LOS ÁNGELES -- "No hay para más", sintetizó casi sepulcral y pomposamente Pompilio Páez los fracasos de México en la Copa Confederaciones y en la Copa Oro.

Ese "no hay para más" fue la brutal explicación del auxiliar técnico de Juan Carlos Osorio en la conferencia de prensa tras la amarga eliminación ante Jamaica en la Copa Oro, ya al borde de la exasperación y a punto de perder todo el candoroso encanto de su tierno apelativo de 'Pompi', como le ha llamado siempre la prensa colombiana.

No ha sido el único. La segunda nación más preocupada por el éxito del Tri, la colombiana, por ese apoyo irrestricto hacia el paisano, también lapida al futbol mexicano y simplifica en que Osorio es mucho collar para tan poco perro, como el jugador mexicano.

"No hay para más", explican aficionados y medios colombianos en defensa a ultranza de Osorio, aunque, eso sí, prefieren, por muy amplio margen, a Reinaldo Rueda para sustituir a Néstor Perkeman después del Mundial de Rusia.

Dícese en México de situaciones así: "Que se haga la voluntad de Dios en los bueyes de mi compadre". Y sí.

No están solos ni 'Pompi', ni los feligreses advenedizos del osorismo, especialmente los seguidores del Nacional.

Un grupo del periodismo mexicano se adhiere al entrenador colombiano, a su sabiduría infinita alcanzada por esa ventana al cielo y a la cancha del Liverpool, y a esa doctrina que empezó teniendo como credo las "rotaciones", que después fueron rebautizadas como "oportunidades", y en la perfumada búsqueda de la retórica hoy se llaman "alternativas tácticas".

Con esa misma ficción, esa misma facción fue a la que se le trabó la quijada al abrir exageradamente la boca, en mímica extrema de los bobalicones, cuando llegó Osorio y clasificó al futbolista mexicano dentro de la Fibra 1A y 2B, cuestionando de esa manera la competitividad física del jugador.

Apenas días después, en Raza Deportiva de ESPN Deportes, Daniel Ipata, uno de los preparadores físicos más reconocidos en México, puso orden y claridad.

El entrenador uruguayo, con esa caballerosidad que le caracteriza, explicó que para hacer semejante clasificación, que no sólo era errónea, se necesitaba de trabajo y conocimiento del entorno, por lo menos de un par de años, para atreverse a lanzar un juicio así.

Ipata desnudó a Osorio, quien después aceptaría públicamente que a ese diagnóstico le faltó fibra de conocimiento y credibilidad, y que se había equivocado. Pero la turba de bobalicones ya tenía la quijada trabada... y así ha seguido.

Así, entre el cuerpo técnico del Tri, la parcialidad colombiana y los ñoñazos en México, la estigmatización del futbolista mexicano, ya sea el que milita en Europa o en la Liga MX, es que no da pa' más.

Es decir, podrá enseñorearse en la zona marginada de la Concacaf, pero no le alcanza para atreverse a inquietar a Chile, sin riesgo de un cataclísmico 7-0, o a plantarse ante Alemania B, sin correr riesgo de un indulgente y misericordioso 4-1, y claro, sus residuos de la selección B la de la Copa Oro, esos, ni siquiera alzarle la voz a Jamaica.

Afortunadamente, el 1-1 ante Costa Rica la noche del martes, dentro del Hexagonal Final de Concacaf, fue un mentís brutal hacia ese triunvirato de la difamación del jugador mexicano.

Con ocho (pomposamente dicho) "alternativas tácticas", en la alineación, jugando con diez por la labor híbrida de estorbo y extraviado de Diego Reyes, México ofreció una de sus exhibiciones menos precarias en la época de Juan Carlos Osorio. Vaya, hasta agradó.

