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¿Juan Carlos Osorio es un revolucionario del futbol?
LOS ÁNGELES -- El predicador de la unidad, sin quererlo, fomenta la discordia. A excepción de aquel exabrupto ecológico, en pro de los pinnípedos (#MotherFoca) Juan Carlos Osorio, con su discurso apacible, arrullador, monótono, pretende prohijar esa solidaridad gregaria en sus equipos.

Agradecerle debe el aficionado mexicano que con Osorio en el Tri, la selección mexicana se ha convertido en el segundo equipo -y en algunos casos de abogadillos advenedizos, en el primero-, de los aficionados colombianos. Claro, por el técnico, más que por el mismo equipo.

En un paralelo, hasta se puede citar a Matías Almeyda: "A Chivas le respalda su afición y la de River Plate", haciendo referencia a esa veneración evidente que conservan hacia él los seguidores de la franja bermellón.

Así, Osorio puede estar seguro que ese fervor de los colombianos le desea buenaventura, más por el síndrome adoptivo del paisanaje, que por una real empatía de sus parceros con el seleccionado mexicano.

Imago 7

"A México le respalda su afición y toda Colombia", bien podría decir este bibliotecario de sus propias gestas en la simpleza de unas libretas garabateadas con tintas azul y roja.

En ese plebiscito estruendoso pero inútil de las redes sociales -"Nunca he visto un gol anotado por la tribuna", dixit Nacho Trelles-, en ese inofensivo zafarrancho ideológico, en el que afortunadamente la voz del pueblo no es la Voz de Dios, antagonizan juicios en torno a Juan Carlos Osorio.

Por un lado, se defienden las estadísticas, y el paso poderoso del #TriOsorista en el llamado por FIFA tercer mundo del futbol, como lo es el paraíso conkakafkiano, en el que México retoza a media luz como el Rey Tuerto en la Tierra de los Ciegos, pero, debiendo inclinar la cabeza ante EEUU y Costa Rica, de mayor trascendencia en Mundiales.

Osorio está a un triunfo de asegurar su visado al Mundial de Rusia. Es el Atila y sus Hunos sembrando terror en la paupérrima campiña conkakafkiana, que empobrecida y todo, en los dos anteriores ciclos mundialistas terminó el Tri en uno en rescate de emergencia por Javier Aguirre, y en otro metiéndose de panzazo, primero por la compasión del estadounidense Zusi, y después por la inocencia virginal de los tiernos Kiwis de Nueva Zelanda.

Está sobado, gastado y ajado decirlo, pero a Osorio no le contrataron para ir a un Mundial, que para eso, de ser necesario, se encarga hasta el arbitraje de la Concacaf, sino para dejar de ser el temor impotente con una castrante fobia, histérica e históricamente desarrollada, a jugar el Quinto Partido.

Por eso, más allá de las deslumbrantes luciérnagas, con sus hipos de relumbrón conkakafkiano, lo cierto es que el #TriOsorista ante los dos únicos equipos ubicados que ha enfrentado entre los 15 primeros del sospechoso termómetro de FIFA se ha llevado nueve goles: Chile y Portugal.

Pero, todo esto, termina agrandando la brecha entre quienes se desploman de hinojos con cataplasmas de hinojo ante este #TriOsorista que llenan de heráldicas de rústico barro su altar por ganar en Canadá, Honduras y en Columbus, es decir, trincheras paupérrimamente conkakafkianas.

Y por otro lado, el juicio radical del 7-0 ante Chile, y, sobre todo, el reclamo de que se ahogaron en el pantano de las promesas precipitadas y perjuras de ofrecer un México espectacular, agresivo y dominante.

Y, sin duda, el reclamo de una selección convincente. En anteriores gestiones se ofrecían actuaciones casi completas, mientras que hoy con este #TriOsorista el regocijo es a retazos, a jirones, casi como situaciones accidentales, fortuitas o, simplemente, de chiripazo, a pesar de su legión europea sin precedentes.

Sin ir muy lejos, en Brasil 2014 el funcionamiento ante Croacia y Holanda rozó la perfección hasta que, claro, a México le alcanzó su destino: ese némesis maldito que lo veta del Quinto Partido.

Con Ricardo LaVolpe, bajo ese ejercicio de "se jugó como nunca y se perdió como siempre", el Tri ofreció momentos vistosos por casi 90 minutos. Y ocurrió con Javier Aguirre, Mejía Barón, Manuel Lapuente, y hasta con Chepo de la Torre -en terrenos cokakafkianos-, antes de que el déspota que habita en sus rincones oscuros arruinara el grupo.

Hay, sin embargo, un punto valioso a favor de Osorio. Y vale la pena tratar de puntualizarlo, para evitar interpretaciones erróneas. Él, diría el inequívoco, sagaz y contundente Perogrullo, como colombiano, no es mexicano..

Y esa es una historia compartida directamente con el mismo Osorio: los técnicos mexicanos, en el momento decisivo, ese de la antesala al Quinto Partido, se ofuscan en la toma de decisiones correcta cuando las tribulaciones en la cancha aprietan...

Ocurrió con todos, excepto con LaVolpe, cuyo destino lo sella el golazo de Maxi Rodríguez. En ese juego ante Argentina, al Bigotón le temblaba, se le estremecía, su ego, no la salud competitiva del Tri...

Pero, y lo hemos relatado aquí: Mejía Barón no hizo cambios; Lapuente se suicida en el enroque Lara y Claudio; Aguirre, primero, saca a Ramoncito y mete a la Momia Hernández en 2002, y en 2010 usa a Cuauhtémoc ante Uruguay y al Bofo ante Argentina; el Piojo, elige al asustadísimo, entonces, Javier Aquino, ante Holanda...

Osorio, en caso de llegar al Mundial de Rusia, tiene esa ventaja: no le estremecerá el fervor patrio ni se le convulsionará el compromiso del "masiosare". Rotará, sí, rotará con pasión por sus metas, pero sin apasionamiento de ansiedad histérica por la epopeya eventual del Tri.

Eventualmente platiqué sobre ello con Javier Aguirre en su segunda etapa con el Tri, y con Miguel Herrera.

"Espero no volver a equivocarme", dijo el Vasco, rememorando el Mundial 2002 y de cara al del 2010, pero lo hizo, y dos veces.

"Espero que pueda controlar esa presión y decidir correctamente", explicó Miguel Herrera... y decidió mal.

