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Termina el sueño de Pachuca en Mundial de Clubes
LOS ÁNGELES -- Lo peor es la retórica del autoconsuelo. Esa, la palabrería para curarse las heridas de la incompetencia. Lengüetazos en las heridas como resabio abnegado de la hipocresía.

Pachuca oficia la catarsis de su propio indulto con frases sobadas, tras caer ante un Gremio con descompensación de horario y la carga competitiva.

Pachuca refriega la percudida imagen, mientras Gremio dobla las camisetas que ni siquiera necesitan lavarse. El adversario no mereció sudarlas.

"Dominamos el juego". "No merecíamos perder". "El arbitraje". "Terminamos metiéndolos en su cancha". Y más, claro. Los estribillos del fracaso. No sólo, otra vez, del Pachuca, sino de la incapacidad del futbol mexicano para hacer más respetable la irrespetada zona de Concacaf.

Más allá de que el América fue menos indigno contendiente en la edición pasada, ante un "Real de Madrid (dixit LaVolpe)", esta vez Pachuca contaba con escenarios favorables, porque más allá de adaptado al hábitat, había absorbido los estragos del jet-lag.

Gremio, pareció que estaba haciendo la siesta, y le entregó el gasto y el desgasto a Pachuca, quien ratificó que su paupérrimo nivel en la Liga no era porque estuviera secretamente administrando sus esfuerzos para convertirse en el Strategos (el caballo negro de Aníbal) del torneo.

Con Edson Puch marginado por conflictos con su entrenador, y Urretavizcaya transferido y distraído con Monterrey, Pachuca fue todo esfuerzo, pulmones, músculo, y un poquito de cacumen, pero a Everton le bastó un segundo de lucidez en su modorra, para resolver con un balazo cruzado sobre El Conejo Pérez, y Gremio finalista.

A excepción del América, y que igual terminó cuarto, la historia no miente, los anteriores enviados al matadero del Mundial de Clubes por parte del futbol mexicano, curiosa, irónica y absurdamente, terminan teniendo pésimos rendimientos en los torneos de Apertura, y por lo tanto llegan desvencijados moral, futbolística, física y competitivamente al reto.

Encima, en un acto doloso, turbio y vergonzoso, el futbol mexicano decide renunciar a la Copa Libertadores de América, por que "no se compaginan los calendarios", según una de las mayores --no la más grande de todas--, mentira de Decio de María, y su escudero Enrique Bonilla.

Ya hemos analizado la farsa que representa ese argumento, pero cuánto habría significado, por ejemplo, para Pachuca, haber competido ante equipos sudamericanos, o concretamente brasileños, antes de medirse al Gremio.

Ah, pero tanto Jesús Martínez como Andrés Fassi defendieron a muerte esa decisión de Decio de María, que, lo henmos reiterado, se ordenó desde el Salón Oval de Televisa, porque fue la manera más brutal, descarada y alevosa de sacarse la competencia de la transmisión de los juegos de la Libertadores por Fox.

No decidió, lo dijimos entonces, el futbol mexicano, sino Televisa para sacarse de encima la realidad de que Fox atraía la atención cuando los equipos mexicanos competían en la Libertadores.

Bueno, hasta Chivas que ya tenía el boleto asegurado vía Copa Mx, estuvo de acuerdo en que se cancelara la participación en la Libertadores.

Pero, insisto, tanta culpa tiene Decio, Bonilla y su patrón en el autoexilio, como los dueños de equipos que agachan los cuernos y sumisos, serviles, asienten ante las decisiones absurdas, malolientes o torpes, de sus dirigentes.

Entonces, ahora, como dicen los colombianos "que chupen de su cocinado" o "se quedaron como el becerro, mamando", que cualquier referencia es tan sana, popular e inocente, pero cierta para ejemplificar la situación.

¡Ah! Pero, no olviden falta la Final de la Copa Mx, en la que el aporreado Pachuca regresará a enfrentar al desgastado y desilusionado Monterrey.

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LOS ÁNGELES -- En hábitat de esquimales, con coloquial aguanieve y despiadado granizo, para flagelar aún más a los jugadores, quienes, todos, demostraron la raza genuina de futbolistas profesionales, en una batalla implacable que terminó con saldo de tregua: 1-1, en un veredicto salomónico.

Al marcador le ensuciaron la cara. Nahuel Guzmán opta por el harakiri clavando la pelota en el vientre de su arco, en su incapacidad para reaccionar a un balón desviado con la mollera por 'El Pato' Sánchez. Nahuel en su versión cómica: 0-1.

El empate llega con un aparatoso clavado, con un penalti que Isaac Rojas ve, en un arremolinamiento donde nada se puede precisar. Trata de maquillar la pifia Enner Valencia, al cobrar con esa temeraria imprudencia a lo Panenka, mientras que Hugo González abrazaba a su izquierda su frustración sofocada. 1-1.

