse en el velo luctuoso de Marchesín, se estrellaron en la portería.

Todos querían salvar al América, menos el América mismo. Y Santos no perdonó. Acaso más decepcionó que la feligresía del Ódiame Más no fuera capaz de abarrotar el Estadio Azteca.

Con un Gallito Vázquez monumental, Santos reaccionó a los titubeos que lo colocaron bocabajo 2-0 en 23 minutos, y no sólo contuvo al rival, sino que se adueñó del balón, ungiendo además a Marchesín como el penitente de sus errores en el Juego de Ida.

Hasta en un desplante piadoso, Robert Dante Siboldi reposó a Djaniny. Y cuando se sacudió el estupor del 2-0 (4-3 en el global) reacomodó las fichas, ordenó a Lozano y a Jonathan Rodríguez a alargar los recorridos, mientras que Javier Cortés mostró lo que había quedado en deuda con Pumas.

Al América le faltó el gran líder. En la cancha... y en la banca. El gol de Jonathan a los '41 envió no a un América ambicioso al medio tiempo, sino un cortejo fúnebre. El América estaba muerto por dentro y no lo sabía.

Y en esos medios tiempos, donde suele aparecer el tipo vehemente, con voz de mando, como Miguel Herrera, debió estar afónico: Mateus Uribe y Jeremy Menéz deben ser boletinados al 911, y Henry Martín es futbolista de un solo juego: ante Lobos y sólo si expulsan al Maza Rodríguez.

Siboldi no sólo tenía tomadas las riendas del juego, también jugaba con las fichas blancas en el ajedrez. Siempre tenía al borde del Jaque Mate a Miguel Herrera.

Con la llama del 2-1 feneciendo, pero con el América insistiendo a pura transpiración y cero inspiración, como lo ha sido recientemente, llega Isijara a sofocar cualquier intento de rebelión, más allá de que su ingreso y el De Buen, aumentaron el desconcierto americanista.

El mayor lamento de Miguel Herrera fue guardar a Diego Láinez hasta el minuto 75. "El Niño", como erróneamente lo llama El Piojo, entró con 75 minutos de retraso.

¿Y ahora América? A comprar sin urgencias y sin precipitaciones. Y a no comprar por catálogo. La incorporación casi cerrada del Gallito Vázquez, le dará el jugador que no pudo ser Guido Rodríguez en la Liguilla.

Pero necesita un goleador. Oribe Peralta perdió la magia con esa camiseta, e irónicamente, insisto, ante la camiseta que justamente lo hizo hombre como goleador: la de Santos.

¿Habrá reducido este penoso descalabro las posibilidades de Miguel Herrera de hacerse cargo del Tri al arrancar el 2019? Tiene seis meses para enderezarlo.

Y si no, sigue la propuesta más fantasiosa que fantástica, del Grupo Pachuca, de ir por Vicente del Bosque... para terminar con Matías Almeyda.

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Decíamos que el 4-1 es una cicatriz en fuego para el aparente epitafio del América. Vaticinio de Santos Óleos.

La ilusión beligerante del América es que este domingo tiene una diócesis para el exorcismo: la catedral de los milagros, el Estadio Azteca. Porque cada Caja de Pandora tiene su esperanza.

Futbolistas, tiene. Queda en entredicho, sin embargo, si esos mismos jugadores, castrados de espíritu ante el Santos en Torreón, pueden recuperar las gónadas, porque, al final, sus salarios millonarios también las incluyen en el contrato.

Pocos aventureros o aventurados se atreven a decir que el 4-1 es un veredicto que podrá ser modificado en sus números, pero no en su sentencia. América tiene eso: sus Pájaros Dodó de Torreón pueden reconvertirse en Águilas.

Tienen en el vestuario al hombre correcto para ello. Ciertamente, Miguel Herrera reprobó ante el sinodal táctico del jueves. Robert Dante Siboldi le disfrazó torres como alfiles, y le quitó la pelota.

Pero Miguel Herrera ha enderezado a muchos Lázaros en su carrera. El jueves le entregaron a su equipo en estado de coma. Y la terapia intensiva para resucitarlo no estaba sólo en la cancha, sino en el diván.

