LOS ÁNGELES -- ¿Clásico? Es la bendición extrema de una extrema rivalidad futbolística. Añejada, macerada, enriquecida, con sangre, sudor, festejo y lágrimas. La histeria hace historia. La historia hace histeria.

Imago 7Y si gana Tigres no va a ser un Clásico. Y si gana el América, tampoco; ninguno necesita del otro.

Y la rivalidad, como tal, debe amamantarse continua y precisamente de sangre, sudor, festejo y lágrimas. Y tal vez, y sólo tal vez, una rivalidad extrema podrá ser un Clásico.

“¿Clásicos? Los únicos Clásicos que conozco son los cerillos”, declaró una vez Nacho Trelles, haciendo alusión a la marca más famosa de fósforos en México.

Así, El Viejo Zorro se desentendía de rivalidades extremas de los equipos que dirigió como América y Cruz Azul. Trelles odiaba etiquetar y ser etiquetado. Lo tenía claro Don Nacho: el futbol necesita sólo dos propagandistas: el gol y la victoria.

Pero, ocurrió que por la desesperación y el declive creativo de la mercadotecnia se empezaron a malbaratar los Clásicos. La degeneración u degradación de la especie.

Y se empezaron a parir los Frankenstein en la incubadora vertiginosa del absurdo: El Clásico Joven (América y Cruz Azul), el Clásico del Periférico (Televisa y TV Azteca), y hasta se quiso fomentar que los enfrentamientos entre Puebla y América, por un tiempo eran los nuevos clásicos.

La historia relata que el primer Clásico del futbol mexicano fue Necaxa contra Atlante. Después, los anales consignan el matrimonio de animadversión entre Chivas y Atlas. Y que José Antonio Roca, Guillermo Cañedo y Emilio Azcárraga Milmo elucubraron el Clásico Nacional.

Obviamente, Monterrey y Tigres no necesitaron venia ni anuencia de nadie para patentar su propio encono, pero, hasta en lo más inverosímil, Pachuca quiso hacer su propio Clásico ante Cruz Azul, por aquello del origen celeste en Jasso, Hidalgo.

Sin duda no hay nada más lamentable que el descabellado intento por pretender fortalecer una rivalidad inventando clásicos con calzador, untaditos de vaselina para que resbalen, como ahora con Tigres y América.

El Nido no necesita ornamentar las declaraciones de guerra que le llueven cada siete días. Ese edicto oportunista del #ÓdiameMás basta y sobra para que el América se convierta en el más feliz aborrecido del futbol mexicano.

Y poco favor se le hace a Tigres, pintándolo como el urgido de ser ungido para entrar al tabernáculo de clásicos de opereta del América. Le hacen ver como la mascota o la casquivana en turno de Coapa.

Tigres se ha vuelto un equipo ganador, protagonista, bajo un estilo que podrá no agradar y que es prolífico bajo un ritual oligarca de la chequera. Cartera mata carita.

Si las circunstancias han colocado a Tigres y América en situaciones definitivas y definitorias, es fruto de que, a su manera, trabajan para su propio concepto de éxito. No llegan ahí por sorteo, sino por sistema.

Por eso mismo, el enfrentamiento de este sábado entre Tigres y América, se enriquece de la libertad absoluta de que gozan ambos equipos para despreciarse, sin tener un cordón umbilical, forzado, improvisado, febril, como llamarle clásico.

Porque debe quedar claro que el odio, la animadversión, la rabia que se profesan Águilas y felinos son de autoría propia y de potestad propia. Se odian por corresponderse y no por correspondencia de los medios.

Herido el América por descalabros en torneítos fabricados en microondas para villamelones en Estados Unidos, incluso uno de ellos de manera ridícula al hacer los cuatro goles del juego y ser vencido por Tigres, con esa cruz a cuestas, sólo queda esperar un juegazo este sábado.

Y si gana Tigres no va a ser un Clásico. Y si gana el América, tampoco. Porque ninguno necesita del otro. Cada uno patrocinará su propio destino.

Si algún día, antes del Juicio Final, a fuerza de partirse el alma y romperse las redes, se da la bendición extrema de una extrema rivalidad futbolística, añejada, macerada, enriquecida, con sangre, sudor, festejo y lágrimas, entonces, y sólo entonces, ambos necesitarán divorciarse ante el altar de los Clásicos.

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Manolo Sanchís: 'El compañero que más conflicto nos creó fue Hugo Sánchez'

LOS ÁNGELES -- Manolo Sanchís era uno de los escuderos favoritos de Hugo Sánchez. Parte del Triángulo de las Bermudas que hundía acorazados de la Liga de España. Un triángulo equilátero de homicidios perfectos. El tercero en la escena era Emilio Butragueño.

Aquella Casa Blanca del Real Madrid pintaba de escarlata los marcadores y de negro los vestidores contrarios.

Este miércoles, Manolo Sanchís habló de esos hombres complicados, complejos, incómodos, pero imprescindibles en un vestidor de futbol.

Sanchís estigmatizó a Hugo Sánchez con un código de barras perniciosos: “un tipo rarito”. Así, coloquial, para describir al Pentapichichi.

