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En América confían en repetir la dosis a Cruz Azul en Copa
LOS ÁNGELES -- La Copa Mx es como la suegra: indeseada pero inevitable. Hoy, se ha convertido --la Copa Mx, no la suegra--, en un Purgatorio indispensable.

Por ejemplo, Chivas espera expiar ahí todos sus pecados capitales -con la Copa Mx, no con la suegra--, perpetrados en la Liga MX.

Y este martes será la alcahueta --la Copa Mx, no la suegra--, para dos equipos: uno que se creyó demasiado grande y otro que se confiesa demasiado pequeño: América y Cruz Azul, respectivamente.

América vio Necaxa en la cartelera y puso a sus dos más letales estoques en sus fundas: Oribe Peralta y Darwin Quintero. El Nido se sintió demasiado grande para un equipo que comenzó siendo los Electricistas, para después pasar a Rayos y que hoy vive en constante corto circuito.

Cruz Azul, en tanto, por boca de su mejor enemigo, Paco Jémez, fue declarado demasiado pequeño para poder vencer a Lobos BUAP. Lo único grande de La Máquina, aparentemente, es la bocaza de su técnico.

Así, unas Águilas con espíritu de matasiete decadente, humilladas por Necaxa, encaran en el Purgatorio emergente de la Copa Mx, al pigmeo confeso y resignado, según Jémez que es el nuevo código de barras de La Máquina.

La ecuación es interesante, aparentemente. Uno con complejo de superioridad, tratando de darse un baño de humildad. Y el otro con un complejo de inferioridad que pretende rescatar un poco de la dignidad pisoteada por su propio entrenador.

Hasta la entrega de este texto, nadie en Cruz Azul había levantado públicamente la voz ante el genocidio espiritual cometido por el español contra los cementeros. Ni los supuestos líderes como Chaco Giménez o Jesús Corona.

El silencio es cómplice. El silencio es aceptación. Al interior de La Noria, queda claro, asumen que no son un equipo grande.

O, a menos, que los jugadores armen, como ha pasado, pasa y pasará en cualquier equipo, su propia sublevación silenciosa contra las vociferadas bravatas de su técnico y para sacudirse el estiércol que escupió Jémez sobre su dignidad de futbolistas.

¿Querrán los jugadores de Cruz Azul darle un seco bofetón a su técnico de discurso derrotista? Pregunto si querrán, porque pueden y porque deben hacerlo.

Por el otro lado, Miguel Herrera reconoció su equivocación: "Entendí que hay futbolistas que deben jugar siempre".

Peralta y Darwin son la mejor pareja de ataque en México, aunque habrá quien sugiera las sociedades de ataque de Monterrey o Tigres. Y pensar que no eran necesarios ante Necaxa, fue un pecado de soberbia de El Piojo.

Entonces, expuestos, exhibidos, los jugadores del América, y los mismos Oribe y Darwin, contemplan la revancha magnífica de tundirle a un adversario al que ya le pasaron por encima hace unos días, y que por el lastre, la carga, la losa que lleva en el lomo, se volverá un rival complicado.

Más allá de la supervivencia --de la Copa Mx, no de la suegra--, y poder aspirar a instancias importantes en este torneo, América pretende restañar heridas.

En tanto, para Cruz Azul, si los jugadores se lo proponen, podría significar que ellos mismos se hagan cargo de su destino por encima de las miserables expectativas que sobre ellos tiene su entrenador.

Gana más partidos la humildad de los jugadores que la soberbia de los entrenadores.

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LOS ÁNGELES -- "Egos", dijo, mirándose de perfil al espejo, José Luis Higuera (alias: El Pelagatos 2.0 de Vergara, según Ricardo Peláez), para justificar la vocación menesterosa del fiambre Chivas en este torneo.

"Soberbia", debió flagelarse Miguel Herrera en un "mea culpa" de cínica sinceridad y autenticidad, luego de que los desechos del futbol mexicano vestidos de Necaxa, le sometieron en el mismísimo Nido: 1-0.

"No somos grandes", dijo el liliputense Paco Jémez mientras chillaban sus alpargatas empapadas con el zumo del almizcle del miedo, en tanto le arriman los cerillos para incendiar el pastel con las 20 velas --o cirios--, en otro aniversario de la anemia de títulos de Cruz Azul.

Queda claro: cada tragedia tiene su Nerón.

Mientras el aún soberano Chivas se arma chiquiadores y fomentos, con las regalías caducas de esos recortes del confeti mediático de su gloria más efímera que breve --que se entienda--, para cobijarse y sanarse en la pocilga del sótano de la Liga MX, Higuera ve la paja en el ojo ajeno, mientras aplica rimmel jactancioso en la viga clavada en el suyo.

"Egos", dice Higuera (alias: El Pelagatos 2.0 de Vergara, según Ricardo Peláez), y marca con una letra escarlata a los que, evidentemente, señala como prostitutas en pantaloncillos cortos... y uno que otro con corbata también.

Afanoso en escurrirse de la quema con leña verde, el milusos de Chivas (vende pociones y jugadores en paquete; compra bultos, cajas y uno que otro Caixinha a precios exorbitantes) elige el canto de las sirenas abandonadas: conjuga el verbo ser en la delicia fugitiva del subjuntivo del pretérito pluscuamperfecto: "hubiéramos sido".

Pero Chivas ya no es. Y sus jugadores confesaron públicamente en 65 minutos ante el América que cambiaron el sudor legítimo del torneo anterior, por los aceites del placer, tal vez, con La Chofis como el Dante por ese paraíso hedonista.

Bien dice el proverbio: "Los hombres grandes sobreviven a una gran derrota; los hombres pequeños no sobreviven a una gran victoria".

