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VAR revoluciona en la Copa Confederaciones
LOS ÁNGELES -- El VAR es la versión futbolera del Rey Salomón. Está dispuesto a partir en dos a una creatura si con eso se consuma la Justicia.

No es perfecto, pero el VAR puede ser perfectible. Al fin y acabo ofrece el inefable testimonio digital y visual de una cancha de futbol. Revive escenas. Es la confesión de archivos muertos.

Sin embargo, su grado supremo de imperfección es que está en manos de tipos imperfectos de criterios imperfectamente perfeccionistas. Y se equivocan. La verdad y la mentira, dependen del cristal con que se miran. Y hay cada daltónico de juicio.

La presentación del VAR ante esa sociedad siempre inconforme de la tribuna de futbol, se ha hecho con el glamour requerido, finalmente, en la Copa Confederaciones. México le besó los pies y Cristiano Ronaldo hizo un mohín de desdén. Entre Chile y Camerún, los videos y los árbitros, dejaron dudas.

Es que, insisto, bajo el principio de McLuhan, "cada quien ve lo que quiere ver y oye lo que quiere oír", y los árbitros siguen teniendo la última, sí, maltrecha y todo, la última palabra. Goethe decía que "para distinguir la verdad necesitamos ser sensiblemente más finos que para defender el error".

Si en ese cónclave en cancha y tribuna, en ese plebiscito vertiginoso de ver, volver a ver, y ratificar o rectificar se encuentra la bendición de la consumación de la Justicia, el VAR llegará a final de cuentas como un obsequio para que, casi siempre, gane quien lo merezca. Pero, obvio, la pelota, aún, tendrá que entrar a la red.

Visto así, como una intención justiciera de que el triunfo se legitime sin marrullerías, sin trampas, y sin errores o dolo arbitral, el advenimiento del VAR sólo dará estertores de intranquilidad a quienes les gusta oficiar fechorías en la cancha, sea juez, jugador o técnico.

Parecía necesario. Desde que el primer hermoso, pero tosco de epidermis, balón de cuero, comenzó a rodar bajo un reglamento, el entorno del futbol ha evolucionado. Todo. Todos.

Hoy, los futbolistas usan guantes estrambóticamente estilizados en los pies, con tachones de última tecnología que compiten con las llantas de Fórmula Uno, y sus atuendos están hechos con la comodidad extrema para transpirar hasta la fatiga, o dormitar en la cancha.

El mismo futbolista, la mayoría, al menos, ha evolucionado hasta en nutrición, y algunos más, los menos, hasta con tecnología para poder comprender mejor el juego y el adversario.

¿Los árbitros? Más allá de esas vestimentas crisálidas y fosforescentes, han evolucionado en su equipamiento, hasta el mismo cronómetro y su botecito de pintura, para marcarles fronteras a los jugadores.

Los jueces sólo conservan intacto el chillido de la autoridad: ese silbato, que es una marcha, festiva o fúnebre, de una sola nota. El resto, es cuestión de pulmones.

Los estadios pretenden ser más funcionales y seguros, con pantallas o marcadores modernistas, y hasta las canchas, naturales o artificiales, o mixtas, gozan de la más sesuda y minuciosa producción. La guerra sobre alfombras eternas, indesechables.

Y claro, el balón, con pruebas constantes en túneles de alto vacío, ha visto modificado su comportamiento aerodinámico, haciendo, a veces que, los exquisitos sean más exquisitos y los picapiedras, más picapiedras.

En ese afán de evolución, el futbol debió agregar al VAR con una sensibilidad justiciera, que, insisto, aún reposa en la imparcialidad, inteligencia, criterio y lucidez de quienes deben leer lo que ocurre en la pantalla con ojos de reglamento, con una mentalidad de lo que es, y no de lo que quisieran que fuera. ¿La Justicia es ciega?

Claro: detrás de todos estos intentos mundanos o prodigiosos, asoman los riesgos inevitables de quienes justifican la injusticia con el viejísimo "errare humanum est". Aunque la frase completa es: "errare humanum est, sed perseverare diabolicum", es decir "errar es humano, pero perseverar (en el error) es diabólico". Y en los palcos de honor del balompié, de estos, hay muchos.

El mismo Rey Salomón, en su colección de sabiduría, aseguraba que "la mujer sabia construye su casa; la necia, con sus propias manos la destruye".

¿Qué hará la FIFA del VAR?

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LOS ÁNGELES -- Alguien no hizo la tarea en Portugal. Alguien desdeñó a uno de los mejores cabeceadores en el futbol holandés. Alguien menospreció a Héctor Moreno y sus siete goles...

El gesto de desaprobación de Cristiano Ronaldo estaba en conflicto con su admiración. Pensaba él que los milagros en esos tiempos fantasmagóricos de reposición pertenecían a Sergio Ramos. O a Piqué. O a Rafa Márquez. Eso creía...

Hasta que este domingo Héctor Moreno, hoy el trillizo de La Loba, el nuevo hermano de Rómulo y Remo en la Roma, se propulsó en el área, en el impulso desplazó y aventajó a Fonte, y remató a la izquierda de Patricio. 2-2

Después de los 90 minutos, en cualquier cancha aparecen los espectros de las hazañas. Y Moreno consumó la suya. Cuando la hemorragia de segundos consumía el minuto 91.

Y México sigue con vida. Y vida propia. No empeñada, ni condicionada, ni alquilada. El futuro está en sus manos. Ante Nueva Zelanda primero y ante Rusia después.

Meritorio empatarle al Campeón de Europa, con méritos de Guillermo Ochoa, de un obrero como Jonathan dos Santos, y de un portento como Carlos Vela, más allá de que la turbina portuguesa, Cristiano Ronaldo, decidiera jugar, por grandes lapsos, en modo avión, pero de teléfono celular.

