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¿Cuál es la mayor preocupación del Tri rumbo al mundial?
LOS ÁNGELES -- La pregunta deberá responderla el mismo Juan Carlos Osorio. Sólo él, tal vez, y sólo tal vez, tiene la respuesta.

Después del 7-0 ante Chile, el entrenador colombiano aseguró que había aprendido la lección, especialmente después de ese retiro espiritual que tuvo por una semana bajo la tutela paciente --e inútil, por lo visto-- de Marcelo Bielsa.

Sí, el Dante futbolístico llevó a su vilipendiado Virgilio en un sendero paliativo, plañidero y consolador del Infierno al Purgatorio. Fútilmente...

Si en un año de arduo trabajo, después del 7-0, Osorio, aunque lo prometió, no fue capaz de mejorar, de evolucionar tras ese resultado, ¿quién puede garantizar que sí lo hará a un año de la Copa del Mundo, a la cual, por cierto aún no clasifica?

Nadie puede garantizarlo. Especialmente en tiempos en los que la Selección Mexicana no tiene cabeza. Hoy, Osorio tiene una dictadura absoluta. Todo procede según él lo exige a Guillermo Cantú, su enlace directo con la FMF.

Tras la renuncia del director deportivo del Tri, cuando Santiago Baños eligió irse al América, la autoridad quedó acéfala. ¿Es mayor reto un club una selección casi mundialista? ¿O es su renuncia el reflejo de una situación interna que ya era incontrolable dentro de la Selección Mexicana?

Lo cierto es que hoy, en su entorno, sin Baños, y con su 'Pompi' (Luis Pompilio Páez) metido en el siguiente calvario, la Copa Oro, sin duda Juan Carlos Osorio debe sentirse perdido. Sin duda una visita a Irak o Irán le sentaría bien, para ver si se "medio orienta".

Desamparado, sin asesores, expuesto al régimen absolutista de su propio desconcierto y dudas, Osorio no encuentra cómo reasumir el control en medio de esta crisis de resultados.

Si en el lapso de un año, tras el 7-0, no encontró un antídoto a sus propias equivocaciones, es evidente que no hay ninguna garantía de que en el año que resta de aquí al Mundial de Rusia, si logra clasificar, sea capaz de aprender, sanar, entender, sobrevivir y evolucionar, para sacar una saludable experiencia del brutal tropiezo en esta Copa Confederaciones.

Bien lo citó Óscar Restrepo, decano del periodismo colombiano y un conocedor del proceso de Osorio como entrenador: "el futbol mexicano ha retrocedido 25 años", tras el saldo en el torneo intercontinental.

Tras aquel 7-0, Osorio hizo varias promesas, las cuales no ha cumplido, y que, evidentemente le muerden los tobillos de su credibilidad.

1.- "El acercamiento con Bielsa me enseñó como manejar, salir adelante y aprovechar este tipo de accidentes (7-0 con Chile)".

2.- Dijo que tendría otras perspectivas respecto a las rotaciones de jugadores, las consideraciones sobre los perfiles naturales y cambiados, y en exigir "como hombres" el rendimiento de algunos jugadores.

3.- Siempre tener un Plan B en casos de contingencia, aunque, ha demostrado que tiene más Planes B que Planes A.

4.- Además, Osorio ha mostrado una doble cara que escapa a lo que normalmente se le conocía. Primero les espeta a los miembros del cuerpo técnico de Nueva Zelanda que sus señoras madres ejercen el oficio más antigua del mundo, con un taxímetro entre las piernas. Aquella alusión a los pinnípedos: #MotherFoca

5.- Y tras ofrecer disculpas, mostrándose acongojado y compungido por ese estallido, despés contra el cuerpo arbitral del juego ante Portugal por el tercer puesto, tendría una reacción aún más grave al toquetear en dos ocasiones al juez de línea, y encima musitarle al oído, "despacito, despacito", cantaría Fonsi, y para que las cámaras no lo captaran, una retahíla mayor de insultos, que seguramente le acarrearán una suspensión en la eliminatoria de Concacaf, comenzando en el juego en el Estadio Azteca ante Panamá.

Queda pues en claro que si en un año, Osorio no mostró capacidad de mejorar, de evolucionar, de aprender, de redimirse en el control de sus propios exabruptos, muy difícilmente lo hará de aquí a la Copa del Mundo.

Un compañero colombiano en ESPN me describió de manera muy sucia, procaz, escatológica y promiscua, aunque no menos metafóricamente puntual, el estado actual de Osorio, según un dicho muy cafetero: "está más perdido que flatulencia de ofidio", obviamente con el léxico ligeramente maquillado aquí.

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LOS ÁNGELES -- Me faltó valor. Fui un auténtico #PechoFrío. Pensé en llamar a mi Editor e implorarle que recicláramos el Blog de hace unos días: El Tri a la imagen y semejanza de Osorio.