Después del 1-1, hubo más. Hubo mucho, pero lejos de la red. Lejos del marcador. Lejos de insinuar un veredicto en La Final del Apertura 2017. En El Volcán, la tribuna vomitaba lava, mientras cadenciosamente bailaba en su funeral el plumaje del aguanieve.

Una fiesta de futbol, generosa, sin ser absoluta en la pizarra, con la nación felina viviendo silencios, ese mutis de angustia, de desesperación, de rictus cardiacos, mientras los ataques de Monterrey se sumaban a la incertidumbre en torno al Patón Guzmán.

Habría que someter a revisión algunos esfuerzos, pero podría ser engañoso a través del escueto paisaje de la televisión. En la pasarela de las culpas, con la clemencia ante las circunstancias del juego y de la misma acción del tiro de esquina, sólo el arquero de Tigres queda sentenciado.

Insisto, bastante inclemente era ya el escenario, porque más allá del clima, la sofocante presión de que esta Final había que jugarla al límite de todos los límites, los futbolistas respondieron.

Una prueba fehaciente de la gran responsabilidad asumida por todos, es que más allá del despliegue físico, de la intensidad anímica y pasional, el único amague de calambres en el juego, queda claro que fue una argucia más que una realidad.

Esto habla de que cada futbolista fue profesional 24/7 para este encuentro, y que ninguna banca dejó nada a la deriva. Cierto es su obligación, pero no siempre la cumplen.

Por eso, sin que el 1-1 sea el más suculento de los desenlaces, en un juego de tan álgido compromiso y lucha, lo cierto es que la demostración de sus alcances, escaló cerca de la perfección.

La Final de Vuelta tiene 90 páginas de suspenso e incertidumbre. Este viernes se hará el recuento de los estropicios. Tigres pierde a Hugo Ayala y Monterrey a Leonel Vangioni. La roja del felino es un castigo a la torpeza. La roja al rayado, es una tibia reprimenda a sus desvíos de carnicero.

Los médicos pesarán en las alineaciones del juego dominical: ¿Avilés Hurtado estará recuperado? ¿Bastarán una sobada con linimento mágico para Enner Valencia?

Esperar pues. Y desear que la integridad de jugadores y profesionales, la respeten, nuevamente, finalmente, en el desenlace para conocer la nuevo campeón.

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LOS ÁNGELES -- Una Final nuclear. Seis de los mejores 19 goleadores de la Liga estarán en el Juicio Sumario del Apertura 2017. Alrededor de 33 por ciento de los mejores romperredes del torneo.

Un desenlace de la Liga MX con jugadores explosivos. Sí, todos extranjeros: Avilés Hurtado (Monterrey, 14), Rogelio Funes Mori (Monterrey, 12), Enner Valencia (Tigres, 11), Eduardo Vargas (Tigres, 6), André Pierre Gignac (Tigres, 6), Dorlán Pabón (Monterrey, 5).

Sin duda, La Final misma exalta esa brutal competencia: ¿cuál delantera es más demoledora? Aquí, no necesariamente, lo más costoso es lo más valioso.

Liga MX

Marcan, las estadísticas, la diferencia entre valor y precio. Y la balanza se inclina a favor de Monterrey en esta comparativa entre estos seis jugadores que han sido seleccionados nacionales de sus países.

La trinca infernal es la de Rayados, según el análisis de Carlos Zafra, de ESPNDeportes. Cuidado porque no necesariamente todos los goles son determinantes en el marcador, pero la regla de FIFA para determinarlo, a veces, peca de subjetiva.

Las cifras explican que el trinche de Monterrey marcó 31 goles y el costo de las transferencias es de 15.4 millones de dólares por los colombianos Avilés Hurtado y Pabón, y el argentino Funes Mori.

¿Qué ha recibido Tigres en el Apertura 2017 a cambio de una inversión de 25.5 millones de dólares? La producción de 23 goles.

En una comparativa fácil, superficial, pero útil, cada gol de los tres felinos ha costado cerca de 1.1 millones de dólares.

En el caso de La Pandilla, cada gol de estos tres artilleros le ha costado 490 mil dólares, es decir menos de la mitad de la inversión hecha por los universitarios con la compra de las cartas de sus futbolistas.

¿Significa algo este comparativo? Una referencia ociosamente genuina y anecdótica para agregar condimentos a La Final.

Porque, por ejemplo, con Tigres, sólo Gignac suma dos títulos de Liga, mientras que el triunvirato de Rayados no suma ningún campeonato en su carrera. Y el francés, queda claro, en medio de esa parsimonia con la que parece comportarse en la cancha es el detonante felino, especialmente -casi siempre- en fases finales.

En la cancha, además, son futbolistas muy diferentes. La explosividad vertiginosa de Rayados le permite improvisar ataques con una armonía desquiciante para el adversario, especialmente si cuenta con espacios, esos que seguramente Tigres no le dará.

Los felinos elaboran más, hasta que en los últimos metros, a pura inspiración, le permite generar las jugadas de gol.

¿Quién es más implacable en la antesala del gol? Avilés Hurtado tiene más recursos, aunque Enner Valencia perdona muy poco.