¿Cuál de ellos es Chivas? El Clausura 2018 develará el misterio, pero, mientras tanto...

Y, en otra página discordante del futbol mexicano, a esa moralla futbolística del futbol mexicano, Nacho Ambriz la convierte en un billete completo, cierto de un banco de pocos fondos e ilusiones, como el Necaxa.

"Soberbia", debió ser el latigazo que debió asestarse en el lomo Miguel Herrera en la conferencia de prensa tras la derrota ante estos rojiblancos en extinción, por un América petulante, que se quedó en el diván tras vencer a otros rojiblancos, que se se extinguen como monarcas, Chivas.

Soberbia absoluta: del mismo Herrera por prescindir de Oribe Peralta y Darwin Quintero, mandando el mensaje del mínimo esfuerzo a sus oligarcas, para enfrentar a un Necaxa cuyo pasado glorioso cabe momificado en un USB de llavero.

Y si el técnico vio un interescuadras en puerta, para después enfrentar a Cruz Azul por la Copa Mx, sus dirigidos hicieron lo mismo.

Sorprende Luis Pérez, quien sale del barrio con un remate alegórico de palomita: 1-0. América no lo cree, y Necaxa, apenas se lo cree. Herrera cita a sus musas: Oribe y Darwin. ¡Carajo, que el barco de la soberbia hace agua!

Pero esta vez, enfrente, esta Barovero... y no Cota. De manos serias, sin afanes de malabarista, el arquero hidrocálido ataja todo, mientras Marchesín también bufa, porque Necaxa quiere poner un moño de 2-0 a su noche de hombría.

Nacho Ambriz pasa a cobrar factura. Los maltratos en El Nido, le dieron un abono moral. América rumia ante Necaxa, después de bramar ante Chivas. Las rotaciones están malditas, Miguel Herrera.

Y en este Circo de tres pistas, uno de los grandes es transfigurado en enano, por decisión propia. Chopin y su marcha fúnebre han sido anfitriones de los sepelios de las promesas de Cruz Azul por 20 años.

Generoso, comprometido, disciplinado, Lobos BUAP se harta y escupe los huesitos con osteoporosis del Cruz Azul. 3-0 y debieron ser más. Rafa Puente ha hecho de perros de trineo, una jauría insaciable.

Paco Jémez baja a Cruz Azul del pedestal: "No es un equipo grande". El mausoleo espiritual y celeste de Don Guillermo Álvarez Macías debió cimbrarse, porque él, lo hizo un coloso.

Pero el alopécico y bilioso técnico español tiene razón: con él, Cruz Azul sigue dejando de ser grande. Un problema de lingüística. Sin él, y de nuevo en el subjuntivo del pretérito pluscuamperfecto, "hubiera sido" mejor.

Sin duda Jémez ya tiene empacado el vinillo y el jamón serrano, para regresar a España. Aunque hay algunos que todavía, con ese complejo de conquistados y esclavizados, llaman a España, la Madre Patria, lo cierto es que el técnico está urgido de irse a "un sitio, oscurito" en su terruño.

Problemático el estigma de Jémez cuando el equipo ve tambalearse su clasificación. ¿Cuántos jugadores en verdad respetan a Cruz Azul y cuántos ven sólo su mejor ubre mercenaria? Forajidos, pues.

¿Habrá alguien al interior de Cruz Azul capaz de alzar la voz contra el propio técnico? ¿Corona? ¿Chaco? Oh, cierto, en La Máquina no hay un hijo legítimo de la matriz cruzazulina. Es un plantel de bastardos en un orfanato para Kardashians.

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LOS ÁNGELES -- ¡Fuera de Chivas, Matías Almeyda! Que ni siquiera se entretenga en ponerle el deshonroso moño negro al engorroso y humillante torneo, y que ni siga adelante en la Copa MX.

Fuera. Largo. Vuelo directo al gallinero de River Plate.

Súbitamente, tras el tropiezo en el Clásico ante el América, las redes sociales se convirtieron en un voraz patíbulo y Matías Almeyda era llevado al cadalso, no sólo por algunos ¿comunicadores?, sino también por algunos aficionados amnésicos.

Que ruede la cabeza sobre un pantano de sangre, eso quieren. Tienen razón. Que se largue. Pero ya.

Después de todo, ¿qué hizo Matías Almeyda por el Guadalajara...?

1. EN EL HOYO...

Digo, es cierto: Chivas agonizaba y el 'Chepo' de la Torre había contagiado de pánico e inseguridad a su propio vestuario, y 'El Pelado' se sumergió en un clima hostil, totalmente agreste, a una labor de supervivencia compartida. Pacto suicida.

A 'Chepo' se le agotó el discurso, y hasta a su libro de cabecera con las frases más perronas de Einstein, se lo había tragado la teoría de la relatividad sobre el descenso.

Almeyda había llegado con misterio, con engaños, con mentiras, con su cuerpo técnico, con 27 maletas, pero nomás para ver si en Tepic con Coras había chamba, y diciendo que no sabía ni siquiera que su primera entrevista con el Rebaño con Néstor, casual, curiosa y circunstancialmente, era el hermano del técnico en gestiones.

Con los medios en contra, por la farsa montada por Chivas para contratarlo, y con el tibio antecedente como clímax de su curriculum de llevar a River Plate al título... de la división de ascenso en Argentina, Almeyda hizo la tarea... y un poco más. Sobrevivió Chivas y sobrevivió él.

Salvó al Guadalajara y le lavó la cara. No se arrastró el Rebaño penosamente sobre sus vestigios de dignidad para resucitar, sino que lo hizo de manera saludable.