Antes de meterlos en el vestuario y en el Armagedón del juego, El Piojo debe meterse en la cabecita frágil y trémula de los sentenciados a muerte. Al fin y al cabo, ya son los Once del Patíbulo.

Ciertamente, Marchesín no volverá a equivocarse tanto y tantas veces. Ciertamente, Mateus Uribe se bajará del pedestal de soberbia de sentirse el MVP del Nido, ajustarse el overol y alejarse del tóxico incienso de los elogios.

Y tal vez Peralta recuerde que Oribe significa "el orfebre de oro", y salga de esa miseria de cobre en que ha caído. Es tiempo para El Hermoso, es su tiempo, y es ante la camiseta que lo hizo hombre en el futbol mexicano, la de Santos...

Y tal vez El Piojo entienda que el corazón cándido de "El Niño", cómo él llama a Láinez, no tiene actitudes piojosas, como algunos jugadores, porque él ha mamado de la leche de cuna de El Nido. Los otros, están bajo alquiler, al mejor postor.

Cuidado, sin embargo, porque Santos ya probó ese elíxir de gloria. Sus futbolistas dieron un juego casi perfecto, rebosando a veces, y rebasando otras, esa exigencia suprema de jugar al futbol, por amor al juego, a la victoria, y por desamor absoluto al rival, ese que se desgarra la camiseta y grita "Ódiame Más".

Ciertamente, Osmaldito (como le crucifica el americanismo) Martínez y Brian Lozano, quieren terminar de comerse el corazón caliente del Águila que los echó de El Nido.

Y el amo del Santoral, el Gallito Vázquez, aunque despreciado por la miopía del cuerpo técnico de la selección mexicana, ya sabe que su carta está en los planes de Miguel Herrera y Santiago Baños para el Draft de junio. El tiro de gracia al América, terminaría por convencerlos.

Como sea, seguramente quienes podamos vivir este partido desde la comodidad anhelante de que se maten a goles, podremos disfrutar de la versión tenocha y futbolera de una Infinity War.

Y no, ni lo piense: Jorge Pérez Durán es el árbitro, y aunque desde su misérrima capacidad no le alcanza para el papel de Thanos... pues, uno ya no sabe.

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4-1. Parece la cicatriz de un epitafio. Pero, cierto, el América aún no está embalsamado. Pero, cierto, también, están ahí, ese oficio de Santos y esa madurez precoz de Robert Dante Siboldi.

América obligado, por lo menos a un óptimo 3-0 en el Estadio Azteca. Deberá jugar bajo cero tolerancia. Urgido El Nido a 90 minutos perfectos ante los 90 minutos de imperfecciones de este jueves.

Especialmente con la anemia defensiva exhibida por el dique débil y flagelado de su cuadro bajo la noche de este jueves en Torreón. Encima, Marchesín tuvo una jornada negra, con los titubeos sobre sus titubeos en tres de los goles.

Bajo esa consigna dramática, extrema, drástica, de salir a matar o morir en la vuelta, Miguel Herrera necesita jugadores comprometidos. Este jueves, Jeremy Menéz (errando incluso un penalti), y Mateus Uribe se escondieron de nuevo bajo el anonimato de la intrascendencia.

En contraste con la jornada oscura de Marchesín, luego de andar cazando Pókemons en su propia cancha, y tragarse así el gol del América, Jonathan Orozco se concentró nuevamente y resolvió el asedio. La ventaja de ser dirigido por quien fue un gran arquero.

No será fácil para Santos el Juego de Vuelta. Pero, y lo sabe el cuadro guerrero, con la soberbia disposición de este jueves, le alcanzaría de nuevo para cortarle las alas a unas Águilas que lejos de volar, retozaban apenas como Pájaros Dodós.

América parecía una flotilla de Uber. Parecían recorrer kilómetros bajo contrato. Era de esperarse que Menéz y Uribe improvisaran, inventaran, imaginaran la forma de salirse de la perfecta envoltura que a media cancha les impuso Santos.

Notable el aislamiento que iban urdiendo el Gallito Vázquez, Javier Cortés, Oswaldito y hasta un irreconocible Brian Lozano, quien, ante el equipo que lo llevó a México, dio su mejor encuentro. De haber mostrado eso en El Nido, seguiría en Coapa.