Sí, con la bendición de Perogrullo, esa es una arma secreta de Juan Carlos Osorio: por ser colombiano, no reaccionará ante la presión como un mexicano...

Claro, no lo he olvidado: en el 7-0 ante Chile su capacidad de reacción fue nula. Accionó, no reaccionó. Otro entrenador hubiera negociado la sobajada de un 3-0, pero no la monumental y eterna humillación del 7-0. ¿Habrá aprendido?

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LOS ÁNGELES -- México semifinalista. Como segundo de grupo. ¿Rival? El Némesis chileno o el embrión del campeón del mundo. La angustia es unilateral: andinos y teutones "pa'bajo no saben mirar", inmortalizó José Alfredo.

2-1 sobre Rusia. Putin no metió las manos. Ni en el VAR, aunque sí en el vodka. Dos goles de cabeza, pero con más gónadas que cacumen. Néstor Araujo con la mollera y la fortuna, y al Chucky Lozano, tras insano patadón, la testereó tiernamente por inercia, pero con enjundia.

Ponderable: el Tri encontró su mejor -"o menos pior"- once disponible. Sufre en defensa y mucho. Y sufre porque Héctor Herrera juega como y donde detesta jugar, en beneficio de un espléndido Jonathan Dos Santos.

La plegaria: no más rotaciones, a menos, claro, que Rafa Márquez sea Dorian Grey, porque esa cinta de capitán no encuentra ningún bíceps de ese tamaño. Con Guardado en la mazmorra del Kremlin un juego, ¿Herrera, Márquez y Jonathan? ¿Jonathan, Herrera y Fabián? Veremos.

El vicio del Chucky Lozano: pasó 89 minutos y 50 segundos pensando si hay barbacoa tipo Hidalgo en Eindhoven. Y en sólo 10 segundos se sirvió un plato de machitos, metió ese pecho normalmente criogenizado, recibió la patada en el esternón y con la cabeza escribió la hazaña.

La posesión no miente: el balón fue potestad del Tri. Más aún cuando un camarada se llevó el color patrio con la ignominia de la expulsión. Pero, ya se sabe, enamorar a la pelota no equivale a seducirla en la red.

De hecho, Rusia tuvo los mejores pasajes ofensivos, incluyendo horas extras para los burócratas del VAR. En media cancha, México sigue sin tener ese híbrido indispensable: que quite balones, que aquiete balones, los arrulle, y organice intencionadamente.

Al resaltar que México encontró sus mejores once -o sus menos peores once-, cuando Reyes salió por Reyes, es innegable cuestionar a Carlos Vela, y destacar a Chicharito, quien hizo una labor abnegada, pese a que cuando enfrentaban a diez, se obsesionó con hacer su gol, cuando pudo favorecer el tercero de México. Una cosa es el egoísmo del delantero y otra el egoísmo del personaje.

Los números amparan el proceso. Lo mejor de la fase de grupos fueron 35 minutos ante Portugal y la capacidad de reacción en tres ocasiones, con la Espada de Damocles pendulando en el marcador.

Sin embargo, sólo la demencia tolera fantasear por una victoria sobre Nueva Zelanda y ante una Rusia de vergüenzas inmediatas. Urge al Tri mejorar, sobre todo en posesión útil y no estadística del balón. Y ese embudo defensivo para que los del fondo sufran menos.

La explicación de las rotaciones eran mantener fresco al equipo. Ahora, deberá ir a Semifinales con la carne más selecta en el asador, mientras Alemania y Chile resolverán con frescura, ante Camerún y Australia, su posición en el grupo. Ambos querrán evitar a Portugal y cuánto se ceben sanguinariamente sobre su rival descifrará su futuro.

La mayoría de las expresiones pasionales en la vida, tienen su rostro festivo y su rostro maligno. El júbilo y la ira tienen un lenguaje común.

Entonces, esta vez sí, sin que nadie lo cuestione, Juan Carlos Osorio puede explayarse ruidosamente sin riesgo a censura con ese encomio ecológico de protección a la zoología marina. Venga pues, ese #MotherFoca pleno, para salvar esos pinnípedos en riesgo de extinción.

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LOS ÁNGELES -- Juan Carlos Osorio ha revelado que en la toma de decisiones de la selección mexicana interviene un comité compuesto por tres jugadores.

Alex de la Rosa y Paco Gabriel de Anda, asignados especiales de ESPN en la Copa Confederaciones, tienen dos de los nombres: Rafa Márquez y Andrés Guardado. ¿El tercero? ¿Miguel Layún? ¿Chicharito? ¿Héctor Moreno? ¿Guillermo Ochoa?

¿Será, este comité de consulta la desesperación de Juan Carlos Osorio por encontrar respuestas que no están en los apuntes en tinta roja en su libreta? ¿O ya se le agotó la tinta azul? ¿O se le secó la tinta azul por falta de uso?

¿O será acaso una respuesta a que le cortaron los brazos?

1.- Santiago Baños abandonó al Tri para una vida más excitante como presidente deportivo en el Nido del América...

2.- 'Pompi', para los amigos, Luis Pompilio Páez para usted, debió quedarse con la selección de cobre para la Copa Oro...

O estará ejerciendo el irrefutable Principio de Murphy: "El trabajo en equipo es esencial: te permitirá echarle la culpa a otro".

Getty Images
De esta manera, implica Osorio, hasta las rotaciones demenciales entran en una dinámica del grupo. Es decir, no es sólo el técnico, sino también este triunvirato adjunto.

O como se dice en México: "Estamos equivocados todos ustedes".

Las culpas, y sus consecuencias se sufren menos divididas entre la democracia del error. Es un acto de escapismo individual del patíbulo del ridículo y el fracaso. El capitán se baja primero del Tri-tanic.

Analista de ESPN, Paco Gabriel de Anda, ex mundialista, el defensa central que tiene más goles y títulos en el futbol de México, reflexionaba que en su carrera como seleccionado y en clubes, encontraba proclividad de algunos entrenadores al diálogo, la consulta y la apertura, pero no a la usurpación de funciones del trabajo del entrenador.

Coincidía con Paco Gabriel el propio Manuel Lapuente, el técnico más sabio en México, quien aceptó que en la conquista del título de la Copa Confederaciones 1999 dialogaba y se acercaba a jugadores de gran personalidad como Pável Pardo, García Aspe, Claudio Suárez, Ricardo Peláez, Jorge Campos, e incluso Cuauhtémoc Blanco, entre otros.

