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¿Qué gustó y qué no de este nuevo Cruz Azul?
LOS ÁNGELES -- El 3-0 tiene más pirotecnia que la pólvora real de Cruz Azul. Pero, la victoria es esa hormona que endulza todos los sentidos, hasta el de la vista.

Merecido el triunfo sobre Puebla. Por el dominio, por el redoble, por el esfuerzo. Y hasta por la osadía de Pedro Caixinha de sacar al Jerry Flores y jugar con diez con Cauteruccio en la cancha.

Cierto: victoria oxidada sin duda por la torpeza del árbitro Ríos Jácome: desdeña una polémica falta de Caraglio sobre Robles en el 1-0 de Rentería, y sólo en el BAR, y no el VAR, de su cabecita bobalicona, pudo interpretar como penalti la habitual arritmia psicomotriz de Cauteruccio, en una caída a barrida limpia de Loroña.

Si bien en el primer tiempo perdonó una clara falta de Pimentel sobre Caraglio en el área, Ríos Jácome eligió la menos prudente para tratar de lavar su conciencia, aumentando sus pecados.

En nueve minutos, tras el remate de Rentería y después del canje del obsequio arbitral desde el manchón por parte de Caraglio, llega lo mejor del escueto menú: jugada con oropeles que inicia Elías Hernández y concluye él mismo con un disparo cruzado sobre el lance casi milagroso de Vikonis, quien durante 80 minutos había sido el cerrojo poderoso que había salvado la meta del Puebla.

Necesario aclararlo: Cruz Azul no está listo. O es de creerse que así sea. Su nivel está por encima del inicio de una campaña, pero por debajo aún de lo esperado. Como sea, casi dos meses ya de trabajo consistente, deberían tener mejor cara.

Inevitable precisar que Puebla llegó con un temperamento roñoso. El 0-0 era su musa de la Jornada 1. El mejor lance de Jesús Corona lo generaron los Camoteros en una acción ficticia, al ser invalidado el remate.

Caixinha aún debe revisar sus experimentos. O afinarlos, pulirlos. El ejercicio, casi de corte Osorista, por rebuscado e innecesario, le llevó a colocar e incomodar a Elías Hernández a perfil cambiado, cuando, quedó claro, que por su feudo derecho, sabe, puede y quiere, y quedó aún más claro en la vistosidad arquitectónica del 3-0.

Esa epidemia maldita hacia los arietes de Cruz Azul parece seguir. Caraglio perdió varios duelos, ante el portentoso Vikonis, mientras Méndez fue una imprecisa rueda de auxilio, en tanto que Cauteruccio, cuando entró, demostró que lo suyo, lo suyo, suyo, no es el gol.

Por lo pronto, el inicio cruzazulino fue prometedor. Una excelente entrada en el Estadio Azteca, el reencuentro con una deseosa afición pese a su aflicción de 20 años, la victoria sobre un entrenador que le tiene tomada la medida como Enrique Meza, y ante un equipo cicatero de visitante, que seguramente será la fórmula a la que todos los que se metan al Estadio Azteca, adoptarán como propia.

Cierto: no hay nada ganado por Cruz Azul. Por candentes que sean los aires de julio, su Everest les espera en diciembre.

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LOS ÁNGELES -- Con las mejores, las buenas, las malas o las peores intenciones, pero la atención estará puesta en Cruz Azul.

Luego de temporadas en las que, lamentablemente, se convirtió en el hazmerreír de la vecindad futbolera, la expectación, para este Apertura 2018, se arremolina ante un equipo que pretende dignificar y revalorizar el sobrenombre de La Máquina.

Claramente, lo habíamos comentado, el mejor refuerzo de Cruz Azul es Ricardo Peláez. Ya en el reclutamiento de futbolistas ha sido evidente la mano inteligente y, aparentemente, sin la intrusión desde Miami.

Cierto: Peláez no juega, pero participa. Cruz Azul intentó con gente talentosa. Alguna con pasado cementero, otra con pasado cargado de respeto dentro del futbol. Pero, taimados, todos.

Difícil precisar si era reverencia al puesto, o si era un apego extremista a esa línea de saludable respeto institucional, que a veces resulta insalubre en un mundo convulsionado como el del futbol.

La presencia de Peláez tiene reverberaciones en todos los niveles de La Noria, no sólo en detalles administrativos.

1.- Pedro Caixinha debe sentirse cómodo. Tener una autoridad competente arriba de él, es más confortable en medio de cualquier escenario. Si las cosas marchan mal, Peláez apagará el fuego. Si las cosas marchan bien, él apagará la fogosidad desmedida.

Además, Caixinha entenderá que a un tipo como Peláez, que desde la época de jugador era capaz de cuestionar e interpelar a sus propios técnico, también lo hará con él.

El portugués se sentirá mejor siendo fiscalizado. Porque el abandono, como ocurrió con otros muchos directores deportivos, genera incertidumbres en todos.

La calma en tiempos de guerra es perniciosa, y Cruz Azul tiene 20 años en guerra con su maleficio.

2.- Los jugadores saben que Peláez sabe lo que ellos están haciendo. Y que sin titubear, con, sin, al lado y por encima de Caixinha, los puede interpelar, como lo hizo siempre en América.

Y los jugadores saben también que ahora están mejor protegidos, porque este proceso requerirá de tiempo, y si los buenos resultados se demoran, necesitan un magnífico catalizador de las presiones que los azucen.

Por eso mismo, Peláez es poco paternalista. Comprensivo donde el técnico deje de serlo, pero opresivo, donde el técnico deje de serlo.

3.- La directiva encontró un descanso. Durante estos 20 años de celibato de gloria del Cruz Azul, la hoguera en leña verde era armada para depositar ahí, siempre, a Billy Álvarez Cuevas.

Al final, en estos 20 años, quien era subido al patíbulo de entendible e ignominiosas acusaciones, ha sido el patriarca de La Noria, un hombre bueno, que más que hacer cosas malas, ha hecho mal las cosas.

Ahora Peláez acepta vestirse de mártir. Trabaja para prometer un equipo protagonista, insistiendo que ser campeón o no, es un desenlace expuesto a muchos imponderables, pero acepta la responsabilidad.

Debe Peláez, sin embargo, tener la garantía de que ya acabaron todas aquellas incómodas influencias, los chismorreos, los arribistas, los consejeros, los sabihondos, incluyendo a llorosos jugadores o patéticos técnicos, que con derecho de picaporte, se reclinaban en el hombro de Billy a llorarle sus desgracias.

