LOS ÁNGELES -- El triunfalismo es de memoria selectiva. Recuerda podios, marcadores, victorias, guirnaldas, la sonrisa universal del triunfador. No se entretiene en la caducidad cínica de las circunstancias.

De ser así, Cristiano Ronaldo puede llamar a su sastre -o modisto- para perfeccionar el frac de los abaratados balones de oro. Hoy, y con la amenaza despiadada del Real Madrid en la Champions, puede hacer un lugar en su museo para el par de bodoques centellantes que laurearán aún más su pinacoteca.

El triunfalismo no se recrea en los rencores, ni en los lamentos, ni en las lágrimas furtivas de los despojados. Ni hurga, tampoco, bajo la alfombra donde la bazofia, el cochambre arbitral es arrojado, como desecho tóxico de los resultados.

Cuando llegue el momento de elegir, el sufragio saldrá de las páginas doradas y no de los apéndices lóbregos y sombríos de las injusticias. Tristemente. Los 90 minutos, a final de cuentas, se resumen en el veredicto, en el marcador, en ese heraldo universal que pasa lista de vivos y muertos.

Nadie recordará el concierto de torpezas arbitrales en esa encarnizada y virulenta cruzada, en la que el Bayern Munich muere a manos del árbitro, pero con la firma fina de bisturí de una afilada y certeramente brutal guadaña llamada Cristiano Ronaldo.

CR7 fue el Excálibur de la injusticia. Fue la espada que perpetró el crimen, pero el portugués es inocente de los pecados ajenos y sospechosos del árbitro. El delincuente usa silbato, la guillotina viste de blanco.

Lo había advertido Carlo Ancelotti: al Real Madrid en el Bernabéu hay que masacrarlo para vencerlo. "Hay que ganarle tres veces", dijo. Y sabe porqué lo dice. Estuvo en ese banquillo y desfiló por la pasarela de los inmortales de la Casa Blanca y lo sabe porque, en su momento, la fatalidad del arbitraje también a él le hizo un guiño de seductora complicidad. Y se dejó querer.

En el pantano de errores, de sospechas, de cuestionamientos, ojo, no sobre las aberrantes decisiones arbitrales, sino, lo más penoso, las promiscuas intenciones arbitrales, emerge la figura de Cristiano Ronaldo y su triplete perfecto en el uso inequívoco de su arsenal: cabeza, pie izquierdo, pie derecho.

CR7 sabe que los balones de oro, de FIFA y France Futbol, no se empollan en diciembre, sino en junio, y que la madrina perfecta es una señora despampanante, voluble, casquivana y de vida fácil: la Orejona de la Champions.

El Real Madrid y Cristiano penetran apenas en el pasadizo más entrampado de todo el recorrido. La Orejona aún está en la torre del castillo. Es decir, tan lejos y tan cerca.

Si el Bayern fue una amenaza que obligó al pillo con el silbato en la boca a ungir de favoritismo a los Merengues, nadie puede garantizar que no acose, que no aceche otro bandolero de centelleante camisola amarilla, dispuesto a custodiar a su semental.

En la inevitable resaca amarga de los crímenes arbitrales, más allá de esos delincuentes públicos e impunes, queda un sabor maravilloso del juego como tal, del futbol como tal, y de ese magnífico compromiso de futbolistas rutilantes, dispuestos a exhalar, literalmente, en las inclementes y fascinantes batallas de la Champions.

Aunque, insisto, la memoria selectiva del triunfalismo, se quedará con la imagen del adonis de laboratorio 24/7, por encima de la arpía arbitral, y por encima incluso del resto de los espartanos vestidos de futbolistas, sin que pueda, nadie, nunca, reclamarles absolutamente nada a ninguno de ellos.

De hecho, a CR7, en este momento, lo engrandecen, lo magnifican aún más, la calidad moral, física y futbolística de los contendientes. Nunca el término masculinidad encajó mejor en los prototipos de guerreros que pisaron la cancha del Bernabéu.