Con esa solidaria y combativa seriedad de Santos Laguna, iban contrastando, otra vez la exposición del América a través de aventuras individuales, muchas de las cuales abortaron, increíblemente, en el sopor mental de Oribe Peralta.

Y mientras Herrera iba reaccionando por impulso, por amontonamiento, con Ibargüen y Martín, Siboldi fue más puntilloso y preciso: Isijara se convirtió en un maratonista con espada y escudo, mientras que Cetré entró a acomodar la lápida, y De Buen, comió minutos y comió terreno al América.

¿Está resuelto? No: es el América, el epítome del Ódiame Más. Pero, claro, Siboldi seguirá teniendo Guerreros, mientras que Miguel Herrera aún no sabe si recuperará a sus Águilas, o regresarán sus Pájaros Dodó.

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Un lunes convulsivo y convulsionado. Como si no bastaran los estertores de la Liguilla con el sepelio simultáneo y lloroso de los equipos regios.

  Rumores que se visten de futuro. Rumores que aún se debaten en el pesebre de lo increíble, pero no imposible. Renuncias anunciadas.

  Con Mohamed fuera de Rayados, en un exilio que se demoró seis meses, y con Rafa Puente metido en un gallinero donde sobran espolones para ser ofensivos, seguramente los estertores zangolotean al campeón de la Concacaf.

  Con el dulzor aún en los labios, ahora a los aficionados de Chivas, les aprietan las anginas. ¿Será posible una desbandada? Dicen que si el río suena, es porque se ahogó una orquesta.

  De golpe: Pizarro y Almeyda al Monterrey; Cota al León, Alanís al Getafe, Orbelín a Querétaro... ya sólo faltaría que Erick Gutiérrez termine en el Ajax, en lugar del Rebaño, y que regrese el Gullit.

  Y en la mira el Mundial de Clubes, en el que todos dicen que quieren hacer historia y verse la cara con el Real Madrid o el Liverpool. Paco Gabriel de Anda debe extrañar su lugar en la mesa de Futbol Picante.

  Insisto: son rumores y perviven en la clandestinidad del chismorreo, pero parece que la rebelión por la falta de pago de los premios, ya pasa factura, al vender a Pizarro a Rayados en lugar de al futbol de Holanda, y el mismo Cota es dejado en libertad para regresar, contra sus deseos, al feudo del Grupo Pachuca. Esas injusticias son la cuota tenebrosa de exigir justicia.

  Pero, no todas son malas noticias en los correrías financieras y deportivas del Guadalajara.

  Con las manos llenas de problemas, Paco Gabriel de Anda, de consumarse los rumores, esperará que el usufructo de Pizarro y la indemnización por dejar ir a Almeyda, más la renovación multimillonaria de contratos de patrocinadores y televisión, le alcancen para repatriar a alguna de las cartas que tiene boca arriba: Chicharito (en pláticas con "Pelagatos 2.0" Higuera), Carlos Salcedo, Marco Fabián y Raúl Gudiño.

  Ciertamente, el futuro de estas negociaciones deberá esperar al Mundial de Rusia. La cotización de estos futbolistas podría variar de lo que consiga el vacacionista Juan Carlos Osorio.

  En el cuerpo técnico, Paco Gabriel ha tenido un candidato: Víctor Manuel Vucetich, un entrenador que gusta del futbol pragmático, de seguridad, pero que en algunas etapas (León, Tecos, La Piedad), mostró que sabe jugar al ataque.

  Reitero: en este momento, los vendavales de los rumores sólo inquietan, pero a nadie mojan.

  Por otro lado, mientras el Turco Mohamed deja puesta la mesa para negociar para un equipo que tenga muchos millones de dólares para pagarle e invertir, Rafa Puente hizo una estupenda elección al aceptar la oferta del Querétaro.

  A un equipo armado para ir al abordaje, lo entrenaban para recular. Si le mantienen el plantel a Puente, y le agregan un par de refuerzos, como se habla del regreso de Orbelín Pineda (sí, ese escándalo de los premios en Chivas), seguramente la historia será distinta a Lobos BUAP.

