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Toneladas de ayuda en la Liga Mx
LOS ÁNGELES -- Pero dime... ¿De qué estás hecho, samaritano? Mientras amorosa y fervorosamente, levantas muros, hurgas en los infiernos de la muerte, restituyes vidas y ahuyentas mortajas, das de beber, sanas, reconfortas, das de comer, das cobijo, das consuelo, y enciendes veladoras, para apagar los cirios... mientras transpiras y resoplas con los músculos de la fe.

¿De qué estás hecho...? Dime, mexicano entre las galas luctuosas de este onomástico lúgubre y doliente del 19 de septiembre...

¿De qué estás hecho...? ¿Acaso de un acero más vigoroso y de un concreto más poderoso que el de los colosos colapsados en las entrañas de tu urbe, de tu ubre y tu palacio de espejos hechos rompecabezas? Sin duda...

¿De qué estás hecho...? ¿De una conciencia diametralmente distinta a tus gobernantes de sangre negra agazapados en el escondrijo al final de ese torcido laberinto de sus corrupciones, impotencias e incapacidades? Sin duda...

¿De qué estás hecho...? Dime, mexicano, ¿de qué estás hecho...? ¿Acaso de esa estirpe maciza de raza de tus propios héroes deportivos? De eso, sin duda, De eso y mucho más...

¿De qué estás hecho...? Dime, mexicano, que sobrevives con esa médula de mármol, tan inquebrantablemente guadalupana bajo la oración de la tragedia...

CortesíaJesús Corona puso su 'granito de arena' para los damnificados.

¿...Acaso estás hecho de esa temeridad de un Julio César Chávez, cuando entre los Santos Óleos de la derrota, sacó ese puñetazo de varón sobre Meldrick Taylor, y que por su sangre y por su etnia aceptó el post mortem como boxeador, pero para sobrevivir como mexicano, leyenda y padre, en aquel suicidio ante De la Hoya?

De eso, de todo eso, sin duda, y mucho más...

¿De qué estás hecho...? Dime, mexicano, que levantas vuelo en esa vocación inalterable para juguetear al Ave Fénix, y que de entre el polvo frágil de las cenizas, reconstruyes, parece, cada 32 años, nuevas maravillas de caridad para tus herederos...

¿...Acaso de la misma progenie de conquista que un regordete, casi analfabeta, que salió de Etchohuaquila para tirar trabalenguas con el brazo izquierdo, y poner de rodillas, con el cañón al hombro a los trogloditas hormonalmente emperifollados de las Grandes Ligas...?

De eso, de todo eso, sin duda, y mucho más...

¿De qué estás hecho...? Dime, mexicano, que con músculo y rabia, laboras como topo mientras invocas el Santoral de todos tus atrios, para evocar a la musa casi sensualmente virginal de la esperanza, para que la muerte te dé un momentito de respiro, con la misma piedad que Macario en el cuento de Bruno Traven...

¿...Acaso de la misma rabia rebelde, de esa desentrañable incertidumbre entre el rezo y la blasfemia pagana, como la de ese saltimbanqui asesino a quien el Vicente Calderón le vomitaba "indio, indio", para burlarse de sus genes de Netzahualcóyotl, aunque al final Hugo Sánchez puso su heráldica en los museos de cada portería de España?

De eso, de todo eso, sin duda, y mucho más...

¿De qué estás hecho...? Dime, mexicano, debajo de esa epidermis hojaldrada, debajo de escamas de paciente titanio, para resistir los apocalipsis de los jinetes despiadados de la naturaleza, y con las alas cinceladas de devoción, cobijar a tus caídos...

¿...Acaso de los genes de tu propia mitología, para hacer del viento tu escolta, devorar los 400 metros y entonar el himno nacional ante los castillos negros del machismo, como Ana Gabriela Guevara, para corroborar que desde la historia oculta de la injustamente condenada Malinche, deja la huella de la mujer como precursora de épicas irrepetibles...?

De eso, de todo eso, sin duda, y mucho más...

¿De qué estás hecho...? Dime, mexicano, hoy cuando en el caos de la desesperación haces de tus lenguas y tus dialectos, el esperanto mismo de la solidaridad...