Los detractores crucificarán a Cristiano, así como sus intransigentes idólatras han quemado con leña verde cuando el arbitraje ha dado empujoncitos a Messi y al Barcelona.

Pero, lamentablemente, algunos miembros del arbitraje son la escoria necesaria en el futbol. No porque estén propensos a equivocarse, sino porque, están, también, ansiosos del servilismo mezquino de fuerzas más poderosas que su instinto de dignidad.

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LOS ÁNGELES -- América no vale el boleto que se paga por verlo. Aburre. Desde hace cinco meses sostenemos que el Lavolpismo es ya un mellizo decadente de lo que tanto dijo alguna vez despreciar: el Lapuentismo.

De hecho, reitero, Ricardo LaVolpe depuró de manera inapetente y tosca, burda, los jeroglíficos de Manuel Lapuente. Hoy, ratifico, LaVolpe es más Lapuentista que Lapuente.

Pero, si en la cancha el apocamiento americanista es de un sopor que contradice la historia del equipo artesano del Ódiame Más, las estadísticas hacen un escandaloso barullo que despierta respeto.

En un escenario dramático de contingencia, con titulares lesionados, muchas enfermeras y sin podóloga, así y jugando feo, América cosecha 17 puntos de los últimos 21 posibles. Efectividad de un 81 por ciento en los últimos siete juegos. Amodorra, pero suma.

Curiosamente, parece, la derrota en el Clásico ante Chivas, le sentó bien. La sobajada ante el Guadalajara zarandeó a LaVolpe y sus rencores, y a El Nido y sus rencores. La soberbia se cura con el flagelo de la humillación. Desde entonces, hasta el Bigotón habla menos.

Con el desenlace fatalista y exponencial de lesiones, parecía que el América se encaminaba a la pendiente suicida del fracaso. Ibarra, Cecilio, Goltz, Samudio, Aguilar, Carlos Darwin, y otros más que entraban y salían del nosocomio o del congelador, parecían fragilizar al equipo. Lo dijimos entonces: mientras más se debilitaba, más se fortalecía. Un Rambo con anemia.

Cierto: con pantuflas, tecito de pasiflora, osito de felpa y en pijama, hay que presenciar los juegos de las Águilas, que recuerdan más a las cigüeñas azulcremas de Mohamed, que a las aves de certería que había con Miguel Herrera. La anestesia narcotiza vestida de amarillo.

Mientras se apoltrona en zona de Liguilla, sin renunciar a la cacería de los líderes, con 12 puntos y dos juegos como local pendientes, el América se regodea con la eficiencia mezquina del asesino perfecto: nueve goles le han dado 17 puntos. La economía productiva del bostezo.

Hay, más allá de esa tacañería obscena del pragmatismo del Neolavolpismo, dos situaciones de enaltecimiento en El Nido. Y ambas mérito del entrenador. La devoción inclaudicable de sus jugadores para ganar como sea y a quien sea, y la personalidad de los jugadores en hacer una rabiosa lid la pelea de cada pelota.

Sin duda, LaVolpe ha encontrado la verborrea o la elocuencia, para reclutar a jugadores que parecían dispersos en el arranque del torneo, al grado que en los tres primeros encuentros les hicieron ocho goles, y era fácilmente identificable la renuncia al sacrificio en el grupo.

Hoy, irónicamente, con menos hace más. Con menos prominentes millonarios en la cancha, hace más por las urgencias del equipo. Aunque eso sí, hace mucho menos, pero mucho menos, de ese futbol que prometió cuando llegó a El Nido: "ofensivo, espectacular, goleador", pero sus patrones y el americanismo, se quitan las lagañas de los 90 minutos con la vigorizante presencia en la Tabla General.

En un ascenso poderoso, en cifras, no en futbol, similar al de Tigres, el América hoy muestra un empaque amenazador rumbo a la Liguilla, esa fiesta final en la que sobreviven quienes llegan menos borrachos de elogios y más hambrientos de gloria. Y las Águilas vienen de un año del desahucio, de su año del indeCentenario.