2. A LO CHIVAS...

¿Qué se vaya Almeyda pero ya? Claro, después de todo, en México, y en la órbita de sus directivos abundan entrenadores que puedan mantener ese estilo de juego a un Guadalajara, que, insisto, muy a título personal, tiene el privilegio, la ventaja, la bendición de jugar sólo con mexicanos.

Estas Chivas de Almeyda dejaron un sello muy claro: hacían el mejor futbol en el torneo mexicano. Lo más cercano fueron algunos momentos del Pachuca de Diego Alonso, o, dentro de sus alcances, estos Lobos BUAP de Rafa Puente. ¿Alguno otro?

Velocidad, rabia, compromiso, dinámica, posesión, atrevimiento, orden táctico, entrega plena, además de un mapa muy claro de juego, mostraron a un Chivas realmente suculento, más allá de que estuvo pecando de inmadurez, de inconsistencia y de la falta de una banca sólida.

Pero, en este futbol mexicano ¿cuántos equipos reembolsan en la cancha no sólo el precio del boleto, sino las expectativas de la afición?

Pero, bueno, ya algo parecido, sólo parecido, se lo dieron a Chivas el 'Yayo' de la Torre, el 'Chepo' en su primera etapa, y Hans Westerhoff, entonces, ¿qué mérito tiene? Sí, que lo trepen en un avión rumbo a Argentina.

3. PERSONALIDAD...

Hay que recordar que en conferencias de prensa, Almeyda se quejó de que "este equipo sólo puede jugar con mexicanos", como un lamento desesperado.

Incluso en Argentina habló de que "debía trabajar el triple", y hasta "pensar tres veces", porque trabaja sólo con mexicanos. Doble tache.

Más allá de esas lamentables deliberaciones, lo cierto es que se ha atrevido, como ningún otro entrenador de la época de Jorge Vergara, a respaldar a jugadores de la cantera, a veces con aciertos (Michael Pérez, 'Chapito' Sánchez, 'Chelo' Zaldívar, Carlos Cisneros), y a veces de manera estoica, terca e inútil, como con 'La Chofis' López, un futbolista con notables facultades, pero más adicto a los placeres mundanos y carnales que a la gloria maravillosa del futbol.

Y por ahí vienen Godínez, Márquez, Macías, Benítez, además de los que incorpore para el siguiente torneo.

Más allá del cobijo fallido a 'La Chofis', que parece llevar en ese apodo de vecindad su destino, Almeyda ha tenido influencia positiva en jugadores. Zaldívar, Cisneros, Pérez, han terminado por seguir su consejo en invertir sus salarios en bienes raíces, en lugar de autos suntuosos, extravagancias y caprichos de su juventud.

Pero, eso, ¿a quién le importa? Que echen a Almeyda. Al fin y al cabo siempre habrá manera de hacer contrataciones espectacularmente estrambóticas y fracasadas como las de Reyna, De Nigris, Castro y tantos otros que llegaron sólo a recoger su generoso fondo de retiro.

Y claro que pululan por ahí otros entrenadores como los que han engatusado a Jorge Vergara, desde un Raúl Arias, hasta los espejismos de Paco Ramírez, Bustos, Ambriz, Vant Schip, entre otros. De esos, hay una larga lista.

Ya, puntualmente, ciertamente enterarse de que numerosos aficionados de Chivas y algunos ¿comunicadores? sentencian a Almeyda por el desenlace del Clásico, equivale a que deplorablemente traten de minimizar todos los detalles enumerados.

Sí, hay equivocaciones. Se le dio el poder total a Almeyda, cuando debería tener un director deportivo a su lado, que le cuestione con argumentos genuinos. Que sea su fiscal, pero también su abogado. Ninguna dictadura puede ser eficiente.

Y se ha equivocado al irrumpir en decisiones médicas. Almeyda no puede decidir si un jugador debe o no ser operado. Detuvo intervenciones de jugadores que al final tuvieron que darse, y los casos más claros son los de Zaldívar y Cisneros.

Si bien el promotor de Matías Almeyda, un sabueso para olisquear oportunidades, ha querido colocarlo en España, Italia, ofrecerlo hasta para dirigir al Tri y hasta susurrar su voz para hacerse cargo de Argentina, la realidad es que esa labor de Santiago Hirsig a veces ayuda poco a su representado. Meterle ideas vaporosas en la cabeza a un técnico hipersensible a esas circunstancias es contraproducente.

Por ejemplo, este jueves en Raza Deportiva, pudimos confirmar que Matías Almeyda sí está entre los cuatro candidatos para dirigir a la selección chilena.

Y Almeyda sabe que la baraja es amplia, aunque sabe, también, que ninguna de las supuestas ofertas puede alcanzar a cubrir su nuevo salario con Chivas.(( Más allá de que se confirma el descontento de Almeyda, al grado de hacer sentir que si no llegan refuerzos (Elías Hernández) pensaría en dar un paso al costado en junio de 2018, hoy, queda claro, debe confrontar desde ya un trabajo de reconstrucción absoluta.

Y claro, es inevitable señalar a otros responsables semiagzapados: los mismos jugadores.

La afición de Chivas bien puede llamar a cuentas a sus figuritas. Que respondan puntualmente: ¿porqué sólo ante el América encontraron ese nivel altísimo de rendimiento, casi de perfección absoluta, hasta antes del error de Rodolfo Cota, y en los anteriores juegos no?

Ese es un obligado acto de conciencia de cada jugador de Chivas. Ellos mismos quedaron expuestos. Ellos mismos quedaron exhibidos que en los anteriores partidos nunca quisieron, así, nunca quisieron, tener ese rendimiento como ante El Nido, al grado que nadie extrañó a Rodolfo Pizarro.