  Por lo pronto, queda claro que los remezones del sismo en el orgullo de Monterrey, se sienten fuerte en Guadalajara.

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La buena noticia para América: no enfrenta a Tigres. La mala: enfrenta a Santos. Monsieur Gignac se ausenta. Monsieur Menéz le sustituye.

La buena noticia para Rayados: Tigres quedó eliminado. La mala: ellos también. La tragedia pacifica a Monterrey. Que brinden por la muerte ajena, para que les sepa menos la suya.

La Final tiene contendientes: América contra Santos y Toluca contra Xolos. Que pongan todos sus barbas a remojar. El Diablo, y no necesariamente el toluqueño, anda suelto.

Las potencias financieras del Norte cayeron en bancarrota. Los planteles más caros del futbol mexicano se abarataron en la cancha. Irónicamente, sus entrenadores y arqueros, abrieron la puerta y la portería al tropiezo...

Ya Tigres y Rayados jugarán su partido de consolación en el lado perverso de las redes sociales. En diciembre eran el ombligo del mundo, hoy...

Lo de Santos tiene tintes de hazaña. Jugó con diez hombres todo el partido, porque Jonathan Rodríguez había dado tan poco antes de su expulsión que los Guerreros se sintieron más cómodos sin un bulto en la cancha.

La heroicidad santista, con inferioridad numérica aumentó las guirnaldas de gloria, porque después del gol de Oswaldo Martínez, maltrecho, lesionado, pero Djaniny sacó el 2-0 para añadir otra raya más a la zalea del Tigre que cubre la inmunidad de Ricardo Ferretti.

Pudo haber hecho algo Nahuel Guzmán en los goles. El otrora héroe se ve desconcentrado en ambas anotaciones. Pero la responsabilidad no es sólo suya: la culpabilidad es un pecado capital repartido a partes iguales... desde la banca, claro.

Entre la soberbia anestésica, la actitud displicente, de unos Tigres que se creyeron en la ruta de otro título, Santos asumió como un asunto de vida y muerte el saber y entender que con diez eran más espiritual y hormonalmente que los aburguesados de enfrente.

Ahora la advertencia queda hecha. Y parecería innecesaria. Porque América y Toluca saben puntualmente que no pueden ningunear a sus adversarios como algunos de los fantoches jugadores y entrenadores de Rayados y Tigres.

Lo exquisito de estas Semifinales del Clausura 2018 es que no hay sentenciados a muerte, porque tampoco hay marcador favoritos, especialmente después de que los Diablos Rojos casi se ven exorcizados por el Morelia.

Claro: ninguno de los cuatro equipos tienen totalmente el destino en sus manos. En realidad, y eso es irrefutable, la Final queda estrictamente en las garras perversas de la estulticia arbitral.

La realidad es esa: los jueces mexicanos son tan malos, que uno sospecha que actúan de forma delincuencial.

Y es difícil precisar que es más grave para el arbitraje: que se piense que aprueban con excelencia un examen de idiotez, o que se piense que actúan bajo consigna y complicidad de La Famiglia que tanto pondera Decio de María.

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Lo humillante para Pumas no es el veredicto (1-4) que tiene facha y fecha de epitafio...

Lo humillante para Pumas no es la virtual eliminación, porque al fin y al cabo su clasificación a la Liguilla tenía el diagnóstico del chiripazo...

Lo humillante para Pumas no es el nombre (América) ni el apellido (Ódiame Más) del burlón victimario, con ese odio sulfúrico gangrenado con tantos antecedentes...

Lo humillante para Pumas no es que le asalten la guarida, esa otrora fortaleza, hoy derruida, pero aún custodiada, inútilmente, por la lealtad genuina de porristas y el fanatismo de porros...

No, lo humillante es que los Pumas salieron castrados del vestidor y el América, técnicamente, si cargó, hasta el Olímpico, la canasta con todos los huevos de El Nido de Coapa... Lo humillante para Pumas es que claudicó en el pasaje tenebroso del acobardamiento antes de pisar la cancha. Fue una blasfemia espiritual contra su propia cancha...

Sus jugadores nunca fueron lo suficientemente hombrecitos para enfrentar a los nombrecitos del América. El grito de "Goya" se quebró como un himno fúnebre arrullando la derrota.