Seguramente Peláez negoció eso: el único cabildeo de la situación del equipo ante Billy, debe ejecutarlo él mismo. Y nadie más, ni siquiera el técnico, y menos aún las rémoras y buitres que tanto daño han hecho a Cruz Azul.

Ricardo Pelaez, cruz azul, cl2018
Imago7

4.- Peláez resucitando a Peláez. El mismo directivo tomó el mejor equipo posible en el mejor momento posible.

Tras su salida tempestuosa e intempestiva de El Nido, Peláez seguramente ha recapacitado. Debe, suponemos, ser mejor que el mejor Peláez del América.

Amamantado por sus errores, y ante la visión generosa de la oportunidad, sabe la dimensión del desafío que encara: 20 años de abstinencia le reclaman.

Peláez sabe que no puede, no debe, y por supuesto, no quiere equivocarse. Y seguramente, en esa energía, en ese apasionamiento con el que vive el futbol, y que no perdió ni como comentarista, ha logrado cautivar a jugadores, cuerpo técnico y directiva.

Por eso, el 27 de octubre de 2018, en el Estadio Azteca, ante las Águilas, será un momento de clímax para Cruz Azul, y Ricardo Peláez, que seguramente, por esas fechas dirá que "yo no juego, esto no es Peláez contra el América", pero, en el fondo, todos, incluyendo a él, sabemos que será la cereza de ese pastel.

Y por esas fechas, en la Jornada 14, Cruz Azul y América se jugarán el orgullo, la posición en la tabla, y tres puntos que pueden determinar si estarán o cómo estarán en la Liguilla.

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Fútbol, México, Cruz Azul

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Viñeta Rafa Ramos

LOS ÁNGELES -- Sólo a dos personajes en México se le exigen milagros. De hecho, a uno se le interpelan y se le reclaman. Y a Ella, se le imploran.

En México, entre la histeria y la fe, se esperan desenlaces sobrenaturales inmediatos, por parte de dos entes: uno el técnico en turno de la selección mexicana. Y la otra es Ella, la Virgen de Guadalupe.

Claro, ante uno, la urgencia es a gritos y sombrerazos, y una que otra mentada de madre. Es que no es si quiere hacer el milagro de convertir en campeón del mundo al Tri, no, es obligación porque para ello le pagan. Además, al fin y al cabo, ya todos tienen el derecho de #ImaginarseCosasChingonas.

Y a Ella, claro, la Virgen de Guadalupe, con dulzura, y si es necesario penetrar a su Basílica de rodillas y con sendas pencas de nopales con largas y duras espinas amarradas, pues mejor. ¿Y si no hay milagro? Pues es que la Virgen Morena está atendiendo a otros.

El técnico interino del Tri, porque se irá tarde o temprano, tiene que convertir con ese barro -casi lodo- muy en bruto, y muy bruto que se le entrega, a esos futbolistas simplones en colosales Hércules futboleros capaces de cumplir sus tareas magníficas en siete juegos y sin rechistar.

Ojo, de esto se advirtió hace tres años a Juan Carlos Osorio. Y él se rió: "Entre los mexicanos y los colombianos no hay mucha diferencia", dijo. Tres años y varios ramos de 36 rosas después, ya sabe que también las mexicanas son distintas de las colombianas.

Habida cuenta que la Reina del Tepeyac le advirtió a su hijo predilecto Juan Diego que no se arrimara a las canchas de futbol, menos se involucrará Ella en hacer posible ese milagrito, de, al menos, cruzar el umbral de la capilla del "Quinto Partido".

Osorio es historia. Aunque Guillermo Cantú lo defiende, él y el técnico saben que otro proceso de cuatro años será tremendamente calamitoso.

Incluso patrocinadores se han acercado a la FMF porque temen que su imagen y sus ventas se vengan abajo en estos cuatro años.

Vaya, hasta SUM está preocupado, porque las entradas más pobres en la historia del Tri en canchas estadounidenses se presentaron bajo el mando de Osorio.

Y las televisoras lamentan el desplome de sus ratings en los partidos de México, a menos que sean oficiales. Pero de juegos de exhibición...

¿Quién debe ser el próximo técnico de México en busca del boleto, ya no al Mundial de Catar, porque con 48 plazas, hay que ser muy malo para no ir, sino, de hecho, pensar estrictamente, al menos, en el "Quinto Partido" mientras se deciden o no a #ImaginarseCosasChingonas?

En la libertad lúdica, juguetona, que nos permite el chacoteo que propicia el Tri después de cada Copa del Mundo, y aprovechando que todos los defensores a ultranza de Juan Carlos Osorio están siete metros bajo tierra y boca abajo, de pura consternación, armemos el guateque y tratemos de encontrar al entrenador correcto.

1.- SELECCIÓN DE JUGADORES...

La parte más importante. Osorio escogió a los que "buscan la gloria antes que la fama y el dinero". No le funcionó. Dejó fuera a Gallito Vázquez, se fue sin laterales, marginó a los chaparritos, etcétera.

Manuel Vucetich, Matías Almeyda, Ricardo LaVolpe y Miguel Herrera irían a la cabeza. Saben elegir conforme a lo que quieren jugar y a los que mantienen regularidad. Ricardo Ferretti va por una nómina lógica. Javier Aguirre trastabilló en 2002 y 2010.

2.- ESTRATEGIA...

Hay dos sobresalientes: Víctor Manuel Vucetich, que sabe cómo hay que jugar, contra quien sea, para ganar partidos. Ricardo LaVolpe sería el segundo, con la ventaja de que respeta el juego vistoso, aunque él mismo arruina su vestuario.

¿Después de ellos? Ricardo Ferretti, porque Javier Aguirre, Miguel Herrera, Matías Almeyda y pensando hasta en el mismo Osorio, en momentos adversos, se les hace bolas el engrudo.

3.- AUTORIDAD Y PERSONALIDAD...

La lista se modifica: Javier Aguirre, Ricardo Ferretti y Ricardo LaVolpe, aunque los dos últimos después terminan dinamitando con sus preferencias en el grupo.

El estilo de Víctor Manuel Vucetich, Miguel Herrera y Matías Almeyda, se enfila por otro cauce, que es más de acercamiento personal al futbolista.