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LOS ÁNGELES -- Chivas tuvo derecho a soñar y a hacer soñar. Durante el primer tiempo, durante una fracción del segundo, con el 1-0, con el dominio sobre el América. Y de ahí, del ensueño, a la pesadilla. Brutalmente.

Hasta que Rodolfo Cota rebotó un disparo frontal, potente, pero directo al cuerpo, de esos que, dicen los arqueros, los aprietas contra el pecho, como si fuera tu primer balón de futbol. Pero Cota lo escupió, lo entregó, y Oribe Peralta, depredador de colmillo largo y corta clemencia. Y de ese 1-1, el mundo se vino sobre Chivas.

El saldo es despiadado: derrota en el Clásico, confirmación, por si hacía falta, de su derrocamiento, como el monarca más breve del futbol mexicano, y encima, de regreso a la enfermería Carlos Salcido y Alan Pulido, donde ya los espera el Chapito Sánchez.

El Rey del Clausura 2017 reinó en un nosocomio: donde curaba las heridas de sus resultados y las dolencias de sus lesionados. Y el América lo envía a terapia intensiva.

El 1-1 desestabilizó totalmente a Chivas. No sólo por el empate en sí, sino, seguramente, porque el traspiés de Rodolfo Cota los colocaba en una situación de fragilidad inesperada, porque, irónica, injusta, desgarradoramente, era el único que no podía equivocarse en una jornada perfecta para los otros diez en la cancha.

Porque Chivas había jugado, hasta antes de ese 1-1, aún con el ingreso de Cecilio por el América, en una línea de cero tolerancia, de casi perfección.

Y con el 2-1, con el agregado dramático de las lesiones, Chivas, en sus intentos de reacción, encontró a un América perfectamente acomodado, en ese recurso tan sofisticadamente pulido por Miguel Herrera, para defender una ventaja enclenque, anémica, que lo ponía nervioso.

Y como aves de rapiña, las Águilas vivieron, tras el 1-1, sus mejores momentos, hasta que con la entrada de Orrantia, El Piojo se decidió a cerrar el partido, Ahorcó la mula de seises, y con la pelota en sus pies, el Guadalajara ya no encontraría rutas, menos aún cuando caía en precipitación, y casi de resignación en la entrega de la pelota.

Para desgracia del Rebaño, el americanismo aún bailoteaba en la tribuna, en ese ritual exuberante del festejo, cuando cayó el segundo con disparo cruzado a Renato Ibarra, con toda la estructura defensiva de Chivas totalmente desordenada.

Y entonces, Miguel Herrera se dio unos minutos de tolerancia. Permitió que sus jugadores aprovecharan el total desconcierto del rival, que lo habían enredado demencialmente en el manejo de la pelota, hasta que se dio cuenta, que no debía correr más riesgos, en medio de la angustia de un último tiro de esquina en el que Chivas sumó al área rival a Rodolfo Cota.

Así pues, un saldo absolutamente rojo para Chivas, que ahora, como un consuelo muy amargo, muy magro, muy endeble, lastimoso casi, se dedica a reconquistar la Copa MX.

El derrocamiento y el desbarrancamiento del rey efímero, de este rey de breve mandato, se hace más amargo, porque al terminar de rodar cuesta abajo, todas las galas de la realeza, terminaran en los andrajos de un menesteroso.

Ese mismo día en que Chivas se coronó, ese mismo día, sin saberlo, empezó a abdicar. Las coronas se llevan mejor con una cabeza llena de humildad que con una cabeza llena de soberbia...

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LOS ÁNGELES -- Primero, el escenario: América pasea pomadoso y de frac como escolta del líder Monterrey. Pipa y guante.

Y 14 puntos y 14 escalones debajo de El Nido, Chivas zurce los andrajos de la que alguna vez fue su gala como campeón de muy breve, de brevísimo reinado.

Vaya, tardó más el Guadalajara en coronarse que en abdicar. O en ser echado de un trono que evidentemente le quedó grande, no para poseerlo, sino para retenerlo.

Ahora, con el Clásico de Clásicos desplegando fanfarrias desde Coapa y repicando recelos desde Verde Valle, explicamos ese enigma de "¡ese, mi campeoncito de papel...!".

La frase la escupió con menosprecio una dama. Una rubia platino, de esas con el estío en la cabellera, y colgándole al cuello, hasta la inquietante llanura en el infinito escote, esa orfebrería de trigo hecho oro, según relataba el alguna vez campeón mundial mexicano y aficionado a Chivas, José Becerra.

"Parecía Marilyn Monroe", relataba el peleador, con un destello de lascivia en la mirada. Por entonces, Becerra era idolatrado después de grandes combates y victorias sobre el argelino Alphonse Halimi.

Y la recordaba con detalle, porque esa noche del 24 de octubre de 1959, José Becerra la pasaba mal en la arena tapatía ante Walter Ingram, estadounidense de West Virginia, de 24 años y sólo 134 asaltos en su cuenta. Sí: gavilán y paloma.

Pero Ingram sorprendía. José Becerra sentía lo duro y lo tupido. Pero, en ese momento, apareció la odalisca del pecado, entornando los ojos, detrás del azabache aleteo postizo de sus pestañas. Se cruzaron las miradas.

"¡Ese, mi campeoncito de papel!", le gritó aquella Afrodita, y después le soltó azufroso desprecio en una bocanada de humo. Pero, recuerda Becerra, la rubia platino se lo dijo silabeando, con ese acento de tugurio capitalino. Algo así como "e-se-mi-cam-peon-ci-to-de-pa-peeeeel...".

"Me cegué, me perdí. Me llené de rabia y me fui encima de él (Walter Ingram), ya no veía ninguna rubia, sino todo rojo, todo negro", reseñaba José Becerra.