México tuvo la concesión de pelota y cancha en el primer tiempo. El fundamento de la supervivencia es la potestad sobre el balón. Y el Tri supo ejercerlo, con la displicencia táctica lusitana.

Cierto: cuando Portugal quiso, llegó a ejercer el control, especialmente en el segundo tiempo, y consigue el 2-1 en esos tiempos en los que los antecedentes del futbol mexicano construyen mentalmente imágenes psicológicas del desastre.

Pero, después del 86, México entendió aún que tenía la ecuación de la esperanza: resistencia, futbol y especialmente convicción.

Y entonces apareció Moreno, como aparecen los grandes líderes, y cuando deben hacerlo, justo cuando la desgracia parece cerrar el puño bajo esa ignominiosa frase que escolta al futbol mexicano: "jugaron como nunca (en la era Osorio), y perdieron como siempre...".

El trazo de Jonathan desde la esquina tiene el fervor venenoso de la comba. El efecto en la caída del balón encontró a Moreno. La forma en que tuerce el pescuezo apenas, para redireccionar un balón en el limbo hacia el rescate de México.

Y parece, en la justa desproporción de sus respectivas epopeyas, que México ha encontrado un caudillo audaz para esos tiempos lúgubres después de los minutos 90. Su propio Ramos. Su propio Piqué. Su propio Godín. Su nuevo Márquez...

La siguiente cita es con Nueva Zelanda, a la que Rusia, con todo y su pobre nivel le hizo 2-0, y a la que México ya en la repesca para el Mundial 2014 le aniquiló con un global de 9-3.

Sin esplendor aún, pero México sigue con vida, con el respeto del Campeón de Europa, y con el destino al alcance de las manos.

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LOS ÁNGELES -- ¿Justicia sin poder? ¿Poder sin justicia? En el futbol mexicano se elige el poder sin justicia para evitar que la justicia tenga poder.

La llegada de Arturo Brizio Carter a la Comisión de Arbitraje del futbol mexicano, su arribo a la silla del poder, no significa ni que llegue la justicia ni que la justicia recupere su poder.

Arturo Brizio se describe a sí mismo en Raza Deportiva de ESPNDeportes con un perfil completo, pero nada novedoso en ese puesto. Ese currículo ya lo han mostrado otros antes... y fracasado.

Ex juez mundialista, con experiencia, conocedor del hábitat agreste de las canchas y de los lados claroscuros del arbitraje, y conocedor de las reglas técnicas, físicas y morales para ser un silbante, Brizio argumenta estar listo para que el futbol mexicano goce de un mejor arbitraje, o, en términos coloquiales del pesimismo, un "menos pior" arbitraje.

Brizio asegura que no tiene hilos que pertenezcan a titiritero alguno y descarta que su filiación laboral con Televisa le llegue, eventualmente, a marcar prioridades y privilegios directamente desde la oficina de Decio de María, quien, para su Famiglia futbolística, es una evidente marioneta del Salón Oval de la misma televisora.

Las tareas herculinas de Brizio, le son expuestas en la entrevista de este jueves por la mañana. Dice, con esas tablas verborraicas que le han dado sus constantes apariciones en televisión, que a partir de buenas actuaciones, el arbitraje recuperara credibilidad.

1.- Que la cédula arbitral vuelva a ser la Carta Magna de un juego de futbol. Historias tenemos ya de cómo los reportes han sido manipulados o ignorados o pisoteados, conforme conviene a la Comisión DECIOplinaria.

2.- Garantizar inmunidad a los jueces, más allá de si sus actuaciones son paupérrimas o excelsas, ante los directivos.

No más desde amenazas de muerte en los vestuarios, o hasta zapes en la nuca o vulgares jalones de cabello como Fidel Kuri a Edgardo Codesal. Hoy, la impunidad de los directivos violenta cualquier inmunidad que necesite la autoridad.

3.- Evitar presiones de entrenadores y directivos, condicionando públicamente al arbitraje. Desde la contextualización de sinvergüenzas, hasta chascarrillos de temeridad como el de José Luis Higuera al asegurar que "(Luis Enrique) Santander está firmado y es intransferible", por parte de Chivas.

4.- Brizio reconoció algo determinante: los árbitros mexicanos son los mejor pagados de toda América (el continente, no el equipo, como aclaración para los tendenciosos mal pensados). Es decir, profesionalizados los nazarenos, su rango de exigencia crece, y más aún si cotizan salarialmente de manera muy generosa.

Cifras extraoficiales señalan que un árbitro que participe de toda la liguilla, llega a embolsarse en un mes, más de 20 mil dólares.

5.- Obvio, el árbitro mexicano entonces deberá dedicarse a hacer en su preparación diaria, lo que hoy no hacen: estar en forma física; tener una guía nutricionista; olvidarse de la vida loca antes de los juegos, trabajar bajo situaciones de simulacro semejante a un partido, y hasta observar partidos de futbol de sus equipos inmediatos a dirigir.

Según un sondeo desde dentro de la Comisión de Arbitraje, los jueces ni observan los partidos que han pitado, menos aún graban los que no pueden ver, y menos aún tienen una videoteca disponible, y mucho menos hay una sinergia entre los mismos jueces respecto a sus anteriores actuaciones.

6.- Recomendado por Héctor González Iñárritu, alguna vez se sugirió que el predicador del milagro de las bellotas, Imanol Ibarrondo, actualmente en trabajo del glamoroso "coaching" con la selección mexicana, se diera una encerrona con los árbitros, pero estos lo rechazaron.

7.- Que Decio de María deje de manosear las designaciones arbitrales. Lo más importante, y parece que lo tiene entendido Brizio, es la urgente emancipación de su plantilla de jueces, de las intromisiones del presidente de la FMF.

Era evidente que las asignaciones de juegos, lejos de pertenecerle a González Iñárritu, eran imposiciones delirantes, demenciales, de Decio, quien, y en eso coincide con Brizio, elegía a César Ramos Palazuelos, como si este fuera el mejor exponente arbitral, a pesar de que su labor terminaba siendo, partido a partido, un tambaleante mamarracho entre el dolo o la torpeza.