Lo grave, es que Sanchís lo percudió a Hugo al arrojar, con estiércol incluido, un comparativo entre la labor de zapa de Neymar y del mexicano. El brasileño no ha hecho ni hará por el Madrid lo que hizo Hugo.

Viñeta Rafa Ramos

Ojo: los tres o cuatro despistados asiduos a esta tribuna, saben que de manera paralela al homenaje sin fecha de caducidad que merece Hugo el futbolista, también hemos relatado algunas de las manías del Hugo ante el que hasta la soberbia se sonroja.

Incluso, en esas actitudes criticables por sus compañeros, tratábamos de entender sus actitudes y las de Javier Chicharito Hernández. El texto se titulaba: “Chicharito, Hugo, y ese dulce veneno de la gloria".

Incluso, en el Mundial de México 1986, con la fortuna de hacer la cobertura directa de México y Argentina, Jorge Valdano fue implacable ante este reportero: “Hugo es uno de los mejores delanteros del mundo, de la historia… pero no me pidas que hable de él como persona, eso es distinto”.

Eso confirmaba que entre el argentino y el mexicano podía haber sociedades asesinas ante el gol, pero las personalidades vivían en vecindarios distintos, antípodas, fuera de la cancha.

Sanchís se equivoca. Y lo hace al no entender el entorno implacable hacia Hugo Sánchez en España. La empatía es el fenómenos menos empático y simpático hacia el ser humano.

Imagínese esto, hoy. El fascinante estadio Vicente Calderón abarrotado. Y bufando, con esa mezquina semilla plural germinando, esa la del racismo, la discriminación y la frustración.

Getty ImagesHugo Sánchez compartió vestidor con Sanchís en el Real Madrid.

“Indio, indio, indio”, más el “vete de aquí”, convertido en un coro imponente, amenazante, desafiante, en cuanto Hugo Sánchez era anunciado en la alineación o erraba un remate o tocaba la pelota.

“Indio, indio, indio”. Dentro y fuera del estadio. Un suplicio, un calvario. Un patíbulo y la guadaña en perturbadores decibeles. “Indio, indio, indio”.

Alguna vez, Alfonso Portugal, suegro de Hugo, me comentaba que jugando por el Atlético de Madrid, al Clan Sánchez se negaron a reservarle una mesa en un restaurante de postín en Madrid. “Indio, indio, indio”.

Portugal y su ex entrenador Diego Mercado, me comentaban la noche que todo cambió. En el hotel, Hugo se desmoronó en llanto. Un llanto histérico, de rabia. “Voy a taparles la boca”, prometió Hugo a su familia.

Y todo cambió. Hugo empezó a ser Hugo. La leyenda del Pentapichichi. Hugo cambió. Cambió en todo. Para todo. Hacia todos. Con todos.

“Había tratado de encajar, de ser aceptado en el vestidor del Atlético de Madrid. Ya no le importó. Decidió que era si batalla y que estaba solo en ella”, explicaba Diego Mercado.

Y de su historia ya conocida se regodean los mexicanos. Porque era una cita obligada, cada fin de semana, sentarse ante el televisor y esperar la chilena, el remate, el cabezazo o el cobro de tiro libre de Hugo.

El “indio, indio, indio” colonizaba, catequizaba y conquistaba el futbol de España. Pero sin fraudes. No entregaba espejitos ni cuentas de vidrio. Hacia goles de oro a cambio de oro.

“Rarito”, dijo Sanchís para definir a los tiempos complicados en el vestidor. “Rarito” y le puso nombre, apellido y prototipo, estereotipo, paradigma: Hugo Sánchez.

¿Cuántos miembros de ese Real Madrid memorable habrán entendido la terrible batalla que debía librar Hugo cada día, cada entrenamiento, cada partido? Ninguno. ¿Quién se iba a poner en los zapatos gastados de lucha de un “rarito”?

¿Cuántos de La Quinta del Buitre habrían sobrevivido, eventualmente a un orfeón depredador como el del Vicente Calderón con ese grito de “indio, indio, indio”, que pretendía ser humillante? Ninguno. Esas rareces eran sólo de “raritos”.

Sanchís se equivoca aún más, insisto, en querer confraternizar a una leyenda como Hugo, con un mito como Neymar.

Y aunque no necesito aclararlo, vale pena enfatizarlo. No puedo arrobar a Hugo Sánchez con este artículo. Me tiene bloqueado en Twitter. Disentimos totalmente desde su época como entrenador del Tri. Y así estamos bien.

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LOS ÁNGELES -- Dos equipos despojados comandan el torneo mexicano: Querétaro y América. En los dos limpiaron las nóminas y las finanzas.

Pero, aún desplumados, Gallos Blancos y Águilas, acaudillan la Tabla General sintiéndose pavorreales.

Claro, hay diferencias. En el gallinero de Víctor Manuel Vucetich había más espolones que pedigrí gallináceo. En el América, Miguel Herrera hablaba oligárquicamente de “trabuco”.

A Vuce le avisaron que había austeridad. Pidieron millones de dólares por Novaretti, Sanvezzo, Villalva y Samudio, y con unos miles se hicieron de desechos: Triverio, Escoto, Aboagye, Lucumí y Ayron, más el pilón Pereira.