Ojo: por lesiones, sanciones y permisos, al cuerpo técnico no le quedó más remedio que poner a jugar a lo que tenía en la posición correcta, sin margen ya para improvisar incongruencias de centrales como laterales, y hasta los perfiles cambiados que primero fustigó, como en el caso de Miguel Layún, y ahora hace de ello un exceso pantagruélico.

Sin entendimiento, sin congruencia como equipo, sin un mapa aplicable en la cancha, porque hasta los jugadores viven en la confusión de quiénes son y qué hacen y de qué juegan, pero a impulsos individuales, con una convicción genuina y ante la generosidad de jugar al futbol de la que hizo gala Costa Rica, México confirmó que tiene potencial humano.

Volvemos a una vieja explicación, que parece ofensiva para el futbolista mexicano, pero es, por el contrario, un reconocimiento a la suma de sus virtudes, a través de la suma de sus carencias.

El jugador mexicano, por biotipo, por formación, por desarrollo, ni es el más rápido, ni el más fuerte, ni el más hábil, ni el más disciplinado, ni el más atlético, ni es el más alto, ni es el más inteligente tácticamente, ni es el más rico técnicamente, pero con la suma de lo poco o mucho que tiene de esas facultades para competir, le alcanza para desafiar a cualquiera.

Porque creer que "no hay para más" en esa pena de muerte dictada por Pompilio Páez, denigrando al futbolista mexicano, equivaldría a juzgar de chiripazos los Campeonatos Mundiales Sub 17, la medalla de oro en Juegos Olímpicos, los dos subcampeonatos en Copa América, y rendimientos respetables en Mundiales Sub 20.

Queda claro que más allá de la brutalidad embrutecida de ese manifiesto del "no hay para más" que comparten en el cuerpo técnico del Tri, entre la afición colombiana y un sector imberbe del periodismo mexicano, pruebas hay que el jugador mexicano tiene, en esta generación, la posibilidad de cambiar la herencia cíclica del fracaso cada cuatro años. Claro, si no llega alguien con una libreta donde se redescubre el agua tibia.

Tal vez ese "no hay para más" de Pompi, deba ser aplicable a las facultades reales del cuerpo técnico de esta selección mexicana. Tal vez hay para llevar al equipo a dominar la Concacaf, pero no hay para desafiar a selecciones de Sudamérica y Europa.

Por lo pronto, ante los ticos, el jugador mexicano demostró que está en condiciones de hasta sobrevivir, por encima incluso del desdén de sus propios entrenadores, convencidos de que "no hay para más".

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LOS ÁNGELES -- Al amparo de un autogol del tico Gamboa, y bajo el amparo de Guillermo Ochoa --nuevamente, como ante Panamá--, México conserva entre zozobra, el invicto dominante en la Zona de Concacaf 1-1 en Costa Rica.

El Tri de Juan Carlos Osorio se encontró con una bendición: la generosidad de Costa Rica, duro y rudo en la marca, pero aseado también en sus pretensiones futbolísticas.

De los ticos, necesario subrayar algo: el futbol lo mantienen, agradable, organizado, asimilado, intacto. Sólo, esta noche de martes, le hizo falta ese otrora discurso incendiario de Jorge Luis Pinto.

Este martes, hubo demasiado respeto a la camiseta del adversario, ese mismo respeto que en la culminación del Hexagonal pasado, nunca tuvieron. Costa Rica no salió cebado como aquella vez los inquietó sanguinariamente el discurso de Pinto. Y se le fue viva la presa.

México presentó confirmaciones. Y de esas valiosas, de esas que deben ser santificadas por encima de la apostasía de las rotaciones.

1.- La travesía de Chucky Lozano por Europa le ha detonado su voracidad: hoy quiere y quiere siempre. Aún la precipitación le desborda al razonamiento del último pase, pero el tiempo lo sanará.

2.- Con Raúl Jiménez hay más alternativas de juego. Sin duda como hombre punta aporta más sociedad y recursos que Javier Hernández. Está fraguado para amoldarse a las urgencias o las habilidades del compañero.