No me atreví. Seguro me iba a mirar como El Padrino y yo me sentaría en silencio a tratar de ordenar palabras y conceptos sobre una victoria desordenada de un equipo desordenado.

Y pensé en Arquímedes: "Dadme un punto de apoyo y moveré al mundo". Sí, dadme un punto neurálgico del México 1-0 T&T, y moveré el teclado.

¿Decir que ganó, que es líder, que está a seis puntos del Mundial, que sigue invicto? Hasta el menos espabilado y más aburrido de los aficionados al Tri lo sabe.

¿Hablar de Diego Reyes como el autor del gol, cuando sus restantes minutos fueron en realidad una lamentable exhibición como algún presidente latinoamericano enclaustrado en una biblioteca?

¿O hablar de la imposibilidad de entender que a la Panamá que hizo ver mal a México en la segunda ronda, le tundiera esta versión cromañón -futbolísticamente hablando- de T&T?

¿O descargar de los archivos las voces de Cruyff, Guardiola, Rinus Michel, de que las formas de jugar son la mejor retribución al aficionado, aunque entendiendo que en México sólo hay dos clubes que lo ofrecen: Chivas y a veces Pachuca, y que eso ha enquistado de conformismo las papilas gustativas de las otras aficiones?

¿O tratar de descifrar los estrafalarios inventos de Juan Carlos Osorio, inventando posiciones para jugadores probados o inventando jugadores para posiciones probadas, como si el acto artísticamente marrullero fuera desconcertar o despistar más a sus propios jugadores que a los adversarios?

¿O evocar las explicaciones del mismo Osorio, en el sentido de que las rotaciones pretenden "tener contenta a la familia (equipo)", permitiendo a todos jugar, para que todos se sientan parte del compromiso?

¿O empatizar y entender a los aficionados que sostienen en alto la bandera de la victoria, por más horrorosa, aburrida, sosa, y poco orgullosa que sea, tal vez, porque ya en dos procesos eliminatorios pasados tragaron amargo y ácido por el riesgo de no ir al Mundial?

¿O insistir en el descaro del cuerpo arbitral jamaiquino que roba un gol legítimo a T&T y que además perdona tarjetas y marca faltas al revés, sin saber si es una decisión desde los escritorios maquiavélicos de Justino Compeán y Sunil Gulati por salvar al Tri o por tratar de sofocar las últimas cenizas de Jack Warner?

Trinidad y Tobago llega a despertar incluso sospechas. ¿Dónde quedó la sangre casi barbárica con la que jugaba cada partido, especialmente contra México, para hoy, más allá del gol anulado, dieron una exhibición de futbol bobalicón y asustadizo?

Y de repente, en el momento de las explicaciones, de las declaraciones, aparecen argumentos como que "mi equipo me gustó" y "los jugadores hicieron todo lo que planeamos", entre otra larga hilera de lugares comunes.

Entiendo el miedo. Entiendo el pánico. Entiendo la herida abierta. Entiendo que el 7-0 sigue siendo el principal táctico de la selección mexicana. La fobia hacia la eventualidad de otro siniestro igual, ha tomado la batuta del Tri.

En términos campiranos, se dice que "el que con leche se quema hasta al requesón le sopla". Hoy, tras los juegos ante Panamá, Costa Rica y T&T, queda claro que en la banca del Tri le soplan hasta a la nieve de yogurt...

Octavio Paz escribió que "el mexicano teme más a la victoria que a la derrota". De vivir, y de interesarle, un poquito al menos, esa exacerbada pasión nacional por el futbol, diría que el mexicano (y su técnico colombiano) le teme más a otro convulsivo y compulsivo 7-0 que a la victoria.

Al final, que ese aficionado mexicano, ese festivo de hoy, con todos sus conformismos y temores, que celebre como se le pegue la gana, que viva su carnaval concakafquiano del Hexagonal, pero, que al menos por un segundo, se atreva a decir si ve o no a esta selección mexicana capaz de llegar a ese quinto partido... y más allá.

Lo sostengo pues: es evidente que al Tri de Osorio lo dirige el fantasma del 7-0.

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LOS ÁNGELES -- Los números no mienten. Los hacen mentir quienes quieren escribir cuentos de hadas con ellos. El maquillaje de la mujer barbuda.

Pero, entonces, las estadísticas son como La Cenicienta: a la medianoche de la gran verdad, dejan vestidos en harapos, y descalzos, a los que se visten de ajeno. Y la desnudez es un oprobio.

La historia la escriben las proezas en el genuino campo de batalla. Y no en las kermeses populacheras, entre saltimbanquis y globos.

Y Jared Borgetti hizo 36 de sus 46 goles en tiempos de guerra de la selección mexicana, no entre floristas y algodones de azúcar, como Javier Hernández, con 24 de sus tantos en partidos ficticios de guateques. Uno es héroe de batallas, el otro, rey de los carnavales de SUM.