Un ejemplo dramático: Tuca y LaVolpe han sacado jugo de la piedra que por cabeza tienen algunos jugadores. Y como referencia, citemos, por ejemplo, la incapacidad o la renuncia de El Piojo y El Pelado para rescatar al Gullit Peña. ¿Osorio? Él mismo reconoció que le faltaba liderazgo.

¿Javier Aguirre? Sin duda mucho debió aprender de domesticar a aquella pasarela de divas con espíritu de alacranes que se echó al seno en el Atlético de Madrid.

4.- CARISMA Y MANEJO DE VESTIDOR...

Es un punto distinto del anterior. Es controlar al grupo, como manada. Matías Almeyda, Miguel Herrera y Javier Aguirre están a la cabeza.

Seguramente con ellos encaja el trato magnífico de Vucetich al futbolista. Ferretti y LaVolpe reprueban, ya se sabe, aunque la nueva versión de El Bigotón ha mejorado el trato al jugador.

¿Osorio? Ya se vio: se le subieron a las barbas algunos futbolistas, especialmente por esas situaciones extracancha, empezando por la caligulesca pachanga en Las Lomas.

5.- ESTUDIOSO, COMPROMETIDO...

Osorio los lleva por delante a todos. El zape brutal o los siete zapes brutales del 7-0 lo llevaron a un peregrinaje de consulta, de aprendizaje. Con humildad hurgó en sugerencias y experiencias de otros. Y la forma en que espiaba y ordenaba la información de sus rivales, era notable. Pero, ante Suecia no la quiso o no la supo usar.

¿El resto? La soberbia del técnico mexicano, o del que se dice hecho en México, es insultante. Varios de los mencionados prometieron entrevistarse con anteriores técnicos del Tri, para aprovechar sus vivencias, y nunca lo hicieron.

Getty ImagesMiguel Herrera, Ricardo La Volpe, Juan Carlos Osorio y Javier Aguirre, han dirigido al Tri en Mundiales.

6.- ACTUALIZACIÓN DE MÉTODOS...

Nuevamente Osorio está por delante de todos. Ya hemos expuesto el uso de recursos como mediciones físicas, fisiológicas y médicas.

Sus exámenes arrojaban información sobre 17 componentes y enzimas en la sangre del jugador, antes y después del juego. Cierto, lo del médico del sueño sigue siendo un misterio.

En México, a lo más que se ha llegado es al uso de centros especiales como los de medición como los que tienen, por ejemplo, Pachuca y Galaxy, pero no todos los entrenadores aceptan usarlos.

7.- CABEZA FRÍA EN MOMENTOS CANDENTES

El gran problema. Ya se ha hablado de las precipitaciones y malas decisiones de técnicos en copas del mundo.

Parece un terreno que dominan más claramente Ferretti, Vucetich y LaVolpe, quien lo demostró ante Argentina.

Osorio parecía libre de ello, pero, como fue consignado, la soberbia, la arrogancia de que podía ganarle a Suecia, aún contra su propia lógica, arruinó la posibilidad de terminar de líderes del grupo.

La historia confirma el tsunami de emociones y de titubeos que se les vinieron encima a los técnicos del Tri en distintos mundiales. El analista de ESPN y técnico, Mario Carrillo, lo explica muy claramente: "Allá abajo, estás solo, totalmente solo, nadie puede decidir por ti, y eso es muy cabrón".

Y se vio con Miguel Mejía Barón en 1994, con Manuel Lapuente en 1998, con Javier Aguirre en 2002 y 2010, y con Miguel Herrera en 2014.

8.- EXPERIENCIA EN MJUNDIALES...

La ventaja sería de Javier Aguirre, Miguel Herrera, Juan Carlos Osorio y Ricardo LaVolpe. Detrás quedan Vucetich y Almeyda.

Todos aquellos que ya estuvieron en mundiales, supuestamente, debieron adquirir experiencia para proyectar ahora un plan de cuatro años.

Aguirre siempre entró de bomberazo al igual que Herrera. LaVolpe y Osorio hicieron un programa de trabajo diferente, pero con sentido de lo que necesitaban.

Pero, no hay garantías. Javier Aguirre reconoció que se equivocó en el Mundial 2002. Y sin embargo se equivocó de nuevo en 2010, ante Uruguay usando a Cuauhtémoc Blanco, y más grave, ante Argentina usando al Bofo Bautista en decadencia, así como ocho años antes había usado a Luis Hernández ya en absoluta decadencia.

¿Difícil? Sin duda. El Grupo Pachuca insiste en Vicente del Bosque. Vaya, alguien hasta filtró entre los dueños de equipos a Juergen Klinsmann.

Claro, Del Bosque califica primero en todos los capítulos mencionados. Los ocho puntos los domina perfectamente, pero él ha dicho que ya se retiró de las tormentas y los tormentos de la banca.

Además, no es lo mismo dirigir a la mejor generación de España, que a la que se viene en México, la "generación sálvese quien pueda".

Y sólo un agregado: que incluya como auxiliar a Rafa Puente para que se haga cargo del Tri en la Copa del Mundo 2026.

Como sea, será interesante saber el nombre del personaje al que durante los próximos cuatro años, le pedirán que haga el milagro de ganar otra vez la Copa Oro, clasificar invicto al Mundial, y hasta ganar la Copa Confederaciones 2021, y por supuesto el Mundial de Catar 2022.

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Fútbol, México

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LOS ÁNGELES -- Es el momento oportuno para un futbol como el mexicano, cuya ley suprema es el oportunismo. Pero, en realidad, es el ahora o nunca.

Es el antes y el después. Es el fin y el principio. Hay cambios dramáticos en el futbol mexicano, y parece el momento oportuno. Insisto: ahora o nunca.

Viñeta Rafa Ramos

El antes y el después de Juan Carlos Osorio. El antes y después de Decio de María. El antes y el después de una generación de futbolistas que, como tantas otras, llegó llena de ilusiones y se va con las manos vacías, esa, la generación de los hijos bastardos del 7-0.

¿Cómo elegir al técnico correcto? ¿Para conseguir qué? ¿Seguirlo eligiendo con la miopía de Decio: "sólo queremos que nos califique al Mundial"? ¿Ganar, gustar y golear?

¿Quién tiene la capacidad de saber elegir? Porque, además, recordemos que no hay democracia, ni siquiera un consenso.

