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¿A qué debe apelar Chivas para ganar el título de Liga?
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LOS ÁNGELES -- Lo hacen sonar a réquiem. O a excusa. O a abnegación. O a rendición. O a consuelo. O a epitafio...

Lo hacen sonar a deserción. O a fuga. O a abandono. O a claudicación. O a herencia. O a testamento. O a maldición. O a genética...

Lo hacen sonar a patíbulo. O a ejecución. O a paredón. O a inmolación. O a condena. O a fatalidad. O a predestinación. O a premonición...

En el contexto de la Final del Clausura 2017, encapsulado bajo ese entorno del Juicio Final cíclicamente semestral, Chivas aparece martirizado y desahuciado bajo una sola expresión nacionalmente antinacionalista: "Es que son sólo mexicanos".

Y de ahí, al suicidio emocional, en un acto fugitivo, despojándose del lastre de las obligaciones y embalsamando, entonces, al Guadalajara ante la poderosa selección de seleccionados nacionales de diversos países que es Tigres.

El lamento, el gemido, se reinventó, de hecho, en las profundidades emocionales de Matías Almeyda. En su gestión, esa queja ha azolado y la ha asoleado en los tendederos de algunos resultados adversos, como si fuera una súplica de clemencia. "Es que sólo cuento con mexicanos". El capitán de la orquesta del Titanic saltó antes de que zarpara.

No ayuda mucho, por ejemplo, un personaje de célebre pundonor y cuyo sello es esa quijotesca hidalguía ante la adversidad, como lo es Javier 'Chicharito' Hernández. Sin duda, sólo Hugo Sánchez derribó más molinos de viento que el aún jugador de Leverkusen.

En charla con Sergio Dipp, de ESPN, Chicharito comenta que sus compañeros en el Tri le recriminan el nacionalismo de Chivas: "Me dicen que por güeyes jugamos con mexicanos y yo les digo que no, que por valientes jugamos con mexicanos".

Poco ayuda Javier Hernández con su reflexión. En esa pose de abogacía, en realidad pregona que es temerario e imprudente jugar sólo con mexicanos. La valentía asoma como un acto de heroísmo ante los riesgos y peligros inminentes.

Partiendo de las jaculatorias de Almeyda y Chicharito, jugar con mexicanos es, entonces ¿un acto de heroísmo ante el inminente desastre, un acto desesperado ante la catástrofe, o patadas de ahogado ante la calamidad?

Almeyda enmendó sabiamente en una arenga íntima en el vestuario. "Van a ganar, van a salir a ganar porque son mexicanos", y seguramente, ese será la poderosa arenga cuando este jueves y el domingo, Chivas salte a la cancha ante el equipo con más seleccionados nacionales de diferentes países en el continente americano.

Implacable crítico de los mexicanos, pero sin caer en esos deslices atormentados de discriminación de José Vasconcelos, el Premio Nobel Octavio Paz reflexionó: "La resignación es una de nuestras virtudes populares. Más que el brillo de la victoria nos conmueve la entereza ante la adversidad".

Ciertamente entre el estereotipo del mexicano que pretendió acuñar Octavio Paz en su frase, y las generaciones actuales, ha habido una metamorfosis. La educación bruñe dramáticamente la conciencia crítica.

En redes sociales se ha manifestado, de manera poderosa, esa repulsa al estigma implícito en la frase que negocia la inminencia de la derrota para Chivas porque "es que son sólo mexicanos".

De hecho, parece, más bien, ser el himno arrullado con rencor y saña por quienes evidentemente desean más la derrota del simbolismo del Guadalajara, que por una manifestación genuina de un "mexicanocidio".

Porque, en un entorno más universal, esa misma muchedumbre -aficionados, medios, directivos- se llenan del Síndrome del #MasSiOsare cada cuatro años con ilusiones en torno a la selección mexicana, que, según ellos mismos, a final de cuenta "son sólo mexicanos", y porque además, los naturalizados que han sido concitados han ayudado poco y nada.

Irónicamente, los mismos dueños del futbol mexicano, prohíjan ese lamentable y nacionalmente antinacionalista santo y seña de "es que son sólo mexicanos", cuando pasan de la regla absurda y atentatoria del 10/8 a la farsa del 9/9.

Para quienes se envenenan en redes y medios electrónicos, y este abandonado espacio, no les es nuevo saber que mi simpatía por Chivas es tanta como la esperanza de que haya vida inteligente en la Luna... o en la FMF.

Sin embargo desde hace años, ante esa agresión administrativa, competitiva y laboral de los directivos al futbolista nativo, promulgo ese deseo de que el Guadalajara se regenere, consiga títulos, porque es la reivindicación absoluta del futbolista mexicano.

Y quede claro, no es porque "sólo juega con mexicanos", sino precisamente porque "juega con mexicanos". Y hay una gran diferencia.

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LOS ÁNGELES -- Con los paramédicos en la banca, con linimentos, árnica y chiqueadores en el botiquín, Chivas llega a la Final. Una larga ausencia. El Paraíso les había sido negado.

El problema, más allá de la metáfora, es que se sacaron en la rifa la piel del Tigre. Pero, la piel aún la trae muy bien puesta, y lustrosa, ese Tigre. Y desollarlo, será complicado.

Con Carlos Salcido en el infierno reumático, y un Chelo Zaldívar que en el pecado de la precipitación encuentra la penitencia de la recaída, más un Carlos Fierro en duda, Guadalajara volteará a la incubadora en busca de soluciones ante un equipo despiadado, convencido, concentrado, soberbio.

Con la serie de lesiones y recaídas, de decisiones mal tomadas, operaciones infructuosas, parecería que en el cuerpo médico de este Chivas ofician sobadores y curanderos, cuando por años han tenido al cirujano mágico, Rafael Ortega. O deberán revisar el trabajo físico: la perfección aeróbica no garantiza la perfección anaeróbica.