Pero si en Querétaro sanearon finanzas, en El Nido están metidos en operaciones de compra y venta.

Viñeta Rafa Ramos

A El Piojo le arrebataron a Edson, Marchesín y Uribe, mientras los promotores de Roger Martínez y Guido Rodríguez, tratan desesperadamente de colocarlos esta misma semana en Europa. ¿Oribe Peralta? Un abuso contra las pizpiretas y bobaliconas Chivas.

Y agregue lesiones: Aguilera, Giovani, Castillo, Martín, y que el Pizzero Benedetti está lento en la entrega de mercancía. ¿Guillermo Ochoa? Según Herrera aún no conoce los misterios del trabajo táctico de Coapa.

Como sea, ambos entrenadores tienen su mérito. A Vucetich le arrebataron la columna vertebral, y las prótesis que ha colocado le han permitido consolidar un equipo eficiente: 13 de 15 puntos disputados.

Herrera ha sido claro después de vencer al Morelia. “Corren y meten (fuerte la pierna)”. Y ante las ausencias y las exigencias América debe sumar bajo el dogma drástica de “como sea”.

Si bien ante los Gallos, se respeta la jerarquía de Vucetich, no hay esa dramática sublimación que existe cuando se enfrenta a El Nido. Hay de plumajes a plumajes.

Cínicamente, desvergonzadamente, el jugador de futbol, y el mismo entrenador, saben que de vencer al América pueden vivir ese torneo cómodamente.

Como ejemplos revisemos los dos recientes juegos. Del Toluca impresionante ante las Águilas, al que dio lástima ante Monterrey, hay un abismo de testosterona en el futbolista.

Y así como los Diablos dejaron de ser tristes diantres ante América, lo mismo ocurrió con Morelia. El mejor partido de las mariposillas Monarcas lo dieron este fin de semana, pero ni aún así salvaron al capullo Torrente.

Vucetich ratifica la mano sabia de su trabajo. Organiza al equipo, le da orden y confianza, dialoga con el jugador, le raspa el rescoldo mental que lo bloquea y lo manda a la cancha rejuvenecido.

Vaya, si alguna vez hasta a Ronaldinho lo medio disciplinó y hasta lo hizo correr y marcar, qué no puede conseguir el ex Rey Midas del futbol mexicano.

Miguel Herrera por su parte, había armado un trabuco. Había conseguido, finalmente, rescatar a Mateus Uribe, y pulir los diamantes en bruto, pero muy en bruto, que eran Ibarra, Ibargüen y Roger Martínez.

Vaya, hasta a Jiménez lo ha convertido en un portero confiable, y no sabe cuándo llegará a utilizar a Guillermo Ochoa, y es capaz de permitirse de titular a un Paul Aguilar que hace tiempo que se convirtió en un lateral que defiende poco y ataca menos.

Y sin embargo, insisto, los dos desplumados, Gallos y Águilas, han tomado el control del torneo.

Ojo, que América verá agravadas las circunstancias con cuatro juegos en diez días: Tigres dos veces, y enseguida Pachuca y Atlas, mientras buscan a dos refuerzos para tratar de rescatar el término trabuco.

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LOS ÁNGELES -- Cuando Chivas jugó a no perder, perdía 4-1 con el León. Cuando Chivas decidió no ser humillado, casi humilla al León.

Pero la pusilanimidad no gana partidos, acaso consuelos. Y Chivas se unta las llagas de la derrota con ese ungüento amargo e hipócrita de “perdimos con dignidad”.

León 4-3 Chivas. El epitafio del Guadalajara pudo ser muy diferente, casi escandaloso. Pero el arbitraje sigue, extrañamente, acariciando el pelaje del Rebaño al perdonar segundas amarillas y expulsiones a Van Rankin y a Jesús Molina.

Tomás Boy es dos veces villano. Primero porque inmola a su equipo echándolo al fondo tras el 1-1. Sentía que era el salvoconducto a la supervivencia, al indulto. Segundo porque es aún más villano al confirmar el horror del planteamiento inicial y recular sobre el mismo.

Con el 4-1, con el marcador ridiculizando, caricaturizando a Chivas, Tomás Boy decide que su acta de defunción del sábado por la noche no incluya en rojo la palabra cobardía.

¿O los mismos futbolistas del Guadalajara se amotinaron y empezaron a jugar contra el pizarroncito de Boy?

Cuatro minutos antes del 4-1, se había atrevido a sacar al errante y errático Oribe Peralta, el mayor embaucamiento, el mayor fraude que América ha perpetrado contra Chivas.

Tomás Boy técnico de Chivas (Futbol México)
Leopoldo Smith/Getty Images

Con Alexis Vega por el jubilado Peralta, Guadalajara ya jugaba con once aunque debía hacerlo con nueve, por las expulsiones condonadas a Van Rankin y Molina, de manera escalofriantemente absurda, por el árbitro Jorge Isaac Rojas.

