LOS ÁNGELES -- El rostro enrojecido. La mueca, un puchero de rabia. Esa mirada de suegra insatisfecha. Todo ello en un contraste impecable con el impecable peinado y el impecable traje. Y el ademán, eso, el ademán, lo explica todo...

Era una mímica de imprecación, de ira, de reclamo. Miguel Herrera se ponía el puño con violencia sobre el costado izquierdo. Y miraba a Cecilio Domínguez... y a Henry Martin... y a todos.

Viñeta Rafa Ramos
Ahí, justo ahí, en el costado izquierdo, ahí, donde están los dos corazones de un equipo de futbol, ahí, donde late el escudo del América, y debajo, donde repica, más que palpita el corazón desbocado.

Miguel Herrera sabe la pregunta que borbotea en su cabeza y en las entrañas de El Nido. Pero él sólo sabe que aún no sabe la respuesta.

¿Está la pasión (profesional, humana, deportiva, futbolística) de estos jugadores a la altura de la misión que tienen como americanistas? La misión es sabida: ser campeones.

¿Está su pasión a la altura de semejante cruzada? El primer tiempo ante Toluca, este domingo, deja en claro que sí. El segundo tiempo, sufrido, agónico, estoico, ante el Toluca, deja en claro que no.

Por eso, el aspaviento de Miguel Herrera al terminar rumiando el encuentro ante Toluca, con todo y boleto a Semifinales en la mano. Es un reflejo de su frustración, esa que no hará pública, esa que masticará sin tragar, en la intimidad del vestuario.

En conferencia de prensa, El Piojo explicó que hablaba de pasión, de poner corazón en la cancha. Al final, él lo sabe, en la cancha, el escudo bordado o impreso, es el brote externo del corazón. En el deporte, el emblema en el pecho y el músculo bajo el pecho, son mellizos.

En el coloquial y puntual lenguaje del vestidor, Miguel Herrera les habrá dicho lo mismo que les dijo a seleccionados nacionales cuando perdían 2-0 un amistoso ante EEUU y que terminaría 2-2. "Les dije que tenían que poner güevos, esa es la única forma de jugar al futbol", explicó aquella vez.

Y en su América parece que las gónadas sólo generan hormonas de furia competitiva durante 45 minutos, aunque él dice que fueron 75. La testosterona es la nomenclatura química de la pasión.

Lo mismo ocurrió ante Santos en la temporada regular. América dio un concierto como para escriturarle el título, durante el primer tiempo. En el complemento, como este domingo ante Toluca, le pasaron por encima. Terminó, como alguna vez lo describiría Hugo Sánchez, con las anginas en la garganta. El que entendió, entendió.

Es irónico, porque tradicionalmente, Miguel Herrera demostraba que era capaz de enderezar jorobados en el medio tiempo. Hoy, se le joroban los jugadores y el rendimiento del equipo.

Y El Piojo sabe que es responsabilidad suya. Todo el trabajo de la semana se sublima con lapsos como el del domingo en el primer tiempo, pero rendimientos como los del segundo tiempo son los que originan explicaciones bobaliconas como "es que no juega a nada".

El primer tiempo ante Toluca, preocupará a su rival en turno, Pumas. El segundo tiempo ante el mismo Toluca, relajará a Pumas, que, por el contrario, supo resistir y contrarrestar el aluvión de Tigres.

Es tiempo pues, de que Miguel Herrera, de cara al juego ante Pumas, y con la exigencia total de su patrón, Emilio Azcárraga Jean responda la pregunta planteada al inicio de este texto...

¿Está la pasión (profesional, humana, deportiva, futbolística) de estos jugadores a la altura de la misión que tienen como americanistas?

Es tiempo para El Piojo Herrera de identificar quién sí y quién no... y separar las manzanas podridas de las sanas.

Etiquetas:

Fútbol, América, Toluca

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