Tendrás, sin duda, todo eso de tus héroes deportivos. Y mucho más...

Porque hoy, ellos como tú, enaltecen la integridad y la entereza, especialmente en la ingobernabilidad oficial de sus respectivas hazañas...

Ni tú ni ellos necesitan líderes. Porque el líder, en tiempos de duria y cólera divinas, de nuevo, eres tú...

Por eso, dime, mexicano, ¿de qué estás hecho...?

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LOS ÁNGELES -- Las estadísticas enriquecen los análisis, pero no empobrecen las pasiones. Especialmente en torno al Clásico Nacional.

En semana impredecible de predecibles rivalidades, bajo el auspicio de la Copa MX, América enfrentando a Cruz Azul, y Chivas al Atlas, el Clásico entre Guadalajara y Águilas se convierte en el epicentro emocional de la Jornada 10.

Tiempos hubo en que la aversión a 'El Nido', provocaba una solidaridad impulsiva hacia el Rebaño. Tiempos hubo en que hasta aficionados de Pumas y Cruz Azul guiñaban simpatía a los rojiblancos. Justicia en mano ajena.

Hoy, sin embargo, desde el arribo salvador de Jorge Vergara, y sus tiempos circensemente lúdicos de desplegados y bravatas, convirtieron a Chivas en súbito pararrayos del desprecio general.

Entre la animosidad generada por Vergara y el lema incitador del "Ódiame Más", el resto de la muchedumbre futbolera lanza un pronóstico imposible desde los sótanos azufrosos de sus entrañas: "Que pierdan los dos". Ni el Rey Salomón.

Pero, sin duda, con descaro unos, con esencia futbolera otros, y los demás con la ansia hipócrita de mirar de reojo, estarán en ascuas y como ascuas, revisando los 90 minutos en el Estadio Azteca. El odio es más poderoso que la indiferencia.

Getty Images

Llega el América ante Chivas dañado por estigmas escarlatas. La Cruz Roja inhabilita a Edson Álvarez para este juego y una tarjeta roja margina a Miguel Samudio. Dos bastiones defensivos.

Pero, las Águilas habitan intranquilas, aunque solitarias, en la suite presidencial de la Tabla de Posiciones, debajo del dueño del Penthouse, ese Monterrey que con Antonio Mohamed tiene arranque de caballo fino y cierre de jamelgo lechero.

A ocho puntos y diez escalones, Guadalajara ve en el América el fin o el principio de su ansiedad de Liguilla. Necesita 16 unidades de las 24 en disputa. Necesita la magia de 67 por ciento del botín en disputa.

Para Chivas, el Azteca puede ser el Mausoleo gigantesco y majestuoso donde se consuma y se consume el funeral de sus ilusiones de Liguilla. Una derrota sería la abdicación del campeón vigente, digan lo que digan las desesperaciones matemáticas de sus seguidores.

Pero, por el contrario, si el Rebaño consigue una victoria, en un escenario que le sienta bien en los tiempos de crisis, en los tiempos de desesperanza, como lo es el Azteca, no sólo la aritmética será generosa con ellos, sino ese trago largo de nutrientes espirituales de vencer al más odiado de los adversarios.

Este sábado pues, para Chivas puede caer el Maná de un marcador favorable, o pueden bañarse con las primeras cenizas de su título en el crematorio monumental del Azteca.

Insisto: los antecedentes, las estadísticas, lustran e ilustran. En torneos regulares, Matías Almeyda ha sido cetrero y certero cazando aves de rapiña, aunque en Liguilla, se convirtió en presa fácil.

Por otro lado, Miguel Herrera entiende la trascendencia de estos enconados antagonismos. "Uno sabe que cuando firma como técnico del América, aunque no venga en el contrato, está incluido que debe ganar todos los Clásicos (ante Chivas)", explicó alguna vez en Raza Deportiva de ESPNDeportes.

Ojo: a media semana, insistamos en ello, América enfrenta a Cruz Azul, y Chivas al Atlas, en duelos a muerte. La supervivencia en la Copa MX está en juego. Al América puede no importarle, al ser una competencia que ofrece mucho menos que la Liga, pero Chivas, campeón defensor, no puede arriesgar el pellejo, pero ha quedado claro que sus jugadores no están para un par de zafarranchos de tanta intensidad en tan corto tiempo.