¿Hay más semejanza entre Funes Mori y Eduardo Vargas? En eventuales funciones en la cancha, sin duda, pero el primero es indispensable, mientras que el chileno, a veces, al igual que Enner, debe chupar banca.

Gignac con esa frialdad astuta, se acomoda en la cancha, a veces lejos del gol, pero cerca de ser la catapulta final del equipo, mientras que Dorlán Pabón, con ocho asistencias, ha asumido, sumisamente, ceder el protagonismo del gol a Funes Mori y a su paisano Hurtado.

Al final, más allá de esa intrincada ecuación de costos, goles, partidos jugados y remuneración en puntos de cada gol, queda la implacable presencia de área de todos ellos. Por eso, insisto, la atención se centra en ellos.

Una Final Nuclear, sin duda, en la que, por supuesto, impactan en ese rendimiento el resto de la plantilla, porque Tigres tiene a Jürgen Damm y Javier Aquino, mientras que Monterrey se respalda en Neri Cardozo y Jonathan González.

Sin duda, por su recorrido como entrenadores, tanto Tuca Ferretti como el Turco Mohamed deben estar más preocupados por depurar sus comando antiexplosivos, que por refinar sus recursos ofensivos.

Veremos...

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LOS ÁNGELES -- La Final del desdén, del menosprecio, del ninguneo. O, tal vez, La Final de la envidia, del egoísmo, del rencor, del resentimiento.

Eso parece ser el desenlace del torneo entre Monterrey y Tigres. Un acto segregacionista por parte de las aficiones de los otros 16 equipos de la Liga que, desde la inclemencia apática del sofá, pueden, o no, arrimarse al festín regiomontano.

"Clásico de pueblo". "Clásico regional". "Clásico de rancho". Algunos de los estigmas más generosos o menos ingratos en las redes sociales hacia La Final entre Monterrey y Tigres.

Lo cierto es que, más allá de fanatismos enceguecidos y enceguecedores, seduce a cualquier aficionado al futbol, especialmente por la investidura de ser La Final del Apertura 2017.

Liga MX

Despojados de vestimentas y pasiones elitistas, como los feligreses de Tigres y Rayados, el juego se sostiene del clímax del juicio sumario a una campaña que en la Tabla de Clasificaciones fue controlada por estos equipos y que merecen la oportunidad de coronarse.

El regionalismo es una sulfurosa sustancia genética del mexicano. Hay una sensación de que ser tapatío, capitalino, chilango (porque no todos los capitalinos son chilangos, ni todos los chilangos son capitalinos), regiomontano, veracruzano, yucateco, colimote o culichi, es un título nobiliario que supera al destino de ser puntualmente mexicano.

En un país que es capaz de discurrir once tipos de moles y 13 tipos de pozoles, según los condimentos y creatividad de la región de donde provenga el platillo, es entendible que la denominación de origen para un equipo de futbol sea más radical.

El mole y el pozole se sirven en cualquier plato, cualquiera que sea la etnia de su recetario, pero no cualquier camiseta se ajusta a cualquier cuerpecito ni a cualquier ideología futbolística.

Lo cierto es que en medio de los resabios regionalistas, especialmente hacia el estado, Nuevo León --pulso financiero e industrial del país--, la expectación nacional, por vehemencia al futbol mismo, se mantendrá vigente.

Con una sobrepoblación de jugadores extranjeros, prohijada por la estulticia de la FMF, pero Monterrey y Tigres confirman tener los mejores planteles con 13 futbolistas seleccionables de diferentes países, y 21 que han sido o son seleccionados nacionales.

Más allá de los cuestionamientos acerca de la exquisitez futbolística de ambos entrenadores, lo cierto es que Monterrey es la mejor versión del Turco Mohamed como técnico, en todos sentidos, incluyendo el delicatessen futbolístico.

Por su parte, Tigres debe ser el equipo más maduro del Tuca Ferretti, más allá de que no pudo encontrar una versión para el futbol de transición que llegó a ser Rafael Sobis, o el aporte mixto de Guido Pizarro.

Entendiendo que los 16 clubes ausentes de La Final conjugarán el término fracaso o no, según las dimensiones de su importancia y de sus metas, la distancia que marcaron felinos y regios del resto de los equipos no puede ser cuestionada.

Por eso, más allá de esos regionalismos que supuran de manera lastimera epítetos como "clásico de rancho grande", lo cierto es que La Final tiene el encanto de la riña entre los más poderosos futbolísticamente del Norte, y financieramente, los más pudientes de la Liga MX.

Ojo, no reculo a la opinión que tengo de que muchos de estos clásicos regios, en temporada regular, e incluso en Liguilla, se juegan bajo el precepto escabroso del "miedo a no perder", especialmente con Mohamed y Ferretti, y quedan a deber en espectacularidad, que seguramente, por el apasionamiento de sus fanáticos, por los estremecimientos naturales de la pugna, para ellos, pasa desapercibido este punto.