Y no es lo mismo anotar para conquistar, que anotar para pervivir. Lo primero es oficio de colonizadores, lo segundo es consigna de burgueses.

Insistíamos este lunes en Raza Deportiva de ESPNDeportes que darle legitimidad a esta carrera parejera entre Jared Borgetti y Javier Hernández, debe ejecutarse en escenarios genuinos de competencia.

Entonces, partamos, como caligulescos contemplativos de sacrificios ajenos de genuinos espartanos, de la competencia directa entre ambos, para que Chicharito alcance la cifra de los 36 goles en juegos oficiales de Borgetti y partiendo de la cifra de 22, que certifica ESPNFC, en confrontaciones sancionadas por FIFA.

Imago7/Mexsport
Indudablemente Javier Hernández es un goleador con virtudes innegables, entre ellas la capacidad de la accidentalidad de sus anotaciones, por eso, en este espacio hemos hecho referencia a su prodigiosa sapiencia para el trompicón, como el Chaplin del Gol.

Prácticamente, a la edad en que Jared asomaba como titular del Tri, es la misma en que ya Chicharito lo alcanza en la suma de los goles totales: los de Museo y los de bisutería, y eso abre una formidable oportunidad para el acunado y acuñado en Chivas, de seguir en ese desafío consistente.

Irrefutablemente, cuando Javier Hernández alcance y/o supere a Borgetti, de la rancia y alguna vez muy prolífica incubadora rojinegra, entonces, y sólo entonces, se podrá hacer de manera congruente el desfile mediáticamente mitómano, que en este momento se lleva a cabo.

Para fortuna de Hernández, este mismo año tendrá encuentros oficiales en la Copa Confederaciones, y aunque no estará este martes ante Trinidad y Tobago, le vienen aún seis más del Hexagonal: dos en junio, dos en septiembre y dos en octubre.

Y claro, el próximo año, el majestuoso escenario de la Copa del Mundo con un mínimo de tres encuentros, aunque ya en el exitismo precipitado de Juan Carlos Osorio y sus directivos, el Tri aspira al quinto partido... y más allá.

Así, con al menos seis años más opcionales en la selección mexicana, Javier Hernández tendrá la oportunidad de taparle la boca a los melindrosos que queremos distinguir entre los campos incendiarios de los juegos oficiales y las verbenas ocasionales de SUM.

Ahora, si después de ese lapso, no lo consigue, podríamos invitar a las exequias futbolísticas de Chicharito en el Tri a la señora Camila Sodi, para que le reinterprete aquello de "te quedó grande la yegua...".

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LOS ÁNGELES -- Pep Guardiola cita a Johan Cruyff quien sostenía que el equipo debía ser reflejo de su entrenador. México ya lo es: espeso, confuso, confundido, soso, pragmático, aburrido, conformista... pero, eso sí, cumpliendo la meta de ir camino al Mundial.

2-0 sobre Costa Rica. Javier Hernández alcanza a Jared Borgetti en la lista de goleadores, mientras Néstor Araujo hace el gol 400 en los Hexagonales de Concacaf (dato de Mr. Chip). Tres puntos, líder de la zona y 80 minutos de sopor.

Los Ticos están lejos de la versión de Jorge Luis Pinto. Domesticados emocionalmente, sin la belicosidad que le daba el técnico colombiano, ni la confianza en que la victoria era posible.

En la doctrina cínica de la decepción, estuvieron a la altura del desencanto un México que presentaba ausencias importantes, y una Costa Rica que sigue evidenciado calidad de futbol, pero no esa intrepidez moral y espiritual.

Así, más allá de los dos goles, en los cuales puede involucrarse la lentitud de Keylor Navas, con todo y el arropo madridista que evidente lo enorgullece, la diversión debieron ponerla en la tribuna, intentando organizar sus mosaicos, o arrullándose, más que excitándose, con el Cielito Lindo.

Destacando Carlos Vela en los pocos momentos de futbol, Guillermo Ochoa fue determinante con tres atajadas en el primer tiempo que impidieron un marcador que hiciera más denso el descolorido rendimiento del Tri.

Más allá de que Héctor Moreno mereció una roja por falta sobre Venegas, el ridículo absoluto se lo llevó Juergen Damm, tres jugadas de penetración, de manifestación de esa velocidad que tiene, pero su elección en la última jugada, es lamentable. Damm corre como teléfono inteligente... pero razona como teléfono de monedas.

Pocas conclusiones tiene México al final del 2-0, y muchas penitencias aguardan a Costa Rica, aunque, evidentemente, poco debe preocuparse ante el nivel de esta eliminatoria, el más bajo de los últimos tres Hexagonales.