¿No es en las épocas de crisis cuando se debe poner fin a la autocracia? Pero, quién se atreve a confrontar a Emilio Azcárraga Jean.

Se les ha preguntado en momentos diferentes a Jorge Vergara, Jesús Martínez, González Ornelas, el ex de Tigres, el Inge Rodríguez; a Billy Álvarez, a Valentín Díez, a tantos, a todos, si el futbol mexicano le pertenece a Emilio. "No, es nuestro, de los dueños", responden, pero en el momento clave se pliegan y hacen genuflexiones ante el que tiene el poder, sin tener el cargo.

En el momento de elegir, Azcárraga Jean tiene todo el poder, pero ¿tiene todo el conocimiento? ¿Se le entregó un informe genuino desde dentro de la selección?

Y, muy importante, le informarán cuántos atropellos al trabajo de la selección se cometieron, como cada cuatro años, en su nombre. ¿Sabrá él y aprobó él la injerencia de los patrocinadores? ¿Y de los representantes? ¿Y sobre el absolutismo del cuerpo técnico?

Ya lo sabe Usted bien: los dueños de equipos han bajado la testuz, para que al amo y señor del futbol le cueste menos trabajo ponerle e imponerles el yugo. Antes fue DEcio, hoy será labor de Yon de Luisa.

Yon de Luisa
ESPN Digital

Por otro lado la gestión de Juan Carlos Osorio dejó, como las anteriores, ruinas en el Tri, pero también dejó, como sólo algunos de los anteriores, enseñanzas.

Más allá de la compleja situación personal que ha envuelto al técnico colombiano en temas extra cancha, Osorio dejó un método de trabajo, agregando apoyos científicos, médicos, a los que, si bien, no se les puede dar el privilegio de la última palabra, deben ser útiles.

Limitarse a argumentar que se venció a la peor Alemania de la historia, como había ocurrido en Columbus ante el peor EEUU de los últimos años, tanto que ni al Mundial fue, limitarse a eso, significar demeritar los aspectos positivos de ese resultado.

Habíamos comentado que Osorio tenía una ventaja sobre algunos predecesores: no se vería estremecido por titubeos porque pudiera tener querencia por México, pero no pasión ni arraigo.

Sin embargo, ante Suecia, le ganó la vanidad; se lo tragó la soberbia y esa convicción de ser amo de todo. "Fue mi pecado", respondió el colombiano tras la derrota 3-0. Quiso jugar como sabía que no debía, y ahí le embargó a México la ventaja de terminar como líder del grupo.

Vale la pena señalar que algunos recursos médicos, científicos, fisiológicos y biológicos que aplicó Osorio al futbolista mexicano, no los desarrollan selecciones europeas y mucho menos las sudamericanas, tal vez porque no las necesitan, ya sea por el biotipo o el espíritu competitivo de sus jugadores.

Por ejemplo, siendo aún técnico de España, Julen Lopetegui se mostró sorprendido al enterarse de los implementos extra cancha a los que recurrían Osorio y su staff para tratar de cerrar brechas entre el balompié mexicano y el primer mundo del futbol.

En este momento, Dennis Te Kloese es el hombre más valioso de todo este proceso mundialista. Tiene al alcance de la mano, por su frialdad holandesa, más allá de cualquier afecto mexicano que tenga, las referencias para un nuevo proceso.

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Fútbol

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Viñeta Rafa Ramos

Buscando la victoria, Croacia pierde. Evitando la derrota, Francia gana. Y el enaltecimiento de la víctima, es el enaltecimiento del vencedor.

Francia es campeón del mundo con la exquisitez del cazador. Croacia es segundo, con la audacia del conquistador. Imposible medrar ni mediar la inteligencia de uno o la persistencia del otro.

El desenlace, la coronación francesa, no erosiona el colectivo, el equipo, el grupo croata. A la maquinaria perfecta la hacen imperfecta las imperfecciones de sus piezas.

Al final, esta Final de Rusia 2018, el epitafio incómodo del 4-2, tendrá su crónica con señalamientos sobre los asombrosos errores humanos (autogol, penalti polémico, yerro de Lloris), y sobre las consumadas heroicidades del genuino futbolista.

90 minutos bastaron. Francia no desperdició aliento ni músculo: al terminar el primer tiempo, ganaba ya 2-1, pero sólo había hecho un disparo a gol. Los autogoles enloquecen las estadísticas y provocan la bancarrota de los tahúres.

Los estoicos legionarios de la angustia prolongada tenían sin duda espíritu para otros 120 minutos de aquelarre, de hostilidad pura, antes de permitir, esos croatas irremisibles, la certificación de su exterminio. Su alma drena la devoción, si el músculo o el aliento dudan.

¿Mezquino? ¿Pragmático? ¿Ratonero? ¿Práctico? ¿Prosaico? Las piedras lanzadas no alcanzan a abolir ni a abollar la investidura de monarca universal de Francia.

Su ungimiento real podrá ser cuestionado por los métodos. Se sabe, cortesía de Maquiavelo, el fin justifica los medios... y los miedos.

A pesar de la enorme riqueza de sus futbolistas, Francia armó la emboscada y Croacia tiene una legítima lágrima de plata colgando de un pescuezo que debe permanecer erecto, orgulloso, gallardo. Por el honor suyo y por el honor de su verdugo.

"Una derrota peleada vale más que una victoria casual", aseguró José de San Martín. La frase es hermosa, pero tan inútil como un ungüento para este tipo de desenlaces. No hay bálsamo para el dolor balcánico.

Mbappé, Pogba, Griezmann, el triángulo equilátero del crimen perfecto, alcanzan, sin duda, para desarrollar mucho más en un jeroglífico ofensivo, pero las sagradas escrituras según Didier Deschamps, necesitaban el saldo justo de su arsenal, para la gran meta: ser bicampeones del mundo.

Cierto, Mandzukic, el torpedo que aniquiló la armada de la Reina, se calzó el botín de Judas. Después el árbitro Pitana es corregido por el VAR, para que Griezmann instale el Arco del Triunfo en la estrechez del manchón penal. Perisic los salvó de perecer a los croatas y había descontado.

Getty Images

En el complemento, Pogba y Mbappé pusieron ese resuello de talento juvenil en el marcador, para dejar en claro las diferencias de alcurnia futbolística. Y Mandzukic rescataría el caramelo de la ilusión en un error de Lloris, que hoy, ya no se sabe si fue una, auténticamente, metida de pata, o fue un acto de extremaunción para la horda generosa de croatas.