Agreguemos al 'Conejo' Brizuela y a Carlos Cisneros, en la suma de bayonetas rotas en la infantería del Guadalajara.

Deshaciéndose de Toluca, como del Atlas, con el reglamento salomónico a rajatabla, Chivas confirma sus credenciales: embelesa, pero con ellos arrastra un costo físico brutal, que se solventa, en parte, por la juventud del plantel.

Pero, lo comentamos, en la anterior entrega, este Rebaño sólo sabe jugar de una forma, afortunadamente. Por eso, el 1-1 de la ida era una emboscada. Ahora, con la columna vertebral fracturada, y con un ritmo y libreto en el que ninguno de los integrantes puede dar concesiones o desconcentrarse, Matías Almeyda ha visto como la flotilla de Ferraris con los que arrancó el torneo, empezaron a quemar motores.

Ante Tigres, Almeyda tendrá que elegir entre el suicidio o la supervivencia desde el Juego de Ida en Monterrey. La Final puede tener su veredicto desde ahí.

Por ejemplo: ¿enviará al sacrificio a 'Chapito' Sánchez ante los aviones que enfilará por su zona el Tuca Ferretti? Chivas tiene un excelente carrilero, pero es un defensor puntualmente de medio pelo, y si además le permite desplazamientos hacia el frente...

En media cancha, la mejor forma de visitar a Tigres es colocar a tres de los mejores contenciones mexicanos muy encadenaditos y compactos: Orbelín Pineda, 'Gallito' Vázquez y Michel Pérez.

¿La 'Chofis' despertará algún día? O entonces tendrá que resignarse con 'El Avión' Calderón de soporte a una aventura gloriosa de Rodolfo Pizarro y Alan Pulido. Y ante el bloque sólido de Tigres, se necesitará más que eso para despellejarle la zalea a los felinos.

El conflicto de Chivas es que parece demasiado tarde para aprender una forma distinta de jugar. Su vértigo abierto, preciso, de enroques, atrevimiento y hasta en el mano a mano, puede, causarle migraña al adversario, y hasta generar oportunidades de gol, pero necesitará ser certero en la embestida final, y eso, ante un portero como Nahuel Guzmán, se vuelve una misión aún más compleja.

Por eso, en el Juego de Ida, Matías Almeyda deberá valorar muy bien las indicaciones a sus piezas. Y no sólo de orden táctico, sino de exigencia física. Tigres aprovechó la primera mitad del torneo para hacer su pretemporada, y después campear insolente en el desenlace.

Como sea, la expectación y las expectativas sobre la Final del Clausura 2017 son generosas, especialmente para un proyecto probado, claro de manera doméstica, como el de Tigres, y otro, de reivindicación absoluta del jugador mexicano con Matías Almeyda.

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LOS ÁNGELES -- El reglamento le cuenta un embuste a Chivas: salió con ventaja de Toluca con el 1-1. La regla lo bendice con gol de visitante y posición en la tabla. Un infundio.

El 1-1, a un equipo como el Guadalajara, de poco lo sirve. En la doctrina que practica de jugar ofensivo, y de la evidente repulsión que siente ante la especulación, este 1-1 es como partir de cero. Verlo distinto es suicidio para la osadía de Matías Almeyda.

Pensar que el Rebaño fincará su estrategia, ante un equipo desesperado como Toluca, con el código de la especulación es una farsa absoluta.

Sin duda el Guadalajara gana en tranquilidad y cultivará, en medio de esa desazón y desespero del adversario para poder administrar mejor la forma de atacar al Toluca.

Pero, es sabido, es imposible que Chivas pretenda fincar su pase a Semifinales en la tacañería obsesiva de defender el dictamen del 1-1, por hábitos futbolísticos y por defectos futbolísticos.

Por eso, por el espectáculo, mejor aún. A sabiendas que Chivas parte del principio genuino de saber que el parcial del juego de este jueves en Toluca es poco lucrativo, buscará ponerle su firma al desenlace.

Incluso, la serie ante Atlas debió aleccionar al Guadalajara sobre su incapacidad para especular con el enclenque veredicto de un empate, especialmente en un belicoso trámite ante Diablos Rojos aún con 90 minutos en blanco.

Tras un orden legítimamente cauteloso en el primer tiempo, equilibrando las acciones e incluso desperdiciando un par de remates de Fierro y Orbelín, en la segunda mitad, incorporando a Pizarro y Zaldívar, se adueñó de la estrategia más que del balón, y sólo volvió a tragar amargo cuando quiso volverse compacto en el fondo, especialmente cuando concedía absurdas faltas en los perímetros del área.

Toluca tuvo descuidos por ansiedad. Uno de ellos genera el gol de Pizarro, originado sin duda en la velocidad de respuesta del adversario, especialmente tomando desbordado al ansioso equipo escarlata que entendía la urgencia de romper los bostezos en el marcador.

Más allá de si Hernán Cristante se equivoca demorando cambios y ajustes en el cierre del encuentro, víctima de inmadurez y nerviosismo, lo cierto es que el mayor nerviosismo fue de Uribe y Hauche ante las numerosas oportunidades que le generó la orquesta de Sambueza.

Así, con la mascarada del 1-1, susceptible de ser una emboscada para ambos equipos, entienden Matías Almeyda y Cristante que el juego de vuelta es a matar y morir, lejos, muy lejos, por sus propios estilos de juego, de aferrarse a la fragilidad de un marcador fantasma como el de este jueves.

Porque eso lo han demostrado en el torneo: a Chivas y a Toluca les place jugar sin tener y sin pedir piedad.