3.- Andrés Guardado se siente cómodo y hace sentirse cómodo a Jonathan dos Santos. El jugador del Betis vive ese momento de madurez para, desde otro sitio, tratar de mantener equilibrio, orden y embestidas, como lo más próximo a Rafa Márquez, aunque, jamás como el Káiser.

4.- Dos partidos en los que es el jugador determinante: Guillermo Ochoa había sido clave en el triunfo ante Panamá y tres lances ante Costa Rica impidieron una jaqueca.

¿Se liberó México de la presión al conseguir el boleto mundialista? Seguramente. Se defiende mejor, controla mejor el balón y volvió a aprovechar que de visitante en la Concacaf puede jugar mejor, cuando el compromiso y la tensión pululan con la camiseta del local.

Pero, sí, pero...

Este martes quedó en evidencia el capricho de Osorio. Costa Rica, apegado a una osamenta táctica y de futbolistas bien identificados, se le facilitaba el control del juego, incluso con la delicia del toque de primera intención: es el trabajo sin improvisaciones ni "alternativas tácticas", vulgo, rotaciones.

Con algunos jugadores de mejores condiciones técnicas y futbolísticas que Casta Rica, de llevar a cuestas ya un trabajo organizado, inducido, identificado, hacia un equipo base, México penaría menos y haría penar más a sus contrincantes.

Por eso, este martes, en lugar de aprovechar la calidad de sus jugadores para imponer un estilo y una personalidad, termina amparado por la crueldad de un autogol, más que por la autoridad de sus propias destrezas.

Pero, ya se sabe, mientras ocurran este tipo de situaciones fortuitas, afortunadas, como el suicidio de Gamboa, se seguirá vanagloriando la estrechez del resultado por encima de la exaltación a la preocupación del funcionamiento.

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LOS ÁNGELES  --   México ya es mundialista. La vía exprés: ha vuelto a ser el Rey Tuerto en Tierra de Ciegos.

1-0 sobre Panamá, en un Estadio Azteca con su peor entrada en un juego eliminatorio, pese a promociones más desesperadas que las campañas políticas de algunos pillos.

Mexico celeb vs Panama
Getty Images

Chucky Lozano y un cabezazo sentencia el juego, pero con las manos prodigiosas de Guillermo Ochoa en el auxilio, en un encuentro sedado por la poca brillantez de futbol en los 90 minutos.

Refulgentes por el Tri, Tecatito Corona, artesano del servicio a Lozano, y por momentos Andrés Guardado y la intermitencia de Héctor Herrera, pero sin consolidar un dominio vistoso ni espectacular, desentonando dramáticamente Carlos Vela y Javier Hernández.

Ahora, viene el momento de nuevas tareas. De retos genuinos. De desafíos auténticos. Más allá de las fronteras hay pocos tuertos y menos miopes, y muchos con visión 20/20.

Llegó el momento de que el Rey Tuerto demuestre si puede o no, aspirar a otros tronos, o si su destino, como lo marcaron la Copa América Centenario, la Copa Confederaciones y hasta la Copa Oro, si su destino es nacer, crecer, desarrollarse y morir, en el territorio de la Concacaf.

Sin que el boleto invicto, de momento, conseguido en siete fechas, sufra deterioro, no descarapela siquiera los testimonios poderosos del 7-0 ante Chiles, del 4-1 ante Alemania B, y la eliminación en semifinales de Jamaica.

Así, llega entonces prepararse para la cita que el mismo Osorio renovó este jueves: primero el boleto, después las formas ,y enseguida comprometerse ante los Goliaths de Sudamérica y de Europa, esos que el misticismo de sus rotaciones no ha logrado someter.

La victoria ante Panamá fue cargada de soponcios. Innecesarios por supuesto, porque Aquino y Guardado tuvieron el moño de clausura para el marcador.

