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¿Fue honrosa la derrota de Cruz Azul en el 'Clásico Joven'?
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LOS ÁNGELES -- Sábados así. Tan llenos de futbol. Tan llenos de prodigios. Tan llenos de artistas. Sábados así, de sudor y drama. Tan llenos de lo inesperado.

Ya, de por sí, uno se despierta con la Liga Premier en un culto fascinante al futbolista jugando al filo del abismo físico y espiritual, tararearía Juan Luis Guerra, "cruzando el Niágara en bicicleta", para que después, de la chistera infinita e inagotable del futbol nos exploten en el alma, las taquicardias y el drama, el agobio y la liberación, hasta las castizas mellizas, truculentas, del placer y el dolor.

Es así, porque es futbol. Sí, es sólo futbol. Sí, sólo es futbol. Sí, es el futbol.

Apenas el ronco tambor cardiaco se apaciguaba con el frenetismo inglés, y al mediodía, casi, lo inesperado. En esas tierras aventureras donde el júbilo infinito se transforma en esa sensación de amargo tributo al privilegio de la batalla. Porque sí, porque es futbol.

En Los Ángeles, en una rivalidad tan "Made in USA", en un logaritmo fastuoso del marketing, se fabrica un "Clásico" aberrante a la definición misma: Galaxy frente a LA F.C.

Sí, ahí, aquí, en la MLS. Un rincón millonario, extravagante, excéntrico de un futbol empobrecido porque se queda fuera del Mundial. Y ahí, en la Liga del Adiós, chisporrotea lo impensado.

Y comienza con Carlos Vela. Un mexicano con standard europeo, que elige vivir sin tener que pervivir. Y elige la MLS. Y se le siente como un reflejo de lo que más le extasía: el basquetbol. Vela es un Globetrotter futbolero.

El primero es un arcoíris al arcoíris del Galaxy. Ahí, donde dicen que las arañas tejen su nido. Y en el segundo pone a rapear y a perrear a sus entumecidos cinco adversarios, para colgar el balón del techo traslúcido del arco. LA F.C. se apoderaba de la plaza, pero...

Con esa cicatriz de bandolero a lo ancho del rostro. Sí, con esa sonrisa de Guasón, de Joker, su código de barras del cinismo, aguardaba en la banca. Ese hombre pegado a una nariz, como Cyrano, que había aterrizado un día antes con ese aroma europeo de triunfador.

En el marcador todo parecía perdido para el Galaxy. Y Sigi Schmid trata de rescatar la mercadotecnia, porque sus dos muñecos de taquilla, Jonathan y Gio dos Santos estaban averiados.

Y la MLS se transformó en la MLZ, con zeta de Zlatan. Poco reposo, poco futbol recientemente, pero el tipo tiene más sabiduría en ese bulbo exquisito de la astucia, que cicatrices en el cuerpo.

Al final Zlatan Ibrahimovic, con esa sonrisa tatuada en el rostro, como para burlarse del universo, ingresa. Y como él mismo lo decidió, sí, la MLS pasó a ser la MLZ.

No es Messi. No necesita serlo. No es Cristiano... y no necesita serlo. Ni es Neymar. Es, Ibrahimovic, un futbolista engendrado en campos de batalla. Esos que él mismo desata en su ira deportiva.

Donde hay paz, él desata la guerra. Donde hay guerra, Zlatan desata holocaustos. Donde hay holocaustos, él organiza el Juicio Final.

Y el primer gol lo define. Un balón que habría resultado un problema de trigonometría para el resto del universo, él elige el instinto sobre la razón. Casi 40 metros, recorre ese obús. 3-3.

Histeria absoluta en casa del Galaxy. Azoro. Sólo la explosión inconsciente del festejo supera el momento atónito. Paroxismo es una palabra hueca para definir la locura. Así debieron ser las funciones de circo de Nerón.

Y el bautizo de fuego en la MLZ de esta MLS. Minuto 90. El cronómetro del árbitro se desangraba. Un balón al frente. Zlatan adelantado. ¿Habíamos hablado de astucia? Renuncia a ir por el balón. El juez se traga el escenario, se cohíbe, se inhibe. Y deja seguir mientras repasa mentalmente la regla del fuera de lugar. 1+1=0, la aritmética en la cabeza del silbante.

Ibrahimovic había confundido a todos. Especialmente a la defensa del LA F.C. Se refugia en su hábitat favorito. El tigre en la jungla, el león en la selva. Ahí, observa y acecha. El reloj se colapsa, pero La Bestia estaba en el área. Zlatan tuerce el descomunal pescuezo. El 4-3 se columpia en los infartos de la gloria.

Sí es la MLS, perdón, la MLZ, la liga de un futbol sin mundial y sin haber ganado nada importante en la misérrima Concacaf. Pero tuvo a Vela y a Zlatan

¿Quiere más? Sevilla ganaba 2-0. Podía ser 5-0. Barcelona condenado. Cómo le dolía la ausencia de Busquets. Y súbitamente, el que agonizaba en la trinchera argentina elige el Domingo de Resurrección, el sábado en que ocurre la quema de Judas. En dos minutos, Suárez y Messi bailan sevillanas.

Y con estos pasajes, el mundo se pone la mano en el corazón. El médico le explica: no es nada, es sólo futbol. No es nada, sólo es futbol.

¿Quiere más? Hurgue en los anales del Benfica. El balón se escapaba a terreno prohibido. Raúl Jiménez, más audaz y astuto que las peripecias de su propio cuerpo, elige una rabona, para sacar el centro medido, con teodolito, al corazón del área. El gol marca el veredicto, pero la jugada del mexicano se roba las memorias.

Y vuelven los estertores, las sudoraciones. ¿Qué pasa doctor? Nada, es sólo futbol. Nada, sólo es futbol.

¿Y por la noche?, bueno, no pasa nada, no es para tanto. Cruz Azul es Cruz Azul.

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