Para quienes se conforman con las cifras, México domina de manera invicta esta fase eliminatoria, pero, seguramente, con el plantel que se tiene, sí debe exigirse otro nivel de futbol en la cancha, otro nivel de compromiso, y por encima de todo, no demostrar que se puede ir al Mundial, sino que se puede mejorar las historias patéticamente repetidas de desilusiones.

¿O acaso la legión de conformes y conformistas creen que con lo mostrado hasta el momento, esta selección mexicana, con su realidad actual, puede aspirar a más, a mucho más, dentro de una Copa del Mundo?

A esos, a ellos, a esos hijos bastardos por el matrimonio feliz de Doña Pusilanimidad y Don Timorato, les dejo una frase de Bernard Le Bouvier de Fontenelle: "Cuando las cosas no quieren conformarse con nosotros, nosotros debemos conformarnos con ellas".

Y, lo sabemos, el conformismo es la forma más prolongada de agonía.

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LOS ÁNGELES -- Pura vida, eso espera Juan Carlos Osorio al enfrentar a Costa Rica este viernes en el Estadio Azteca.

Precipitadamente, Osorio incubó ilusiones en la afición mexicana, que aún siente resquemor por los Aztecazos.

En charla con José Ramón Fernández, Osorio asegura que "jugador por jugador", de club a club, y "de Liga a Liga", México es superior al futbol de Costa Rica.

Difícil rebatirle. Innecesario cuestionarle. Ocioso desmentirlo. México es favorito sobre Costa Rica además con el amparo del Estadio Azteca.

Pero Osorio olvidó uno de los principios que tanto defiende: "Los partidos hay que jugarlos". Y en efecto, porque desde ese primor soberbio y altanero del autoengaño, lo cierto es que el futbol mexicano ha desfallecido hasta el estado catatónico en las dos eliminatorias anteriores.

Sufrió en la ruta a Sudáfrica 2010, hasta casi rozar la eliminación, y para Brasil 2014 debió ir a la repesca ante Nueva Zelanda, principalmente por un acto de generosidad de EE.UU. al quitarle ese privilegio a Panamá en su propia casa.

Entonces, los antecedentes no pueden ser usados cínicamente cuando convienen, para, después ser desdeñados, cínicamente, cuando no nos convienen.

La historia reciente en eliminatorias debe despertar zozobra y cautela. Y la historia reciente de Costa Rica también debe provocar respeto y prudencia.

Los ticos llegaron a instancias deseadas por el futbol mexicano antes que éste. Llegaron a semifinales de la Copa Mundial de Clubes con el Saprissa, mientras los equipos mexicanos seguía y siguen, como los leprosos del banquete.

Además, su impresionante irrupción en la Copa del Mundo de Brasil, con un protagonismo absoluto, rebasando los estándares de la zona tercermundista de Concacaf, reclama que se le contemple con deferencia y aclamación.

Renegar de la historia, es exponerse a repetir esos mismos errores. La desgracia de la reincidencia es un pecado de arrogancia. Y Costa Rica se ha empeñado en enviar notificaciones constantes al Tri.

Incluso, en la Copa Oro anterior, la eliminación de Costa Rica, y después de Panamá, a manos de México, ocurrió como efecto de una balandronada arbitral para escoltar de manera aviesa, a que el Tri de Miguel Herrera ganara el otro medio boleto para jugar la repesca a la Copa Confederaciones de Rusia.

Y, lo cierto, es que ya entonces, ya por la época del primer Aztecazo, hasta las referencias recientes, las palabras de Osorio respaldaban el regocijo prepotente de la generalidad de los mexicanos, porque ya entonces, la Liga, los clubes y de jugador a jugador, México era superior, pero, entonces como ahora, el juez supremo, al final, es la cancha de futbol...

Tras el desborde emocionado de Osorio sobre la superioridad de México, enseguida, el técnico colombiano sacó el paragua: "Caminando no (pasará al Mundial de Rusia)", subrayando que será complicada la batalla.

Partiendo del principio de Osorio, si fuera por medir el poderío de Liga a Liga, Inglaterra dejaría de ser el hazmerreír de los Mundiales, y si fuera de hombre por hombre, Argentina y Brasil llevarían el privilegio, y si fuera de club a club, España montaría su señoría, y si fuera de afición por afición, China o la India, por número, se apoderarían de la Copa FIFA.

Lo único cierto, irrefutable e incuestionable, es que México sólo necesita la devoción, la pasión, la entereza, la adrenalina, la testosterona y la rabia de cada uno de los jugadores, con la que enfrentaron a Estados Unidos en Columbus.

Con eso, con, sin y a pesar de Osorio, México, genuinamente, estaría en la Copa del Mundo... caminando.

Pero, los hombres que sometieron a EE.UU. a veces dejan la piel de guerrero en la casa del burgués, y salen a la cancha con epidermis de porcelana...

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