Escenario más dramático para Chivas, no puede ser: resurrección o muerte, en terreno inhóspito, y ante un América más rabiosamente predispuesto a la inclemencia que a la indulgencia.

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LOS ÁNGELES -- Drama. Ansiedad. Angustia. Ilusión. Con eso y futbol bien jugado se nutre un espectáculo. Y América y Tigres lo dieron.

2-2. Un empate. Deja agruras, si se quiere, para un Tigres que tuvo la ventaja, y también para un América que gozaba del cobijo de su Nido.

Pero, como espectáculo, como choque de poderosos, un belicoso y digno 2-2, para que todos, especialmente los aficionados al futbol, puedan dormir satisfechos, plenos.

Porque, más allá de la euforia desbocada en decepción entre los aficionados de Tigres y bajo el amparo de ese resoplido final de supervivencia entre los americanistas, en ambos bandos debió prevalecer la eventual fastuosidad del espectáculo.

Cierto: el arbitraje sigue enfangándose. Se ensucia de torpeza, de temor, de incoherencia, pero termina siendo un lastre enquistado que damnifica, inevitablemente, a todos los equipos.

Sorprende Tuca Ferretti dejando en la banca a Gignac, Vargas y Sosa, sin menoscabo del manejo del partido por momentos, y el latigazo incisivo por ambas bandas con Aquino y Damm.

Minucioso, detallista, didáctico debió ser en el vestuario, la lectura del adversario. Hasta con eso se sazonó el encuentro. Ferretti y Miguel Herrera también tenían una confrontación personal en ese ego tan humanamente incontrolable.

Reacomodos tácticos por ambos equipos en el mismo primer tiempo, cambios venenosamente inducidos, respuestas del adversario, y hasta la fortuna cuando el mismo rescatista 'Güero' Díaz mata los nervios y mata a Nahuel en la respuesta instintiva para el 2-2.

Y más allá del mapa estratégico que pudieron desplegar y después guardarse en la bolsa ambos entrenadores, ciertamente la devoción y el compromiso de los jugadores fue contaminando de esa rabia bendita de competencia a cada uno de los jugadores.

Insisto, más allá de las torpezas arbitrales de Ortiz Nava, que serán vistas con un cristal diferente de cada fanatismo, los jugadores aceptaron ese desenlace de jugar duro y jugar rudo, azuzados además, al entender que el silbante tenía como concepto de justicia su instinto de supervivencia.

Las cifras no mienten: 34 faltas, 17 por bando, es decir, una casi cada dos minutos y medio, con base en los 90' reglamentarios. Se dieron, mutuamente, pero no hubo pucheros de espíritus frágiles.

Y mientras podría cuestionarse el bajo nivel de Paul Aguilar, a quien sacaron al baile con frecuencia, fue pundonorosa la respuesta de Miguel Samudio: a partir del penalti que comete sobre Damm se convirtió, en el segundo tiempo, como un gallardo acto de contrición, en el jugador referente en varios ataques de las Águilas.

En un plantel tan sólido como Tigres, capaz de transformarse sin demérito con sólo un movimiento, cuando Gignac entra por Zelayarán, y aunque pierde conducción y lucha, el francés obligó a la reubicación de Guido Rodríguez

El 2-2, insisto, tendrá ese sabor de injusticia, de insuficiencia para ambas aficiones, y para los equipos mismos, un saborcito amargo, pero, visto desde la barrera de la indiferencia, cualquiera pudo y debió saborear el encuentro.

Con dos de los planteles más poderosos metidos en la azotea de la general entre un pelotón dominante, el saborcito del empate, como un mensaje de imbatibilidad en un duelo de poder a poder, deja a ambos en la lucha abierta del protagonismo.

Tigres recibe a un equipo con una nómina diez veces inferior, pero capaz de cualquier hazaña, como Lobos BUAP, mientras que América visita a una de todas esas plazas en las que ha provocado el levantamiento poderoso del Ódiame Más: Morelia.

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