Ingram se desplomó en su esquina. El réferi entró en histeria. Ingram no reaccionaba. No reaccionaría. Ingram agonizaba. Moriría dos días después en el Hospital Civil de Guadalajara. Becerra, católico, muy religioso, consideró el retiro. Nunca volvió a ser el mismo.

"¡Ese, mi campeoncito de papel...!". O más apegado a la memoria de Becerra: "e-se-mi-cam-peon-ci-to-de-pa-peeeeel...".

Regresemos a la Jornada 10. Clásico Nacional en lista de espera. América mira hacia arriba: Monterrey. Chivas mira hacia el fondo: el sótano está un escalón debajo, a un tropiezo...

Cualquiera apostaría por el América, especialmente tras descarrilar a La Máquina de Paco Jémez, con pocos sobresaltos. Cualquiera apostaría, siempre, porque hay 14 puntos de autoridad y 14 escalones de distancia. Cualquiera...

Pero, la única certeza que ampara a cada edición de un Clásico Nacional es que, a veces, los desfavorecidos y sentenciados, salen de sus tumbas, y se atreven como estertor de supervivencia, a darle un sopapo a la lógica, al sentido común y al magnífico favorito.

Hoy, desvencijado, eliminado, desahuciado, pero Chivas ciñe, tal vez apócrifamente, la corona de campeón. Sabe, el Guadalajara, sus jugadores, su cuerpo técnico, que pueden salvar su campaña, a pesar de ir contra un América cada vez más sólido, cada vez más compacto, cada vez más favorito y cada vez arrogante, consciente de su poderío.

La historia del deporte llena anaqueles maravillosos de casos así, como el de José Becerra.

A Chivas sólo le falta ese maniquí de cabello falso y joyas legítimas -tal vez--, que le susurre al oído, a cada uno de sus jugadores, con esa misma inquina que a Becerra: "e-se-mi-cam-peon-ci-to-de-pa-peeeeel...".

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LOS ÁNGELES -- Por momentos fue rival. Por momentos fue comparsa. Terminó siendo víctima. Pero, Cruz Azul se meneó con la cadencia que le impuso el América.

El marcador (1-3) refleja la diferencia, pero no las distancias. América especuló con las ansias del despecho cruzazulino. Con mano de jinete fino, le jalaba la rienda, o le soltaba la rienda al galope desesperado... y La Máquina reparaba, pero no respondía.

Cierto: los primeros soponcios fueron de Marchesín. En ambas acciones intervino Chaco Giménez, en una de ellas, con doble verónica sobre Edson Álvarez. La primera se pierde por un fuera de lugar de Méndez, y la segunda porque Martín Rodríguez mandó el balón a don él no irá, allá, por Siberia.

Después, los dos momificados por Ricardo LaVolpe, resucitados por Miguel Herrera, Chino Romero y Darwin Quintero, pusieron una distancia de 0-2 que permitió al América juguetear con La Máquina, impulsiva, respondona, obsesiva, pero sin ese jugador de instinto mercenario. Pero aún cuando sale Mena y entra Cauteruccio.

Romero sirvió de heraldo en ambos goles. Primero es cortés con Darwin Quintero, y después le entrega el citatorio a Oribe Peralta. El 0-2 dejó impávidos a los celestes. Paco Jémez se metía las manos en el bolsillo. Su mejor pólvora la había quemado en el infiernillo del primer tiempo.

Y Cruz Azul fue siempre generoso. En esfuerzo y en intenciones. Quiso hacer respetar su casa, esa casa ruinosa que abandonará pronto, y en la que la tribuna celeste mantenía la esperanza vigorosa desde la tribuna.

Pero la regla de tres obsoleta de la posesión de balón no daba frutos. Cruz Azul tenía la potestad del balón, pero los por cientos apenas le redituaron un gol, cuando Paul Aguilar rompe el balón, el adversario, el manual de buenas costumbres, el fair play, y la pantorrilla derecha de Zúñiga. El penalti debió incluir al menos tarjeta amarilla, pero bien merecida habría sido la roja por acumulación de alevosías del americanista.

Méndez canjea con todos los bonos la ofrenda. Engaña a Marchesín y mete el balón, desde su indigencia absoluta, bajo el código infalible de O'Rei Pelé: fuerte, raso y pegadito a la estatua de metal. 1-2. Algidez en cancha y tribuna. Hasta El Piojo Herrera volteó a la banca a ver si prevalecía el fantasmagórico talismán de Moisés Muñoz, para romper el botiquín de emergencias.

No hubo necesidad. Cuando La Máquina pujaba con todo el ardor restante, a todo vapor, y las Águilas sacaban reloj y rosario, Adrián Aldrete arruinó la gesta cruzazulina: se gana la segunda amarilla.

Y se oyeron dos bufidos: el resuello de alivio del América y el desconsuelo celeste.

El 3-1 era una confesión: Peñalba explica públicamente porqué Jémez le da la capitanía de la banca del equipo. Pierde el balón en una pésima entrega, Uribe acepta el obsequio. Enfila, y con esos planos indespilfarrables de tiempo y espacio, invita a Corona para que sirva de modelo de la impotencia, en elegante lance, mientras acomoda el balón al segundo poste: 1-3.

Sin duda beberse la sangre de uno de sus acérrimos rivales, nutre al América en una semana de Clásico ante Chivas, mientras que Cruz Azul se mantiene en el andamio de Liguilla.

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LOS ÁNGELES -- Fue también un martes negro. Sí, dentro de un martes estremecedor, estrujante, luminoso, en que la voluble ruleta del Mundial detuvo sus giros y entregó pasaportes directos y a repescas. Drama y comedia.