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LOS ÁNGELES -- Necedad compararlos. Imposible. Uno manifiesta el poder absoluto de la naturaleza humana: Lionel Messi. El otro manifiesta el poder absoluto de la perseverancia humana: Cristiano Ronaldo.

Sería como comparar prodigios como el Everest o la Aurora Boreal, caprichos esplendorosamente divinos de la naturaleza, con la divina capacidad del hombre para tratar de competir en su oficio con el Creador, a través del Taj Mahal o las Pirámides de Egipto. Unos son engendrados, otros creados.

Ningún futbolista en el mundo puede soñar con imitar a Messi. Ninguno. Todos, absolutamente todos, sucumbirían bajo el estigma lapidario de falsificaciones patéticas. Serían la adulteración hecha ridículo, o el ridículo hecho adulteración.

Pero, y seguramente quienes veneran frenéticamente a Cristiano Ronaldo, disentirán, pero, insisto, todos, absolutamente todos los futbolistas mediana o excelsamente facultados, deberían, sí, deberían, aspirar a ser CR7.

Descartado Messi como modelo a seguir, porque su instinto de altísima velocidad, la confabulación intuitiva y motriz que posee rebasan el vértigo de lo humano, Cristiano presenta otra referencia, otro arquetipo, un vehemente prototipo de lo que muchos futbolistas con talento pueden ser. La diferencia entre el engendro y la creación.

Esta temporada, CR7 ha agregado una sorpresa. Se reinventó, cuando parecía que la sofisticación de su modelo de atleta y de jugador había alcanzado su propio Everest. Cuántas voces tenía la ignorancia asegurando que estaba llegando a su ocaso, avejentándose en el castigo del tiempo y sus rutinas exigentes de evolución.

A esos charlatanes, forenses de la carrera de CR7, puestos en ridículo por el mismo portugués, no les queda más que esconderse bajo las faldas de su mezquindad. El adalid del Real Madrid encontró, en el recambio de su propio plan de reconstrucción y resurrección, la Fuente de la Eterna Juventud.

Con 32 años, se convierte en el despiadado Dorian Grey del futbol. Insisto: CR7 envía un mensaje a otros que medianamente talentosos, temen, o se conforman, o son ciegos, pero no se atreven a tomarlo como referencia. Se conforman con ser embrutecidos diamantes en bruto.

Elijamos ejemplos. Uno muy puntual. ¿No tiene James Rodríguez las condiciones propicias para poder, si quisiera serlo, una versión propia de CR7? Dueño de gran talento natural, de astucia, de visión, de golpeo de balón, y de frialdad ante el gol, elige ser un armadillo que se refugia en su propia armadura.

A Cristiano se le fustiga por banal y vanidoso. Su dedicación extrema a la perfección y el embellecimiento de su físico, pasando por detalles que originan sarcasmos como citas con manicurista y pedicurista, terminan siendo la carroña morbosa que se consume ávidamente, incluyendo las fugas a Marruecos.

Pero, él ha logrado perfeccionar el estuche con que llegó al mundo. A su manera. Hoy, lo hemos dicho, con base en valoraciones físicas de laboratorio, puede competir en 400 metros y en relevos de 4x400, gracias a su potencia, rapidez y resistencia; su salto desafía a jugadores de la NBA, y la elasticidad y el control de sincronía muscular de su cuerpo permitiría acercarlo, con desventajas, cierto, a un gimnasta de alta competencia.

Lo evidente es que Cristiano Ronaldo, el futbolista, no nació así. Ni siquiera creció así. Él, al trabajo inconcluso de Dios y la naturaleza, le agregó la persistencia de convertirse en un futbolista más competitivo. Del barro imperfecto ha querido hacer una efigie perfectible.

Todo esto, claro, a un costo muy elevado, bajo una doctrina ascética enfocada al deporte. Nutrición computarizada, entrenamientos extra, reposo prolongado. Eso que llaman entrenamiento invisible, pero que él hace visible en la cancha.

CR7 tomó la decisión de convertirse en el mejor del mundo. A cualquier costo. Él se convirtió en el Miguel Ángel de su propio David. Y hoy se encuentra de nuevo muy cerca de otro Balón de Oro, muy cerca de otra Liga y muy cerca de otra Champions.

Por eso, cada futbolista profesional, con un talento distinto, porque no hablo de picapiedras ni pataduras, debería querer imitar el fundamento de autoedificación del atacante del Real Madrid.

Insisto: si esos futbolistas de mediano talento o de mucho talento como Pogba, Dybala, Griezmann, Mahrez, Aubameyang, Suárez, Bale, Benzema, De Bruyne, por citar sólo algunos, empezaran a tomarlo como paradigma de su propia evolución, podrían, emular o incluso rebasar lo conseguido por CR7.

Estos y muchos otros deben entender que, habida cuenta, no podrán acercarse siquiera a la versión sobrenatural de Messi, y tienen, en cambio, un punto de partida, humanamente, para perfeccionarse física y futbolísticamente.

Este año, apegándose a la poligamia gloriosa que pretende Cristiano Ronaldo en un año deportivo (Euro, Champions, Liga y ¿Confederaciones?), se convierte en el futbolista más rentable del mundo.

Al final, el mensaje está ahí para todos los privilegiados con talento excepcional para el futbol: si quieren, porque pueden, blasones similares a los de CR7 no les están prohibidos, por el contrario, les están totalmente permitidos.

Si no están predestinados divinamente para ser un monumento natural como el Cañón de Colorado (Messi), sin duda pueden ser arquitectos de su propia y soberbia Muralla China (CR7).

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LOS ÁNGELES -- Con su juramento como Espada de Damocles, --en una aproximación al suicidio--, ese de prometer ser finalista en la Copa Confederaciones, Juan Carlos Osorio, como croupier resignado, blofea con sus 32 cartas de cara a los amistosos ante Croacia e Irlanda.