Insisto: regalado es caro el boleto para ver 90 minutos de este anodino equipo. Pero, para la feligresía cautiva del América, lo preponderante es solazarse cada domingo por la noche al ver a su equipo un escalón más arriba en la tabla de posiciones. Es algo así como un sonambulismo triunfalistamente justiciero.

Dispuestos a la lucha, saliendo a la cancha con taparrabos y sin frac alguno, los insurrectos americanistas son amenazantes. Debe quedar claro que son más marciales combatientes, aunque menos legítimos futbolistas. Han hecho, bajo la consigna del Lapuentismo de LaVolpe, de cada juego, un desesperado acto de supervivencia.

En esa alza llena de brío y pujanza que significan los resultados, y que describe bien LaVolpe con su "se me resbalan las críticas", acaso como bálsamo único aparece, cuando no le echan montón como ante Puebla, el desparpajo del mozalbete ese, de Diego Lainez.

Así, amamantado por lo que tanto odió y criticó, por la escuela lapuentista, LaVolpe encontró la perfección burocrática del éxito, y ahora ya sin la obligación de incursionar en torneos distractores, es, sin duda un favorito incuestionable al título.

Eso sí, estoy plenamente consciente que si a mi, en lo personal, me hace babear de somnolencia este América, debe importarle a LaVolpe tanto eso, como el destino de la toalla percudida en aquel pasaje con la podóloga.

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LOS ÁNGELES -- La culpa no la tiene el indio (Sunil Gulati nació en Allahabad, India) sino el que se lo hace compadre. Y Estados Unidos deja fuera del banquete a México: le servirá las sobras de los desperdicios.

Y, claro, indignos, serviles, rastreros, la FMF y cómplices se relamen los pudendos e impúdicos bigotes. Para ellos, el estiércol tiene proteína.

Eso sí, generoso el indio con sus compadres. Le da las migajas, pero con todo y su selección mexicana jugando hasta los Octavos de Final, porque, ya se sabe, el Quinto Partido es terreno vedado y vetado para el Tri, y a partir de los Cuartos de Final se juegan en EE.UU.

Un platillo típico de Brasil, la feijoada, nace en tiempos de colonización. Lo que sobraba en la mesa del patrón, de los platos de los comensales, los residuos, la bazofia, se aventaban y mezclaban en una olla gigantesca, en la que dominaban los frijoles, el arroz, la farofa, y claro las sobras de diferentes carnes, y hasta huesos ruñidos.

Pues eso ha hecho Estados Unidos: le ha servido una feijoada al futbol mexicano, cuyos directivos, limosneros, menesterosos, aceptan de buena gana: diez partidos.

Ojo: aparte del Tri, sólo habría un equipo de los 16 mejor clasificados en el Ranking de FIFA para México, y eso se determinará en el manoseo final del sorteo. Pero no será de los primeros diez. Ni de Europa.

Es decir, los desperdicios de los desperdicios. Una feijoada rasurada, esculcada. Ah, pero los fariseos de la FMF ya sabían la repartición de este pastel hace semanas, y un pastel en el que México no tiene derecho ni a encender (ceremonia de Inauguración), y muchos menos a apagar (Final) las velitas.

Ahora, finalmente, se filtró -- y es más que entendible-- porqué las investigaciones de FBI y la cacería de Loretta Lynch no llegaron hasta México, en la persecución abierta sobre la Concacaf. Una zona de impunidad.

Ya era de causar recelo y resquemor, que en un país donde la corrupción es una doctrina de vivir para el engaño, no hubiera arrojado, al menos, un maldito sospechoso. Pero, parece, México es el Castillo de la Pureza.

Sunil Gulati es un artista de la intriga. No en balde es uno de los cerebros financieros más reconocidos por Harvard. La manipulación es perfecta cuanto menos se nota. Copperfield es un aprendiz del ilusionismo.