Ocurrió la transfiguración. Y el estadio León pasó de la noche festiva, del coro perturbador, insistente, prolongado, pidiendo el quinto gol del vendaval esmeralda, a ese silencio ominoso del terror.

Chivas se reveló rebelándose a su destino de ser masacrado. Marca Pulido de penal a los ’79 (4-2), sin faramallas, brinquitos, ni saltitos coquetones, y en la agonía Alexis Vega corona su gestión con el 4-3.

Tuvo más Chivas. Tuvo para más Chivas en los minutos finales. Remates desviados, en especial un cabezazo de contorsionismo rapero por parte de Jesús Molina, y el balón se fuga con una lágrima de desdén cerca del poste derecho de Cota.

¿Qué los leoneses defendieron siempre el futbol, hicieron la propuesta, mostraron la etiqueta del que sabe jugar a este deporte? Muy cierto.

¿Que el León se descompuso con la liviandad del 4-1 y con la irresponsable fascinación de ir por el 5-1? Muy cierto.

¿Qué los Panzas Verdes enloquecieron en la voracidad de, viendo la pichón rojiblanco, querer marcar todos un gol, hasta el mismo Cota? Muy cierto.

Pero, Chivas, al menos, insisto, se embadurnó la herida de la derrota con esos fomentos conformistas de perder con la dignidad sin tanto salpullido de deshonra. Del 4-1 al 4-3.

Pero, Tomás Boy sabe que es convicto de sus equivocaciones. Por minutos, Alexis Vega le demostró que está por encima de ese capricho hormonal y sospechoso por Oribe Peralta.

Y sus jugadores, por minutos, le demostraron a Tomás Boy que se creen, se sienten, se saben de ser capaces de más, de lo que el mismo técnico los subestima.

¿Aprendieron todos la lección? Boy a soltarse los lastres de sus pánicos. Los jugadores a amotinarse si es necesario para salvar al equipo. Y Oribe Peralta que deje de arrastrar y pisotear la imagen que dejó en Santos, América y el Tri.

Ante Necaxa se verá…

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LOS ÁNGELES -- Ruta crítica para el América. Pululará más tiempo en aeropuertos, traslados y salas de espera, que en la cancha. Un maratón de emboscadas.

Un Vía Crucis: Atlanta United (Copa Campeones), Morelia, Tigres dos veces (Copa de las Ligas y Liga Mx), Pachuca y Atlas. El periplo, entre el miércoles 14 de agosto y el viernes 30 de agosto.

Mientras sondea videos y currículos, buscando refuerzos, en El Nido arman una logística compleja para sortear con éxito y con éxitos seis juegos, cuatro de ellos de peso en La Liga.

El anaquel se le vació a El Piojo. Edson Álvarez, Agustín Marchesín, Mateus Uribe fueron vendidos, y Roger Martínez envía videos de sus pocos y mejores goles hasta a la segunda división de Gales y San Marino con tal de regresar a Europa.

Mientras tanto, con Emanuel Aguilera entre algodones, al igual que Nico Castillo y el Pizzero Benedetti, en El Nido tratan de acomodar a Jeremy Ménez, incluso abaratándolo, para librarse de la plaza y de su salario.

Sin embargo, América ha hecho frente a dos juegos de alta exigencia y los ha resuelto con victoria: Xolos y Toluca, el primero por un plantel fortalecido, y el segundo, por el director técnico, y cuyo plantel dio la mejor exhibición del torneo.

Mauricio Salas/Jam Media/Getty ImagesAnte las ausencias por venta o lesiones, Miguel Herrera ha fortalecido la forma de jugar al futbol.
Sin faltar a sitios de protagonismo, con un campeonato incluso, Miguel Herrera patentiza su habilidad para dejar simientes y fortalecer cimientos.

Y, futbolísticamente, en medio de tantas ausencias, el América se muestra mejor. Ha depurado su estilo de juego, y al ganar en precisión y comprensión, gana en velocidad y dinámica en sus transiciones en la cancha.

La evolución de un Guido Rodríguez decepcionante en su primer torneo, a la consolidación absoluta como capataz en la Liga en su puesto. En junio, creen en América, se irá a Europa.

Y se agrega la inesperada evolución de Renato Ibarra, quien ha pasado de ser un fondista tozudo, impreciso, a mejorar sus servicios al área y lleva la misma cantidad de goles (2) en estas cuatro fechas que en los tres torneos anteriores.

Y al hablar de esa ruta crítica de seis juegos en 17 días, el forzado proceso de recuperación, la incomodidad de los viajes, la expectación y las expectativas no reducen en torno al americanismo.

Ciertamente, aun sabiendo que América debe ganar todo, Miguel Herrera deberá ser cauto para administrar los ritmos y los riesgos de lesiones, más allá de que suele tener planteles bien preparados físicamente y que aún La Liga no llega a los tiempos de alta exigencia.

Menos osado tal vez que Ricardo LaVolpe quien arrojó --con éxito--, a Edson Álvarez y Diego Láinez a las fieras, pero El Piojo ha mostrado que tiene un batallón de imberbes a los que quiere administrar y sin precipitaciones.