Un martes, diría Diego Maradona, en que la pelota se percudió, como él mismo lo hizo ante Inglaterra con su mano atea invocando a Dios, pero después la higienizó, con tersura, hasta inmacularla, con el segundo gol en esa huracanada embestida napoleónica, tan chaparrón y regordete, sobre los alfiles de la Reina.

Una jornada mundialista en la que Islandia es la candorosa Cenicienta que adopta la humanidad con la primorosa inocencia de la que debuta en Mundiales, hasta un Lionel Messi que despierta del letargo en su iglú pectoral y hace tres goles para ganarse, en Rusia, su última oportunidad de ser exaltado a esa Basílica donde hoy sólo habitan dos divinidades: Pelé y Maradona.

Pero, el futbol también tiene esqueletos en el armario. Bochornos que se exhiben patéticamente para demostrar que los veredictos de la cancha no siempre se asientan en la red ni siempre se oficializan en el marcador.

Hay dos manifestaciones descaradas. Una que confirma que los árbitros fingen ser ineptos inocentes cuando hay perversas indicaciones. La otra, cuando el futbolista concilia con su adversario un pacto de no agresión.

Ambos descréditos del futbol, de los árbitros, los dirigentes y los futbolistas mismos, ocurren en ese hemisferio, en el que Loretta Lynch determinó que hay más corrupción en el balompié: América. Se perpetraron delitos deportivos, morales, éticos, en Concacaf y Conmebol.

Ojo: no olvidemos que en Europa se consuman atracos similares. Austria y Alemania, en pleno mundial, pactaron jugar en media cancha, para que el 0-0 eliminara a Argelia. Y Thierry Henry encaminó a Francia a su peor mundial, de un manotazo. El karma cobra caro en el futbol.

El primero de ellos se consuma en favor de Panamá que, vale decirlo, obtiene de la manera menos grata, un visado mundialista que ya merecía y llegó a coquetearle en dos anteriores procesos. El destinatario del crimen futbolístico no es indigno del premio, pero si él es la forma.

Un balón que apenas husmeó, que apenas olisqueó la línea de gol, que merodeó en el inútil ya casi, fue dictaminada como gol. Sobre esa piedra, Panamá construyó su travesía mundialista frente a una Costa Rica ya clasificada, pero indignada por el asalto.

Panamá no es culpable. Cierto: siempre quedaba al equipo canalero el camino puro, muy improbable, de la caballerosidad y el honor, de decir que la pelota no había cruzado la línea de sentencia.

Pero, seguramente aunque Panamá intentara convencer al emisario de Concacaf, Walter López, éste, seguramente por consigna habría dado por bueno el gol. Ya no importaba si la pelota cruzó o no la franja homicida, sino que ya era oficial en el marcador.

Walter López fue, ha sido, y seguramente será, mientras la indecencia de Concacaf lo permita, un instrumento de los intereses de la zona. Es el tahúr que entrega la carta correcta al jugador correcto. Su favorito en estas lides siempre ha sido México, pero no significa que no pueda cambiar de ahijado. La corrupción y los vampiros no distinguen heráldica sanguínea.

La jugada siniestra de Walter López repercutió en oros frentes. Honduras se enteró que tenía repesca, y además ayudó al lento, penoso, ominoso, descarado, pero muy devoto suicidio de Estados Unidos.

Hay que recordar que es inexplicable que el silbante guatemalteco sea árbitro con gafete de FIFA, como apóstol del Fair Play, cuando su país está exiliado por corrupción de sus dirigentes. ¿Acaso el olmo da peras? O Infantino no lo sabe, o lo sabe y lo aprueba. En cuakquier caso, es cómplice.

El otro es escenario no es menos lamentable. Uno siempre defiende que lo más purificado en la cancha, generalmente, sí, generalmente, es el futbolista. Perú y Colombia arrullaron nuevas dudas hacia el gremio.

Aceptemos que Ospina se bloqueó mental, física y futbolísticamente, y por eso no llega al cobro de Paolo Guerrero, aunque iba a su poste, y aunque ha salvado de esas, y muchas, en su carrera este arquero colombiano.

El video lo muestra. Radamel Falcao deambula, casi cínicamente, pavoneándose, como ofreciendo algo prohibido, y tapándose la boca, con los jugadores peruanos. "Tregua, que estamos vivos", el mensaje.

El goleador colombiano asegura que "sólo les actualizaba sobre otros resultados de la eliminatoria", y claro el mensaje indicaba que el empate los tenía en la zona de clasificación. Pacto de no agresión.

Los jugadores peruanos aceptaron los diálogos con Falcao y agregaron a la lista de embajadores de paz, cuando en la cancha sólo debe haber guerra leal, a Cuadrado, quien redondeó el discurso pacificador de su compatriota.

Obviamente, aficionados de Colombia y Perú, defienden el gesto de divulgación de no agresión por parte de Falcao y Cuadrado, y la forma de consensuarlo con los resignados, abnegados y felices peruanos.

Y es entendible, porque, como seres humanos, y más en algo intrascendente, relativamente, como el futbol, para muchos, insisto, importa poco el cómo, especialmente si incluye un visado mundialista.

Cierto que Chile no hizo su tarea, pero en los códigos que tanto defienden a muerte públicamente los futbolistas, si estos comportamientos de pactar resultados los ejecutan con su selección, ¿lo harán también con sus clubes?

Puntualmente, en este caso, ese espíritu pulcro de futbolista, con quimeras de infancia y adolescencia en el barrio, se gangrenó. Y lo podrido, o se amputa o contamina.

Ya alguna vez el portero mexicano Oswaldo Sánchez pidió clemencia en una desesperada e histérica mímica, cuando sus adversarios hondureños estaban en pleno abordaje. Querían la zalea del Tri extendida en San Pedro Sula.