En respuesta, Panamá sucumbió ante la ventaja de que Guillermo Ochoa tenga cada semana rigoristas entrenamientos semanales ante equipos competitivos, como objeto del tiro al blanco. El arquero del Standard fue relevante en el invicto de su arco.

Con el boleto en la mano, tal vez Juan Carlos Osorio entienda que lejos de claudicar en los tres partidos restantes, ante Costa Rica, Honduras y Trinidad  & Tobago, y empezar a utilizar jugadores de la Liga MX [únicamente, llega la urgencia de arle, finalmente cara de equipo a un equipo que no tiene cara de conjunto en la cancha.

Renunciar a la competitividad eventual de sus vecinos de área, equivaldría al desperdicio, aunque tendrá una concentración casi continua de dos meses con la mayoría de sus jugadores para la Copa del Mundo.

Ronronear conformismo bajo la nueva prédica de Decio de María, Guillermo Cantú y el mismo Osorio, de que fue contratado para llegar al Mundial de Rusia sin soponcios, cuando siempre, al principio, se habló de al menos el Quinto Partido, sienta bien para la corte de feligreses, groupies y asalariados del Tri, pero el objetivo no debe perderse de vista: trascender.

Es decir, ahora la única brújula valiosa y valedera es la que apunte a otros territorios, para que el Rey Tuerto deje de inhibirse a serlo solamente en la Tierra de Ciegos.

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LOS ÁNGELES -- Están desarmados. Están indefensos. Ante las rotaciones. Y ante las improvisaciones de puestos. Y ante las convocatorias.

Desarmados, indefensos y confundidos. Así están los seleccionados mexicanos. Pero, cuidado, ciertamente, no están vencidos.

Sin líder, con la abdicación involuntaria de Rafa Márquez, la conducción del Tri, ante Panamá recaerá evidentemente en Andrés Guardado.

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Único capacitado para retocar y trastocar de un grito y un consejo lo que ocurre en la cancha, incluso por encima del entrenador, Márquez termina enclaustrado en el peor de los silencios: el abandono.

Sin esa sapiencia evidente en el campo, sin la jerarquía de orden y personalidad, sin el recorrido exuberante de Márquez, el mando queda en Guardado, evidentemente un reflejo genuino de ese péndulo dramático entre la fortaleza y la fragilidad del futbolista mexicano.

Si bien, ese examen de cacicazgo lo reprobó dramáticamente en la Copa América Centenario, los extremos en los que se ha debatido su carrera, entre pasarelas exitosas y deambulando en la calamidad de la incertidumbre, Andrés Guardado tiene este viernes ante Panamá el desafío supremo de tomar el mando del grupo.

Hasta antes del Mundial de Brasil, el hoy jugador del Betis vivía entre el desprecio absoluto. En Alemania y España. El Valencia no sabía qué hacer con él, y el Leverkusen lo dejó en el departamento de saldos.

En ese momento, Guardado habitaba en el limbo. Absolutamente. El Mundial de Brasil parecía una utopía. Arrastraba el lastre de haber dejado, junto con los otros "europeos", a México en la plancha de autopsia en el Hexagonal Final de Concacaf.

Con sólo 49 juegos en el Valencia y sólo cuatro en el Leverkusen, ya con el boleto a Brasil en la mano, Miguel Herrera lo convoca para un par de amistosos. Naufraga, pero El Piojo no pierde la fe. Lo reacomoda en la cancha.

Y después, el renacimiento. En el PSV ganó todo lo que realmente su club puede ganar, y la forma majestuosamente afectiva en la que fue arrullado y en su momento despedido, habla de la trascendencia de este jugador mexicano, al menos en la aldea holandesa.

Insisto, hoy, más allá de sus desatinos en la Copa América Centenario, desde la expulsión a la hecatombe ante Chile, esa de la cual fue marginado Márquez por motivos muy personales de Juan Carlos Osorio, no fue capaz de reaccionar ante el brutal oleaje andino que mancillaba con sádica devoción al Tri.