"Pero, que ellos intervinieran en cómo jugaba el equipo y en una alineación era imposible. Ni siquiera lo sugerían. Entonces, creo que eso que dice Osorio es otra de sus mentiras", puntualiza Lapuente.

Insisto: ¿Será que el abandono de Baños y de 'Pompi' dejan en la orfandad de toma de decisiones, análisis, criterios, ideas y recursos a Osorio?

Aclaremos algo: he tenido oportunidad de dos convivencias distintas con Osorio. Una en una charla de más de una hora con gente de la FMF presente. La otra con su señora esposa como anfitriona.

Y Osorio, como la mayoría de los colombianos que conozco, es un caballero. Es un tipo culto y es una buena persona buena, sí, así, una buena persona buena. Un estudioso incansable del futbol, con una enorme habilidad para diseccionar al adversario.

Y agreguemos algo: la historia de vida del técnico colombiano es admirable. Desde un método de formación profesional bajo sus recursos, su atrevimiento, su aventura, y hasta con la solidaridad absoluta en el sacrificio familiar.

"Usted puede dirigir en cualquier parte del mundo", le dijo alguna vez Pep Guardiola a Osorio, y el colombiano está convencido de ello.

Pero, también, pude detectar que más allá de su convicción en la metodología de su trabajo, Osorio es un ser humano urgido, necesitado, del reconocimiento a su labor. No le basta la autosatisfacción, sino que necesita, desesperadamente, el balcón público del vítor.

Y quien se siente huérfano, abandonado, por la veneración masiva, refleja un sentimiento interno de inseguridad, de ansiedad al respaldo.

Este viernes, sin embargo, la franca, honesta, abierta revelación de este comité de tres jugadores en su selección nacional, deja condicionada su credibilidad y su autoridad, especialmente en un ambiente tan insano y resultadista como es el futbol, como es una selección nacional, y como es el roce voluble con el jugador mexicano.

¿Tienen todas las respuestas Márquez, Guardado y el tercer invitado? ¿Tienen respuestas más objetivas y menos prejuiciadas ellos que la experiencia del entrenador?

Ojo: la solidaridad, por conveniencia y oportunismo, debe interpretarse como complicidad. Y entonces, reitero, se presenta la democracia del error o el error de la democracia.

Y termina, entonces, siendo, un Tri de cuatro cabezas, pero, en realidad acéfalo.

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LOS ÁNGELES -- Bajo el amparo comodino, huidizo, temeroso, de los timoratos, con la execrable letanía mediocre del "pero ganamos" y "somos líderes por encima del Campeón de Europa", se comienza otro tétrico camino de ocultismo.

El balance es breve, en este 2-1 de México sobre una Nueva Zelanda a la que el Tri del Piojo Herrera le hizo nueve goles en dos juegos, con una selección al vapor, sin europeos, y con León y América como base emergente.

Getty Images
1.- Alfredo Talavera fue el jugador más valioso de México. Rescató el pellejo de una selección que fue dando facilidades asombrosas, entre el desconcierto de sus zagueros.

2.- Javier Aquino fue el futbolista más determinante de México, pero sobre todo expuso la ñoñez del cuerpo técnico de Nueva Zelanda, que jamás reaccionó a poner una garita en la autopista que había por su lado derecho. En ese paraíso, Aquino dio el catálogo de virtudes para que un astuto agente haga su chanchullo y lo coloque en la élite europea.

3.- Estoico Oribe Peralta. Más allá del gol de la victoria, la devoción para hacer las tareas incluso de sus fantasmales compañeros. En esa combatividad se agrega Raúl Jiménez, aunque en dos ocasiones desperdició generación de gol por esos desplantes petulantes que le invaden.

4.- Carlos Salcedo y Héctor Moreno bajo observación médica. 72 horas, el lapso hasta la cita con Rusia. Parece imposible que se recuperen.

5.- Técnicamente, Juan Carlos Osorio hizo ocho movimientos, en su plan demencial de rotaciones, respecto al 2-2 con Portugal. "Se trata de que todos jueguen, de que todos en la familia del vestidor estén contentos", explicó una vez. Ocho, sí, ocho modificaciones.

6.- Y mientras la afición mexicana decide portarse bien y omitir el grito que FIFA considera homofóbico, el entrenador Juan Carlos Osorio es captado en HD y para la inmortalidad de las redes sociales, dedicándole envenenada, soberana, iracunda, sentida, profunda, rotunda, obscena, procaz y políglotamente una mentada de madre que se trepó al #TrendTopic de las redes sociales con su #MotherFucker.

7.- Un arbitraje, espantoso de nuevo, permisivo al equipo mexicano, que tiene su hecatombe con una zacapela en el desenlace, y que a pesar del auxilio del temible y cuestionable VAR, no expulsa a Héctor Herrera ni a dos de sus agresores. Dicho está: el VAR es perfecto, los que los manejan son perfectamente imperfectos.

8.- Ese primer tiempo de México: confuso, confundido, errático, con jugadores mal posicionados, sin entendimiento, dubitativos, tibios hasta en la disputa de la pelota y como un montón de mocosos a quienes sólo les dijeron que hicieran lo que pudieran. La legión #SálveseQuienPueda.

9.- México mejoró en el segundo tiempo. Nueva Zelanda le entregó la cancha y la pelota. Se dedicó a resistir con el 1-0 de ventaja. En ese acoso, en ese dominio, México acusó la bobalicona estrategia de no saber definir a pesar de pasear el balón en el área. Fue superior porque Aquino marcó diferencia, mientras que Jürgen Damm es sólo un correloncito de vecindario, porque cuando urge apelar a las neuronas, para centrar o disparar, la azotea la tiene vacía.

10.- En ese escandaloso recurso y discurso de que es líder "encima del Campeón de Europa" por diferencia de goles, se viene la pregunta venenosamente urgente: ¿permitirá Vladimir Putin que se termine la fiesta en casa? ¿Y Osorio hará ocho nuevas rotaciones en su equipo, incluso, siendo capaz de dejar fuera a Javier Aquino y a Alfredo Talavera?

Y ahora, en estas 72 horas, escuchar los cánticos de los conformistas, de los sumisos, con esos estribillos recurrentes para tratar de transfigurar el caos en esperanza: "pero ganamos" y "somos líderes por encima del Campeón de Europa".