De esa baraja con 32 naipes, pero sin algún as bajo la manga, pretende quedarse con 23 reclutados para la misión de someter a Honduras y Estados Unidos en el Estadio Azteca, en un combo que podría incluir su clasificación a la Copa del Mundo Rusia 2018.

En la garita del Hexagonal, México tiene 10 puntos, y en la aritmética de la mediocridad Conkakafkiana, con 16 unidades le sellan el pasaporte a Rusia. Una ganga, más barato, imposible. En esta zona Caperucita es más peligrosa que el Lobo.

Juan Carlos Osorio
Imago7Juan Carlos Osorio no quería mostrar su lista de convocados durante la conferencia de prensa.
En la precipitación exitista de las estadísticas, el Tri debe salir a destazar a sus adversarios y empezar a confirmar albergues en Rusia. Pero a Honduras lo exalta Jorge Luis Pinto y a Estados Unidos lo resucita Bruce Arena. Para ambos técnicos, México sólo se conjuga con el verbo odiar.

A pesar de sus populistas liturgias previas de que en la Liga MX hay opciones similares a los cónsules europeos, Osorio ratifica que a la Confederaciones viajarán los titulares y los becados en las bancas de clubes de medio pelo en Europa, además de Giovani. Muchas vueltas de la gallina para poner el mismo huevo de siempre.

Así, mientras todos los medios y los miedos de la selección mexicana tienen como código postal la Confederaciones, la devoción por la Copa Oro se empobrece, sin ignorar que la selección #SálveseQuienPueda que acudirá vestida de verde, espera las nominaciones de Walter López, Aguilar Chicas y Mark Geiger como los rescatistas del Tri. Los padrinos favoritos de El Padrino conkakafkiano.

El grupo de México en la Confederaciones sólo escandaliza a los temerosos defensores de Osorio. Ya hemos hecho referencia a la desvencijada selección de Rusia, mientras que Nueva Zelanda recluta a los lisiados que nunca pudieron jugar rugby, y en espera de las condiciones en que llegará Cristiano Ronaldo en esta maratónica obsesión de ser el Balón de Oro, con dos musas valiosas: la Champions y la Liga. Los gatos quedarían a merced del ratón.

Con la Copa Oro, entonces, relegada al escuadrón suicida mexicano de los menos indigentes de la Liga MX, y con la inconsistencia de una selección estigmatizada perversamente por el 7-0 ante Chile, Juan Carlos Osorio empezará de cero, porque, ya debió detectarlo, la amnesia reincidente del futbolista nativo, respecto a su Libreta, lo coloca en el comienzo de la aventura.

Ojo, insisto: así como Osorio no debe ser el único en cargar la cruz al Monte Calvario del 7-0, porque los futbolistas quedaron superados física y espiritualmente, tampoco puede dejarse de lado la responsabilidad suprema de los jugadores en el asalto desolador sobre la alguna vez mítica Columbus.

De esta manera, los dos extremos de esta selección mexicana, el hundimiento absoluto del 7-0 hasta la extinción de EEUU en Columbus, deben atribuirse a los extremos de compostura de los jugadores, que pasaron de la agonía histérica en Santa Clara al éxtasis histórico ante las últimas tropelías de Klinsmann. Ni la leña verde ni el nicho son exclusivos de Osorio, los jugadores tragaron, mayoritariamente, de ese estiércol y también de ese banquete.

Lo cierto es que México será además el seleccionado que llegue con una mejor ruta de preparación. Croacia e Irlanda, con nóminas de exiguas pretensiones mundialistas, deberán aportarle exigencias al Tri, y en batallas sin concesiones, la Honduras de Pinto y el EEUU de Arena, serán una versión corregida y aumentada de las que ya enfrentó Osorio.

Ojo: poco le ayudan a México los juegos previos en Los Ángeles y Nueva York, para después meterse al Estadio Azteca, con las condiciones de altitud que ahora son menos temidas y mejor confrontadas por sus adversarios en el Hexagonal.

Por lo pronto, Osorio percibe la emboscada que generalmente arman los resultados. Especialmente si él mismo fue proyectándola en torno a sus discursos. Victorias de local sobre catrachos y estadounidenses, y esa presupuestada Final en la Confederaciones, serán el termómetro ineludible de sus perspectivas, porque, ojo, es necesario recalcarlo: el técnico colombiano no llegó para tramitar el boleto a Rusia, sino para aspirar a los terrenos vetados y vedados del quinto partido. Para turistear en Rusia, abundan candidatos.

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LOS ÁNGELES -- La cartelera no tiene misterios. Esconden más --y esconden muy poco-- en los aparadores de Ámsterdam que las Semifinales de la Liga MX.

El juego es: todos contra el Tuca y todos contra Tigres. Como marabunta insaciable, los felinos dejaron en los huesos a un Monterrey ya aquejado de osteoporosis. Ni médula para un taco. Y además, el cierre de torneo, los revitaliza. Aunque Tuca no lo quiera, es favorito.

Mientras los Tigres adquieren solidez, confianza, altivez y amenazan con estar a la altura -finalmente- de su nómina multimillonaria, los otros siguen juntando piezas. Los tres, Chivas, Xolos y Toluca, descubren que a sus juegos de Lego les faltan fichas.

Lo hemos mencionado, el mejor y peor enemigo de Tigres es su historia de vida. Cuando aparece como favorito, elige desmayarse como víctima. A veces parece un tiburón con prótesis y caries en la prótesis.

Pero, por nómina, por rendimiento, por solidez, por consistencia, por continuidad, los Tuca Boys son el equipo más amenazador, más allá de que en la confrontación en la última línea, palidece. Claro, el gran desafío es saltar las garitas para llegar hasta ya.