Maquiavelo seguramente querría una copia autografiada de las memorias que en su momento escribirá el indio que maneja a la Concacaf con Justino Compeán como escudero o escribano.

Ojo: Gulati no sólo se deshizo de Blatter y Platini, sino que además, limpió a la Concacaf de todos los escollos. En el Caribe y Sudamérica lo detestan, pero a él, es lo que menos le importa,

Sunil manipuló a Infantino, puso de parapeto a Montagliani --¿quién llevó la voz cantante en la conferencia de prensa del anuncio?--, y fortaleció alianzas con México, para poder contar con las televisoras más poderosas de América. "Estando bien con Dios, quién le teme al diablo".

Así que en los documentos que Gulati le filtró a Doña Loretta permitió las cacerías de sus enemigos, pero se reservó cualquier posibilidad de alcanzar a sus cómplices. Hasta su compadre -totalmente verídico-- Compeán le hace honor a su nombre: Justino.

Ciertamente para organizar el Mundial 2026, que seguramente será otorgado a este triunvirato, Estados Unidos necesita más de México y de Canadá, que lo que necesitan estos países de Gulati.

Semejante gigantismo de 48 equipos y 80 juegos, no puede albergarlo a solas Estados Unidos. Necesita un par de vertideros a donde arrojar sus desechos tóxicos. Y ya los tiene. México y Canadá serán sus albañales. El bodrio de la mesa de honor para ambos.

Claro, aún está de por medio la votación, e insisto, más allá de que los países del Caribe le dieron el apoyo en el congreso de Concacaf, queda claro que al ser el voto secreto, pueden cobrárselas todas a Gulati, Compeán y Montagliani. Gulati no es la única Mata Hari.

Con la presentación de la candidatura, este trío ha ganado la batalla, pero aún quedan momentos culminantes de guerra.

Ahora, preguntará usted si México merece más partidos. Por historia y tradición en el futbol, definitivamente sí.

Sin embargo, en lo personal, ante las crisis numerosas que sufre México, ya es bastante positivo que la voracidad depredadora de FIFA, no sangre más a una nación con más de tres millones de personas en extrema pobreza.

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México, Estados Unidos

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LOS ÁNGELES -- Acostumbrado a acribillar con balines a incautos e inocentes en las calles de Puebla junto con Alustiza, Campestrini recibió su sentencia: lo acribilló Carlos Fierro a mansalva, por... inocente.

Era, prácticamente, la última jugada del partido. 2-2. El reloj se colapsaba al minuto 93. Y Campestrini quiso jugar al vivo haciendo tiempo, con el balón a tierra.

Pero el arquero del Puebla terminó siendo el tonto ante la viveza de Fierro, quien desde atrás lo cazaba, y enseguida lo despoja, lo pasea a cuatro patas en el área, como mascota de rico en concurso, y después dispara y cuelga el 3-2 en la histeria del marcador y de una afición que ya masticaba abnegada, resignada y consoladoramente, la mezquindad del empate.

Con su sagacidad, olfato de sabueso, Fierro salva más que los tres puntos. Deja a su equipo olisqueando el aroma pastelero de la Liguilla, y rescata a su directiva, vilipendiada públicamente por propios y extraños, tras emprender, casi como Campestrini en el área, a cuatro patas, su regreso a Televisa.

Jorge Vergara y su pie izquierdo, conocido públicamente -según Ricardo Peláez-como "el pelagatos de Vergara", protagonizaron desde el escondrijo, desde las penumbras de un boletinazo, la más dolorosa y vergonzosa de las renuncias: la abdicación a la libertad.

Tras su proclamada emancipación de la televisora, y sus alardes independentistas a través de ChivasTV, el Guadalajara regresa, insisto, casi como Campestrini ante la paseada de Fierro, dócil, sumiso, contrito, compungido, impotente, limosnero, a que le coloquen la cadena por dos años más.