Salieron los Pumas acicaladitos, perfumados y con las zapatillas impecables, pero las entrañas, todas, con las gónadas incluidas, se quedaron en el casillero vejado....

Y América, masculinamente serio, futbolísticamente comprometido, encontró en la noche explosiva del explosivo Mateus Uribe, y en el calvario del manchón de las sentencias, la guillotina exquisita de Jeremy Menéz.

Oribe Peralta sigue sin encontrar la red, pero sigue tendiendo la red en el área para atrapar a la presa. Ayer intervino en tres los goles. Parece el notario público que legitima las historias que terminan en el marcador.

Lo de Pumas apesta también a suicidio táctico. Los castrados universitarios, encima, salieron mal acomodados. Patiño decidió inventarle a Matías Alustiza el oficio de gatillero, pero lo enclaustró entre el embudo defensivo americanista, y al hombre alevoso de las cobardes pistolitas de balines en Puebla, le entregó arma con balas de salva.

Curiosamente la mejor propuesta que pudo mostrar Pumas, la inventó Patiño tratando de parchar sus propios errores, pero el 1-4 narcotizaba cualquier ilusión de hazaña.

Y lo simplificó el América: con Oribe como gestor, con Uribe de francotirador, y Menéz tomando té activando el patíbulo, el 1-4 fue el premio a la disciplina, el compromiso y sobre todo eso, que el equipo viajo de Coapa a C.U. con la indumentaria hormonal completa.

A Miguel Herrera a poco debió saberle el felino. Ocho veces le ha tendido la emboscada y salido victorioso.

¿Puede remontar Pumas? Necesita ganar por cuatro goles de diferencia. Hasta la aritmética puede diferenciar en estos casos entre lo improbable y lo imposible.

Y los Pumas de este miércoles por la noche, parecen más dispuestos para la ordeña que para la inseminación... de una hazaña, claro.

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LOS ÁNGELES -- Chivas quiso, supo y pudo. América quiso, pero ni supo ni pudo.

La batalla concluyente es entre México y Canadá. EE.UU. no va al Mundial y ni siquiera a la Final de la Concachampions: Guadalajara contra Toronto. Un plantel sólo con mexicanos, contra un combinado de ocho nacionalidades.

Chivas vivió un calvario. Rodolfo Cota fue la figura. Él y una jornada en la que todos los sortilegios y chamanes se acurrucaron de su lado.

Jugando con diez, porque el Bruce Willis de copete hitleriano (AKA Alan Pulido), fue el mejor recuperador de balones para RedBulls, Chivas montó su trinchera, resistió el vendaval de los neoyorquinos, que por instinto embestían con su sello, como toros enloquecidos, y no les alcanzó.

En un frontón humano, los rojiblancos terminaron con migraña y cita para urgentes encefalogramas: 27 cabezazos en el área para alejar el peligro, a sabiendas incluso que Cota era el hombre clave para evitar el naufragio.

RedBulls ensayó con el ordinario y primitivo repertorio del pelotazo al área. Una frase de Jesús Bracamontes es digna del epitafio neoyorquino: "Van tanto al pelotazo que se olvidan de jugar al futbol". Impecable síntesis.

Y en esa resistencia extrema, Chivas mantuvo de pie su Muro de Jericó, resistiendo nueve remates a la portería y un buscapiés que se arrastró paralelo a la línea de gol, sin que dos atacantes emeleseros llegaran a la cita por la eternidad de una milésima de segundo.

Cierto: Chivas deberá mejorar muchísimo para poder confrontar a Toronto. Sufrir enconchado nuevamente en la Final, ante un adversario más poderoso, sería un suicidio.

Por lo pronto pierde a dos jugadores para el Juego de Ida en Toronto: un Jair Pereira, a quien no se extrañará, pero sí a un heroico Rodolfo Cota.

¿América? Quiso. Quiso siempre. Pero más allá de que Alex Bono tuvo también su noche afortunada, jugó con ansiedad, con nervios, con desesperación.

Pero, encima se encuentra con una descolgada, desatención en el fondo y Jonathan Osorio desplumó las ilusiones en El Nido. El 0-1 se convertía en un escandaloso 4-1 que tranquilizaba a Toronto, que sufría desde el minuto cinco la ausencia por lesión de Jozzy Altidore.