La serie entre Chivas y Toluca seduce. Dos equipos que hacen de su temeridad un pacto suicida, más allá de que Matías Almeyda ha rediseñado a su equipo. Lo advertimos: en el cierre del torneo, jugando con fuego, ensayó alternativas. Ha hecho un equipo camaleónico.

Toluca, en tanto, con una descabellada hambruna al ataque, en esa estrujante devoción por morir matando y matar muriendo, dispone de suficientes liebres para encarar al tortuguismo de la zaga de Chivas.

Sin duda fueron más didácticos para Almeyda los sufrimientos de Toluca en la vuelta ante Santos, que para Cristante, los sufrimientos de Chivas ante Atlas. Especialmente porque ese ritmo frenético de sacrificio y combate masivo de los Rojinegros es imposible pedírselo a los Diablos.

Además, el Guadalajara ya tiene a Pizarro listo y con un par de chiqueadores y masajitos, de los deportivos, Ángel Zaldívar estaría en condiciones de regresar, especialmente ahora que La Chofis tiene el GPS más descompuesto que taxista mañoso.

Por eso, esta llave puede consumar un marcador generoso en el global de los 180 minutos, a pesar de Talavera y a pesar de que para Chivas meter el balón es más complicado que la parábola bíblica de hacer pasar a un camello por el ojo de una aguja. Como policía inepto, es más probable que el Guadalajara se dé un tiro en el pie, antes que en la frente del Diablo.

¿Xolos? Ante Morelia ratificó su capacidad como colectivo. Juega mejor cuando las circunstancias lo tienen arrinconado. Insisto en lo de hace semanas: a los jugadores les falta esa personalidad despiadada, carnívora, de su Supersaiyajin Miguel Herrera.

Cierto que para la mitología náhuatl, el Xoloizcuintle era el perro guía en las tinieblas postmortem, o, generalmente, como relleno de los tamales para el rey en turno, pero también eran mascotas salvajes. Pero estos canes sofisticados de Herrera parece que tiene prótesis dentales.

No obstante, buenos futbolistas hay y buen futbol hacen. Hay disciplina y orden. De seguir al pie de la letra el mapa del Piojo Herrera, meterán en problemas a los Tigres. Y si Ferretti se siente Bobby Fischer, su adversario tiene dotes de Gary Kasparov.

Parece una obviedad, pero en el saldo disciplinario de estas semifinales, empezará a olisquearse al campeón. Y me parece que los jueces tendrán más chamba en el agarrón entre norteños. Y claro, para beneplácito del campeador entre Toluca y Chivas.

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LOS ÁNGELES -- El Profe le puso la Cruz al Atlas. Y Chivas es semifinalista. Matías Almeyda, por fin, es semifinalista. 1-1, y el reglamento extermina la pujanza rojinegra y ampara la ilusión rojiblanca.

El Pelado cumple la promesa: juega distinto en la Liguilla. Lo condicionan, además, las lesiones, pero encuentra una solidaridad granítica entre sus jugadores. En su equipo sobrevive el grupo, que, incluso, ha sido capaz de absorber y de moldear el aparente conflicto que implicaba Alan Pulido en su llegada.

Con la ventaja anémica en el marcador, José Guadalupe Cruz abusó de la temeridad y fue víctima de ella. Sentar a Matías Alustiza fue el primer tranquilizante para el Guadalajara. De hecho, obligó a Almeyda a modificar su organigrama: había una amenaza menos.

Sin embargo la decisión de El Profe no pareció tan descabellada en el primer tiempo. Hasta que al minuto 46, un error de marcación validó el empate de Chivas y la eliminación de Atlas.

Sin embargo, el reacomodo de Chivas en esa primera mitad fue contraproducente. Puso a flotar a La Chofis en tierra de nadie. Incluso, en una decisión absurda, del jugador o del DT, aparecía en notable desventaja, como centro delantero, y a él, la rumba, sólo se le da en espacios abiertos.

O, incluso, por esa inercia de que salió con el GPS hackeado, La Chofis apareció dos veces detrás del Chapito, en un evidente descontrol del jugador. Insisto: él no puede dilucidar en la cancha conforme a las necesidades del equipo, él necesita tener el balón y embestir.

Juramentada en el vestuario una devoción extrema, una lucha constante y concentrada, Atlas inquietó a Chivas en el primer tiempo, porque le arrebató la media cancha, y porque sabía que en los tres cuartos del terreno había condiciones de ganar en rotación de puestos.

Inexperiencia, sentenció al Atlas. Inexperiencia ofensiva, sobre todo para elegir la jugada final, en ataques enceguecidos, sin buscar nunca las opciones que se le generaban. Toda esa dinámica, muy cierto, no entra ni en las hormonas ni en las neuronas de Alustiza. Por eso Cruz eligió nervio contra nervio.

La diferencia ocurre en un tiro de esquina. Y Clifford sigue en el limbo en esas jugadas. El recentro toma a Orbelín Pineda de espaldas al arco, y tuerce el pescuezo como acto reflejo, más que por un artificio del goleador, para vencer a Fraga. 1-0 en la agonía del primer tiempo.

El complementó retocó el juego. Apareció Alustiza pero la trinchera había sido levantada por Chivas. Ya con Michael Pérez sustituyendo a la extraviada Chofis, Atlas empezó a jugara la ruleta rusa.

El Guadalajara sabía que ese 1-1 era su princesa en el castillo. Un gol del Atlas obligaría a que el Rebaño se saliera de su pichicato estándar de goles en la temporada.

Almeyda había hecho la tarea entre semana. Si Atlas abusó de consumir tiempo en la primera mitad, en la segunda Chivas sacó un repertorio de cancherismo desconocido prácticamente por el equipo. El reloj estaba en la muñeca del árbitro, pero los minutos estaban en el buche del Rebaño.