Arturo Brizio Carter fue pasajero de un penoso transatlántico arbitral. Aquel de Javier Arriaga, quien con un poder dictatorial, de cacicazgo, manejo a los silbantes en medio de leyendas negras que ya hemos relatado, pero además con un poder que garantizaba la impunidad de la injusticia arbitral, y hemos reproducido testimonios de ex silbantes jaliscienses como Jesús Mercado y Arturo Orozco.

Los alcances de Arriaga eran tales que hasta logró imponer a su yerno, Edgardo Codesal, en una Final de una Copa del Mundo, con la ya consabida coronación de Alemania en un asalto arbitral sobre Argentina.

Brizio tuvo, entonces, una referencia casi académica de cómo no dirigir a los árbitros de manera licenciosa, lucrativa y sospechosa. Él sabe cómo no debe hacerlo, lo cual, no significa que necesariamente, sepa cómo debe hacerlo.

Al final, la Jornada 1 del futbol mexicano dejará en claro, luego de casi mes y medio en funciones, si Brizio es capaz de conseguir que los árbitros ofrezcan menos conciertos bochornosos de errores y más presencias de certeza y auroidad en las canchas.

Por lo pronto, reitero: ¿Justicia sin poder? ¿Poder sin justicia? En el futbol mexicano se elige el poder sin justicia para evitar que la justicia tenga poder. La llegada de Arturo Brizio Carter a la Comisión de Arbitraje del futbol mexicano, su arribo a la silla del poder, no garantiza ni que llegue la justicia ni que la justicia recupere su poder.

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CIUDAD DE MÉXICO -- Un verbo cambia toda la percepción. Tergiversa la perspectiva. Pervierte el mensaje. Entre "declinar" y "abandonar" hay un pecado capital. Como entre matar y morir.

Juan Carlos Osorio había articulado previamente la escena. Había ensayado seguramente su discurso antes de acudir a la conferencia de prensa en el CAR. No quería darle muchas rotaciones al tema.

Estricta, y a veces extremadamente cauteloso en la elección de las palabras, el técnico del Tri iba preparado. Cierto, su semblante cenizo, bruñido, acongojado, no era la mejor mímica para aligerar la carga del anuncio.

Por eso, en la precisión del contexto y los términos, Osorio explicaba que Tecatito Corona "declina" participar en Copa Confederaciones. En el impacto inmediato de transmitir la información fue fácil citar que el Tecatito "abandonaba" al Tri, en una imperativa interpretación, como fue evidente en redes sociales, como un acto de deserción.

"Razones personales", explicó el entrenador. Y de inmediato, para amortiguar una noticia con otra, explicó que ya "diligenciaba" México ante FIFA el permiso de sustituir a Tecatito. Tigres filtró la posibilidad de que sea Jürgen Damm. Vano intento.

Y en la urgencia de sintetizar la sintaxis de Osorio, en algunos casos, el mensaje fue promiscuo por parte de algunos medios, y en el canibalismo de algunos en redes sociales. Insisto, entre "declinar" y "abandonar" hay un fatalismo de ignorancia.

La noche del sábado, la ventisca de rumores sobre "los motivos de Tecatito", azotó aún más un escenario que había sido exquisitamente convulsionado por la rivalidad entre México y Estados Unidos. Ese temporal fascinante de un nuevo juego de futbol entre el Tri y EEUU, se distorsionaba con especulaciones.

Hoy, aparece haber un motivo más claro. Eso explicaría porqué el grupo de jugadores y el cuerpo técnico habrían blindado con solidaridad al futbolista que el viernes pidió un permiso en un estado que algunos llamaban "crisis emocional".

De ser cierto el más posiblemente exacto y poderoso, y no confirmado, de los motivos, se entendería perfectamente. Sin riesgo de violar y violentar la sintaxis entre "declinar" y "abandonar", es más importante una familia que necesita más del hombre que la Selección Mexicana que necesita del futbolista. Aún y cuando el rival sea Estados Unidos, y aún y cuando Corona sea uno de esos escasos jugadores diferentes en el Tri.

Incluso Jesús Manuel Corona había cerrado sus cuentas de redes sociales. Esos casos en los que las vitrinas de Twitter, Instagram, Facebook y demás se vuelven de alto riesgo contra personajes populares.

Cierto que situaciones recientes del futbol mexicano han devaluado un poderosísimo argumento, válido no sólo para futbolistas, sino para cualquier ser humano: "motivos personales". Esas razones que usted y yo hemos usado y usaremos. Las contingencias, los imprevistos, no revisan la hoja de vida de su señuelo en turno.

Recientemente ocurrió el caso de Jesús Dueñas, y los "motivos personales" cotizaban en el bochorno. O los nunca esclarecidos de Carlos Vela o de Giovani Dos Santos. O como los de un reincidente Gullit Peña, o los de un notablemente redimido Marco Fabián, quien se ha congraciado con sus virtudes futbolísticas.

¿Afecta a la Selección Mexicana? Claro, Jesús Manuel Corona es un jugador con cualidades y proyección de servicio absoluto al Tri. Se alistaba para ser el mejor cómplice depredador de Vela. De esos escasos cañones ante los pertrechos estadounidenses.

Pero, para aquellos que aún lo incriminan y le recriminan a Corona, ¿habría sido humano, inteligente, saludable, piadoso, solidario, haberlo retenido y colocarlo en la cancha con una tormenta de ideas y distracciones en la cabeza sin poder concentrarse en el juego?

Un día antes, el plantel de la Selección Mexicana tuvo una sesión de fotografía. Todos relamidos, perfumados y uniformados desfilaron a su sesión. Pero, según el relato de un testigo, ya había una sensación sombría, de cuchicheos, de pesar, de incomodidad, de inquietud.