Decía el francés Delavigne que "desde los tiempos de Adán los necios están en mayoría", y su paisano Boileau que "un necio encuentra siempre otro aún más necio que le admira".

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LOS ÁNGELES -- El VAR es la versión futbolera del Rey Salomón. Está dispuesto a partir en dos a una creatura si con eso se consuma la Justicia.

No es perfecto, pero el VAR puede ser perfectible. Al fin y acabo ofrece el inefable testimonio digital y visual de una cancha de futbol. Revive escenas. Es la confesión de archivos muertos.

Sin embargo, su grado supremo de imperfección es que está en manos de tipos imperfectos de criterios imperfectamente perfeccionistas. Y se equivocan. La verdad y la mentira, dependen del cristal con que se miran. Y hay cada daltónico de juicio.

La presentación del VAR ante esa sociedad siempre inconforme de la tribuna de futbol, se ha hecho con el glamour requerido, finalmente, en la Copa Confederaciones. México le besó los pies y Cristiano Ronaldo hizo un mohín de desdén. Entre Chile y Camerún, los videos y los árbitros, dejaron dudas.

Es que, insisto, bajo el principio de McLuhan, "cada quien ve lo que quiere ver y oye lo que quiere oír", y los árbitros siguen teniendo la última, sí, maltrecha y todo, la última palabra. Goethe decía que "para distinguir la verdad necesitamos ser sensiblemente más finos que para defender el error".

Si en ese cónclave en cancha y tribuna, en ese plebiscito vertiginoso de ver, volver a ver, y ratificar o rectificar se encuentra la bendición de la consumación de la Justicia, el VAR llegará a final de cuentas como un obsequio para que, casi siempre, gane quien lo merezca. Pero, obvio, la pelota, aún, tendrá que entrar a la red.

Visto así, como una intención justiciera de que el triunfo se legitime sin marrullerías, sin trampas, y sin errores o dolo arbitral, el advenimiento del VAR sólo dará estertores de intranquilidad a quienes les gusta oficiar fechorías en la cancha, sea juez, jugador o técnico.

Parecía necesario. Desde que el primer hermoso, pero tosco de epidermis, balón de cuero, comenzó a rodar bajo un reglamento, el entorno del futbol ha evolucionado. Todo. Todos.

Hoy, los futbolistas usan guantes estrambóticamente estilizados en los pies, con tachones de última tecnología que compiten con las llantas de Fórmula Uno, y sus atuendos están hechos con la comodidad extrema para transpirar hasta la fatiga, o dormitar en la cancha.

El mismo futbolista, la mayoría, al menos, ha evolucionado hasta en nutrición, y algunos más, los menos, hasta con tecnología para poder comprender mejor el juego y el adversario.

¿Los árbitros? Más allá de esas vestimentas crisálidas y fosforescentes, han evolucionado en su equipamiento, hasta el mismo cronómetro y su botecito de pintura, para marcarles fronteras a los jugadores.

Los jueces sólo conservan intacto el chillido de la autoridad: ese silbato, que es una marcha, festiva o fúnebre, de una sola nota. El resto, es cuestión de pulmones.

Los estadios pretenden ser más funcionales y seguros, con pantallas o marcadores modernistas, y hasta las canchas, naturales o artificiales, o mixtas, gozan de la más sesuda y minuciosa producción. La guerra sobre alfombras eternas, indesechables.

Y claro, el balón, con pruebas constantes en túneles de alto vacío, ha visto modificado su comportamiento aerodinámico, haciendo, a veces que, los exquisitos sean más exquisitos y los picapiedras, más picapiedras.

En ese afán de evolución, el futbol debió agregar al VAR con una sensibilidad justiciera, que, insisto, aún reposa en la imparcialidad, inteligencia, criterio y lucidez de quienes deben leer lo que ocurre en la pantalla con ojos de reglamento, con una mentalidad de lo que es, y no de lo que quisieran que fuera. ¿La Justicia es ciega?

Claro: detrás de todos estos intentos mundanos o prodigiosos, asoman los riesgos inevitables de quienes justifican la injusticia con el viejísimo "errare humanum est". Aunque la frase completa es: "errare humanum est, sed perseverare diabolicum", es decir "errar es humano, pero perseverar (en el error) es diabólico". Y en los palcos de honor del balompié, de estos, hay muchos.

El mismo Rey Salomón, en su colección de sabiduría, aseguraba que "la mujer sabia construye su casa; la necia, con sus propias manos la destruye".

¿Qué hará la FIFA del VAR?

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LOS ÁNGELES -- Alguien no hizo la tarea en Portugal. Alguien desdeñó a uno de los mejores cabeceadores en el futbol holandés. Alguien menospreció a Héctor Moreno y sus siete goles...

El gesto de desaprobación de Cristiano Ronaldo estaba en conflicto con su admiración. Pensaba él que los milagros en esos tiempos fantasmagóricos de reposición pertenecían a Sergio Ramos. O a Piqué. O a Rafa Márquez. Eso creía...

Hasta que este domingo Héctor Moreno, hoy el trillizo de La Loba, el nuevo hermano de Rómulo y Remo en la Roma, se propulsó en el área, en el impulso desplazó y aventajó a Fonte, y remató a la izquierda de Patricio. 2-2

Después de los 90 minutos, en cualquier cancha aparecen los espectros de las hazañas. Y Moreno consumó la suya. Cuando la hemorragia de segundos consumía el minuto 91.

Y México sigue con vida. Y vida propia. No empeñada, ni condicionada, ni alquilada. El futuro está en sus manos. Ante Nueva Zelanda primero y ante Rusia después.

Meritorio empatarle al Campeón de Europa, con méritos de Guillermo Ochoa, de un obrero como Jonathan dos Santos, y de un portento como Carlos Vela, más allá de que la turbina portuguesa, Cristiano Ronaldo, decidiera jugar, por grandes lapsos, en modo avión, pero de teléfono celular.

México tuvo la concesión de pelota y cancha en el primer tiempo. El fundamento de la supervivencia es la potestad sobre el balón. Y el Tri supo ejercerlo, con la displicencia táctica lusitana.

Cierto: cuando Portugal quiso, llegó a ejercer el control, especialmente en el segundo tiempo, y consigue el 2-1 en esos tiempos en los que los antecedentes del futbol mexicano construyen mentalmente imágenes psicológicas del desastre.

Pero, después del 86, México entendió aún que tenía la ecuación de la esperanza: resistencia, futbol y especialmente convicción.