Este viernes, ante Panamá, es la prueba de fuego para su autoridad. No se trata de que sea otro Rafa Márquez. Eso es imposible. Esa inteligencia que Márquez desarrolló en condiciones de mando en Barcelona, de la mano de sus entrenadores, no ha estado al alcance de Guardado.

Una verdad innegable, detrás de la cual se amparan los técnicos perdedores, pero de la que sacan lustro los técnicos ganadores, es esa de que los que ganan y pierden los partidos, son, al final los futbolistas.

Por eso, hoy, retomando el primer párrafo, desarmados, indefensos, confundidos y confusos, los jugadores del Tri por esas peculiaridades de Osorio en el maneo del equipo, los jugadores tienen su propia revancha, su propia obligación, su propia responsabilidad.

En la época de Osorio, esa en la que palurdos e imberbes, se cobijan bajo las cifras del dominio del tuerto en la Tierra de Ciegos de Concacaf, sólo pueden destacarse algunos juegos: ante Uruguay, EE.UU. en Columbus, y unos minutos ante Portugal. El resto, calamitosos.

Aunque suene a reiteración encanecida y encarecida, pero la victoria sobre EE.UU. en Columbus, el rompimiento de esa jettatura ominosa y humillante, se enaltece en la voluntad de los futbolistas más que en el quehacer de Osorio, así como, puntualizamos, el 7-0 ante Chile no puede suscribirse estricta y únicamente en el patatús mental que sufrió el colombiano, sino en la absoluta estulticia táctica y competitiva de los mismos jugadores. Cuando estaban ya muertos, encima deciden suicidarse.

En medio del desdén de la afición, a la que le envuelven el kilo de tortillas con un boleto para el juego, para suplicarle que acuda al Estadio Azteca, para que no abandone a su Tri, y en medio, de ese persistente clima patibulario que azuza a Osorio, ciertamente los jugadores tienen la respuesta más importante.

Con ausencias clave, con improvisaciones nuevamente, con inventos demenciales en el acomodo de jugadores, pero, al final, son esos 11 en la cancha, bajo la voz de Guardado los que deben elegir su destino inmediato.

Sabido es que Osorio no encuentra el discurso para soliviantar a sus jugadores. Prueba de ello es que el llevaron al profeta de la bellotas, al predicador de los robles, a Imanol Ibarrondo, para que consumara una metamorfosis en la voluntad de los jugadores. No pudo o no supo, pero al final, ya ni Osorio cree en él, ni él cree en Osorio, y se dedica a arrumacos con Guillermo Cantú para conservar la chamba.

Entonces, la orden y el orden de ataque contra Panamá este viernes, comienza y termina con los jugadores, y con el que asoma como el capataz sentimental de la cuadrilla: Andrés Guardado.

Porque, recalco: están desarmados, indefensos, confundidos, pero no aniquilados.

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LOS ÁNGELES -- Es Panamá. Muy cerca de cruzar el canal hacia Rusia 2018. O al menos hacia la repesca ante Asia.

Y es El Bolillo Gómez. Todo un verraco (o berraco, ni la RAE lo sabe), en estricta definición colombiana. Y verraco/berraco en todas sus acepciones. A Juan Carlos Osorio lo conoce, tanto que ve a través de él.

Bajo ese menú y otros condimentos, a México parecería que le sirven un flan, pero puede ser, también, una bandeja paisa muy indigesta.

Juan Carlos Osorio
Imago7
Hay generosos ingredientes para la confrontación de este viernes entre el Tri de Osorio y Panamá. Por eso, puede ser este encuentro el parteaguas dramático.

¿LENGUASLARGAS...?
Insistiendo en que ni la conquista de Columbus (2-1 a EEUU) ni el holocausto en Santa Clara (7-0 ante Chile) son entera ni exclusivamente de Osorio, ni el mérito absoluto la primera ni la aberración absoluta del segundo, la apuesta es para todos.