Insisto: nada dignifica más la coronación de Francia, de esta Francia tan joven y dueña de un futuro maravilloso, como la dignificación de su propio esfuerzo, de su trasiego, de su recorrido carne a carne y sangre a sangre por parte de Croacia.

¿El mejor mundial de la historia? Los románticos que vivimos de punta a punta el México 70 como aficionado, el México 86 en este oficio, el Francia 98 y el Corea del Sur/Japón 2002, tenemos derecho a mantener algunas dudas.

No tuvo al Pelé esplendoroso de 1970, ni al Maradona exuberante de 1986, ni tampoco ese concierto de Ronaldo, Rivaldo, Ronaldinho y Cafú de 2002, pero Rusia 2018 sin duda en su conjunto, como país, por su gente, por su paraíso cultural, tiene todo el derecho a meterse al mismo tabernáculo legendario de los otros.

Fue además la conclusión de un bellísimo mundial en un país que develó y desveló, genuina, absolutamente, todas y cada una de las Matrioshkas que le componen, y todas fueron, para turistas, medios, competidores, y para la misma abyecta FIFA, generosas anfitrionas de los óptimos, buenos, malos y peores visitantes.

Para Catar, el desafío está a la altura de la perfección.

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Viñeta Rafa Ramos
LOS ÁNGELES -- La ruta de un posible Balón de Oro que dio sus primeros pasos entre el terror de un refugio y que puede concluir en una cárcel de Zagreb: el itinerario agreste de Luka Modric.

En la realeza de un club, donde la mayoría viste de sonrisa aperlada y frac, como portada de revista, él eligió el atuendo de soldado raso.

A veces, en el Real Madrid es el que zapa la trinchera, y a veces el que zarpa el buque de guerra. ¿Recluta o almirante? El juego mismo le da y le quita galones al eje de Croacia. Cava si hay que cavar y cala la bayoneta si hay que atacar.

Rehúye hablar de la Guerra Civil de los Balcanes, pero con esa sangre multigenética, se ha persignado cada día, cada juego, cada fase de esta Copa del Mundo. "Eso está siempre con nosotros", dijo Modric en conferencia de prensa.

Porque las víctimas de la crueldad bélica no están sólo en su cripta, o en las cenizas, o en el anonimato, o en el obelisco, o en los mausoleos, o en las efigies espartanas de las rotondas. La muerte les ocurre a todos, especialmente a los sobrevivientes.

También ahí, en el hipocampo de quienes sobreviven, en el penacho luctuoso de la memoria, la muerte se convierte en un mercenario recurrente y ocurrente. Modric lo sabe, lo sufre: su abuelo eligió la muerte, para garantizarle la vida.

Actor y autor intelectual, desde ese oficio de caudillo silencioso, de hacer esas cosas maravillosas que otros se imaginan, Luka Modric ha tenido su mejor momentum futbolístico en el mejor momento posible: la Copa del Mundo Rusia 2018.

Precipitada, pero razonablemente, el sufragio virtual -e inútil- de las redes sociales, lo encamina para ser la figura de la gesta mundialista. Cierto, las alforjas de sus contiendas como madridista, ayudan a que los sastres de la opinión pública le corten el traje a la medida.

Como reflejo de una nación bruñida a fuego y fe, de refulgente aparición en casi todos los ámbitos del deporte, Luka Modric da constancia de todos los valores espirituales del competidor genuino, pero, necesariamente, con el requisito de jugar bien al futbol.

No basta ese gen suicida en eterna pugna por ganar, además hay que oficializar en la cancha el amasiato con el balón. De otra manera, los samuráis serían amos de la Copa FIFA.

Este domingo, ante Francia, irónicamente, Luka Modric, disputa el Balón de Oro, con alguien con quien quizás deba compartirlo en el futuro en los parajes gloriosos de la Casa Blanca: Kylien Mbappé.

La victoria final depositará en la urna vanidosa, y muchas veces tramposa de FIFA, el voto final para designar al ganador del Balón de Oro. Modric y Mbappé saltan a la cancha y asaltan al adversario por un doble botín: uno para casa y otro para una nación ansiosa.

Getty ImagesLuka Modric ha sido clave para que Croacia esté en la final del Mundial de Rusia.

Más allá de la epopeya física y fisiología de los croatas, hay un agregado en el caso valeroso de Luka Modric: la amenaza de cárcel por perjurio. Su expediente está abierto con el riesgo de cinco años de cárcel.

Evidentemente, semejante amenaza puede ser, o un acicate o un desafío para el jugador, pero evidentemente no ha sido represor ni inhibidor de sus condiciones espirituales y futbolísticas. Eso ha sido una bendición para Croacia: jugar con la conciencia tranquila.

¿La coronación de Croacia incluye eventualmente el indulto? Popularmente, tal vez sí. Pero sería una medida impopular para el gobierno croata, un peligroso precedente, para una nación que hace del rigor moralista, al menos, su bandera.

Y peligrosa, pero esperanzadoramente también, Modric disfruta de cierta inmunidad o esperanza. Como hada madrina o como chambelán de sus actuaciones, ha estado muy cerca la Presidenta de Croacia.

Protagonista en tribuna y palcos, Kolinda Grabar-Kitarovic, es el punto de referencia peligroso para Modric, porque significa la fragilidad humana del poderoso, pero también la dureza de comportamiento de una forma de gobierno.

Esto, porque la saltarina mandataria ha prometido descontarse de su sueldo los días festivos en Rusia, viajando además en clase turista, pagando sus propios boletos, y sin drenar al erario croata.

¿Puede esperar Modric clemencia judicial después de tantas victorias de impacto nacionalista en Rusia? Tal vez, y sólo tal vez.

Si consigue la Vuelta Olímpica en Luzhnikí este domingo, hombro con hombro con Kolinda, tal vez este posible Balón de Oro termine su ruta, esa misma que comenzó en un refugio en Zadar, en la pinacoteca de hombres ilustres croatas y no en la Crujía 10 de Zagreb.

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LOS ÁNGELES - Son hijos de la guerra. Y sobrevivientes de todas las arpías de la guerra. Una Guerra Civil en los Balcanes, los balcones del genocidio.