No era, ni remotamente, el ambiente propio de un seleccionado nacional que había arrollado a Honduras y además empezaba a aprender las palabras más elementales en ruso, más allá de Putin, el presidente. Había, más bien, esa sensación pastosa, espesa, constipada, de desasosiego.

Importante tener líderes cuando un imponderable hace implosión en el grupo. Rafa Márquez, Andrés Guardado, Juan Carlos Osorio e Imanol Ibarrondo se dedicaron a manejar la trinchera.

Preguntas alevosas para Usted: ¿si México no gana a EEUU es Tecatito el responsable? No, hay otros 22.

¿Si México no gana, el entorno más valioso de usted se ve dañado: su familia, su trabajo? No, la vida de usted se enriquece y se empobrece con un millón de factores influyentes en un mundo casi opuesto a un juego de futbol.

Pero, si Corona hubiera permanecido enclaustrado, sí, estrictamente enclaustrado, mental y espiritualmente, dentro del Tri, habrían perdido el ser humano, su familia y hasta, lo menos importante, la Selección Nacional.

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CIUDAD DE MÉXICO -- Es un platillo deliciosamente envenenado. México contra Estados Unidos rompe paradigmas en rivalidades futbolísticas. Sin el embeleso universal, claro, de un Argentina ante Brasil.

Sin embargo, en su entorno regional, tan 'conkakafkiano', involucra a una tribu futbolera que se ha sentido dueña del territorio, y otra que le ha usurpado esa tambaleante y frágil soberanía. En esta comarca liliputense del futbol, saltan y asaltan muchos gigantes. Costa Rica, incluso, con más peso reciente que México y EEUU.

En las vísperas del juego de este domingo en el Estadio Azteca, queda claro, es un juego que se gana con futbol, pero que dominan más los hombres que los futbolistas. La testosterona rebasa la pulcritud con la pelota. Claro, no es sólo misión de trogloditas, pero tampoco es una noche para los huidizos exquisitos.

Y no es fácil sobrevivir a la tormenta envolvente de apasionamiento. Pero aplica, mejor que nunca, ese concepto de "cabeza fría y pies calientes".

Pero, claro, entre las gónadas y el corazón de cada jugador, no puede soslayarse ese fervor volcánico, más que incluso por la victoria, por la consumación de la derrota, aunque una conlleva a la otra.

El placer no está solamente en el marcador, sino en la visión del vencido. El resultado es el epitafio, pero lo perversamente valioso es la identidad de la víctima.

En esas condiciones, México parecería llevar una ventaja: en los más recientes duelos, con botín de por medio, suma dos asaltos a territorio estadounidense, cierto, copado por mexicanos en cierta medida.

1.- Con Tuca Ferretti cediéndole prácticamente el báculo a Juan Carlos Osorio, le despojó del boleto a la Copa Confederaciones. "Ya les dije a estos cabrones (los jugadores) lo que hay que hacer y de qué se trata. Más no puedo. Pero, este juego hoy ni siquiera piensan en perderlo", decía en confidencia minutos antes del encuentro en Pasadena.

2.- Ya con Osorio, derribó el mítico Muro de Jericó de Columbus. Superior de principio a fin. Incluso el marcador pudo ser más holgado. Esa noche, como antes la de Pasadena, los futbolistas mexicanos conectaron circuitos: desde la cabeza fría hasta la fogosidad absoluta del corazón, a las gónadas y los pies.

Y claro, caben las precisiones en ambas referencias. Ambas, muy consistentes.

1.- Ya no está ahí Jürgen Klinsmann, quien nunca se interesó en convertirse en parte del jugador estadounidense. Fue, como siempre lo advertimos en este espacio, una gran farsa que Sunil Gulati se tardó en deglutir, digerir y eliminar. Aniquiló el alemán los vestigios de una academia de Sampson, Arena y Bradley.

2.- Ese 7-0 que a tantos les da migraña. Esa noche en Santa Clara hay responsabilidad de Juan Carlos Osorio, pero en la cancha, los jugadores jamás mostraron el frenesí ante el desafío de los chilenos. ¿Pueden ser referentes de desenlaces tan dramáticos? ¿Del éxtasis a la agonía? ¿De lo sublime a lo ridículo?

En diferentes ocasiones hice la misma pregunta a Sampson, Arena y Bradley. Era sobre cómo arengaban a sus ansiosos futbolistas antes del partido ante México. Los tres coincidían: "Es el único juego para el que no hay que decirle absolutamente nada al jugador estadounidense. Ellos saben de qué se trata".

Hay, en ambos bandos, futbolistas que contrastan, pero que son simbolismos inequívocos de esa pasión en la cancha.

Landon Donovan, en Columbus, a la prensa estadounidense le dio un mensaje implacable, distinto del que dio ante medios mexicanos: "Quiero verlos humillados, de rodillas, vencidos, que sepan que somos superiores". Y lo hizo con el rostro encendido. Escupía desprecio en cada palabra.

Y Rafa Márquez. Un jugador ejemplar, siempre. Futbolista de clase, con un sitio especial en las memorias felices del Barcelona. Líder genuino, pero...

Los peores momentos del aún longevo capitán del Tri, se dieron ante EEUU. ¿Desesperación o frustración o desconcentración u ofuscación? Ni él lo sabe. Pero aquella entrada brutal, criminal, sobre Cobi Jones en el Mundial 2002, otras más sobre arqueros estadounidenses, y sus muinas explosivas y constantes dentro de la MLS, desnudan su desprecio deportivo hacia el rival de este domingo por la noche.

Sí, estos juegos se ganan con futbol, pero los ganan más los hombres que los futbolistas. La transpiración hormonal se siente más cómoda en este terreno minado entre México y Estados Unidos, con cualquier perfumado de inspiración.

Como sea, este domingo, serán 90 minutos de explosivas sensaciones para dos tribus, la estadounidense y la mexicana, que sin saberlo, llevan un mismo pasaporte: el de la nación esplendorosamente universal del futbol.