Si aparte de vehemente, es sincera, leal y noble la locuacidad de los jugadores defendiendo a Osorio, Panamá y Costa Rica son el momento oportuno de transpirarla en la cancha y enaltecerla en el marcador. Hechos que consoliden verborrea.

Dóciles hacia las rotaciones, sumisos hacia las improvisaciones, subyugados a la asignación de funciones, los jugadores del Tri reiteran que la doctrina de Osorio los puede desconcertar, pero no, como parte de un fin común, llegar a exasperar.

Eso dicen ellos. Cierran filas y abren la boca. Llegó el momento de ponerle la huella dactilar bajo la notaría infalible de la cancha. Ahí -y en el marcador- la firma es indeleble.

SOFOCAR SUBLEVACIÓN...
Tras la tormenta de los Jinetes del Decálogo, que terminó en una lloviznita inocua, cuando los cruzados de Pachuca, OmniLife y Tigres sucumbieron en la desolación, Juan Carlos Osorio salió fortalecido, pero debilitado.

Fortalecido salió, porque dirigiendo al futbol mexicano por WhatsApp, Emilio Azcárraga Jean arrió a Decio de María a confrontar la sesión de la Comisión para Desarrollo del Futbol -que ya en su nombre es una falacia-, e informarles que eran bien recibidas sus inconformidades, sus preocupaciones, sus escalofríos nocturnos, y hasta sus bochornos, pero que Osorio seguiría.

Pero, evidentemente, Osorio quedó expuesto, porque sabe que hay una mayoría de embozados que quieren su cabeza en la siempre sedienta guillotina de la selección mexicana.

Ante Panamá, el colombiano tendrá que ser muy verraco/berraco para sortear la forma silenciosa en que ha sido sitiada y situada su continuidad.

Al final la ecuación es muy sencilla: si él se equivoca poco y sus jugadores aciertan mucho ante esta Panamá hambrienta y este ladino Bolillo Gómez, no habrá sublevación alguna que le permita a la coalición Pachuca-OmniLife-Tigres poder cercenar a Osorio, colocar al Tuca Ferretti y el próximo julio anunciar a Vicente del Bosque.

Podría agregarse otra pista en este circo itinerante de morbo. La afición mexicana ha desdeñado a su selección. Sigue idolatrando a sus embajadores europeos, pero ya ve de reojo al entrenador y parece distante del Estadio Azteca.

Como en peregrinación caritativa, la FMF llega ya a ofrecer promociones desesperadas en la venta de boletos. Más allá de los que se regalan en la compra de chicles entre los ambulantes del metro de la Ciudad de México, llegó la baratiza del dos por uno.

Las caras largas se esfumarían, y los indignados perdonarían, si el Tri es capaz de ponerle el cascabel al tigre de Bolillo Gómez, en una oportunidad poderosa, nuevamente de acercarse nuevo al menos a la repesca para el Mundial, además de levantar una estatua de Hernán Darío Gómez en la zona prominente del corredor Vía Brasil.

Por otro lado, si la selección mexicana no consuma esa superioridad mencionada, pueden irse olvidando, de desterrar el grito de "¡Eeeeeeeeeetcétera!" de la tribuna.

Panamá, con su simbólica referencia al canal, significará, cualquiera que sea el desenlace, un parteaguas para este Tri de Osorio.

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LOS ÁNGELES -- La pregunta deberá responderla el mismo Juan Carlos Osorio. Sólo él, tal vez, y sólo tal vez, tiene la respuesta.

Después del 7-0 ante Chile, el entrenador colombiano aseguró que había aprendido la lección, especialmente después de ese retiro espiritual que tuvo por una semana bajo la tutela paciente --e inútil, por lo visto-- de Marcelo Bielsa.

Sí, el Dante futbolístico llevó a su vilipendiado Virgilio en un sendero paliativo, plañidero y consolador del Infierno al Purgatorio. Fútilmente...