La libertad que se vende, se malbarata. La libertad, que tiene precio, hace al esclavo tan indigno como al amo. La libertad que se conquista enaltece al individuo, pero si después se degrada y se envilece, describe a la escoria detrás del individuo.

Si Chivas había consumado uno de los actos más ejemplares de liberación en el futbol mexicano, después consumó uno de los actos de mayor prostitución en el futbol mexicano.

Que si el regreso de Chivas a Televisa fue un acto mercenario de autolenocinio, de alcahuetería propia, es entendible que reculando, Vergara privilegie los dólares. Cierto, la autodegradación, es la forma más humillante de servilismo.

¿Que lo hizo Chivas por la afición? Es una mentira. A final de cuentas, la clase más humilde de sus seguidores, los de rancherías y poblados, seguirán sin poder verlos.

La rendición, el sometimiento de Chivas fue la proclama pública, la confesión desnuda, de que en sus oficinas, no en el equipo, despachan cortesanas, meretrices. Y ya cayeron monedas, muchas, en el parquímetro de su dignidad.

Ciertamente, Vergara podrá repelar que negocios son negocios. Totalmente de acuerdo. Sólo, es de esperarse que nunca más venga con ataques de integridad, de valores, de libertad, de rebelión, de caudillaje moral, si no está preparado para respaldarlos con gónadas y corazón.

Pero, a ese Tsunami mediático que brutalmente se engullía a Jorge Vergara y al que Peláez llama "su gato", a ese holocausto, el gol de Fierro, la victoria de Chivas, en los espasmos de la agonía del juego, le pusieron una tregua, un impasse, porque la magnificación de la laureada reacción del Rebaño es la recompensa del futbol. Y al final, de eso se trata: de futbol.

Y, afortunadamente, para el dueño de Chivas, y -según Peláez- "su pelagatos", Chivas, en el coliseo de la Liga MX, está para reivindicarlos. Lo hizo ante Puebla. Lo hizo además como le gusta al apetito torcido y voraz de todas las aficiones: con drama, con angustia, con sufrimiento.

Ciertamente, el Guadalajara sigue jugando medios partidos. Antes deslumbraba en la primera mitad, y generalmente le alcanzaba para sumar. Ahora ha elegido el rol hollywoodense del héroe agonizante que regresa del Apocalipsis. A puro Jedi. Y le sienta bien.

Con el 0-2 a cuestas, Chivas encuentra el 1-2 en un estupendo gol de Alan Pulido, penetrando y ultrajando al Puebla, con vigor inesperado hasta en la jugada de la definición, cuando más por acto reflejo que por técnica, lanza un balín al alma de Campestrini.

Después de este gol, hasta puedo creerle a Pulido, finalmente, la historieta esa de que, como todo un Rambo futbolero, escapó de sus secuestradores.

Tras un autogol que ponía el 2-2, llega el atolondramiento de Campestrini, quien seguro, si hubiera estado tan acechante como cuando disparaba a poblanos impunemente, habría detectado que un Fierro, candente en el juego, lo hostigaba desde atrás.

Pero Campestrini, bobaliconamente quiso hacer tiempo, tragarse los últimos segundos, pero los últimos segundos se lo tragaron a él. Y entonces lo cazó el delantero de Chivas cuando el cronómetro se desangraba.

Más allá de la recreación cómica de la ridícula persecución del argentino a Carlos Fierro, a cuatro patas, como el regreso de Chivas a Televisa, la definición del atacante fue soberbia, cuando dos defensas llegaban a la cobertura. 3-2.

Por eso, este domingo, las aguas se tranquilizaron. Jorge Vergara y "el pelagatos de Vergara", dixit Peláez, estaban agarrados de un clavo ardiente, pero hoy se aferran a la salvación de Fierro, del gol de Fierro.

Y para Campestrini, la lección, el que a "fierro" mata a Fierro muere.

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TIJUANA   --    Uno niega que sea discípulo del otro. Y el otro se siente el patriarca del uno y de todos los unos. Hay amor hasta en sus tiempos de cólera, parafraseando la bendita herencia de García Márquez.