Incluso, en esa desesperación, ya desordenada, ya angustiada, ya histérica del Atlas, Carlos Fierro le saca escalofríos al larguero, mientras una encogida chilena de Pizarro se encariña con la base del poste.

Para esa ruta agreste a la pretensión del título, Almeyda encuentra bálsamo: Pizarro ratificó que está listo, mientras que Zaldívar ya estaría listo.

¿Atlas? La madurez que le urge solo la adquiere con estos sopapos. El problema es que ya son 66 años de ellos.

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LOS ÁNGELES -- Fue un abuso. Absoluto. Lesa impunidad. Tigres hizo suya la plaza, la ciudadela ajena, y en pleno zócalo tendió la ajada, mustia, marchita, humeante y humillada zalea del castrado adversario.

Los ¿futbolistas? ¿profesionales? del Monterrey abochornaron a su afición, esa que en un acto extremo de Fe, creyó en unos Rayados reacios creer. Los eunucos visten de rayas.

6-1. Tigres en plan de tsunami. Un epitafio doloroso, pero es, en un clásico regio, una vejación absoluta. Semejante ultraje tiene un responsable: Antonio Mohamed.

Rayados hizo un acto de ilusionismo de 25 minutos. Parecía que quería. Y que podía. Porque, sin duda, debía, a pesar de que algunos, como Edwin Cardona, se movían menos que su sombra.

Pero, en ese acoso estéril, empujados por la inercia de la afición, a la desfachatez del Juego de Ida, y la urgencia de negociar su permanencia seis años más con la mejor beca posible, los jugadores sólo ratificaron su inmoral impotencia. Su descaro es casi un delito.

Después, Tuca rescata los trucos del Tuca. Y hace Jaque Mate al Turco. Mete a Meza, y contra sus hábitos de otros tiempos, monta línea de cinco y casi de seis con Pizarro. Ante semejante laberinto, Mohamed demostró que apenas es un aprendiz del Sudoku.

La ganzúa de Tigres volvió a ser Gignac. Un tiro libre con más intención que letalidad, encuentra en el padrinazgo paquidérmico de Hugo González la complicidad para el 1-0, que acumulaba en 5-1 depredador.

Rayados percibió el tufo. Y no, no era esa fragancia sagrada del sudor honorable del competidor noble. Era la pestilencia de su propio cadáver. El 5-1 era el certificado de defunción. Pero, como los pollos descabezados, seguían corriendo enloquecidos, como estertor y como espasmo muscular de su muerte.

Giganc tenía más. Se enreda Montes en una pirueta torpe de jirafa recién nacida, al enredarse con sus piernas, y el balón llega al chacal francés. Sabio asesino de Liguillas, pero sólo de Liguillas y sólo en el torneo doméstico, alcanzó a tomarse la selfie antes de ridiculizar a Hugo.

Con el 6-1, la afición regia empezó a abandonar su flamante estadio, que se ha convertido, lamentablemente, en sólo una pira, un crematorio, un mausoleo de sus sueños más humedecidos de llanto que de champaña.

Acaso, la falta de gallardía, de masculinidad de los adversario descarapela la consumación de Tigres como amo y señor de Monterrey. No es lo mismo confrontar a guerreros que a ninfas perfumadas que además se amotinan ante su entrenador.

Mohamed demostró que no tiene capacidad de respuesta. Y que en la cancha no tiene auténticos caudillos como los tuvo en Monterrey y América, capaz de detonar, si les queda, la testosterona a los señoritos indecorosos que hoy maneja.

El Turco tiene contrato por dos años. Le han comprado lo que ha pedido. Y seguro, le comprarán, nuevamente lo que ahora pida.

Mohamed tiene la opción de hacer una limpia. Estos soldados le ayudarán a ganar batallas, pero ninguna guerra. Y a estos jugadores, Mohamed los puede convencer de ganar batallas, pero nunca la guerra. Perviven, ambos, en la misma incubadora del fracaso.

Ciertamente el arbitraje de Fernando Hernández fue calamitoso, pero más por torpe y huidizo que por sospechoso. Perdonó a Funes Mori tras alevosa plancha al histriónico Nahuel, mientras que el choque con Dueñas, visto por TV, parece una colisión accidental, más que provocada por el jugador.

¿Tigres? ¿Quién puede detenerlos? Tuca Ferretti ha encontrado los jugadores perfectos para del sopor ir al vértigo. Mucho debió aprender de cómo pierde la Final de la Concachampions ante Pachuca. Hasta se da el lujo de jugar con diez, mientras tiene a Sosa escondiéndose en la cancha.

Y ocurrió de nuevo. Violencia extrema. Algunos aficionados de Monterrey embistieron a seguidores de Tigres. Imprudencia compartida, sin duda. Pero ese tono de linchamiento urge ser sancionado de manera radical y drástica. Pero, lo sabemos, Decio de María no se atreve. Él es cómplice.

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LOS ÁNGELES -- El forense de la Liguilla ya dispone de dos autopsias. Dos que mueren de lo mismo: Monterrey y Santos con un indigesto y masivo 4-1. Muerte cerebral, dicen en mi pueblo, "desde endenantes".

Hay uno en estado de pánico: Xolos y el 1-0 ante Morelia, que ya lo venció en la fase regular. Y hay otro, chimuelo y de músculos fatigados: Chivas, con el 1-0 ante Atlas y la esperanza de redimirse en la que alguna vez, algún día, debe ser su fortaleza: su propio estadio.

En lo personal, Xolos me despertó sospechas en el 0-0 ante América. Un equipo que juega bien, pero sin la personalidad de los héroes accidentales. En la banca hay esa energía fantasiosa del Sayayin Herrera, pero en la cancha, espiritualmente, más que Xoloizcuintles, se comportan como Lassies de granja de calendario.