Con Michael Bradley como genuino líder, clavado en ocasiones como otro defensa central, resistieron el oleaje desordenado de las Águilas.

Y así, Oribe Peralta, Andrés Ibargüen, Mateus Uribe, Renato Ibarra y Paul Aguilar, entre otros, terminaron reverenciando a Bono, mientras que Henry Martin confirmó que tuvo su noche de Cenicienta ante unos Lobos BUAP con diez hombres, y luego volvió a la calabaza del Nunca Jamás.

Un regalo arbitral hace más patética la eliminación americanista, con el cobro de Uribe. 1-1 en el Azteca. Inútil... el resultado.

¿Fracasotototote americanista, según la elocuencia de Manuel Lapuente? Sin duda. Ahora, Miguel Herrera lo sabe: ganar el título de la Liga MX es absoluta obligación.

Ahora Chivas, concretamente con Paco Gabriel De Anda como responsable, deberá tomar la chequera del patrón, Jorge Vergara, para saldar las cuentas millonarias que adeuda a los futbolistas, que, necesario decirlo, demostraron que no los consume ni los agobia el adeudo.

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LOS ÁNGELES -- En la cima del oficio. En la sima de la ansiedad. Así deberán ejercer Chivas y América en el cierre de Semifinales de la Concacaf.

Malherido, con tres heridas en el pecho, América tiene la ventaja de emboscar en El Nido a un Toronto reposado y con una médula espinal de oficio, sin Mundial, cierto, pero con oficio, y un bajito con los focos encendidos como Giovinco.

El 3-1 oscila en esa fascinación anunciada, innegable, entre la tragedia y la hazaña. El águila obligada al rol enigmático del Ave Fénix.

Getty Images

Chivas, en tanto, consiguió un reintegro apenas del pase a la Final. El 1-0 del miércoles por la noche tiene ese saborcito de insuficiencia. Matías Almeyda fue inteligente: "Estamos 0-0". Ni más ni menos.

Como sea, la victoria contrasta. En Guadalajara hay una sonrisa nerviosa, pero en El Nido hay un falleciente y desfallecido en terapia intensiva.

Con la única ganzúa que tiene, Rodolfo Pizarro, Chivas colapsó la caja de caudales que le montó Red Bulls en su estadio, que lejos del trapío de su mote, parecían los Toros Rojos más lívidos, pálidos, mojigatos prófugos del arado, sembrando surcos en la cancha del Akron.

Mientras Rodolfo Cota sólo una vez desquitó el sueldo, ante la paranoia vacuna por no perder, Pizarro se convirtió de nuevo en la figura de Chivas. Le sentó bien la Fecha FIFA porque le quedó claro que tiene que ser más y hacer más que el convaleciente Giovani y el resucitado Marco Fabián, si quiere ir a comprar matrioskas.

Pizarro repitió la faena del viernes ante Morelia: robó, enfiló, pero esta vez sirvió a Brizuela, que dejó de ser un patético conejito de Pascua, y evolucionó en Roger Rabbit, para definir de manera compleja, pero eficiente, a la salida del arquero.

A sabiendas que Pompi (por Luis Pompílio Päez, auxiliar del Tri), entregó notas reprobatorias en la Copa Oro, Pizarro ha decidido conseguir lo que nadie ha podido: que Juan Carlos Osorio esté en sus cabales, y lo convoque. No será fácil.

Sin embargo, cabe la pregunta: ¿Si Osorio tan impacientemente paciente, tan intolerablemente tolerable para tratar de encontrar ese Sergio Busquets que Diego Reyes no lleva dentro, no podría dedicar un poco de terquedad a Pizarro?

Porque si Osorio dijo en Nación ESPN que "Diego Reyes es el jugador con mejor salida" en la selección mexicana, podría tal vez, total, ya en esa doctrina del autoengaño, de la alucinación, ver en Pizarro dotes de Mbappé. Digo, si de alucinar se trata.

Por lo pronto, Pizarro tiene en sus manos su visado a Rusia. Si el tándem colombiano, que fue capaz de forzar las salidas de Santiago Baños y Raúl Gutiérrez, no lo quiere, ahí estarán, en ese estricto orden, Dennis Te Kloese, Gerardo Torrado y Memo Cantú, para abogar por él.