Si en un año de arduo trabajo, después del 7-0, Osorio, aunque lo prometió, no fue capaz de mejorar, de evolucionar tras ese resultado, ¿quién puede garantizar que sí lo hará a un año de la Copa del Mundo, a la cual, por cierto aún no clasifica?

Nadie puede garantizarlo. Especialmente en tiempos en los que la Selección Mexicana no tiene cabeza. Hoy, Osorio tiene una dictadura absoluta. Todo procede según él lo exige a Guillermo Cantú, su enlace directo con la FMF.

Tras la renuncia del director deportivo del Tri, cuando Santiago Baños eligió irse al América, la autoridad quedó acéfala. ¿Es mayor reto un club una selección casi mundialista? ¿O es su renuncia el reflejo de una situación interna que ya era incontrolable dentro de la Selección Mexicana?

Lo cierto es que hoy, en su entorno, sin Baños, y con su 'Pompi' (Luis Pompilio Páez) metido en el siguiente calvario, la Copa Oro, sin duda Juan Carlos Osorio debe sentirse perdido. Sin duda una visita a Irak o Irán le sentaría bien, para ver si se "medio orienta".

Desamparado, sin asesores, expuesto al régimen absolutista de su propio desconcierto y dudas, Osorio no encuentra cómo reasumir el control en medio de esta crisis de resultados.

Si en el lapso de un año, tras el 7-0, no encontró un antídoto a sus propias equivocaciones, es evidente que no hay ninguna garantía de que en el año que resta de aquí al Mundial de Rusia, si logra clasificar, sea capaz de aprender, sanar, entender, sobrevivir y evolucionar, para sacar una saludable experiencia del brutal tropiezo en esta Copa Confederaciones.

Bien lo citó Óscar Restrepo, decano del periodismo colombiano y un conocedor del proceso de Osorio como entrenador: "el futbol mexicano ha retrocedido 25 años", tras el saldo en el torneo intercontinental.

Tras aquel 7-0, Osorio hizo varias promesas, las cuales no ha cumplido, y que, evidentemente le muerden los tobillos de su credibilidad.

1.- "El acercamiento con Bielsa me enseñó como manejar, salir adelante y aprovechar este tipo de accidentes (7-0 con Chile)".

2.- Dijo que tendría otras perspectivas respecto a las rotaciones de jugadores, las consideraciones sobre los perfiles naturales y cambiados, y en exigir "como hombres" el rendimiento de algunos jugadores.

3.- Siempre tener un Plan B en casos de contingencia, aunque, ha demostrado que tiene más Planes B que Planes A.

4.- Además, Osorio ha mostrado una doble cara que escapa a lo que normalmente se le conocía. Primero les espeta a los miembros del cuerpo técnico de Nueva Zelanda que sus señoras madres ejercen el oficio más antigua del mundo, con un taxímetro entre las piernas. Aquella alusión a los pinnípedos: #MotherFoca

5.- Y tras ofrecer disculpas, mostrándose acongojado y compungido por ese estallido, despés contra el cuerpo arbitral del juego ante Portugal por el tercer puesto, tendría una reacción aún más grave al toquetear en dos ocasiones al juez de línea, y encima musitarle al oído, "despacito, despacito", cantaría Fonsi, y para que las cámaras no lo captaran, una retahíla mayor de insultos, que seguramente le acarrearán una suspensión en la eliminatoria de Concacaf, comenzando en el juego en el Estadio Azteca ante Panamá.

Queda pues en claro que si en un año, Osorio no mostró capacidad de mejorar, de evolucionar, de aprender, de redimirse en el control de sus propios exabruptos, muy difícilmente lo hará de aquí a la Copa del Mundo.

Un compañero colombiano en ESPN me describió de manera muy sucia, procaz, escatológica y promiscua, aunque no menos metafóricamente puntual, el estado actual de Osorio, según un dicho muy cafetero: "está más perdido que flatulencia de ofidio", obviamente con el léxico ligeramente maquillado aquí.

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