Lo cierto es que, seguramente, de esta versión regional de mole y pozole -aunque en realidad será puro cabrito-, que se servirán en Monterrey, el resto de las 16 pasiones regionales del país quisieran haber alcanzado una probadita.

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LOS ÁNGELES -- Apesta a suicidio. Pero, digamos que América murió de todo. Y que murió por nada. Murió vejado, humillado. Tigres no tuvo compasión. Le puso escándalo e inclemencia al epitafio: 4-0 en el global.

Y claro: 17 equipos sonríen satisfechos ante la evocación y la invocación del Ódiame Más. La felicidad mezquina se infiltra en los triunfos ajenos.

Si Morelia no inventa una odisea mayúscula este domingo, la Final cita a Tigres y Monterrey: los dos mejores equipos y las dos escuadras más caras de la Liga Mexicana. Cartera manda: 13 seleccionados nacionales de diferentes países entre ambos equipos.

América murió de todo. Murió de epidemias. O de pandemias: expulsiones (Guido, Edson), apatías (Romero, Uribe, Ibarra), enanismo espiritual (Quintero, Paul Aguilar y otra vez Romero), banca (¿Güero Díaz?) y estrategia (Miguel Herrera).

Y América murió por nada. Aguerrido de arranque, se desordenó pronto. Y el corazón se le encogió. Y las neuronas también. Y las gónadas, por supuesto. Y la fe en si mismo. Y la fe en su adiestrador. Y hasta las expulsiones parecieron un acto de deserción, de cobardía.

Este sábado, en El Nido empezaron a montar de inmediato el tianguis de la desintoxicación: Quintero, Uribe, Guido, Valdez, Samudio, Ibarra... y contando. "Le cambió mis dos pollos de 50 por su gallo de cien".

Y a Miguel Herrera le aguarda el banquillo de los acusados. Prometió al patrón el título. Y Emilio alarga la sequía sin festejos. Cuidado y alcanza a Cruz Azul.

Tigres fue paciente. Le amparaba el 0-1 de la ida. Y sus jugadores empezaron a despedazar psicológicamente al árbitro Fernando Guerrero, ante cualquier falta de las Águilas. Hasta en eso se calló y se les cayó el pico a las Águilas.

Enner Valencia le rompe la impavidez del 0-0 al marcador. Y vendría su segundo, luego de su acto de rebeldía ante la etiqueta de reservista que le impuso su entrenador. Gignac cerró la cuenta desde el manchón: 3-0 en la dosis y 4-0 en el global, ya sin sudar, sin despeinarse, y podría decirse, al final con un dejo de piedad para no hacer caldo del avechucho caído.

Tras sólo 45 minutos de ajetreo, esos en los que el América, medianamente quiso, pero ni supo, ni pudo, Tigres gozará de un día más de reposo que Monterrey. La fiesta será toda regia.

Lo cierto es que, desplumadas, las Águilas podrán desprenderse más fácilmente de esos gorupos que les chupan la sangre y las avergozaron en esta semifinal ante Tigres.

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América, U.A.N.L

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MIAMI -- Escalofríos. Cuando el destino de México rodó bajo la sombra de Alemania esa debió ser la sensación colectiva que reptó entre la piel erizada de los mexicanos.

La desgracia tiene memoria de bibliotecario: Argentina 78, México 86, Confederaciones 2017... y contando. Alemania ha hecho del Tri más un escalón que una víctima. Las víctimas, a veces, merecen condecoraciones.

Las penurias llegan acompañadas: Suecia y Corea del Sur se agregan al vecindario. Las recientes experiencias del México de Juan Carlos Osorio ante los europeos, más allá de la victoria sobre Polonia alternativa y una Rusia maltrecha, han sido funestos.

Suecia goza de rigor táctico, de rascacielos, de poder y de futbol pragmáticamente desesperante. Jugará al gato con el ratón verdusco.

Corea del Sur ha crecido. Le han marcado la pauta el poderoso desarrollo de Japón y la intromisión de Australia. La experiencia de Francia 98 es una referencia inútil: aquella era un grupo de sudcoreanos en párvulos.

Pero, la emboscada no es sólo en la caravana del grupo. Va más allá. Enseguida, como segundo del grupo, si los imponderables del futbol lo bendicen, lo aguardaría Brasil, que disputa con Alemania los momios generosos de los apostadores.

¿Hasta dónde puede llegar México? Hay demasiadas manos en la cocina. Demasiados cocineros, para un Tri, que requiere de un líder absoluto.

Incapaz Juan Carlos Osorio de un tacto capaz de estremecer al futbolista mexicano, ha tenido que asegurarse de auxiliares. Pero, Imanol Ibarrondo ya fracasó, rotundamente, con su prédica desgastada de que en cada bellota vestida de tricolor, puede emerger como parte de magia, un poderoso roble.

Ha agregado a Gerardo Torrado, sin duda un futbolista de temperamento y pundonor, pero que en sus afanes de guiar a equipos, no le ha alcanzado, incluyendo, claro, cuando era el caudillo del vestidor, por ejemplo, en Cruz Azul.