Y entonces apareció Moreno, como aparecen los grandes líderes, y cuando deben hacerlo, justo cuando la desgracia parece cerrar el puño bajo esa ignominiosa frase que escolta al futbol mexicano: "jugaron como nunca (en la era Osorio), y perdieron como siempre...".

El trazo de Jonathan desde la esquina tiene el fervor venenoso de la comba. El efecto en la caída del balón encontró a Moreno. La forma en que tuerce el pescuezo apenas, para redireccionar un balón en el limbo hacia el rescate de México.

Y parece, en la justa desproporción de sus respectivas epopeyas, que México ha encontrado un caudillo audaz para esos tiempos lúgubres después de los minutos 90. Su propio Ramos. Su propio Piqué. Su propio Godín. Su nuevo Márquez...

La siguiente cita es con Nueva Zelanda, a la que Rusia, con todo y su pobre nivel le hizo 2-0, y a la que México ya en la repesca para el Mundial 2014 le aniquiló con un global de 9-3.

Sin esplendor aún, pero México sigue con vida, con el respeto del Campeón de Europa, y con el destino al alcance de las manos.

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LOS ÁNGELES -- ¿Justicia sin poder? ¿Poder sin justicia? En el futbol mexicano se elige el poder sin justicia para evitar que la justicia tenga poder.

La llegada de Arturo Brizio Carter a la Comisión de Arbitraje del futbol mexicano, su arribo a la silla del poder, no significa ni que llegue la justicia ni que la justicia recupere su poder.

Arturo Brizio se describe a sí mismo en Raza Deportiva de ESPNDeportes con un perfil completo, pero nada novedoso en ese puesto. Ese currículo ya lo han mostrado otros antes... y fracasado.

Ex juez mundialista, con experiencia, conocedor del hábitat agreste de las canchas y de los lados claroscuros del arbitraje, y conocedor de las reglas técnicas, físicas y morales para ser un silbante, Brizio argumenta estar listo para que el futbol mexicano goce de un mejor arbitraje, o, en términos coloquiales del pesimismo, un "menos pior" arbitraje.

Brizio asegura que no tiene hilos que pertenezcan a titiritero alguno y descarta que su filiación laboral con Televisa le llegue, eventualmente, a marcar prioridades y privilegios directamente desde la oficina de Decio de María, quien, para su Famiglia futbolística, es una evidente marioneta del Salón Oval de la misma televisora.

Las tareas herculinas de Brizio, le son expuestas en la entrevista de este jueves por la mañana. Dice, con esas tablas verborraicas que le han dado sus constantes apariciones en televisión, que a partir de buenas actuaciones, el arbitraje recuperara credibilidad.

1.- Que la cédula arbitral vuelva a ser la Carta Magna de un juego de futbol. Historias tenemos ya de cómo los reportes han sido manipulados o ignorados o pisoteados, conforme conviene a la Comisión DECIOplinaria.

2.- Garantizar inmunidad a los jueces, más allá de si sus actuaciones son paupérrimas o excelsas, ante los directivos.

No más desde amenazas de muerte en los vestuarios, o hasta zapes en la nuca o vulgares jalones de cabello como Fidel Kuri a Edgardo Codesal. Hoy, la impunidad de los directivos violenta cualquier inmunidad que necesite la autoridad.

3.- Evitar presiones de entrenadores y directivos, condicionando públicamente al arbitraje. Desde la contextualización de sinvergüenzas, hasta chascarrillos de temeridad como el de José Luis Higuera al asegurar que "(Luis Enrique) Santander está firmado y es intransferible", por parte de Chivas.

4.- Brizio reconoció algo determinante: los árbitros mexicanos son los mejor pagados de toda América (el continente, no el equipo, como aclaración para los tendenciosos mal pensados). Es decir, profesionalizados los nazarenos, su rango de exigencia crece, y más aún si cotizan salarialmente de manera muy generosa.

Cifras extraoficiales señalan que un árbitro que participe de toda la liguilla, llega a embolsarse en un mes, más de 20 mil dólares.

5.- Obvio, el árbitro mexicano entonces deberá dedicarse a hacer en su preparación diaria, lo que hoy no hacen: estar en forma física; tener una guía nutricionista; olvidarse de la vida loca antes de los juegos, trabajar bajo situaciones de simulacro semejante a un partido, y hasta observar partidos de futbol de sus equipos inmediatos a dirigir.

Según un sondeo desde dentro de la Comisión de Arbitraje, los jueces ni observan los partidos que han pitado, menos aún graban los que no pueden ver, y menos aún tienen una videoteca disponible, y mucho menos hay una sinergia entre los mismos jueces respecto a sus anteriores actuaciones.

6.- Recomendado por Héctor González Iñárritu, alguna vez se sugirió que el predicador del milagro de las bellotas, Imanol Ibarrondo, actualmente en trabajo del glamoroso "coaching" con la selección mexicana, se diera una encerrona con los árbitros, pero estos lo rechazaron.

7.- Que Decio de María deje de manosear las designaciones arbitrales. Lo más importante, y parece que lo tiene entendido Brizio, es la urgente emancipación de su plantilla de jueces, de las intromisiones del presidente de la FMF.

Era evidente que las asignaciones de juegos, lejos de pertenecerle a González Iñárritu, eran imposiciones delirantes, demenciales, de Decio, quien, y en eso coincide con Brizio, elegía a César Ramos Palazuelos, como si este fuera el mejor exponente arbitral, a pesar de que su labor terminaba siendo, partido a partido, un tambaleante mamarracho entre el dolo o la torpeza.

Arturo Brizio Carter fue pasajero de un penoso transatlántico arbitral. Aquel de Javier Arriaga, quien con un poder dictatorial, de cacicazgo, manejo a los silbantes en medio de leyendas negras que ya hemos relatado, pero además con un poder que garantizaba la impunidad de la injusticia arbitral, y hemos reproducido testimonios de ex silbantes jaliscienses como Jesús Mercado y Arturo Orozco.

Los alcances de Arriaga eran tales que hasta logró imponer a su yerno, Edgardo Codesal, en una Final de una Copa del Mundo, con la ya consabida coronación de Alemania en un asalto arbitral sobre Argentina.

Brizio tuvo, entonces, una referencia casi académica de cómo no dirigir a los árbitros de manera licenciosa, lucrativa y sospechosa. Él sabe cómo no debe hacerlo, lo cual, no significa que necesariamente, sepa cómo debe hacerlo.