Los dos juran que son amigos, pero ya armaron una coreografía de vecindad cuando uno fue a saludar al otro, y éste juró que lo hizo con maledicencia y torvamente, violando su infinita biblia negra de superchería.

Uno es un dandy con trajes de 5 mil dólares, pero ademanes y desmanes de raza, de esa raza de los que no tienen raza ni pedigree. Alburea y bromea, o se enciende e insulta, y hasta en reminiscencia a sus memorias de boxeador de arrabal, le sacudió el lomo a un relator.

El otro se disfraza de Corleone y Bogart, en rústica réplica, cuando pontifica de futbol, aludiendo a que hasta Pep Guardiola se amamantó de sus principios, y hasta juramenta que "Alemania fue campeona (Brasil 2014) con 'mi' línea de cinco".

Son sagaces. Extremadamente sagaces. Ellos juegan ajedrez, cuando el de enfrente ensaya con parchís. Podría decir Sabina que ambos tienen la melena muy larga, la lengua más larga, y la mecha, la del carácter, claro, muy corta.

Sentados siempre en un polvorín, serpentean en la lengua un fósforo encendido. Uno le reparte cuando puede a su heredero en el Tri, Juan Carlos Osorio, y el otro deslizó un apellido asfixiante a Paco Jémez, al llamarlo "vende humo", aunque reculó cuando el español lo retó "a ir a lo oscurito".

En medio de tantos extremos que se estiran hasta juntarlos, los separa la respuesta pendenciera. Uno lleva el barrio caliente y con aires de Pedro Navajas ha repartido puñetazos y retado aficionados.

El otro, cuando alguien "agarra los fierros como queriendo pelear", relataría Ángel Fernández, se recluye, de ser necesario hasta en la cámara de bótox de la estética familiar en Guadalajara.

La selección nacional es una obsesión común. El uno le devolvió al Tri el vigor y la conflagración pasional en la tribuna, porque él mismo desplegó catálogos iridiscentes por el mundo con sus celebraciones en Brasil 2014. Su júbilo coquetea con el infarto masivo.

El otro, vive de cenizas que arrejunta para hacerlas trofeo. Habla de México en Alemania 2006 y en la Confederaciones de 2005, y ha superado a Scherezada, pero con un mismo cuento, durante Mil y Una Noches, de cómo Pelé, Beckenbauer, la FIFA, Maradona y los sabios del futbol, ponderaron a ese Tri.

Y los dos se fueron del Tri por su personalidad. Uno ofreció disculpas por ese round en el Aeropuerto de Filadelfia, con la Copa Oro recién abrazada, pero igual lo echaron del Tri en un pacto de televisoras.

El otro, con las manos vacías tras cuatro años insólitos de gestión, suplicó seguir, prometió internarse en una clínica para mejorar su temperamento, y casi juramenta dejar de fumar, pero la FMF se cansó de que tuviera esclavizada a una selección que tenía otros amos.

Esta viernes por la noche en el Estadio Caliente de Tijuana se verán de nuevo. El uno dice que no va a ir a saludarlo. El otro dice que no le importa.

Como sea, es uno de esos partidos tan poco habituales en el futbol mexicano, que se percibe desde fuera, que no se trata de ver si unos saludables Xolos como locales pueden vencer al América desvencijado por lesiones y castigos.

Ciertamente, más que Xolos contra América es Miguel Herrera contra Ricardo LaVolpe. Los once en la cancha, pasarán a ser peones de sus pasiones, todas las insanamente sanas y las sanamente insanas, posibles.

Si los Xoloitzcuintles eran los perros sagrados que servían de lazarillos a las almas de sus dueños, según la mitología náhuatl, podría decirse, alegóricamente, que El Piojo quiere ser el xoloitzcuintle que conduzca a El Bigotón a su propia muerte competitiva en este torneo.

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LOS ÁNGELES -- Paco Jémez ya no propugna por su proyecto, propugna por su salario. El aún técnico de Cruz Azul asegura que él no renunciará. Y no es un tema de fe, es un tema mercantilista.