Con Rafa Márquez muy lejos de un nivel mundialista, le quedan pocos capataces en el vestidor y en la cancha, pues acaso el único con mediana credibilidad sigue siendo Andrés Guardado.

Hace dos años, Osorio se regodeaba al ver que sus jugadores europeos cotizaban en ligas europeas. Desde los diseminados en Portugal, hasta las insinuaciones de los Dos Santos, y de un Carlos Vela que todavía se comprometía más con el futbol que con esa vida hedonista que pretende continuar en la MLS.

Con el futuro inseguro para Javier Hernández, y con Raúl Jiménez demostrando más personalidad, pero, en las fugaces oportunidades como suplente, sólo el Chucky Lozano se atreve a levantar la mano... en la Liga de Holanda.

Con Inglaterra en el camino, como juego de preparación y dos adversarios que buscan para enfrentar en Europa antes de asentarse en Rusia, la ventaja que tiene Osorio es que podrá contar con un mes de trabajo para tratar de armar un es esqueleto, pero de muy frágil columna vertebral.

El discurso inicial de Decio de María y Juan Carlos Osorio, cuando fue presentado, era que llegaba para buscar "trascender en el Mundial", es decir, al menos El Quinto Partido.

Hoy, queda claro, ya un cuarto juego en Rusia 2018, tiene domicilio en el vecindario de la utopía.

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América, U.A.N.L

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LOS ÁNGELES -- El VAR habría salvado al América del nefasto trabajo de Óscar Macías, pero no de la superioridad de Tigres.

Al final, el 1-0 describe y circunscribe el dominio de los felinos sobre el América en el Estadio Azteca.

El árbitro, dechado de errores en el Morelia frente a Toluca, marca un penalti que sólo existió en esa cabecita donde hicieron carambola los nervios, el temor, la ignorancia y una dosis imprescindible de estulticia: centro de Enner Valencia, el balón se estrella en el rostro de Bruno Valdez y después en la mano.

Y Macías se lleva el Oscar de las sospechas. ¿Sus jueces de línea? ¿Un ciego guiando a otro ciego?

Pero, sin duda, con el árbitro como villano absoluto de la serie, el América tiene más preocupaciones que estos jueces de crisálidas camisetas.

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El principal conflicto de El Nido: no juega mejor al futbol que sus adversarios. Porque lo mismo le ocurrió ante Cruz Azul. El doble 0-0 ante La Máquina lo envió a la tertulia del "friendzone" de las semifinales en la Liguilla. Un acto de clemencia del reglamento.

Además, si América pretende convertir a Macías en el mesías de Tigres, olvidaría, entonces, que Oribe Peralta y Diego Lainez bien pudieron cargar con tarjetas rojas por las guillotinas brutales disfrazadas de planchas que tiraron a sus adversarios.

¿Será acaso que, tras la representación pública de Miguel Herrera sobre su patrón Emilio, con manotazo en la mesa incluido, con eso de "quiero a mi equipo campeón", la histeria y los nervios han traído convulsiones nerviosas en El Nido?

¿A estos felinos pragmáticos, cómodos, de colmillo retorcido, de diente de sable --que no se inquietan ante nadie, que no sea el Monterrey--, a estos mismos Tigres, podrá el América hacerle dos goles en El Volcán?

Después del 3-1 a Cruz Azul en la Fecha 13, el América ha marcado dos goles en siete partidos... pero ha recibido cinco. Dos goles en siete juegos equivale a que marca un tanto cada 315 minutos.

Mientras tanto, Tigres, como local, recibió tres goles en ocho partidos y marcó 17. De miedo los contrastes.

Miguel Herrera tiene poco tiempo, horas acaso, para resucitar a su equipo, no sólo en lo anímico, sino puntualmente en lo futbolístico, donde el equipo se ha estancado de manera dramática, arrastrando la esperanzadora brillantez individual de sus jugadores.

Este miércoles en el Estadio Azteca, la tenaza que rompía candados y se vanagloriaba en el marcador quedó desvencijada: Oribe Peralta y Carlos Darwin, especialmente el colombiano, deambularon en la cancha. Los abucheos terminaron por oxidarlos.

De nuevo con Marchesín poniéndole piedad al marcador final, con un par de atajadas soberbias, el resto del equipo se vio torpe en idea, al grado que terminaron todos, al final del partido, arrejuntados bajo las faldas, amponas de excusas, de la pifia del árbitro Óscar Macías.

Si bien puede decirse que con una terrible injusticia, el silbante hizo justicia a lo que ocurría en la cancha, lo cierto es que las Águilas estaban ya muertas competitivamente, antes del asesinato a mansalva de Juninho desde el manchón de las sentencias.