Sansores sentencia en esa complicidad con el arquero Lajud, una carambola a tres bandas que le duele a Tijuana, más allá de la sensación de capataz que parece tener en casa. Jugar bien es parte de la ecuación en una Liguilla. El Piojo lo sabe, pero no bautiza aún la actitud piojosa de algunos jugadores.

Pero, convertido en el cuarto mejor local del torneo, recibe a un intruso ladino. Morelia, con Roberto Hernández, se convirtió en el tercer mejor visitante de la Liga, un punto detrás de Xolos y Toluca, que pudo haber sido mejor sin Marini acomodando su apodo (Pomelo) en la banca monarca.

Para Chivas la situación es aún complicada. El Profe Cruz sabe más del negocio de cancha, aunque sepa menos de vestuario que Matías Almeyda. El Pelado transpira aún como futbolista, y eso le permite reclutar solidaridad del jugador.

Con un milagro muy respetable, como hacer campeón al Atlante, José Guadalupe Cruz tiene, en ese compendio inequívoco de más fracasos que éxitos, cómo debe jugar una Liguilla. Tiene peones para esquematizarla, y un alfil redimido, como Alustiza, quien en Atlas ya no dispara balines contra la muchedumbre, sino goles útiles.

Chivas tiene una selección de mexicanos, que con algunos agregados de la Liga, podría desafiar a la sedosa legión europea, pero a Almeyda le resultaron quebradizos. Pereyra este jueves, y entre enfermeras y la mítica podóloga tratan de recuperar con metodología exprés, incluyendo chiqueadores y veladoras, a Saldívar y a Pizarro.

Esperando que, algún día, algún siglo de estos, La Chofis sea más amenazante que su apodo de barriada, y sea más asiduo al área que a los salones de relajación en Guadalajara, Almeyda tiene sólo un pilar en Pineda, cuyo nombre, Orbelín, significa, según él mismo, un "dios muy guapo y sincero", más cierto lo segundo que lo primero, pero el jugador más completo de Chivas.

La mayor esperanza de Chivas, es el mismo ADN del Atlas. De sangre le vienen las dudas a este galgo rojinegro. Las penurias de 66 años. y encima ser el sexto en la tabla, lo condenan anticipadamente, más allá de que ese arrejuntamiento del 666, coincida con el número maldito de La Bestia.

Con ese 1-0, Atlas especula con cierta ventaja, pero ni los mejores tahúres apuestan por un par de cuatros. Pero, insisto, El Profe Cruz sabe cómo, en espera de que sepa convencer a sus jugadores de un porqué. Aquel Atlante que hizo campeón, embelesaba en el torneo regular, pero se coronó en la miseria del sufrimiento en la Liguilla. La misma Cruz, para el Atlas y para El Profe.

Así, la única esperanza de Chivas es la desesperanza histórica del Atlas.

¿Los desahuciados? Mohamed ya sufre de una rebelión emocional dentro del equipo descreído que tiene. Estuvieron tan cerca ante Pachuca, con la complicidad arbitral incluso, y se les arrugó la piel,

¿Santos? Chepo de la Torre, en tiempos de crisis, y dudo que haya cambiado, pierde el control absoluto de las circunstancias. Transpira inseguridad y transfunde inseguridad. No hay peor virus en un vestuario que la fatalidad de escribir el epitafio antes que el testamento. Chepo es de esos.

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LOS ÁNGELES -- Tigres tiene facha de campeón. Vestido de catrín amenaza con ser finalista. Cinco victorias en seis juegos y 18 goles por dos recibidos. Y un 4-1 a Monterrey. Ruta de monarcas.

Pero... Así apareció, por ejemplo, este mismo Tigres ante un Pachuca fragilizado en la Final de la Concachampions. Y se quedó con el traje de gala alquilado.

Este miércoles, despedazó a Rayados. Futbolística y moralmente. Las damiselas del té del 'Turco' Mohamed confirmaron que las guerras importantes las juegan saliendo de la estética.

Incluso el gol al minuto 91 para Rayados, es una ternurita de servicio de volibol de Nahuel Guzmán, más que un rechace rabioso, y que no desperdicia Basanta.

Un Gignac que había marcado dos goles en los primeros 11 juegos, suma ocho en seis encuentros, mientras que Jesús Dueñas, con dos tantos y una asistencia, se hace cargo del protagonismo funcional, en un equipo donde Javier Aquino establece la diferencia.

Insisto: Tigres es un experto en espejismos. Final de Libertadores ante un River desvencijado, una Final con América y la Final de Concachampions son relatos recientes de naufragios. Es un equipo sin palabra de honor.

No obstante, la demostración en La Liga MX, desde la emancipación ante Chivas, se convierte en la saludable referencia de que esta vez, nuevamente, puede apoderarse del control doméstico del futbol mexicano, más allá de que arredre en reclamos internacionales.

Cierto: este miércoles Rayados fue más cómplice que rival. En un bosquejo de montar dos garitas con despliegue rápido, Monterrey quedó aislado y desarticulado. Jugadores como Sánchez, Ortiz y Chará vagabundearon en la cancha, no sólo espiritualmente, sino impotentes de controlar y de ejercer el dos a uno que específicamente había ordenado Mohamed. Funes Mori a la deriva y Pabón en su obsesión de héroe frustrado.

Al final, la duda prevalece: o no fue lo suficientemente explícito, claro, confiable el discurso del 'Turco', o los jugadores son de cortas entendederas, o rechazan toda ascendencia del entrenador sobre ellos como refleja, por ejemplo, el desplante de Edwin Cardona de negarse al medio tiempo a bajar al vestuario.