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LOS ÁNGELES -- 3-0 sobre Honduras. Y se propaga, y se aviva, el canto de las sirenas. Ese arrullo siniestro por organizar el desfile porque se recupera el control futbolístico de la Concacaf.

No basta. Eso lo entendemos todos. Desde quienes nos mantenemos de pie en la prominente cicatriz del escepticismo de ese 7-0, hasta quienes se arrellanan en el diván del exitismo.

Pero, hay excelentes noticias para la abnegada nación tricolor: esta vez los futbolistas mexicanos sí quieren. Habían demostrado que saben y que pueden. Atreverse es aún el gran atalaya a conquistar.

Administrando su dinamita, Juan Carlos Osorio envió un equipo casi experimental al asalto, y fue superior a unos hondureños que amenazaron gallardamente por momentos, pero que volvieron a mostrar ese temor reverencial al Estadio Azteca.

Diseccionamos al cadáver. El marcador fue erosionando a los catrachos. El 1-0 los desconcertó, el 2-0 los desconcentró y el 3-0 los colocó ante la histeria de que el boleto al Mundial se complica cada vez más.

Luego de algunos soponcios en el área mexicana, producto de la velocidad por los extremos de una permisiva defensa mexicana, el 1-0 les hizo sentir que la misión era imposible, y ese fervor, ese valor de momentos, empezó a diluirse.

Empezaron a responder a patadas, que no es un acto de valor, sino de cobardía y torpeza, especialmente cuando Panamá los aguarda como una de sus pocas rutas de supervivencia.

Por México, insisto, la devoción. Ese compromiso que a veces escasea. Demostró, nuevamente, que tiene a la mejor generación de futbolistas en su historia. Indudablemente. Pero, también, indudablemente, cuando ellos quieren.

Tecatito Corona volvió a confirmar que es el vago del Tri. Ese caracoleo, esa desfachatez de tahúr de tirar un mismo amague contra dos rivales y salir adelante, habría que buscarlo en las tardes de gloria de un Fernando Bustos o un Berna García. Sí, tanto tiempo hace...

Y relevante que el Tri estrene un nuevo capataz: Carlos Vela. Ha asumido el control del equipo, demostrando no sólo que es el mejor futbolista que puede tener México, sino que empieza a gravitar esa aparente nueva actitud sobre el seleccionado nacional.

Y mientras Raúl Jiménez confirma los deseos de Osorio de que sea su eje de ataque en Rusia, el resto del equipo juramenta sus compromisos como equipo, para que incluso, en su momento, Hirving Lozano regalara en su gol una de esas jugadas definitivas y definitorias que debería sacar a pasear cada domingo en la cancha, pero...

Honduras dejó una preocupación: o Pinto entregó el partido con su línea de cinco, o los jugadores no alcanzaron a entender los principios fundamentales de plantarse de esa manera. La trampa se cerró sobre ellos mismos.

Pero México lo aprovechó magníficamente, incluso desafiando uno de sus propios némesis: el juego aéreo.

El domingo visita el Azteca Estados Unidos. Un equipo que sufrió ante Venezuela y debió sacar energía extra ante Trinidad y Tobago, más allá de la jerarquía que le da Pulisic cuando tiene la pelota.

El juego de este domingo será un examen de mayor rigor para el Tri. Ya Juan Carlos Osorio prepara sus rotaciones, obviamente.

Serán rotaciones concienzudas, porque este domingo, puede llegar sellada ya la invitación a la Copa del Mundo de Rusia.

Y cerrar con sólo una pregunta. Las estadísticas, insisto, ese canto de sirenas, son abrumadoras en beneficio de Osorio y el Tri, pero, ¿y aquella promesa de jugar agradable y espectacular, se quedó en promesa de campaña? No importa, al mexicano se le defrauda cada seis años ante las urnas. Ya está acostumbrado.

Y Usted elija. Acá, en el promontorio del escepticismo del 7-0 aún quedan lugares, porque allá, en el spa del regocijo del #YaConEstoEsSuficiente, deben estar muy amontonados.

Este conformismo rememora la anestesia de algunos partidos políticos en México: con una torta y una 'pecsi', los tienen contentos.

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LOS ÁNGELES -- Considerarlo una estupidez, una estulticia, sería, un acto de canonización o santificación. Sería justificarlos bajo el amparo del desahucio neuronal, en el que, cierto y ciertamente, también viven en la Federación Mexicana de Futbol.

No, Decio de María y sus cinco esbirros (todos amamantados por la misma ubre que el América) no actuaron por torpeza, actuaron con dolo, por dolo. Considerarlos tontitos, inocentes o papanatas, equivaldría a la expiación de sus pecados. Lo suyo es la perversidad. Lo suyo es la inmoralidad.

Si ya un partido de veto a Monterrey por el intento de linchamiento de un sector de su afición a seguidores de Tigres era una decisión benevolente, tibia y timorata, ahora, perdonar esa sanción es una aberración producto de la corrupción y prostitución que ejercen Decio y sus compinches.

Que ese Comité de Apelación indultara a un club, cuyos aficionados nunca pensaron en indultar del ajusticiamiento a la afición adversaria, porque, simplemente, no hubo un delito grave, no hubo sangre, no hubo un funeral, y porque no duró más de dos minutos, es una aberración.

Útil repetir los nombres y filiaciones de los lacayos del delito de Decio de María en le Comité de Apelaciones: Juan Manuel Borbolla y Jesús Martínez, exjugadores del América, Gabriel Medina, Jorge Islas, todos en un momento empleados directos de Decio, además de su abogado personal y consultor jurídico de la FMF, Gustavo Mora.

Decio y sus achichincles han mandado un mensaje inequívoco de licencia para el caso y la barbarie en los estadios de México, un país que de por sí, se ve estremecido dramáticamente por la violencia, y no sólo por la delincuencia, sino por la policía desorganizada, pero coludida con la mafia.