Sin duda, a las ausencias por venta o lesiones, Miguel Herrera ha fortalecido la forma de jugar al futbol, y así como en su momento no extrañó a Mateus Uribe por su baja de juego tras problemas familiares, ahora tampoco lo hace con Edson Álvarez.

Claro, ahora el gran desafío de Miguel Herrera pasa por encima de las dificultades, por ejemplo, que tuvo ante Xolos y Toluca, ya con ausencias notorias, y con los adversarios, como psas siempre, sublevados, exaltados por ese código insultante del #ÓdiameMás.

Con esta cruzada por delante, el agotamiento y la tirria evidente de los adversarios, la mejor manera de manipular los efectos de ese trasiego, serán los buenos resultados, y de no darse plenamente, manejar con pinzas de odontopediatra, los momentos anímicos, morales y físicos del grupo.

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LOS ÁNGELES -- A Miguel Herrera se le caen más soldaditos. Y a Ricardo LaVolpe le resucitan sus muertos. Aun así, Toluca 0-1 América.

Piojosa suerte la del Piojo: Roger Martínez sigue tocando puertas de barrios pobres en Europa y aún no sabe si Guido Rodríguez estará listo para su Vía Crucis de cinco partidos en casi dos semanas, dos de ellos ante Tigres.

LaVolpe vio un espejismo, cortesía del #ÓdiameMás: sus hombres le ofrecieron el mejor juego de esta nueva gestión. Porque el efecto del alucinógeno emblema del americanismo dura sólo 90 minutos.

En la Jornada 5, Toluca visita a Monterrey: la cabeza sin jinete se mete a la casa del jinete sin cabeza. Otra vez, Diablos sin azufre.

Gol de Ibarra marca la diferencia. El ecuatoriano tiene los mismos goles este Apertura 2019 que en los tres anteriores torneos de Liga. Y goles con botín completo, goles con puntos. Parece honrar su nombre: Renato, "re-nacido".

Insisto, en Toluca, los diantres volvieron a ser Diablos. Vaya, hasta Pardo, jugadorcito de nivel pardo, tuvo su jornada brillante, como el mejor escarlata. Generó tantos preludios de gol, pero no consiguió ninguno.

Un Toluca distinto. Se sublimó ante el América. Con las candilejas encima, los actores mediocres aspiran a un Óscar. Será tarea herculina de LaVolpe conseguir que estos Diablos no vuelvan a ser ánimas en pena.

Ante semejante volumen de sublevación, América requirió de héroes. El portero Jiménez y Bruno Valdez arruinaron la jornada del ataque toluqueño. Levantaron un dique y apuntalaron el cero.

Y agreguemos que el árbitro Isaac Rojas no se atrevió a embadurnar de rojo al zaguero paraguayo, por una clarísima segunda amarilla que le perdonó.

Pero, el gol de Ibarra, del renacido Renato, cambió la historia. Caracoleo y disparo por entre las piernas poco recias en la marca de su paisano Chalá.

Antes y después del gol, Toluca fue mejor. Con una línea de cinco casi impecable, con esa elasticidad de acordeón o bandoneón, que tanto depura LaVolpe, impuso condiciones antes del gol, y en el recambio tras el gol en contra, LaVolpe tenía la manija del equipo.

Pero, a estas alturas, ni El Piojo ni su equipo se aterran ni se ponen nerviosos. El 1-0 era diploma de victoria, especialmente para estos dos entrenadores, tanto LaVolpe como Herrera, que han hecho del Lapuentismo, ese que tanto criticaban y odiaban, su mejor recurso.

El parte médico inicial sobre Guido Rodríguez, al ponerle punto final a este texto, era de una molestia que necesitaría de dos o tres días de rehabilitación, hasta que este lunes se revise más en detalle.

Por lo pronto, América se mantiene en el penthouse de los protagonistas del torneo, mientras que el Toluca sigue ahí, hermanado en la mediocridad con el Veracruz, el Pachuca y el Puebla, con sólo un punto de 12 posibles, perfilándose para ser uno de los peores inicios de LaVolpe.

Insisto, ante Monterrey será eso, el duelo de una cabeza sin jinete, ante un jinete sin cabeza, y LaVolpe ha perdido el saludo y las sonrisas del dueño del Toluca.
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Viñeta Rafa Ramos

LOS ÁNGELES -- Es el único ser humano que se embalsama antes de muerto. Y debe hacerlo cada siete días. El reciclaje de la inmolación como modelo de Vuittón. Los zopilotes deben estar hartos de tantas visitaciones.

Es su propio taxidermista y su propio asesor de imagen. El cuervo es un autodidacta de la supervivencia lustrosa. El árbitro de futbol, también.

De hecho, acude a una cita a ciegas. Se corta el pelo, se acicala, se lava los dientes, se corta las uñas. Se contempla en el espejo. Se aprueba.

Se viste de gala para que lo despedacen las fieras. De etiqueta al paredón. Catrín de su audición fúnebre. Un dandi de pantalones cortos y camisola fluorescente, como de mariposilla en celo.

Nadie se esmera tanto para su propio exterminio. Porque allá en la tribuna, el árbitro –este rumiante de ajusticiamiento semanal--, le esperan miles que lo han sentenciado antes del primer silbatazo.