En ese matrimonio del que quiere y puede con el que no quiere y por lo tanto no puede, Tigres puso potestad absoluta del encuentro y quien quiera ver una eventual reacción de Rayados fue, estrictamente, por la emboscada que montó el 'Tuca' Ferretti y que a estas alturas es de suponerse, hasta un hombre de cierta holgazanería táctica como Mohamed ya debería conocer.

4-1 que parece irrevocable. Monterrey necesita de tres goles de diferencia, y ya quedó en evidencia la fragilidad emocional y competitiva de su defensiva, empezando por los reiterados trastornos de Hugo González.

Así, con las Semifinales en el horizonte, para un equipo, insisto, sin palabra de honor, pero con elementos determinantes como personalidad, oficio, determinación y confianza, Tigres necesitaría ser una versión aún peor de sus perjuras decepciones: las finales de Libertadores y Concachampions.

Y Mohamed puede estar tranquilo. Tiene dos años más para seguir jugando flemáticamente al té, en lugar de a los soldaditos.

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LOS ÁNGELES -- Hay una historia fascinante sobre las águilas. Tiene el encanto de las leyendas y el desencanto de los mitos. Los ornitólogos la rechazan y los motivadores la perfeccionan.

El relato, dramático, explica que a los 40 años, las águilas eligen un risco seguro, donde montan un nido y amputan su pico, demasiado curvo y casi inútil, golpeándolo contra una roca. Y esperan por semanas hasta que se regenere.

Con el nuevo pico, arrancarán sus casi decrépitas garras, y esperarán, continuando un penoso ayuno, a que nazcan nuevas. Lo mismo hará con su plumaje. Una gestación de una nueva versión de sí mismas que se prolonga por cinco meses, para vivir otros 30 años.

Una alucinante crónica, pero, insisto, oscila entre lo mítico y mágico, y lo incomprobable e irrazonable. Pero, por hoy, alcanza para estas reflexiones.

En esta fauna del futbol mexicano, las Águilas del América entran en un estado de emergencia similar. Son tiempos de contingencias. En este momento, en ruinas, deberán regenerarse.

Más allá de aquel tremendo ilusionismo que mercó entre ignorantes Michel Bauer, al hablar de su reingeniería, y que terminó aplastado por el edificio deforme de su incompetencia, la realidad es que hoy en El Nido, es tiempo de amputar picos y garras, y deshacerse de plumajes caducos.

Clausurada la era de Ricardo Peláez, y cercenados los tentáculos sobrevivientes en el América, al villano de Coapa le quedan dos meses y medio para sacar de circulación esa gallareta desvencijada que fracasó en el Año del Centenario y que, encima, termina sin Liguilla, al ser incapaz de rescatar un punto de nueve posibles.

De repente, bisoños en futbol y aparentemente hábiles en jugar al ábaco para su patrón Emilio Azcárraga Jean, Yon de Luisa y José Romano empiezan a tratar de poner orden.

A la distancia, parece que su patrón pide que le armen un Cubo de Rubik... a un par de daltónicos. Como regalarle velas a un invidente.

Se insiste en que Santiago Baños y/o González Iñárritu llegarían a sentarse en el polvorín donde estuvo Ricardo Peláez. Y, ya se sabe, empezar a vender y reclutar, según las pretensiones de Miguel Herrera, quien de momento tiene las neuronas y la adrenalina puestas en Xolos.

En el remolino insalubre, pero cíclico, de rumores, se anticipa que Oribe Peralta iría a Pachuca en negociación que podría incluir un trueque. A estas Águilas en miscelánea regenerativa, les sobra mercancía de cambalache, pero le faltan piezas clave. Chabelo prepara sus catafixias.

Aún no hay una lista oficial de transferibles, pero todos son negociables, excepto Agustín Marchesin y Paul Aguilar, además de Diego Láinez y Edson Álvarez. Aunque Miguel Herrera sabe que puede hacer más con lo que Ricardo La Volpe eligió hacerse menos. No es lo mismo roto que descosido.

Como la mítica águila en ese proceso de metamorfosis evolutiva, y de vida o muerte, América empieza a moverse, y así como Santos de Torreón ha sido su tienda de refacciones, también en un momento lo fue Xolos, y volvería a serlo.

Las versiones en torno a Avilés Hurtado y Guido Rodríguez cobran fuerza, y los jugadores saben que si con su sueldo pueden llevar un pollo a su mesa cada día, en la mudanza podrían llevar dos pollos, con base en la metáfora que una vez usó Miguel Mejía Barón.

Si llegan Baños y/o Iñárritu, tanto De Luisa como Romano intentarán que mejoren lo hecho por Peláez, y con menor inversión, menos dramas, menos estremecimientos, menos "microgerenciamiento" de los técnicos, y más consistencia.

Recordemos que una de las deudas más calamitosas de Peláez fue no respaldar con títulos, en el Año del indeCentenario, cuando se desató esa campaña de usurpación de Campeonísimo en un desafío abierto al Guadalajara. Peláez prometió una dinastía, y no cumplió.

Cierto, América es el más ganador de títulos en el futbol mexicano, pero el apellido de Campeonísimo, de momento, le queda más como apellido de divorciada que de cuna, y eso, estremeció de rabia el Salón Oval de Televisa.

Por lo pronto, con la generosidad de recursos, la moneda de cambio de varios jugadores, dos meses y medio de trabajo, parece el tiempo razonable para que las viejas águilas desahuciadas, logren transformarse, regenerarse en un reto ineludible para los dos burócratas que se sienten, en este momento, todopoderosos sabelotodo de los intríngulis del armado de un equipo de época.

Escribió Víctor Hugo que "es necesario que cambies de hojas, pero debes mantener intactas tus raíces".

¿Conocerán De Luisa y Romano las raíces del América, o sólo se han dedicado a andar entre las ramas del elitismo de Televisa?

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