En el Mundial de 2002, en Oita, Japón, después de que Alessandro Del Piero consigue el empate a uno al minuto 85, Franceso Totti se acerca a Rafa Márquez para decirle que ese 1-1 los ponía en la siguiente fase para el deceso de Ecuador.

Insisto, no son vicios nuevos, pero no por habituales, son saludables.

¿Qué es más lamentable: la consigna conkakafkiana para Walter López o la procesión de rendición, pacificación y tregua de Falcao y Cuadrado y la sumisión de los peruanos?

Confirmo: lamentablemente, el fin justifica los medios... y los miedos.

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LOS ÁNGELES -- Nos merecemos el Muro. Merecemos pagar el Muro. Que lo pague la FMF. Por desagradecida.

Hace cuatro años, Estados Unidos le tendió un compasivo y misericordioso puente de salvación al desahuciado y sofocado México para que fuera al repechaje ante Nueva Zelanda. Como náufrago, el Tri besó la arena de Río de Janeiro.

Este martes, México debió corresponder. Este martes debió saldar deudas de honor. Pero mandó a Estados Unidos a Siberia, sin escala en Moscú. Al cabo, los desagradecidos o los malagradecidos tienen un nicho especial en el Infierno.

Este martes, ante un Estados Unidos agonizante, prostrado, famélico, tal y como el Tri del Chepo-Tena-Vucetich hace cuatro años, México debía derrotar a Honduras para darle un vaso con vodka ruso al moribundo.

Vaya, incluso por orgullo, el Tri debió tener misericordia, para que Estados Unidos no pudiera restregarle en el rostro que le salvó la vida hace cuatro años. Las deudas de honor son deudas de horror cuando no se pagan.

ABRAHAM DIAZ/AFP/Getty Images

Estados Unidos construyó un puente hace cuatro años, y este martes México levantó un Muro para que Estados Unidos no acudiera a Rusia. Miles de estadounidenses tendrán un verano de MLS en 2018.

Y saqueado en su presupuesto millonario de turismo estadounidense, Putin reubica sus misiles: de la Casa Blanca a la casa del Tri allá en el CAR, por el predio de Alquiciras, al sur de la Ciudad de México, junto a la caseta de Tlalpan.

Es cierto: en la banca del Tri estaba alguien ajeno a este compromiso moral: Juan Carlos Osorio, quien se obsesiona con los ensayos demenciales de rotar jugadores de nómina y de posición. El honor no entra en sus "alternativas tácticas".

Y Osorio, en ese tiovivo, en ese carrusel, entretenido con sus caballitos, desoyó la historia, y organizó a su equipo para perder más que para ganar. Otro Frankenstein en la lúgubre parodia del fracaso.

Por eso, insisto, nos merecemos el Muro. Merecemos pagar el Muro. Bueno, Usted y yo no.

Que lo pague la FMF...

O que lo pague la libreta de renglones torcidos de Osorio...

O que lo pague Andrés Guardado al desperdiciar al minuto 94 ese tiro libre...

O que lo pague Guillermo Ochoa, con ese autogol al más puro estilo accidental y chusco de Chicharito, anotado en su propio marco con la mollera...

En redes sociales, entre aficionados y comunicadores, era evidente ese malestar por la derrota de México, pero no por el zapotazo de una selección endeble en futbol y en proyecto, sino porque se perdió una magnífica oportunidad de pagar una deuda de honor.

Los desagradecidos son como esos cachorros de hiena, que no sólo se alimentan de la ubre materna, sino que la arrancan y se la tragan aunque se desangre su progenitora.

Ser desagradecido es el Onceavo Mandamiento, ese que no está escrito, pero si hasta Jesús aceptó el beso de Judas para agradecerle que le mostrara a la eternidad el camino de ser Redentor.

El irlandés Richard Steele es muy claro: "Un favor bien retribuido es tan maravilloso como el honor, para el que lo confiere y el que lo recibe".

En redes sociales se proclamó hace cuatro años a "Zusi, hermano, ya eres mexicano". Ante Honduras, Zusi y EE.UU. entendieron que todo Abel tiene un hermanazo como Caín con una quijada de burro, dispuesto a traicionarlo...

Insisto, pues: nos merecemos el Muro, al fin y al cabo, los mexicanos estamos doctorados en la hábil tarea de construir túneles hasta dentro de los túneles... y hasta Rusia, si es necesario.

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LOS ÁNGELES -- El drama es una cita a ciegas: lo improbable ocurre. Y el desenlace de la Concacaf vistió a unos y desvistió a otros.

1.- México tenía una deuda con EEUU. Hace cuatro años, los estadounidenses, sin nada que ganar ni que perder, vencieron de visitantes a Panamá con gallardía extrema. Y Zusi rescató de la tumba al Tri, que ya recibía los Santos Óleos en San José.

2.- Más allá de que queda pendiente esa deuda de honor, México comparece con otro de los demenciales rompecabezas de Juan Carlos Osorio. Las rotaciones siguen armando Frankensteins.

3.- Y en una actuación indecorosa, desordenando más al equipo con cambios cocinados bajo histeria, termina con un engendro que cae, cierto, con un gol en fuera de lugar, que permite a Honduras meterse a la repesca ante Australia.

4.- El desencanto se cierne sobre EEUU y Honduras cuando Panamá consigue meterse al Mundial de Rusia de manera directa, gracias a uno de esos goles nefastos, sucios, promiscuos, corruptos, cuando se da por bueno un balón que jamás rebasa la línea de meta.