Si bien el Tuca Ferretti tiene una banca poderosa, es innegable que el América tiene potencial en sus jugadores para trastocar la historia en El Volcán, pero Miguel Herrera debe primero rescatar conceptos y después solidarizar voluntades, especialmente, si es como dicen, que el grupo de jugadores paraguayos han iniciado una revuelta como respaldo a un Cecilio Domínguez, quien en realidad es una luciérnaga que se enciende en la calma, pero se apaga en las tormentas.

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América, U.A.N.L

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LOS ÁNGELES -- La televisión, inevitablemente, nos muestra en retazos el partido de futbol. Un rompecabezas incompleto, con un paisaje en constante movimiento. Y eso, nos priva, a quienes sólo tenemos ese recurso, de ver al Monterrey en plenitud.

Se advierten sus virtudes ya cuando el ave de rapiña se ceba sobre su presa. Se descifran algunos de sus movimientos y se infieren otros de ellos, pero como la constante actividad de sus jugadores permite improvisar sobre el modelo táctico, hay más sorpresas.

Este Monterrey es la mejor versión de 'El Turco' Mohamed. Muy superior a aquel Xolos que hizo campeón, y mucho más agradable que el América que también coronó entre el tormentoso divorcio con Ricardo Peláez.

Ciertamente favorecido por la calidad y madurez de los jugadores que tiene, Mohamed expone, guardando proporciones, dinámicas, estados físicos y ritmos, algo muy similar a lo que hacía en la cancha aquel Tigres de Carlos Miloc, y que el uruguayo fundamentaba, sobre todo en la transición en los principios del basquetbol.

Insisto: similitud no quiere decir réplica, ni semejanza quiere decir copia, porque, a final de cuentas ni fue aquello un invento de Miloc, ni lo es hoy de Mohamed. Bien lo dijo Arrigo Sacchi: "En el futbol no hay nada nuevo, sino nuevos jugadores que lo hacen novedoso".

Confesando la envidia hacia quienes pueden ver en vivo a Monterrey, y entretenerse incluso con observar, diría la sabiduría china, el bosque entero, sin entretenerse en el árbol que lleva el balón, grabo los juegos de Rayados y los veo de nuevo tratando de encontrar todas las respuestas. Imposible.

La televisión, insisto, por necesidad, por obviedad, persigue a la esférica odalisca, porque ella escribe marcadores, dramas y festejos en la cancha de futbol. Y es imposible en la frescura de un rectángulo cambiante, poder observar todo lo que hace, en sus mejores exhibiciones, el grupo de jugadores de Mohamed.

Criticado, y me incluyo en esa caravana, por quienes hacíamos malabarismos por los defectos de 'El Turco', e incluso hasta envenenarse con las dudas que sembró Peláez acusándolo de irresponsabilidades laborales, pero Mohamed hoy coloca un modelo de futbol que, insisto, en esas tardes luminosas, sólo queda regodearse con lo que intentan, y lamentarse por todo lo que generan pero desperdician ante el arco rival.

¿Era lo que pretendía alcanzar con América en un proceso más largo? Una pregunta ociosa que sólo tendrá respuesta la medianoche del Día del Juicio Final, después que se resuelvan otros asuntitos más importantes.

Más allá de que es evidente que Mohamed está articulando un equipo de época, por la edad de sus jugadores relevantes, hay dos extremos que fascinan en este Monterrey que exhibe condiciones consagratorias.

Esos dos puntos determinantes son la confianza absoluta en Jonathan González, al que inexplicablemente Juan Carlos Osorio, no le presta atención, y la forma en que Mohamed reinventó a un jugador que se enfilaba a la zona de desechos: Neri Cardoso.

Al primero lo debutó por necesidad y lo mantuvo por convicción. Al segundo, le reinventó el puesto, los pulmones, y los valores personales. Cardoso vive sus mejores momentos en el futbol mexicano.

Donde nos privan del espectáculo en las transmisiones de televisión, es en el último tercio de la cancha, insisto, no porque no podamos apreciar la terminación de las jugadas en gol o en aproximación, sino porque para llegar ahí, a ese punto culminante, hay una rotación constante, con una lectura inteligente entre compañeros.

Ahí, en ese último tercio, cuando la pelota aún no llega, o apenas empieza a acercarse, los demonios que tiene al ataque improvisan bajo una partitura de repeticiones ensayadas en la semana.

Y el poder de convencimiento de Mohamed es haber, por ejemplo, despojado, aparentemente, a Pabón, de esa obsesión de paladín del equipo, al grado que parece, tal vez sólo parece, haberse convertido en un generoso doméstico al servicio de Funes Mori y Avilés Hurtado.

Explicaba alguna vez Bora Milutinovic que la mejor posición para entender un partido de futbol, había que colocarse en la zona de los tiros de esquina, y lo más alto posible de una tribuna baja, o a la mitad si es de un solo nivel el estadio.

Ahí, en esa zona, sin duda, y olvidándose de la odalisca esférica, es donde seguramente puede apreciarse claramente lo mejor de este Monterrey de la mejor versión de Mohamed.