Son combatientes con cicatrices profundas, internas, eternas, invisibles, indivisibles. Infancias de trinchera y barricadas.

No hay un ser humano de Croacia que no tenga un cirio encendido: por un amigo, por un familiar... y hasta por él mismo. Cada escapulario en el altar familiar es un obituario. La muerte es parte del reparto genealógico.

Viñeta Rafa Ramos

Y parecerá sacrílego, hasta profano y por supuesto inapropiado citar al dictador sanguinario Josip Broz Tito, para explicar las membranas menos exquisitamente futbolísticas y más poderosamente humanas, de la hazaña de Croacia en esta Copa del Mundo. Y en Rusia. Y en este 2018.

"La voluntad de un pueblo es mucho más poderosa que la fuerza de un ejército. No me interesa cuán grande sea usted, mientras mi voluntad de hierro siga en pie, yo le venceré", vociferaba el Mariscal Tito, mientras desafiaba la veintena de asesinatos orquestados por Stalin.

Sobrevivientes a 240 minutos de fragor, más compensaciones, este miércoles, Croacia desplegó la estrategia básica de la victoria, el heptagrama del triunfo: disciplina, concentración, orden, paciencia, devoción, compromiso y futbol.

Y completada la travesía (2-1) casi monástica de otros 120 minutos, dejaron fuera a Inglaterra, que desde el fortín frágil del 1-0, decidió administrar sus ilusiones de ser finalista de la Copa del Mundo Rusia 2018.

Innegable es que el futbol se gana con sus obviedades. Y con sus misterios. Y con sus inspiraciones. Y sobre sus imponderables. Y con el poder inalienable del individuo. Y con el poder supremo del colectivo.

Pero, claro, el futbol, en la retórica inigualable de Perogrullo, se gana con futbol. Y eso hizo Croacia, pero además, lejos de ceder al peso de la historia, a la gravitación del drama, terminó amamantándose del agobio de semejantes lastres, para fortalecerse.

Luego de gestas impresionantes en las praderas mundialistas, longevas, aparentemente interminables, no hubo un instante, un soplo, un gesto, vamos, ni siquiera, un maldito calambre muscular de renuncia, de rendimiento, de deserción.

"Cuando el músculo duda, cuando los pulmones dudan, cuando el cerebro duda, es que el corazón ha empezado a dudar... entonces, todo está perdido", citaba alguna vez Vince Lombardi entre sus muchos discursos amparados por esa doctrina imperecedera del Segundo Esfuerzo con los Empacadores de Green Bay.

Cierto que Inglaterra tampoco dudó. En ningún momento. Tal vez su debilidad fue desestimar la fuerza de su adversario. Y la paciencia fortalece al débil, porque la impaciencia debilita al fuerte.

En un recital de belicosidad inocua, porque incluso las conflagraciones cuerpo a cuerpo, las libraban en el saludable instante de la jugada, el juego encontró su pasión y su encono. Era una refriega sin rencor, pero sin tregua.

Tras un primer tiempo desestabilizado, Croacia resucitó. Pareció ungirse de sus raíces, de los trasiegos momentos de sus mudanzas y sus tragedias familiares, de la conciencia nacionalista de una sonrisa espartana a cada uno de los que aguardaban en casa o en los retablos de los camposantos.

Y Croacia armó su sublevación. Inglaterra debió entender el viejo refrán: "Cuando fuiste martillo no tuviste clemencia, ahora que eres yunque, ten paciencia", y resistió y trató de sacarse el yugo.

El golazo de Trippier, un bazucazo asesino, pone en distancia a Inglaterra, en el cronómetro de la locura, en el minuto 5. Un disparo al amanecer es casi un acto de traición. Croacia tardó en sacudirse el impacto. Parecía noqueado en el primer tiempo.

EFEPerisic subrayó el carácter mostrado por el equipo balcánico tras encontrarse con un adverso 0-1.

Pero en la segunda parte, el francotirador Perisic, en un embate de alto combate, anticipa con un remate de bayoneta, sobre la cabeza de un adversario. Era el 1-1. Dios salve a la Reina, porque Inglaterra debía luchar por su propia salvación.

En el minuto 109, cuando se suponía que las piernas croatas debían ser piltrafas de agotamiento, víctimas de la fatiga del sobresfuerzo, en realidad el engarrotamiento fue de la zaga inglesa. Como en un museo, ante estatuas blancas, Mandzukic ataca un balón de botes inciertos y lo pesca pegado al poste izquierdo del arquero.

El vuelco del marcador y el vuelco de los temores. Croacia había hurtado el botín. El boleto a la Final de la Copa del Mundo era la ofrenda.

Más que una noche de gloria para Croacia, se convertía en una jornada de glorificación. Los árboles genealógicos retoñaron.

Francia debió recibir el mensaje. No irán contra once croatas, sino contra 22: once vestidos de futbolistas y dentro de ellos otros once con una heráldica genética de combatientes.

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LOS ÁNGELES -- Cristiano Ronaldo recuerda al protagonista de Macario, en la novela de Bruno Traven. No le vendió su alma ni a Dios ni al Diablo. No los invitó a cenar del pavo con el cual se atragantaría lejos de su familia.

Macario sólo convidó a la muerte. Mientras estuviera cenando con él, no podría llevárselo.

CR7 ha hecho lo mismo que Macario: no vende su alma ni a Dios ni al Diablo, y elige ser dueño de su destino, de su propio pavo, porque, sabiamente, elige no ser esclavo de nadie.

Viñeta Rafa Ramos
Arrienda, y ostentosamente, sus facultades, sus virtudes, y en el contrato, claro, van incluidas algunas excentricidades propias de un tipo que ha hecho de sí mismo el prototipo perfecto del jugador de futbol. Y eso cuesta. Y no se vende, sólo se fleta.

El Real Madrid podrá extrañarlo, pero no podrá reclamarle. Cristiano Ronaldo cumplió cada cláusula y cada sueño de la entidad merengue. El matrimonio por conveniencia fue extremadamente prolífico.

De hecho, a pesar de la cabalgata abrumadora de rumores sobre su salida, Cristiano Ronaldo logró una transición perfecta en su separación. No hay lágrimas, ni gritos, ni abogados, ni demandas. Acaso la congoja y la nostalgia lleguen al arrancar la Liga en España.