Reasumiendo y resumiendo del tema original, Chivas y América tienen ese oficio en situaciones de alta tensión que no tienen Red Bulls ni Toronto, aunque éste último tiene cartas ocultas.

En la vuelta, Toronto jugará con la desesperación americanista y seguramente levantará ese muro fronterizo, deportivamente hablando, ante las embestidas americanistas.

Con Red Bulls será distinto. Incluso no sería extraño que el estadio se poblara de rojo y blanco, pero no tanto por la pasión local, sino por la migración mexicana con pasión por Chivas.

Claro, al final, todo se resuelve con futbol. Y, por supuesto, por las debilidades de los árbitros y las debilidades avariciosas de la Concacaf, porque recordemos que en sus entrañas, se piensa, se habla y se elucubra, no en inglés, sino en estadounidense.

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Hizo la gran Juan Carlos Osorio. Fue esclavo de sus palabras. El colombiano ninguneó al equipo B de Croacia y... Miguel Herrera había ninguneado a la MLS "no es un parámetro para la Liga MX".

Efecto bumerang: Toronto 3-1 América. El Piojo los trató de piojoso y le empiojaron la altanería. Los ninguneados 3. La arrogancia 1. Y pudieron ser más. Varios más.

En El Nido, las Águilas deben revertir la historia... y la histeria. La Espada de Damocles oscila ansiosa de sangre.

Más amargo será para el americanismo si Chivas hace la faena a los Red Bulls de Nueva York esta noche. Hiere más el éxito ajeno que el penar propio.

Giovinco, Bradley y Altidore se apoderaron del juego. En especial el italiano, que dejó enredados como spaghetti recocido los nervios, ligamentos y coyunturas cervicales de la zaga americanista.

Del penalti que irritó al americanismo y cobró Giovinco, el América tuvo un momento de respiro, cuando Ibargüen se tragó el Messi del videojuego y sembró de cadáveres al área rival con el 1-1.

Fue un espejismo mexicano. Sólido, ordenado, pertrechado, desesperado en su trinchera, pero astuto en despliegues, Toronto terminó por arruinar las intentonas del América, incluso cuando en la desesperación táctica, Miguel Herrera empezó a hacer cambios como coleccionista de Panini. Pero igual, casi le llenan de goles el álbum de Marchesín.

En la apuesta, en un tiroteo mutuo, ambos equipos recrearon una zacapela dramática en la cancha. América azuzaba, pero en verdad Giovinco y Altidore perdonaban en posición y con posesión de gol.

En el ajedrez de la angustia, con sus peones enloquecidos, Henry Martin entró de cambio para vivir una noche trágica: tres entregas en el área, dos de ellas en posición de fusilamiento, perdonó, como antes lo había hecho el resto del pelotón.

Lamentable para el América, porque mientras Toronto mantenía el aplomo defensivo y las venenosas descolgadas como opción, se precipitaba en la entrega del balón, en disparos desafortunados y además, en elecciones equivocadas en la jugada final.

En la banca, la histeria absoluta de Miguel Herrera poco ayudaba, cuando en su frenetismo era evidente el desencanto furioso con todos sus jugadores.

William da Silva, el "Marcelo americanista", fue una avenida y un pésimo alfil del ataque, mientras que Cecilio Domínguez, nuevamente, entre esa indefinición de abulia, de apatía, o de pánico, intentaba con recelo cada regate.

¿Puede América revertir la situación en el Estadio Azteca? Nada es imposible. El clima será más benigno, y el arbitraje cambiará de óptica.

Pero el pie veterano de Toronto, y ese desdoble fulminante de Giovinco, pueden ser el detonante de una peligrosa emboscada.

Por lo pronto, Miguel Herrera deberá encender veladoras para salvar el pellejo en la Concachampions: una de ellas para que no gane Chivas este miércoles, y la otra para que las ánimas en pena que fueron sus jugadores este martes en la noche, regresen a sus cuerpo con menos nerviosismo.