5.- El fracaso de EEUU, que será colgado como pecado a Bruce Arena, es sin duda culpa directa de la tolerancia dictatorial de Sunil Gulatti a las ruinas que dejó Jurgen Klinsmann de los procesos previos de Bob Bradley, del mismo Arena, Steve Sampson y hasta el fundador de todo, Bora Milutinovic.

6.- Honduras sufrirá. Australia, en un proceso distinto, será su rival, y sin la fortaleza de otros tiempos, pero los catrachos deberán ser cuidadosos e inteligentes desde la logística de los viajes, hasta la devoción de sus jugadores, que esta noche de martes, saldaron pecados previos, pero por eso, la repesca es un premio, pero también un castigo.

7.- El proceso de Juan Carlos Osorio, que pretendía imponer nuevas cifras, es decir, seguir vistiendo de oropel engañoso, titilante para los embaucados, un paso que sigue dejando dudas sobre su capacidad para desafiar a potencias en el Mundial. Honduras sólo le hizo tres, gracias a que entre una noche aciaga, Guillermo Ochoa salvó al menos tres fusilamientos.

Esta jornada, debe ser un parteaguas para muchos.

1.- En cualquier otro balompié, un fracaso como el de EEUU, le costaría el pescuezo a su dirigente, pero Gulatti es intocable para los medios estadounidenses. ¿Ahora con quién experimentará?

2.- México debe dejar de revolcarse en los buscapiés de pirotecnia de sus números en la eliminatoria, y portarse seriamente para conformar un equipo y dejar fuera las rotaciones. Pero Osorio, amparado por Decio de María, no lo hará.

3.- Panamá debe plantearse una preparación genuina para un Mundial. Afortunadamente, un tipo avezado en ello, experto en torneos así, puede organizar correctamente la estrategia.

4.- Mal querido por la afición, cuestionado por clubes y dirigentes, pero Jorge Luis Pinto intentará montar en nueve meses un ente capaz de imitar el maravilloso milagro tico en 2014.

5.- Para Costa Rica, con una generación confiada, sólida, se abre otra puerta que no debe descuidar: preparar las siguientes generaciones, con dos Hexagonales respetables consecutivos.

Y al final, así como hace cuatro años, se convirtió en tendencia en Twitter #ZusiHermanoEresMexicano, hoy a Zusi, sus hermanos de profesión, le fueron desleales en la cancha, parte culpa de los jugadores y gran parte culpa de la tómbola, o ruleta o cubilete, al que recurre Osorio para hacer sus alineaciones.

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LOS ÁNGELES -- Esos puños recios, sólidos, firmes, erguidos, amenazando al cielo y a los Cielos: Dios, nunca más. Ese estandarte cromático de tanta vida, entre tanta muerte. Ese gesto poderoso de fe enarbolando la esperanza. La victoria absoluta sobre la iracunda naturaleza.

El Himno estremece, más que nunca, más que siempre. Cada acorde, un microsismo, en cada uno de los más de 30 mil presentes, esos, esos mismos, que murieron de muerte ajena, un poquito, ese holocausto del 19 de septiembre, y resucitaron con la fortaleza desafiante de los diminutos colosos que hurgaban en las fauces de la tragedia, en busca de un latido, un quejido, un suspiro. Homenaje a los héroes genuinos, esos de rostro bruñido.

Frida, serena: la hecatombe recula y se esconde en el pasado, intimidada por ese muro de puños en alto. Miguel Layún se convulsiona. Pero, llora Miguel, que la sangre se ha secado, y entérate: los nobles sepulcros, son los cimientos de un nuevo México.

El estadio Alfonso Lastras de San Luis Potosí es uno más de los epicentros del renacimiento. Tal vez casi profano, de tan festivo; tal vez casi insolente porque el futbol obliga a agitar banderas, cuando una Nación entera aún conserva solemnemente su bandera a media asta, como señal de alas inquietas de alerta.

Fue, ese momento, con una suntuosidad doliente, respetuosa, cauterizadora, lo apasionante de la jornada.

Después de ello, una selección mexicana patética en el primer tiempo, ante un seleccionado de Trinidad & Tobago formado al vapor, una versión B, improvisada, toda vez que vendavales ajenos le apagaron y le apaciguaron sus ilusiones mundialistas.

Mejora el Tri en el segundo tiempo, con una losa a cuestas, tras el 0-1 de Winchester en la primera mitad. Oportunismo de Chucky Lozano empata, mientras que el que aseguró que "anoto más que los que fallo", Javier Hernández, hace el 2-1, después de desperdiciar tres nítidas.

Cierra Héctor Herrera. Golazo. Cobro a segundo poste, en ese limbo ilocalizable, donde muere el resuello del arquero y se yergue el poste izquierdo. 3-1.

Y claro, festejo desmesurado. En todas partes. En la tribuna, que tiene el derecho supremo de fantasear según sea el caso. Y en las redes sociales, donde unos se consuelan hasta con el hedor que despide esta victoria, mientras otros alertan que detrás de la pirotecnia del marcador, hay un lúgubre comportamiento futbolístico. Y hasta en micrófonos cabalgan estrepitosos aunque famélicos de justificaciones, los cantos de sirenas.

Chucky, Chicharito, Herrera... levantaron el puño por el triunfo sobre la versión B de los trinitarios.

En realidad, los únicos puños que este viernes por la noche se llenaron de gloria, fueron esos heraldos que homenajearon el tesón, la rabia, el humanismo, la fe, de esos, de todos, de los titanes que aún hoy escuchan, porque escuchan, entre las silenciosas entrañas del siniestro, esos latidos que son una celebración de vida... Esos puños, los que fueron astas huérfanas de banderas y de vidas ausentes, antes de que el árbitro diera el silbatazo inicial, esos, esos sí son México...

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