En el museo de la Casa Blanca la capilla mayor será una ofrenda suntuosa para el jugador más rentable, mediático y ganador en la historia del Real Madrid.

Seguramente de haber permanecido Cristiano Ronaldo, habría peligrado el bautizo del Santiago Bernabéu.

No lo abrumo a Usted con cifras, porque además sus números asombrarían a cualquier corredor de Wall Street, y en ese oficio de fariseo trajeado, querría vender acciones sobre el organismo del futbolista aún candidato al Balón de Oro en 2018.

Mientras en la Juventus se prepara una fiesta de bienvenida sin precedentes, en el entorno madridista hasta el dulzor de la más reciente Champions empieza a rezumar amargura, porque El Bicho se ha mudado en condiciones futbolísticas para un par de años más.

Insisto: Cristiano no cena ni con Dios ni con el Diablo. Su alma le pertenece como retribución intocable de cada minuto dedicado a esculpir, a ser su propio Miguel Ángel de su propio David. La perfección.

Dueño de una fortuna que amparará a sus descendientes hasta el Día del Juicio Final, seguramente a CR7 no lo mueve ni lo conmueve la fortuna que le depositará la Juventus, sino la arrogancia válida, legítima, de demostrar que su vigencia competitiva no depende necesariamente de la glamorosa y gloriosa historia de una camiseta.

Él no tiene el pecho frío por eso opta por atreverse a salir de su sitio de confort. Por el contrario, quiere conquistar, también en otra de las ligas más poderosas de Europa, tras conseguirlo en la Premier y en España.

Escoltado en el ceremonial de una hégira victoriosa por mensajes de sus ex compañeros madridistas a través de las redes sociales, Cristiano desciende de la cúspide del madridismo y se va sin escándalos, sin bochornos legales, sin cláusulas ocultas, o demandas mutuas, como, por ejemplo, la escapada de Neymar del Barcelona.

Florentino Pérez terminó siendo súbdito del jugador portugués. Incluso, el tempestuoso dirigente del Real Madrid, quedó eximido de ataques a tomatazos, al subrayar ambas partes que el mismo Cristiano solicitó la anuencia para una nueva cruzada, con otra bandera y en otro balompié.

Se asocian, además, el amo y señor del Calcio, y el amo y señor de Europa. La Juventus y CR7 sellan un nuevo matrimonio por conveniencia.

Y entre los más entusiastas con la llegada, está, irónicamente, el mismo que dijo "con Messi yo no puedo jugar", pero, resulta, que con Cristiano Ronaldo, sí. Dybala mandó un doble mensaje, una navaja de doble filo.

Y seguramente, con la sacudida más violenta del mercado de transferencias, la Liga de Italia entera rinde pleitesía al atrevimiento de la Juventus, que aún espera rescatar unos centavitos para ir de compras más adelante.

¿Amor a la camiseta? Más allá del romanticismo confuso, lo cierto es que esa relación es de una sola vía. La camiseta, veleidosa, por muy ilustre y memorable que sea, tampoco salvaguarda al futbolista. ¿Iker y Raúl se sentirán correspondidos por todo lo que dieron y la forma en que se fueron?

Por eso, con un par de años, al menos, comandando la elite competitiva europea, Cristiano Ronaldo deja inmaculadamente victoriosa a la camiseta del Real Madrid, pero deja claro, incluso al llegar a la Juve, que él no invita de su pavo ni a Dios ni al Diablo.

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LOS ÁNGELES -- Al final, sólo mereció el Meme de Oro. Él, Neymar, el que al irse Messi sin que se le calentara el pechito, y al irse Cristiano, sin atreverse a subir a su cruz, él, se quedaba con el Mundial a sus pies.

Ya antes del primer soplo arbitral de vida en el Mundial de Rusia 2018, Neymar parecía el inevitable Rey Midas a expensas de que las puertas de Kremlin abrieran sus puertas y le extendieran su larga y afelpada lengua roja de bienvenida.

Balón de Oro, Botín de Oro, Jugador de Oro, Goleador de Oro, Míster Simpatías de Oro, el Catrín de Oro. El Rey Midas, pues. Pero, entre maroma y maroma, como panda en cautiverio, Neymar dejó escapar la galería áurea de la consagración y la inmortalidad.

TATYANA ZENKOVICH/EPA-EFE/REX/Shutterstock
Arropado por un gran plantel que lo idolatraba, por un metódico y versátil trabajo del técnico Tite, Neymar terminó opacando todas sus virtudes, todo ese frenetismo caracolero y goleador, al revolcarse innecesariamente por las canchas de Rusia, como babosa de jardín capeada con sal.

Y fue una lástima. Porque estaba inevitablemente destinado a los altares célebres y divinos de las Copas del Mundo, esos mismos en los que nunca pudieron aparecer ni Messi ni Cristiano. Y se quedó ahí, en el sobrepoblado galerón de las promesas chamuscadas.

A cuentagotas, Neymar dio un recital de todo lo que puede, cuando quiere, aunque a veces quiera tan poco. A México le descoyuntó el espinazo hasta emparejárselo con el esternón, en tres jugadas diabólicas, dos de ellas grabadas en el heraldo del marcador.

Tan sabido era que este debía ser el Mundial de su consagración, de poder arrimarse a los nichos de sus paisanos Pelé y Garrincha, que se decidió a juguetear en lugar de jugar al futbol.

Cuando ya seguramente reposa en una playa, con una dosis generosa de caipiriña, y espera el desenlace de sus escarceos románticos con el Real Madrid, siguen pululando los memes sobre sus trompos lastimeros, simulando que le lesionaron hasta las caries en las muelas del juicio.

Sí, un futbolista tan rico, pero misérrimo como actor. Sus dolencias fingidas son, han sido y serán tan lamentables, que de usar bombín, bastón, un bigotillo hitleriano y caminar como pingüino, podría competir con las escenas de cine mudo de Charles Chaplin.

Porque Neymar simula que llora, y el universo llora de la risa ante las muecas pantagruélicas de sus ridículos.

En ese apasionado desdén, dedicándose a juguetear en lugar de jugar, Neymar aprendió, demasiado tarde, que había desperdiciado la gran oportunidad de instalarse en el museo de los mundiales, con la sexta copa del mundo para Brasil.

Y no sólo fue un acto de desprecio a su carrera, a su futbol, a sus compañeros, sino a ese país que pendula emocionalmente cada cuatro años en torno al balompié, especialmente porque aún supuran las siete llagas que le abrió Alemania, en su propio circo, en el 2014.