Al final, la Jornada 1 del futbol mexicano dejará en claro, luego de casi mes y medio en funciones, si Brizio es capaz de conseguir que los árbitros ofrezcan menos conciertos bochornosos de errores y más presencias de certeza y auroidad en las canchas.

Por lo pronto, reitero: ¿Justicia sin poder? ¿Poder sin justicia? En el futbol mexicano se elige el poder sin justicia para evitar que la justicia tenga poder. La llegada de Arturo Brizio Carter a la Comisión de Arbitraje del futbol mexicano, su arribo a la silla del poder, no garantiza ni que llegue la justicia ni que la justicia recupere su poder.

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CIUDAD DE MÉXICO -- Un verbo cambia toda la percepción. Tergiversa la perspectiva. Pervierte el mensaje. Entre "declinar" y "abandonar" hay un pecado capital. Como entre matar y morir.

Juan Carlos Osorio había articulado previamente la escena. Había ensayado seguramente su discurso antes de acudir a la conferencia de prensa en el CAR. No quería darle muchas rotaciones al tema.

Estricta, y a veces extremadamente cauteloso en la elección de las palabras, el técnico del Tri iba preparado. Cierto, su semblante cenizo, bruñido, acongojado, no era la mejor mímica para aligerar la carga del anuncio.

Por eso, en la precisión del contexto y los términos, Osorio explicaba que Tecatito Corona "declina" participar en Copa Confederaciones. En el impacto inmediato de transmitir la información fue fácil citar que el Tecatito "abandonaba" al Tri, en una imperativa interpretación, como fue evidente en redes sociales, como un acto de deserción.

"Razones personales", explicó el entrenador. Y de inmediato, para amortiguar una noticia con otra, explicó que ya "diligenciaba" México ante FIFA el permiso de sustituir a Tecatito. Tigres filtró la posibilidad de que sea Jürgen Damm. Vano intento.

Y en la urgencia de sintetizar la sintaxis de Osorio, en algunos casos, el mensaje fue promiscuo por parte de algunos medios, y en el canibalismo de algunos en redes sociales. Insisto, entre "declinar" y "abandonar" hay un fatalismo de ignorancia.

La noche del sábado, la ventisca de rumores sobre "los motivos de Tecatito", azotó aún más un escenario que había sido exquisitamente convulsionado por la rivalidad entre México y Estados Unidos. Ese temporal fascinante de un nuevo juego de futbol entre el Tri y EEUU, se distorsionaba con especulaciones.

Hoy, aparece haber un motivo más claro. Eso explicaría porqué el grupo de jugadores y el cuerpo técnico habrían blindado con solidaridad al futbolista que el viernes pidió un permiso en un estado que algunos llamaban "crisis emocional".

De ser cierto el más posiblemente exacto y poderoso, y no confirmado, de los motivos, se entendería perfectamente. Sin riesgo de violar y violentar la sintaxis entre "declinar" y "abandonar", es más importante una familia que necesita más del hombre que la Selección Mexicana que necesita del futbolista. Aún y cuando el rival sea Estados Unidos, y aún y cuando Corona sea uno de esos escasos jugadores diferentes en el Tri.

Incluso Jesús Manuel Corona había cerrado sus cuentas de redes sociales. Esos casos en los que las vitrinas de Twitter, Instagram, Facebook y demás se vuelven de alto riesgo contra personajes populares.

Cierto que situaciones recientes del futbol mexicano han devaluado un poderosísimo argumento, válido no sólo para futbolistas, sino para cualquier ser humano: "motivos personales". Esas razones que usted y yo hemos usado y usaremos. Las contingencias, los imprevistos, no revisan la hoja de vida de su señuelo en turno.

Recientemente ocurrió el caso de Jesús Dueñas, y los "motivos personales" cotizaban en el bochorno. O los nunca esclarecidos de Carlos Vela o de Giovani Dos Santos. O como los de un reincidente Gullit Peña, o los de un notablemente redimido Marco Fabián, quien se ha congraciado con sus virtudes futbolísticas.

¿Afecta a la Selección Mexicana? Claro, Jesús Manuel Corona es un jugador con cualidades y proyección de servicio absoluto al Tri. Se alistaba para ser el mejor cómplice depredador de Vela. De esos escasos cañones ante los pertrechos estadounidenses.

Pero, para aquellos que aún lo incriminan y le recriminan a Corona, ¿habría sido humano, inteligente, saludable, piadoso, solidario, haberlo retenido y colocarlo en la cancha con una tormenta de ideas y distracciones en la cabeza sin poder concentrarse en el juego?

Un día antes, el plantel de la Selección Mexicana tuvo una sesión de fotografía. Todos relamidos, perfumados y uniformados desfilaron a su sesión. Pero, según el relato de un testigo, ya había una sensación sombría, de cuchicheos, de pesar, de incomodidad, de inquietud.

No era, ni remotamente, el ambiente propio de un seleccionado nacional que había arrollado a Honduras y además empezaba a aprender las palabras más elementales en ruso, más allá de Putin, el presidente. Había, más bien, esa sensación pastosa, espesa, constipada, de desasosiego.

Importante tener líderes cuando un imponderable hace implosión en el grupo. Rafa Márquez, Andrés Guardado, Juan Carlos Osorio e Imanol Ibarrondo se dedicaron a manejar la trinchera.

Preguntas alevosas para Usted: ¿si México no gana a EEUU es Tecatito el responsable? No, hay otros 22.

¿Si México no gana, el entorno más valioso de usted se ve dañado: su familia, su trabajo? No, la vida de usted se enriquece y se empobrece con un millón de factores influyentes en un mundo casi opuesto a un juego de futbol.

Pero, si Corona hubiera permanecido enclaustrado, sí, estrictamente enclaustrado, mental y espiritualmente, dentro del Tri, habrían perdido el ser humano, su familia y hasta, lo menos importante, la Selección Nacional.

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CIUDAD DE MÉXICO -- Es un platillo deliciosamente envenenado. México contra Estados Unidos rompe paradigmas en rivalidades futbolísticas. Sin el embeleso universal, claro, de un Argentina ante Brasil.

Sin embargo, en su entorno regional, tan 'conkakafkiano', involucra a una tribu futbolera que se ha sentido dueña del territorio, y otra que le ha usurpado esa tambaleante y frágil soberanía. En esta comarca liliputense del futbol, saltan y asaltan muchos gigantes. Costa Rica, incluso, con más peso reciente que México y EEUU.