Apertura 2019 y los patrones no cambian. Errores arbitrales. Como un mono, con un doble espresso y una ametralladora en un elevador.

Y el VAR, que debía ser aliado de los silbantes, termina, a veces siendo el Brutus que los acuchilla. Juez y parte de sus propios crímenes.

Es irrefutable: desde la llegada del VAR, los arbitrajes son más malos y las decisiones del VAR los hacen aún peores. Pretende vivir juntos, pero los dos cavan hacia abajo, buscando el fondo. Suicidio colectivo.

Ciertamente son bien pagados para no equivocarse. De hecho, los árbitros mexicanos son los mejor pagados de América (ojo: de América, no por el América).

Por ejemplo, quienes tienen Gafete de FIFA reciben dos mil dólares semanales, libres de impuestos, más viáticos.

Los asistentes del VAR no la pasan mal. Cobran 800 dólares por partido más allá de si, como asevera Miguel Herrera, técnico del América, “sólo se la pasa tragando tortas”.

Antonio R. Márquez, antes de su participación en el Mundial México 1986, decía a este reportero: “Grábeselo: se necesitan más güevos para ser árbitro que para ser jugador o entrenador”.

Y Márquez puede tener razón en algunos casos, no en todos. Está claro que cuando se generaliza, se yerra.

VAR en el Estadio Azteca
Getty

Ciertamente el trabajo arbitral es complicado. Es una audición para el fracaso, se haga bien o no. El Síndrome del Cohetero: si los fuegos artificiales salen mal, le chiflan; si salen bien, igual le chiflan.

En México no, pero en otros países, sí se realizan estudios y valoraciones del trabajo arbitral, que tampoco sirven necesariamente de referencia para destazar o condecorar (Síndrome del Cohetero) al juez del futbol mexicano.

1.- La Universidad de Durham, Inglaterra, llevó a cabo un estudio y los especialistas Russell Hill y Robert Barton descubrieron que contendientes con el color rojo recibía más fallos favorables que el adversario, según la revista Psychological Science.

Por ejemplo, en Tae Kwon Do, 42 oficiales favorecieron con el 13 por ciento a los que usaban distintivo rojo. Incluso, el video se trucó: a los mismos combates, se cambió el color de la cinta de los competidores, y cambiaron su fallo final, en beneficio del nuevo portador del rojo.

2.- El Journal of Sports, Science and Medicine de Bursa, Turquía, desarrolló entrevistas con cinco árbitros profesionales, con un promedio de experiencia profesional de 21.6 años, con charlas de entre 30 y 40 minutos, y alrededor de 13 temas interrelacionados.

Las confesiones fueron concluyentes. Cada árbitro responde el día del partido, desde aspectos familiares, incidencias del viaje, la personalidad de los jugadores, la tribuna, los detalles públicos previos al juego, su lugar de origen, su propia personalidad, y hasta la relación con sus jueces de línea.

Como detalle especial, el estudio señala que bastaba que los silbantes mostraran mayor personalidad e ímpetu, en las decisiones que tomaban, para de esa manera someter y casi convencer al futbolista.

3.- En un estudio de las doctoras Melissa Anderson y Sandy Wolfson para School nos Sport. Performing Arts and Leisure, ratificaron el impacto del ruido en los estadios en las decisiones arbitrales, aunque algunos aseguraron tener “estrategias para contrarrestarlo”.

El estudio se realizó con 11 árbitros de la Primer League de Inglaterra para al institución ubicada en Wolverhampton.

4.- Coincidiendo con el anterior estudio, en la Liga Premier, para el Journal of Sports and Science, se realizó una investigación a través de 857 juegos de futbol a lo largo de seis temporadas, desde el año 1996 a 2002.

Después de charlas, sondeos y referencias, hubo una conclusión similar: el árbitro aceptaba determinar sus decisiones ante una multitud en la tribuna, ya fuera para apaciguar los ánimos o simplemente por el deseo de complacer a una mayoría.

Con estas referencias, puede imaginarse Usted el entorno de su árbitro menos favorito cuando comparece ante su equipo favorito en la desfavorecida Liga MX. No hay manera de salvarlo. Está propenso al error.

Arturo Brizio Carter, jefe de los árbitros, ha asegurado que a los silbantes mexicanos se les apoya psicológicamente para enfrentar los escenarios. Parece insuficiente y sin duda ayudaría un estudio similar o más profundo a los trabajos que hemos reseñado.

Se calcula que hay más de dos mil estudios sobre el arbitraje a nivel mundial, y seguramente México es uno de los países sin este tipo de investigaciones.

Cerremos con una frase de Eduardo Galeano en “El futbol a sol y sombra”: “Durante más de un siglo, el árbitro vistió de luto. ¿Por quién? Por él mismo”.

Y el VAR, también…

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LOS ÁNGELES -- América encontró el mejor remedio para la peor enfermedad. La llegada de Guillermo Ochoa es el generoso legado de la lamentada partida de Agustín Marchesín. Miguel Herrera no puede estar más complacido.

El Nido no está para titubeos. Ni para experimentos. Ni para dudas. Ni para jugar a la rayuela o a los volados con su destino. América debe conjugar el mañana como ayer.