Ahora, gracias a Decio y sus canchanchanes, además de las calles, ya también los estadios de México se convierten en una zona abierta de cacería. Pasan a ser los escenarios, una pinacoteca de la intolerancia y el crimen.

La arenga a la violencia que lanzan es clarísima: tienen 119 segundos para masacrar al aficionado, pero asegúrense de que aún resuelle. Porque si aún respira, no hay castigo. Y si ya esa víctima no resopla, entonces, tal vez y sólo tal vez, entonces sí, tal vez quepa el veto.

Ojo, insistimos con anteriores argumentaciones sobre este tema: la culpa no sólo es de Decio: las mafias en cualquier estercolero han montado sus imperios por que han sido toleradas y fortalecidas.

Y a Decio la fortalecen los otros 17 equipos. Tan culpable son él y sus cinco pelagatos torcidos en cuestión de Derecho, como los 17 dueños de equipos, que como los tres simios (Mizaru, Kikazaru, Iwazaru), versión pérfida, que no escuchan, no ven y no hablan.

Insisto: el silencio de los inocentes, los hace aún más culpables.

Y claro que no escapa el Monterrey. En un acto soberbio, soberano, respetuoso, respetable, debería haber retirado su apelación, y ahora, en apego al mismo Código de Ética de su propia matrona, FEMSA, debería tener un desplante de dignidad.

Queda claro que si FEMSA tolera, prohíja y ampara las decisiones del Monterrey, como proteger a sus pelafustanes, y por lo tanto convertirse en Mecenas de estos actos vandálicos de algunos de sus aficionados, sería muy interesante conocer sus valores morales como empresa.

Y queda claro que después de escenas dantescas en estadios como el de Monterrey y el del Veracruz, además de en otros escenarios o en sus periferias, con esta acción de "absoluta venia", en términos jurídicos, es decir, un indulto absoluto, el próximo torneo está destinado a ser aún más impunemente feroz e implacable.

Decía Diderot que "del fanatismo a la barbarie sólo media un paso", mientras que Voltaire perfeccionaba esa reflexión: "La civilización no suprimió la barbarie; la perfeccionó e hizo más cruel y bárbara".

En esa visión depredadora de Decio, antes del Juicio Final, seguramente pronto veremos el canibalismo en los estadios.

En lugar de ese futbol que Ángel Fernández, el mejor relator mexicano, embellecía al llamarlo "el juego del hombre", ahora Decio inaugura sus propios Juegos del Hambre.

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LOS ÁNGELES -- El circo del tráfico de piernas sigue abierto. Al mercado extranjero y de seleccionados nacionales le restan días de exploración, rumores y negociaciones.

Por lo pronto, dos equipos protagonizan el Draft. Parecen fortalecerse. Pachuca compra los goles de Puch y se juega un albur con Cardona. El primero está a prueba de todo. El segundo ha reprobado todas las oportunidades que se le dieron en Rayados.

Monterrey firma a Avilés Hurtado y a Benítez, con fe ciega en que la mayor parte del problema no es Antonio Mohamed sino algunos jugadores. Tal vez al final de este torneo, lo entienda su directiva.

Luego de que la farsa del Eibar reventara podridamente, Guido Rodríguez se queda en el América. Miguel Herrera, recuperando lesionados físicamente en la cancha y anímicamente por la verborrea de Ricardo La Volpe, tendrá un plantel completo.

El 'Piojo' se queja de un presupuesto piojoso, pero en el monedero de Azcárraga Jean aún quedan centavitos para reclutar en el extranjero pese a la promesa de empezar a respaldar el trabajo de Alfredo Tena, quien, recordemos, debutó a Diego Reyes y a Raúl Jiménez.

Chivas lamenta irse con las manos vacías, pero sabe que después de la Copa Confederaciones y Copa Oro, se abrirá nuevamente el mercado de sus anhelos: Hirving Lozano y Juergen Damm, a sabiendas que, realmente, los dos cuestan más de lo que valen ¿más de 20 millones de dólares por el 'Chucky'?

El Guadalajara aún tiene margen de maniobra. Y ha recuperado su estatus. Campeón con su doblete, alejado del descenso, con Jorge Vergara calladito y con el gerenciamiento de Matías Almeyda, se ha vuelto de nuevo un hábitat saludable para cualquier futbolista.

El Rebaño ya no es el destierro del terror de otros años, cuando iban advenedizos por un salario de seis meses. Hoy hay credibilidad, pero, ya se sabe, en el feudo de OmniLife no hay garantías absolutas.

Cruz Azul especula con sus sondeos por Europa, mientras que Veracruz trata de darle forma a un desdentado Tiburón, especialmente porque Lobos BUAP contrata experiencia, jugadores con amor propio y sin engolosinarse con la bisutería extranjera. Saben lo poblanos, así como el Necaxa que el próximo torneo deben pisar firme, sin asfixias en la porcentual.

La Máquina asegura que se dejará llevar por la mano de Paco Jémez y con la vida directriz de Yayo de la Torre como aval para escapar del pantano del descenso, un tema, ya se sabe, que tienta fatalmente a los equipos del entrenador español.

Y mientras otros se desangran en utopías mediáticas como Querétaro con el 'Niño' Torres, y hasta Tigres espera la recomendación en turno de Gignac sobre las opciones francesas que indaga, Pumas manosea por catálogo, dejando en entredicho la lucidez de selección de jugadores: ¿Formica? ¿Guerrón?.

Lo cierto es que se dan ingredientes para que el próximo torneo sea competitivo, más allá de la estulticia suprema de comenzar el torneo con varios jugadores prestados al Tri de cobre que irá a la Copa Oro y en la que seguramente, bajo la tradición de las bendiciones arbitrales, al menos llegará a semifinales.