Y así como Messi y su pechito criogenizado, y Cristiano, más ateo que nunca, fueron en su momento parte de la hemeroteca creativa de los memes, a Neymar tenía que llegarle su capillita de la burla y el sarcasmo.

Necesario aclararlo: en la profusa flagelación de Neymar, al ser expulsado del Mundial por Bélgica, la diversión vino especialmente de la afición mexicana, pretendiendo explicar su propio deceso mundialista con las pobres artes escénicas de la versión futbolera del Coyote.

El mexicano, que hace cuatro años lamió sus heridas con una colección impresionante de memes en torno a Robben y el #NoEraPenal, ahora pretendió clavar banderillas al toro español que había sucumbido ante el estoque belga.

Y con ese sentimiento de que lo roben, con Robben y Neymar, la afición mexicana sabe que las penas con pan y con memes son buenas, y así encontró en el brasileño la cura a la cruda, así como lo hizo con el holandés hace cuatro años.

Como sea, Neymar desperdició su mejor oportunidad de consagrarse como el mimado de Rusia y del Kremlin, especialmente cuando Messi y Cristiano seguían vigentes.

Dentro de cuatro años, en Catar, seguramente Neymar habrá aprendido la lección, y muchos de sus escoltas actuales en Brasil, llegarán fortalecidos, y sobre todo, más presionados por su afición, luego de dos mundiales lamentables.

Y con este despecho por el fracaso competitivo, Neymar no podrá utilizar ninguna de sus redes sociales, sin encontrarse con la pasmosa y penosa realidad: al Rey Midas, esta vez, sólo le alcanzó para ser el Meme de Oro.

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Viñeta Rafa Ramos

MOSCÚ -- Habida cuenta que se ha desenfrenado, entre la ilusión desmedida y el cachondeo, entre la solemnidad del himno al cambio hipócrita y efímero y el pitorreo calenturiento del momento, habida cuenta de eso, retomemos, entre la pachanga y la formalidad, eso del #ImaginémonosCosasChingonas...

Porque el futbol mexicano ha sido, nuevamente, echado con bochorno de la Copa del Mundo, más allá de que la momificación de su propio desastre, Decio de María, diga que "estoy satisfecho con lo que se hizo...".

1.- Imaginemos que los 14 dueños de equipos (quitando al América y los de la multipropiedad de TV Azteca), hoy, mañana, pasado, se avergüenzan de ser lo que son y de no ser lo que no son.

Imaginemos que esos 14 acomplejados y huidizos armadillos se desenrollan, aún con los conocidas Judas y soplones que pululan entre ellos, y se deciden a dar un golpe de estado, un golpe de mayoría, un golpe de autoridad.

Imaginemos que a los Martínez, Jesús padre y Jesús hijo, no les asusta otra ventaneada, y aceptan el bochorno público de sus pecados. Imaginemos...

E imaginemos que Jorge Vergara desafía las amenazas de persecuciones fiscales, laborales, maritales y demás, y se suma a ellos. Y que Tigres y Rayados se atrevan a sacar la cabeza de su región de aburguesado confort. Y que Toluca, y Cruz Azul, y Santos, y etc...

Y que de repente recuperen esa voz que ha sido silenciada, y ese voto que les ha sido arrancado. Imaginemos, sólo imaginemos...

2.- Imaginemos, sólo imaginemos. Que Yon de Luisa llega a la FMF y desazolva la oficina suprema de la corrupción en la FMF, y que además de cumplir con la labor de capataz del sumiso ganado de la Liga MX, se decide a demostrar que los años de prohijado del poder supremo, pueden ser útiles al futbol.

Imaginemos que sin dejar de lado la protección al feudalismo televisivo que lo ha amamantado durante años, De Luisa se decide a trabajar con los dueños de equipos, que, al fin y al cabo, exitosos empresarios, aunque nadie meta las manos al fuego por ellos, puedan aportar ideas.

Imaginemos que De Luisa va de nuevo al rescate de la Copa Libertadores y la Copa América (sí, cuánto daño hiciste Decio, aunque haya sido por estulticia), y que cumpla el proyecto de inmiscuir a algunos clubes mexicanos en los torneos menores de Conmebol.

3.- Imaginemos, sólo imaginemos. Que en una condición absurdamente hipotética, los 14 sumisos o rebeldes, concilian con Yon de Luisa y sus clubes pajecitos (América y los de TvAzteca), para rescatar la Liga de Ascenso como una atmósfera de desarrollo de futbolistas, y no como el fondo de retiro de mediocres, y lavado de dinero de jugadores extranjeros de baja ralea competitiva.

4.- Imaginemos, sólo imaginemos. Que se dignifique un filtro para la llegada de futbolistas extranjeros. Que se les exija que alguna vez hayan sido seleccionados nacionales, o al menos un mínimo de partidos internacionales con sus clubes, o, al menos, una constancia de titularidad en sus equipos de origen.

5.- Imaginemos, sólo imaginemos. Que se cortan los apéndices corruptos de la mafia de promotores, y que a cada uno se le exija, como debe ser, su certificación ante FIFA y un certificado de la Secretaría de Gobernación de que en su país de origen no han sido acusados o perseguidos.

6.- Imaginemos, sólo imaginemos. Que al frente de la Comisión de Selecciones Nacionales se coloque a un personaje autónomo, con poder, con asesores, con probada rectitud, porque sí los hay, que se atrevan a desafiar los caprichos de directivos y ser verdaderas cabezas de mando, incluso para cuestionar a los directores técnicos en turno.

7.- Imaginemos, sólo imaginemos. Que las convocatorias a selecciones nacionales no sean regidas por patrocinadores, por representantes de los jugadores, por caprichos de los técnicos o por órdenes desde la oficina de Emilio.

8.- Imaginemos, sólo imaginemos. Que Yon de Luisa no se ciegue por el cheque de SUM ante la renovación de contrato y que estipule en el acuerdo que sólo se firmen a equipos con las versiones mayores, y no equipos con juveniles o arrejuntados de futbolistas en desahucio.

Imaginemos, pues, sólo imaginemos, aunque después, en el momento importante, como en el Mundial de Rusia, llegue el bofetón, el "verdadazo" brutal de la realidad hecha pesadilla o de la pesadilla hecha realidad.

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