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Monterrey, México

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LOS ÁNGELES -- Por la mañana, Tuca Ferretti recibió el certificado de su porfiriato en Tigres. Por la noche, justificó con el pase a Semifinales eliminando a León.

La letra chiquita del contrato de Tuca no incluye términos obsoletos en ese vecindario: "espectacular", "contundente", etc. El pragmatismo es la doctrina de su éxito.

Y la letra chiquita del reglamento de competencia auspicia a Ferretti: la posición en la Tabla condenó al León. La clasificación no exige rococó ni embelesos.

En el 1-1 (2-2, global), jugando como local, con ese frenético apoyo de su afición, Tigres no fue necesariamente superior a León. Así como erró Gignac dos claras, por el León, fallaron Mosquera, Andrade, Elías, Boselli y Navarro. Pero la intimidación aún no cotiza en el marcador.

De agradecer el grato nivel de futbol y la intención de victoria de ambos, a la cual renunció antes Tigres, a sabiendas que el reglamento avala estratagemas indeseables.

De hecho, quien le dio más vida al León, especialmente en el final del juego, fue el mismo Ferretti. El cambio obligado de Damm para el ingreso de Sosa, desorganizó totalmente a los regiomontanos.

Cierto que Damm amenaza en cada embestida. Tiene un arranque y un despliegue de pura sangre, pero al final resuelve como caballo lechero, a ciegas.

Pero, haciendo un poco de justicia al peso de Damm en el juego de ayer, fue más eficiente estorbando, forcejeando, azuzando y desesperando al León en su salida, porque con ese físico esmirriado y su poderosa condición física, le permitía ser más útil incluso que Rafael Carioca.

Y cuando Damm dejó de hacer esa labor casi oscura, desapercibida, León encontró más calma, tiempo y espacio para alargar la zona de ataque sobre Tigres. Pero, el dominio esmeralda se reflejó en tener posesión y posición de gol, pero con desafortunados disparos, a pesar incluso de negligentes marcas de Rodríguez, Ayala y Juninho.

Luego de conciliar en la red y en el marcador, la más difícil de sus oportunidades de gol, Gignac erró jugadas inexplicables, aunque, con esa astucia e intuición siguió siendo el sostén neuronal del equipo.

Para el León, más allá de que poca gracia le debe hacer eso de morir, otra vez, con las botas puestas y de cara al sol, pagó la penitencia del reglamento, tras el pobre arranque ante el torrente de puntos que dejó escapar con Javier Torrente, al sumar 14 unidades de 21 posibles, aunque tras su salida el equipo cosechó menos puntos (12 de 30 posibles).

Tigres ahora espera rival... ¿América a menos que Cruz Azul... o Atlas digan lo contrario?

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LOS ÁNGELES  --   Cruz Azul dispuso de más de 60 minutos y de un hombre más para vencer al América. Incluso durante 6 minutos enfrente a nueve americanistas. No quiso. O no supo. Pero no pudo.

América dispuso de un instante, un momento, para ganar. Pero Oribe Peralta, desde el manchón de ejecución, se encontró el lance espectacular de Corona. O no quiso. O no supo. Pero no pudo.

Cruz Azul 0-0 América en la Ida. El Nido pierde dos hombres para la Vuelta: Mateus Uribe y Edson Álvarez fueron expulsados. Con Miguel Samudio vetado y exiliado del Club, a Miguel Herrera le tirita la trinchera.

Uribe hizo una invitación a Paco Jémez y a Cruz Azul. Se ganó la roja y el dique americanista quedaba perforado.

Pero la cruda moral de sus recientes desaguisados ante América, obligó a una cautela extrema. Ni Jémez ni sus hombres supieron que hacer con ese peón extra en el tablero.

Y se dio la ecuación lamentable del futbol: el miedo a perder, aniquiló la ilusión de ganar. En ambos.

Incluso con uno menos, un forcejeo asusta a Jorge Isaac Rojas. Se asusta más con los gritos de Paul Aguilar. Marca, con retraso neuronal para decidir, un penalti por supuesta falta sobre el otro Aguilar.

La mesa servida: Miguel Herrera había plegado y replegado líneas tras la expulsión de Uribe. El 0-0 le seducía como una musa engañosa de la victoria. La posición en la tabla es una buena ventaja, pero una mala consejera.

Pero, la oportunidad de oro llegaba para el hombre cuyo nombre significa "el que trabaja con oro". Pero, Oribe usó la pata de cobre, y Corona gana metros e impulso y ataja sobre la derecha.

El 0-0 permanecería hasta el final, por la osadía de ambos arqueros y por la falta de osadía en la banca de Jémez.

Además, del penalti, Corona había atajado dos remates con la pupila dilatada, ante el doble fusilamiento en el área chica. En Chivas se lamentaron: agréguenle unos dolaritos más al contrato de Chuy.

Y Marchesín terminaría siendo la figura de El Nido. Cuando zopilotearon los atacantes azules, en sus dos mejores oportunidades, dos lances de videojuego terminan dándole respiración artificial a un Piojo Herrera que jalaba aire como pescado con asma.