Sin embargo, los equipos tendrán más de un mes de pretemporada y quienes comiencen primero a trabajar con seriedad en la cancha y con un plantel con cimientos definidos empezarán a tomar ventaja, de manera que las últimos refuerzos o, como suele ocurrir, adherencias o sanguijuelas que sólo desangren al club, sólo lleguen a cerrar el rompecabezas.

Lo lamentable, en el recuento final del Draft, será saber en esta ocasión cuántos futbolistas mexicanos terminarán en la liga del desempleo, porque ni siquiera lograron irse de bomberos al rescate de sí mismos en la Liga de Ascenso.

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LOS ÁNGELES -- El Campeonato de Chivas se eterniza en la lealtad de la historia. La memoria tiene su propio Salón de la Fama y su propio Salón de la Infamia. En el primero reposan los jugadores, en el segundo, como ermitaño, el árbitro Luis Enrique Santander.

Los hijos festivos de la consumación del título 12 del Guadalajara aún deambulan en las calles con la misma armadura rojiblanca, olorosa al festín dominical y prófuga del detergente. Aún comparecen ufanos en las redes sociales y hasta en esos pájaros de tela de vuelo desbocado, que asoman por la ventanilla de los autos. El desfile de los excesos.

En una frase disonante, intrusa, incómoda incluso, en pleno festejo que dejó escapar Matías Almeyda, en ese aluvión glorioso de la verborrea, puntualizaba sin que a nadie le interesara: "Mañana (el lunes) empezaremos a ocuparnos del Bicampeonato".

Ese mañana interesante para El Pelado, se conjugaba, en ese momento, obviamente, con el verbo del valemadrismo en el entorno de la euforia que vivía la Nación Chiva. A quién le importa pensar en diciembre, cuando en mayo la cabalgata de supremacía apenas comienza.

Síndrome de Campeonitis. Dícese de esa calamitosa herencia que se ensaña con el vencedor, al menos, detectable fácilmente en el futbol mexicano. El cementerio exclusivo y elitista de los campeones que encaran la decadencia al torneo siguiente, está lleno de adefesios de tumbas.

Sólo dos entrenadores y dos equipos han escapado a tal epidemia: Hugo Sánchez con Pumas y Gustavo Matosas con León. Tuca Ferretti y Tigres sacaron solicitud para unirse al club este año. Fracasaron. El Purgatorio de la Campeonitis.

¿Tendrá Almeyda la receta? Ya hemos documentado estos casos: si para el campeón es complejo, para el subcampeón es desastroso. La resaca del título.

¿Qué ocurre? Los entrenadores titubean para explicarlo. Parece escapárseles de las manos la identificación puntual de esta invasiva enfermedad. Incluso para técnicos con numerosos trofeos y numerosos sepulcros.

¿Aburguesamiento de los jugadores?

¿Falta de refuerzos?

¿Desidia del entrenador por recapturar sus espíritus?

¿Los rivales aprendieron?

¿La soberbia de creer que pueden ser mejores cuando quieran?

¿El empalago de elogios?

¿El hartazgo de fama y fortuna?

¿Las envenenadas voces de promotores que les prometen Europa?

¿Ese devaneo de sentirse que son los mejores con, sin y a pesar de su propio técnico?

Y claro, la negación de los entrenadores a que este Síndrome de Campeonitis existe. Los técnicos, seres humanos sensibles a su entorno, también caen en la fatuidad, en la petulancia de creerse capaces de controlar todos los escenarios.

Incluso hay un ejemplo perfecto, con la zalea humeante del vencido: Tigres. Tuvo un mal arranque del torneo. Aprovechó para hacer su pretemporada en pleno Clausura 2017, y por un gol se metió a la Liguilla, y de ahí, con el oficio del grupo, a la Final, donde su destino los alcanzó.

Matías Almeyda es amo y señor de Chivas. Su feudo, la cancha, es infranqueable. El tipo, que mantiene ese carisma que cargó como jugador, no permite intromisiones. Silenció a Jorge Vergara y es inmune a los disparates de su mecenas, ese que Ricardo Peláez inmortalizó como "el pelagatos de Jorge Vergara".

Chivas ha sido un generoso propulsor del Método Almeyda. Ha colocado en redes sociales las arengas de El Pelado al grupo de futbolistas. Algunas de ellas intentan rivalizar con las arengas espectaculares de Al Pacino en Any Given Sunday (Un domingo cualquiera).

El entrenador argentino, que ha terminado de graduarse como técnico en el banquillo aterradoramente inestable del Guadalajara, es un beneficioso y nada pernicioso Flautista de Hamelín. Un encantador a capela de serpientes.

Y seguramente Almeyda ya elaboró su propio pacto de alianza. Y en la reunión de esta semana, con Vergara e Higuera debe entregar ya las tablas con su declaración de principios, derechos y obligaciones.

1.- Tratar de mantener prácticamente el mismo plantel. Almeyda ha conseguido un recurso poderoso, según Jair Pereira: "No hay nada que uno de nosotros no haga por el compañero".

2.- Sabe que ha transformado a futbolistas. Insisto: este Pizarro es mejor que el de Pachuca, este Orbelín supera al de Querétaro, y este Pulido alcanzó el otro extremo del figurín narcisista del que se burlaba Tuca Ferretti. Carlos Salcido ya buscaba las pantuflas y la mecedora, y hoy gruñe con y por el gafete de capitán.

3.- Agregar a jugadores que solidifiquen al grupo. Así como Pulido, Zaldívar, Fierro y Calderón renunciaron a ser sólo objetos decorativos cuando la pelota la tenía el contrario, necesitará un par de futbolistas dispuestos a esa misma devoción y fervor.

4.- Pero, sobre todo, que Almeyda quiera seguir siendo el mismo Almeyda. Que logre blindarse ante las tentaciones obscenas. Esas voces de sirenas perversas. Que en Europa lo quieren, o que la selección de tal o cual país, o que River quiere repatriarlo a su cuna...