En las vísperas del juego de este domingo en el Estadio Azteca, queda claro, es un juego que se gana con futbol, pero que dominan más los hombres que los futbolistas. La testosterona rebasa la pulcritud con la pelota. Claro, no es sólo misión de trogloditas, pero tampoco es una noche para los huidizos exquisitos.

Y no es fácil sobrevivir a la tormenta envolvente de apasionamiento. Pero aplica, mejor que nunca, ese concepto de "cabeza fría y pies calientes".

Pero, claro, entre las gónadas y el corazón de cada jugador, no puede soslayarse ese fervor volcánico, más que incluso por la victoria, por la consumación de la derrota, aunque una conlleva a la otra.

El placer no está solamente en el marcador, sino en la visión del vencido. El resultado es el epitafio, pero lo perversamente valioso es la identidad de la víctima.

En esas condiciones, México parecería llevar una ventaja: en los más recientes duelos, con botín de por medio, suma dos asaltos a territorio estadounidense, cierto, copado por mexicanos en cierta medida.

1.- Con Tuca Ferretti cediéndole prácticamente el báculo a Juan Carlos Osorio, le despojó del boleto a la Copa Confederaciones. "Ya les dije a estos cabrones (los jugadores) lo que hay que hacer y de qué se trata. Más no puedo. Pero, este juego hoy ni siquiera piensan en perderlo", decía en confidencia minutos antes del encuentro en Pasadena.

2.- Ya con Osorio, derribó el mítico Muro de Jericó de Columbus. Superior de principio a fin. Incluso el marcador pudo ser más holgado. Esa noche, como antes la de Pasadena, los futbolistas mexicanos conectaron circuitos: desde la cabeza fría hasta la fogosidad absoluta del corazón, a las gónadas y los pies.

Y claro, caben las precisiones en ambas referencias. Ambas, muy consistentes.

1.- Ya no está ahí Jürgen Klinsmann, quien nunca se interesó en convertirse en parte del jugador estadounidense. Fue, como siempre lo advertimos en este espacio, una gran farsa que Sunil Gulati se tardó en deglutir, digerir y eliminar. Aniquiló el alemán los vestigios de una academia de Sampson, Arena y Bradley.

2.- Ese 7-0 que a tantos les da migraña. Esa noche en Santa Clara hay responsabilidad de Juan Carlos Osorio, pero en la cancha, los jugadores jamás mostraron el frenesí ante el desafío de los chilenos. ¿Pueden ser referentes de desenlaces tan dramáticos? ¿Del éxtasis a la agonía? ¿De lo sublime a lo ridículo?

En diferentes ocasiones hice la misma pregunta a Sampson, Arena y Bradley. Era sobre cómo arengaban a sus ansiosos futbolistas antes del partido ante México. Los tres coincidían: "Es el único juego para el que no hay que decirle absolutamente nada al jugador estadounidense. Ellos saben de qué se trata".

Hay, en ambos bandos, futbolistas que contrastan, pero que son simbolismos inequívocos de esa pasión en la cancha.

Landon Donovan, en Columbus, a la prensa estadounidense le dio un mensaje implacable, distinto del que dio ante medios mexicanos: "Quiero verlos humillados, de rodillas, vencidos, que sepan que somos superiores". Y lo hizo con el rostro encendido. Escupía desprecio en cada palabra.

Y Rafa Márquez. Un jugador ejemplar, siempre. Futbolista de clase, con un sitio especial en las memorias felices del Barcelona. Líder genuino, pero...

Los peores momentos del aún longevo capitán del Tri, se dieron ante EEUU. ¿Desesperación o frustración o desconcentración u ofuscación? Ni él lo sabe. Pero aquella entrada brutal, criminal, sobre Cobi Jones en el Mundial 2002, otras más sobre arqueros estadounidenses, y sus muinas explosivas y constantes dentro de la MLS, desnudan su desprecio deportivo hacia el rival de este domingo por la noche.

Sí, estos juegos se ganan con futbol, pero los ganan más los hombres que los futbolistas. La transpiración hormonal se siente más cómoda en este terreno minado entre México y Estados Unidos, con cualquier perfumado de inspiración.

Como sea, este domingo, serán 90 minutos de explosivas sensaciones para dos tribus, la estadounidense y la mexicana, que sin saberlo, llevan un mismo pasaporte: el de la nación esplendorosamente universal del futbol.

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LOS ÁNGELES -- 3-0 sobre Honduras. Y se propaga, y se aviva, el canto de las sirenas. Ese arrullo siniestro por organizar el desfile porque se recupera el control futbolístico de la Concacaf.

No basta. Eso lo entendemos todos. Desde quienes nos mantenemos de pie en la prominente cicatriz del escepticismo de ese 7-0, hasta quienes se arrellanan en el diván del exitismo.

Pero, hay excelentes noticias para la abnegada nación tricolor: esta vez los futbolistas mexicanos sí quieren. Habían demostrado que saben y que pueden. Atreverse es aún el gran atalaya a conquistar.

Administrando su dinamita, Juan Carlos Osorio envió un equipo casi experimental al asalto, y fue superior a unos hondureños que amenazaron gallardamente por momentos, pero que volvieron a mostrar ese temor reverencial al Estadio Azteca.

Diseccionamos al cadáver. El marcador fue erosionando a los catrachos. El 1-0 los desconcertó, el 2-0 los desconcentró y el 3-0 los colocó ante la histeria de que el boleto al Mundial se complica cada vez más.

Luego de algunos soponcios en el área mexicana, producto de la velocidad por los extremos de una permisiva defensa mexicana, el 1-0 les hizo sentir que la misión era imposible, y ese fervor, ese valor de momentos, empezó a diluirse.

Empezaron a responder a patadas, que no es un acto de valor, sino de cobardía y torpeza, especialmente cuando Panamá los aguarda como una de sus pocas rutas de supervivencia.

Por México, insisto, la devoción. Ese compromiso que a veces escasea. Demostró, nuevamente, que tiene a la mejor generación de futbolistas en su historia. Indudablemente. Pero, también, indudablemente, cuando ellos quieren.

Tecatito Corona volvió a confirmar que es el vago del Tri. Ese caracoleo, esa desfachatez de tahúr de tirar un mismo amague contra dos rivales y salir adelante, habría que buscarlo en las tardes de gloria de un Fernando Bustos o un Berna García. Sí, tanto tiempo hace...