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LOS ÁNGELES -- Entre la fascinación del Clásico, pese al desacato del 1-1 final, que no glorifica ni honra el trepidante y vehemente trámite del juego, los protagonistas terminan arrastrando saldo rojo.

Si bien América pierde el liderato ante el Santos, y no impone la diferencia abismal en puntos y posiciones, los más perjudicados, para bendición de su afición y del Guadalajara, son los jugadores de Chivas.

Sometido por momentos, cauteloso en otros, encomendado a los milagros del contragolpe, América desnudó y diagnóstico a los jugadores del Rebaño: sufren de Xantofobia... el miedo al color amarillo, se ponen pálidos ante la palidez del amarillo.

Este sábado, inspirados, estremecidos, alentados o desesperados por el peso del adversario, y la tradición de estos zafarranchos, fue posible ver la mejor expresión de cada uno de los futbolistas de Chivas. ¿Y de ahí pa'lante...?

El marcador, notariado por dos golazos, uno de J. J. Godínez, tras un servicio de cabeza del diminuto Chofis, y otro de Oribe Peralta, quien le dejó el esqueleto a Oswaldo Alanís, como discurso en inglés del presidente de México, hablan de una paridad muy cuestionable.

Pero, insisto, afortunadamente, para el Rebaño y sus seguidores, los futbolistas rojiblancos ya no pueden mentir, ya no pueden recular, ya no pueden irse de parranda y malversar el futbol vistoso que puede desarrollar su equipo. Si lo hacen, si renuncian, traicionan.

Desde un Cota sensacional, atajando cuatro misiles de gol, pasando por una defensa impecable, en la cual Carlos Salcido sacó juventud de su pasado; con una solvente plataforma con Pérez y Orbelín, hasta un rendimiento punzante, guerrero, persistente, agresivo, astuto, atrevido, de futbolistas como Pizarro, la misma Chofis, con el aporte de Pulido, y la pesadilla llamada Godínez. Incluso, Brizuela, cuando ingresa, no desentona, detona.

Sí, el rendimiento de Chivas fue excelente, pleno, por parte de sus jugadores, y por eso, hicieron sufrir al América, aún con el riesgo suicida de permitirle orquestar contrataques, sobre todo con el apoyo de un Renato Ibarra, que hizo de su parcela, carril de alta y libre velocidad.

Por eso, los jugadores del Guadalajara no tienen más alternativa que ver las restantes siete fechas del torneo, con un compromiso, con una beligerancia de buen futbol, iguales o superior a como se mostraron este sábado ante el América. Que todos vistan de amarillo.

Es una vulgar, fácil y comodina aseveración, pero en ningún momento se vieron las distancias entre un América que llegaba como amo y señor del pent-house de la Liga, y un Guadalajara que se percude, sin pertenecer a ellos, entre los condenados a muerte de descenso, en los despeñaderos de la Tabla General.

Queda, claro, la duda, de si el genuino Chivas es el de las otras nueve semanas, el de las jornadas calamitosas, el de la pereza, del cinismo y del aburguesamiento, en contraste con el que este sábado estuvo refulgente ante el América.

Y entonces, quedaría pensar que presas de la tal Xantofobia, ese miedo al color amarillo, los hizo reaccionar, por supervivencia, por instinto de conservación. El miedo a la derrota los hizo ser obsesivos por la victoria.

Pero, los Clásicos, a veces son parteaguas. De ser así, este debe ser el de Chivas, o mejor planteado, debe ser el momento en que el equipo entierre a los pasmarotes de las nueve anteriores jornadas, que conjuren sus propios demonios, y se atrevan a resucitar.

Porque, ojo, la afición, el cuerpo técnico y la directiva, no puede permitir una recaída, ni permitir que los espíritus arrogantes regresen a la pusilanimoidad. Deben presionar y obligar a que los genuinos futbolistas de este sábado por la noche sean iguales o mejores que ante el América.

¿El árbitro Fernando Guerrero? Terrible error al anular un gol legítimo a las Águilas, y por otro lado perdonó rojas a Bruno Valdez y a Mateus Uribe. Salvaron al apodado "Cantante", la intensidad del juego, la fiebre y el fervor de los futbolistas por hacer esa noche de guerra, una noche de fiesta de futbol.

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Fútbol, América

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