5.- Y sobre todo, El Pelado debe aprender a valorar su nuevo estatus en medio de esas advenedizas aves de paso. Su promotor querrá que cobre más, y su grupo de trabajo querrá más dividendos que el bono que recibieron.

Habrá otros capítulos por establecer, esos que sólo quienes conviven en el clan de Almeyda pueden definir.

Sin embargo, entrenadores con sabiduría en el futbol, han fallado al tratar de sobrevivir a ese Síndrome de Campeonitis. Eso, pule, abrillante más, las gestiones exitosas de Hugo Sánchez con Pumas y Gustavo Matosas con León.

Víctor Manuel Vucetich, Enrique Meza, Manuel Lapuente, y el Tuca han intentado, dentro de esas revelaciones de sus propios éxitos y fracasos, superar la erosión de la Campeonitis. Pero, han sucumbido.

Parecería, con las cartas que ha puesto Almeyda sobre la mesa, que está dispuesto a jugar el albur a una sola mano, al todo o nada: el Bicampeonato o la victimización de ese Síndrome de Campeonitis.

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LOS ÁNGELES -- Quedará como asterisco ominoso en el Campeonato de Chivas, ese penalti sobre Sosa que se tragó impúdica, sospechosa y obscenamente el árbitro Luis Enrique Santander. Indudablemente. La patada brutal existió.

A pesar de ese despojo arbitral a Tigres, que seguramente era canjeable desde el manchón por el 4-4 global de una aguerrida, seductora y electrizante Final, hay, por otro lado, una pirámide inobjetable de méritos de Chivas.

Insisto, esa falacia arbitral, equivale a una gran verruga en la nariz de una Miss Universo, pero...

Con el Doblete de Copa y Liga, aspirando al Triplete del artificio de Campeón de Campeones, Chivas corona un torneo de muy respetable nivel y de encomiable ejemplo.

Hizo el mejor futbol en el torneo, y fue le emancipación absoluta del jugador mexicano, ante los grilletes corruptos y corrompidos de dirigentes, promotores y Federación Mexicana de Futbol, es La Famiglia de Decio de María.

Es una declaración de principios que hace el Guadalajara: se puede ser campeón jugando de manera espectacular y sólo con futbolistas mexicanos, especialmente en un balompié donde las damiselas prostituidas de los clubes, trafican suciamente con muchos extranjeros de nivel pelagatos.

Cierto: Chivas ha puesto en un impasse, en una pausa, la manifestación de su cantera. Inversiones superiores a 50 millones de dólares en tres años, lograron armar este equipo campeón, insisto, para quienes refunfuñan, con la imagen irrefutable del penalti sobre Sosa.

Sin embargo, la incubadora sigue trabajando. Aunque con La Chofis siendo su principal desmentido, pero con jugadores como Pérez, Zaldívar, Cisneros, Torres, en la línea de espera, hay potencial en el Rebaño para futuros torneos.

¿Se atreverán el resto de los 17 equipos a un salto semejante? ¿Se atreverán a ser agradecidos con su afición y ofrecerles un equipo ambicioso y de generoso futbol en la cancha?

¿Se atreverán esos 17 clubes a abrir la puerta a mexicanos que seguramente demostrarán que no se necesitan algunos jugadores extranjeros, de los cuales incluso unos pocos, son bazofia en sus ligas nacionales? Porque, tomando a Tigres como referencia, Gignac sólo hay uno. Y Guido Pizarro, también.

¿Se atreven los despilfarradores, los derrochadores de Monterrey y sus decepcionantes y costosísimas contrataciones? ¿Y los que suman 20 años sin títulos, pero cerca de 70 bultos adquiridos del extranjero vía Miami, es decir Cruz Azul? ¿Y los que tienen la posibilidad más cercana de hacerlo, como el mismo América? ¿Y Atlas y Pumas reencontrarse con sus raíces.

¿Necesitan más ejemplos de que si Chivas puede otros pueden? Lobos BUAP se coronó en otro fértil terreno de gambusinos extranjeros como la Liga de Ascenso, jugando sólo con mexicanos y su único extranjero era banca.

Claro el afán de lucro, de robarse a sí mismos, de vivir en ese carrusel del fraude, amañados con los promotores, lleva a algunos directivos a hacer operaciones con cifras millonarias que se esfuman misteriosamente entre lo que dice cobrar el que vende y lo que dice pagar el que compra.

Indudablemente, hay un punto de apoyo. Matías Almeyda logró conformar y encontrar el punto de ignición, de ebullición de cada jugador. ¿Cuántos pedíamos a Carlos Salcido hace un año su retiro, y se fortaleció física y moralmente para convertirse en un jugador clave?

¿No es este Pizarro mejor que el de Pachuca? Indudablemente. ¿Y este Pulido que públicamente cremó Tuca Ferretti, no ha sido transformado de su soberbia conocida a una lealtad gremial innegable? Con ellos y con otros, Almeyda consumó la metamorfosis. Multiplicó el verbo deber, con poder y querer.

Más allá de sus disparates iniciales, lamentando tener sólo mexicanos, Matías Almeyda demostró, y esto lo subrayo nuevamente, más respeto, devoción y fidelidad al jugador nativo que otros entrenadores, incluso, insisto, mexicanos.

Por eso, y vuelvo y recalco, más allá de que ese penalti no marcado es un lunar, una excrecencia con aterrorizantes y gruesos vellos en el rostro de una Miss Universo, en el acumulado, en la retrospectiva, Guadalajara fue construyendo ladrillo a ladrillo el nicho de este Doblete que en una par de semanas puede ser un Triplete, si vence, de nuevo a Tigres.

¿Puede Tigres lloriquear por ese penalti no marcado? Puede hacerlo, pero, tampoco debe olvidar sospechosísimas torpezas arbitrales cuando se corona ante Santos, Pumas y América. ¿El fanatismo enferma de Alzheimer?

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