La llegada de Guillermo Ochoa fortalece a todos. Es el ejemplo perfecto de todos ganan. Todos. Marchesín se convierte en anécdota. Y Memo Ochoa, a continuar el protagonismo de su propia leyenda.

Todos ganan. Enfático en ello. El bienestar absoluto es del futbol mexicano. Detallemos…

1.- GANA AMÉRICA

El Nido había perdido a un caudillo. Una voz de mando. Una arenga. Una fortaleza. Era necesario, era preciso tener a alguien más poderoso. No hay tiempo para vacío de poder en la cancha.

Guillermo Ochoa tiene una jerarquía por encima de todos sus compañeros. Mundialista. De hecho, dos veces figura mundialista. Una personalidad bruñida en la adversidad. Y el castigo lo hico más humilde incluso.

Viñeta Rafa Ramos

2.- GANA OCHOA

Las cifras oscilan: entre tres y cuatro millones de dólares, más bonos. Guillermo Ochoa recibirá el mejor salario de su carrera. Cuando nazcan, sus nietos, agradecerán la generosidad de su abuelo.

Tendrá que equilibrar su vida. La familia es la prioridad y seguramente estrechará la seguridad en torno a ella. Mientras mejor custodiada esté la familia, mejor custodiado estará el arco de El Nido.

(En un pésimo chiste de los “chivahermanos”, si la delincuencia en la Ciudad de México es capitaneada por americanistas, quién de ellos se atrevería a levantarla la mano : ¡Sacrlegio!)

3.- EL AMERICANISMO

Uno de sus ídolos ha regresado. Algún día estará a la altura de Cuauhtémoc Blanco, Enrique Borja y Carlos Reinoso.

Entre la vistosidad de este nuevo América, este el #Trabuco de Miguel Herrera, y la presencia de Ochoa, la convocatoria rimbombante para acudir al estadio, llega a sus máximos decibeles.

4.- EL FÚTBOL MEXICANO

Este tipo de figuras escasean en casa. Guillermo Ochoa se encargará de llenar estadios y de agregar lava bullendo en sus visitas.

La misma afición de Chivas ya se regodea voluptuosa y obscenamente con la aparición de Ochoa el 28 de septiembre en el Estadio Azteca en el Clásico Nacional. Irónicamente, cuando amateur, Ochoa fue observado por el Guadalajara, pero no le vio facultades para ficharlo.

Incluso, Ochoa no debe adaptarse a nada y a nadie. Visto, en condiciones extremas, el América se preocupará, gentilmente, por adaptarse lo más pronto posible a Ochoa. Los grupos siempre agradecen la llegada de un líder.

Getty Images

Recordemos, en una situación en extrema complicada, Miguel Herrera elige a Guillermo Ochoa como su portero titular para el Mundial de Brasil, por encima de Jesús Corona.

Desde entonces, hay lazos de agradecimiento mutuo. Un pacto de sangre, de sangre de lealtad. Ochoa no defraudó a El Piojo, porque El Piojo no le defraudó a él.

Y el técnico debe tener dentro del vestidor a un hombre de absoluta confianza. Lo era Marchesín. Ahora lo serán Guido Rodríguez (mientras emigra a Europa en 2020) y Memo Ochoa.

Todos ganan. Sólo pierden los 18 adversarios, que esperaban que América tuviera problemas para cubrir el arco.

Ojo. Para los que sientan urticaria por este texto, y aunque dicen que explicación no pedida, acusación manifiesta, los que siguen este espacio, lo saben: las Chivas, ni en birria, porque apestan. Y el América usurpó y chantajeó esa estrellita del Prode 85. Aquí sólo se venera a un muerto: el Atlante. Punto.

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LOS ÁNGELES -- El silencio de la metralla, en este caso, enaltece el fragor de la batalla: 90 minutos muy agradables. Y León 0-0 América.

América Nico Castillo Roger Martínez y Roberto García Orozco vs León.
Imago7Roberto García Orozco volvió a protagonizar un arbitraje cargado de torpezas.

Otro arbitraje cargado de torpezas con pestilencia a sospechas por parte de Roberto García Orozco, pero que, al final, terminó amamantando de expectación, drama, ira, suspenso, a un juego al que sólo le hizo falta el gol como juez supremo de la gesta.

Perdonando tarjetas rojas a cromañones de ambas hordas, e indultando penaltis a ambos equipos, el árbitro de jornadas escandalosas, con demora inexplicable en su retiro, terminó por incidir en el marcador, aunque sólo calentó y recalentó la furia competitiva de los jugadores.

En la cancha, la zacapela fue agradable. León manteniendo el estandarte de hacer buen futbol que enarboló el torneo anterior, y que parece la apuesta enriquecida con nombres para este Apertura 2019.

De nuevo con Luis Montes como eje, pero encontrando la misma armonía del anterior torneo en el resto, León no sólo generó ese futbol generoso, embelesador, sino que puso en problemas a un Marchesín que seguramente pensaba que desde Portugal monitoreaban su rendimiento.