Y relevante que el Tri estrene un nuevo capataz: Carlos Vela. Ha asumido el control del equipo, demostrando no sólo que es el mejor futbolista que puede tener México, sino que empieza a gravitar esa aparente nueva actitud sobre el seleccionado nacional.

Y mientras Raúl Jiménez confirma los deseos de Osorio de que sea su eje de ataque en Rusia, el resto del equipo juramenta sus compromisos como equipo, para que incluso, en su momento, Hirving Lozano regalara en su gol una de esas jugadas definitivas y definitorias que debería sacar a pasear cada domingo en la cancha, pero...

Honduras dejó una preocupación: o Pinto entregó el partido con su línea de cinco, o los jugadores no alcanzaron a entender los principios fundamentales de plantarse de esa manera. La trampa se cerró sobre ellos mismos.

Pero México lo aprovechó magníficamente, incluso desafiando uno de sus propios némesis: el juego aéreo.

El domingo visita el Azteca Estados Unidos. Un equipo que sufrió ante Venezuela y debió sacar energía extra ante Trinidad y Tobago, más allá de la jerarquía que le da Pulisic cuando tiene la pelota.

El juego de este domingo será un examen de mayor rigor para el Tri. Ya Juan Carlos Osorio prepara sus rotaciones, obviamente.

Serán rotaciones concienzudas, porque este domingo, puede llegar sellada ya la invitación a la Copa del Mundo de Rusia.

Y cerrar con sólo una pregunta. Las estadísticas, insisto, ese canto de sirenas, son abrumadoras en beneficio de Osorio y el Tri, pero, ¿y aquella promesa de jugar agradable y espectacular, se quedó en promesa de campaña? No importa, al mexicano se le defrauda cada seis años ante las urnas. Ya está acostumbrado.

Y Usted elija. Acá, en el promontorio del escepticismo del 7-0 aún quedan lugares, porque allá, en el spa del regocijo del #YaConEstoEsSuficiente, deben estar muy amontonados.

Este conformismo rememora la anestesia de algunos partidos políticos en México: con una torta y una 'pecsi', los tienen contentos.

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LOS ÁNGELES -- Considerarlo una estupidez, una estulticia, sería, un acto de canonización o santificación. Sería justificarlos bajo el amparo del desahucio neuronal, en el que, cierto y ciertamente, también viven en la Federación Mexicana de Futbol.

No, Decio de María y sus cinco esbirros (todos amamantados por la misma ubre que el América) no actuaron por torpeza, actuaron con dolo, por dolo. Considerarlos tontitos, inocentes o papanatas, equivaldría a la expiación de sus pecados. Lo suyo es la perversidad. Lo suyo es la inmoralidad.

Si ya un partido de veto a Monterrey por el intento de linchamiento de un sector de su afición a seguidores de Tigres era una decisión benevolente, tibia y timorata, ahora, perdonar esa sanción es una aberración producto de la corrupción y prostitución que ejercen Decio y sus compinches.

Que ese Comité de Apelación indultara a un club, cuyos aficionados nunca pensaron en indultar del ajusticiamiento a la afición adversaria, porque, simplemente, no hubo un delito grave, no hubo sangre, no hubo un funeral, y porque no duró más de dos minutos, es una aberración.

Útil repetir los nombres y filiaciones de los lacayos del delito de Decio de María en le Comité de Apelaciones: Juan Manuel Borbolla y Jesús Martínez, exjugadores del América, Gabriel Medina, Jorge Islas, todos en un momento empleados directos de Decio, además de su abogado personal y consultor jurídico de la FMF, Gustavo Mora.

Decio y sus achichincles han mandado un mensaje inequívoco de licencia para el caso y la barbarie en los estadios de México, un país que de por sí, se ve estremecido dramáticamente por la violencia, y no sólo por la delincuencia, sino por la policía desorganizada, pero coludida con la mafia.

Ahora, gracias a Decio y sus canchanchanes, además de las calles, ya también los estadios de México se convierten en una zona abierta de cacería. Pasan a ser los escenarios, una pinacoteca de la intolerancia y el crimen.

La arenga a la violencia que lanzan es clarísima: tienen 119 segundos para masacrar al aficionado, pero asegúrense de que aún resuelle. Porque si aún respira, no hay castigo. Y si ya esa víctima no resopla, entonces, tal vez y sólo tal vez, entonces sí, tal vez quepa el veto.

Ojo, insistimos con anteriores argumentaciones sobre este tema: la culpa no sólo es de Decio: las mafias en cualquier estercolero han montado sus imperios por que han sido toleradas y fortalecidas.

Y a Decio la fortalecen los otros 17 equipos. Tan culpable son él y sus cinco pelagatos torcidos en cuestión de Derecho, como los 17 dueños de equipos, que como los tres simios (Mizaru, Kikazaru, Iwazaru), versión pérfida, que no escuchan, no ven y no hablan.

Insisto: el silencio de los inocentes, los hace aún más culpables.

Y claro que no escapa el Monterrey. En un acto soberbio, soberano, respetuoso, respetable, debería haber retirado su apelación, y ahora, en apego al mismo Código de Ética de su propia matrona, FEMSA, debería tener un desplante de dignidad.

Queda claro que si FEMSA tolera, prohíja y ampara las decisiones del Monterrey, como proteger a sus pelafustanes, y por lo tanto convertirse en Mecenas de estos actos vandálicos de algunos de sus aficionados, sería muy interesante conocer sus valores morales como empresa.

Y queda claro que después de escenas dantescas en estadios como el de Monterrey y el del Veracruz, además de en otros escenarios o en sus periferias, con esta acción de "absoluta venia", en términos jurídicos, es decir, un indulto absoluto, el próximo torneo está destinado a ser aún más impunemente feroz e implacable.

Decía Diderot que "del fanatismo a la barbarie sólo media un paso", mientras que Voltaire perfeccionaba esa reflexión: "La civilización no suprimió la barbarie; la perfeccionó e hizo más cruel y bárbara".

En esa visión depredadora de Decio, antes del Juicio Final, seguramente pronto veremos el canibalismo en los estadios.

En lugar de ese futbol que Ángel Fernández, el mejor relator mexicano, embellecía al llamarlo "el juego del hombre", ahora Decio inaugura sus propios Juegos del Hambre.

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