Decir que privó el pánico podrá sonar exagerado. Pero, ciertamente, Jémez no se atrevió a que un desliz de valentía lo terminara "llevando a lo oscurito", diría él, ante un latigazo de contrataque del América.

Y Herrera, ya de entrada con pretensiones de supervivencia, había mandado la señal de que sus únicas veladoras estaban encendidas ante los nichos de Oribe y Darwin, y cuando se quedó con diez, el instinto de conservación le recordó que el obligado al gol en la eliminatoria era el rival.

¿Para la vuelta? Al América se le debilita la trinchera. Uribe y Edson son determinantes, y Samudio ya obligó a su representante a repartir videos en El Aviso de Ocasión: "se ofrece defensa separado por motivos indefendibles.

Jémez, en tanto, buscando casa en Las Palmas o en Badajoz, queda obligado a un gol. Este jueves sus jugadores le demostraron que pueden, si les suelta las amarras. Pero, él ya se va y habrá que revisar cuánto le importa dejar a Cruz Azul a la deriva.

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LOS ÁNGELES -- Más allá de la autoridad del mejor Monterrey de la era Mohamed, y de ese instinto ladino en los Tigres de Tuca Ferretti, los reflectores de la Liguilla siguen a Cruz Azul.

Con Paco Jémez sembrando vientos para cosechar tempestades en cada declaración, la presencia celeste cataliza todas las sensaciones de los aficionados, ya sea con equipo en la fiesta futbolera, o que sean parias de banquetes ajenos.

En ese canibalismo exacerbado por atragantarse de la desgracia ajena, a veces más que de la dulzura propia, seguramente los fanáticos de los otros 17 clubes esperan que la consumación oficial del verbo cruzazulear, ocurra en esta Liguilla.

Con sus discursos beligerantes y pendencieros, Jémez, con las maletas listas para regresar a España con oro y sin espejitos, ha colocado a Cruz Azul en un escenario repulsivo que nunca tuvo la Casa Azul.

Sin embargo, en abono de Jémez hay que reconocerle al piromaníaco entrenador que en este lapso consiguió una de las mejores versiones de La Máquina en los últimos años, incluso por encima, en espectáculo, de aquella edición subcampeona de Memo Vázquez.

Ha habido, en este torneo, momentos realmente gratos de futbol por parte de Cruz Azul. Cierto, con una bipolaridad semejante a la de su entrenador ante los medios: así como perdía un partido muriendo de nada, también hubo otros juegos en que sumó sobreviviendo a todo, incluyendo el arbitraje.

En esa pasarela del morbo, en el cumpleaños número 20 de anemia campeonil, con el mismo entrenador desplegando velas de su carabela millonaria, para regresar a su Madre Patria, tiene la fortuna -o el infortunio, ya se verá-de contender por la supervivencia con las Águilas del América, un equipo que ha dejado esa sensación de inestabilidad similar a la de su rival.

Más allá de los paralelismos del fracaso entre la historia celeste y el hecho de que nunca un sexto clasificado a una Liguilla ha sido campeón, la oportunidad es magnífica para Paco Jémez y su séquito, este mismo vilipendiado por el mismo entrenador en las conferencias de prensa.

El torneo ha terminado por ser didáctico para Paco Jémez y sus jugadores. El entrenador ha plantado mejor a su equipo y los futbolistas han encauzado la capacidad de cohabitar tácticamente bajo el mismo ritmo que marca la competencia.

Maltratados en la cancha por Lobos BUAP, y en el vestidor por su entrenador, y elevados a modelos de sarcasmo en las redes sociales, los cruzazulinos lograron reconstruirse a esa paliza que le impuso el equipo de Rafa Puente.

Obviamente, Paco Jémez ha aprendido a controlar su euforia en la cancha, especialmente después de las soberanas equivocaciones, por pretensiones casi soberbias ante los mismos Lobos y ante el América, y su equipo llega con madurez de esos sopapos a la Liguilla.

Cierto que Paco Jémez va a descubrir apenas, ante un veterano en el tema, cómo se juega una Liguilla, especialmente ante un adversario que es un consuetudinario participante de ellas, como Miguel Herrera y una base de jugadores con cicatrices y festejos recientes.

Cruz Azul y América comparten un déficit frente a los otros involucrados en Liguilla. El Nido festejó victorias sólo ante Atlas, Cruz Azul y Toluca. Los Cementeros lo hicieron sólo ante Morelia y Atlas.

Pero, en una reedición del "es ahora o nunca", frecuente lema de Cruz Azul en Liguilla, lo cierto es que Jémez vive su mejor momento como entrenador en una competencia, más allá de las filigranas falaces y los oropeles que le acompañaban desde España: "Es que fue el entrenador que mejor pudo contener al Barcelona de Guardiola...".

Queda claro que Cruz Azul y Jémez no pueden vivir ya de ser el muerto piadoso de cada aventura. Esos, se pierden en el reparto... por muy buena que sea la película.

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