América sufrió. Guido Rodríguez asumió el protagonismo, pero sin sociedades, por lo impreciso y tibio de Mateus Uribe y el Pizzero Benedetti, a pesar del desgaste inútil de Martínez, Castillo e Ibarra. Jugaban con el mismo uniforme, contra el mismo adversario, pero en dos equipos diferentes.

Miguel Herrera era un concierto de mímica. Pujaba, gesticulaba, aleteaba, viendo que gritos y silbidos no servían. Seguramente se preguntaba dónde quedó el acucioso trabajo de la semana, y especialmente los diplomas de varios de sus jugadores.

Rodolfo Cota y Agustín Marchesín hicieron limpiamente el trabajo sucio de tapar el dique. Con un par de acciones por bando, le dieron lustre de justicia y dignificaron el marcador, ese marcador, que suele representar ignominia en el futbol: el 0-0.

Apadrinado por el VAR, o porque él mismo quiso ampararse en acto exculpatorio, Roberto García Orozco recula tras marcar un penalti por falta sobre Roger Martínez, y después matiza de amarilla a roja, la tarjeta a Fernando Navarro por una plancha sobre Jorge Sánchez.

El contraste es que en el primer tiempo, García Orozco perdona un penalti sobre Campbell. Y, al mismo Martínez, le perdona la roja, a pesar de que el colombiano, en ademán y locuacidad evidentes, le certificó que su señora madre, alguna vez debió ejercer el que, dicen, es el oficio más antiguo del mundo.

La buena noticia es que ya se retira García Orozco, la mala es que su gira del adiós aún amenaza con estercolar el Apertura 2019, bajo el auspicio generoso de la Comisión de Arbitraje, que le había recomendado desde hace meses entregar el silbato antes de seguir denigrándolo. ¿Habrá extorsionado su permanencia? Al tiempo.

Con la repartición, por el poderío de ambas escuadras, queda una doble sanción: no perdieron ante uno de sus iguales, pero el León como anfitrión y el América, cuando tuvo un hombre más, quedaron en deuda con sus responsabilidades.

Como detalle anecdótico, en uno de los palcos VIP del Estadio León, se apoltronó José Luis Higuera, más conocido como el #TsunamiQueArrasóChivas –según la afición del Rebaño–, o #ElPelagatos2.0 –según Ricardo Peláez–.

Seguramente Higuera debe sentirse aliviado: pudo disfrutar, nuevamente, de ese apasionamiento por el América que por años escondió bajo el salario y la confianza inmerecida de Jorge Vergara.

Etiquetas:

Fútbol, México, América, León

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Viñeta Rafa Ramos
LOS ÁNGELES -- ¡Qué bello es el futbol! Liverpool compró su maná de hoy, con el hambre de ayer. 4-0 (4-3) al Barcelona...

¡Qué bello es el futbol! Especialmente así, con un Liverpool que jugó fortalecido con la sangre de sus caídos: Salah, Firmino y Keita...

¡Qué bello es el futbol! Éste. Ése, el que no cree en invencibles, ni en divinidades, ni en balones de oro, ni en deidades, ni en etiquetas de #EsQueEsElMejordelMundo, ni en seres superiores...

¡Qué bello es el futbol! Éste. Ése, el de los quijotes, el de quienes sólo creen en sus propios milagros, el de quienes vencidos aún creen en la victoria, de quienes confirman que la perseverancia derribó hasta los Muros de Jericó...

¡Qué bello es el futbol! Éste. Ése, el de un hombre, Klopp, que encontró las palabras exactas para mostrarles que la derrota es el pebetero de toda Ave Fénix: "Si fallamos, si perdemos, lo haremos de la forma más bella y digna".

¡Qué bello es el futbol! Éste. Ése, el que sentencia a los arrogantes y condecora a los humildes; ése, el de aquellos que entregan el pellejo antes que la bandera; ése, el de quienes resguardan que la gran victoria siempre se esconde tras pequeñas derrotas...

¡Qué bello es el futbol! El de un equipo que el lunes había perdido la Liga y la Champions, y hoy, a bocanadas de fe en sus propias hazañas, aún se ilusiona con ambas batallas...

¡Qué bello es el futbol! Éste. Ése, el de un equipo que se convirtió al trozo de la canción Across the Universe de uno de sus cuatro juglares y eruditos, John Lennon, y pasó en una semana de "los estanques de pena, a las olas de alegría".

Y lo hizo defendiendo el futbol. Más aún, exaltándolo. Consumándose a la práctica del deporte y religión de la humanidad.

¿Barcelona? Un grandísimo sinodal. Una excelsa comparsa. Actriz de reparto. Marilyn Monroe en turno. Sin su heráldica, la epopeya de Liverpool, sería una anécdota de contenido, y no la parte sublime de la historia.

Regresarán Barcelona y su Lionel Messi al bálsamo empobrecido de la Liga de España. El Camp Nou es una capilla de contrición, ante el monstruoso circo de Anfield.

¿Tottenham está muerto? Liverpool protagonizó una hazaña, no está al alcance de cualquiera, pero está al alcance de todos. Y el Ajax debió entender el mensaje.

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Fútbol, México, América

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