La diferencia entre ponerle firma a su fracaso o que se la ponga la directiva en el patíbulo, son dos millones de dólares de finiquito. Paco Jémez no renuncia a su fondo de retiro. Sabe que con esa cifra podría retirarse en España a seguir hundiendo barquitos en el descenso.

Lo tiene claro: la bancarrota deportiva de sus eventuales contratistas le importa tanto como la bancarrota de su dignidad. Las memorias sobre sus fracasos tendrán Alzheimer, pero su cuenta bancaria no.

Tampoco acepta el cliché de fracaso. Como todo un triunfalista de la verborrea, Jémez se olvida que fracaso es la definición estricta de un objetivo que no se cumple. Y La Máquina descarriló este martes ante Morelia en su meta de ser finalista, al menos, del cáliz de segunda mano de la Copa Mx.

Paco Jémez
Getty Images

De acuerdo a su curriculum vitae, páginas negras de lutos ajenos, el fracaso se convierte en la onomatopeya de Jémez. Es decir, es un inventario de autopsias.

A este médico forense de su propio crimen, en Cruz Azul, sólo le faltó agregar el exculpatorio cínico: "Errare humanum est". Cierto, errar es de humanos, pero cobrar hasta una indemnización por ello, es una compensación al crimen flagrante.

Con la nueva humillación para Cruz Azul, y su doliente, maltratada y vejada afición, Jémez, con su renuncia bajo llave en el cofre del descaro, y negando el despiadado fracaso, encima, cuñando palabras de escapista, asegura que "el futbol ha sido cruel con nosotros", y defiende a sus jugadores afirmando "que esta noche pusieron güevos", ante el equipo de relevo de Morelia.

La Real Academia del Lenguaje Apócrifo debe agradecerle a este entrenador español la glorificación del verbo cruzazulear, que ahora con ese ceceo castizo suena con tanta ternura que Cri-Cri le habría compuesto una canción de cuna. Así, ceceadito, no suena a tragedia, sino a arrullo. Vamos, inténtelo...

Como sea en el Titanic del Hazmerreír, Paco Jémez, Billy Álvarez, Cruz Azul entero, han trepado contra su voluntad a la abnegada, sufrida afición cementera, que, masoquista o infelizmente tonta, aún cree que ir al estadio a ulular ese "aaaaazul", es un acto de solidaridad, y no un cato patético de complicidad solapando el desastre. La tenurita en tono pastel celeste.

Cruz Azul
Imago7

Si la Copa Mx podía haber sido apenas una aventura consoladora, si era como poner chiqueadores en la frente del agonizante, la Liguilla sigue siendo territorio vedado para Cruz Azul. Hasta soñar con la Liguilla se convierte en un acto pecaminoso en La Noria.

Si lo que han hecho Jémez, su plantilla y su directiva, es tratar de reconfortar a sus seguidores, han sido tan sutiles como consolar a un leproso acariciándolo con una lija del cero remojada en ácido sulfúrico.

En un acto generoso, envuelto para regalo, con una réplica del corazón de los cruzazulinos, 20 años ajado por la desdicha, le envío a Jémez y a Cruz Azul entero un pensamiento de Tomás Alva Edison.

"No he fracasado. He encontrado 10 mil soluciones que no funcionan", escribió en 1884 mientras depuraba los primeros quinetoscopios que maravillarían al mundo.

¿Cuántas más miles de soluciones que no funcionan Paco Jémez?

¿Cuántas más miles de soluciones que no funcionan Billy Álvarez?

¿Cuántas más miles de soluciones que no funcionan Carlos Hurtado?

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LOS ÁNGELES -- Pompilio Páez sacó del cementerio de los oprobios del futbolista mexicano un pestilente cadáver: su abotagamiento espiritual. El discreto encanto de la burguesía, con los permisos de Luis Buñuel.

El auxiliar de Juan Carlos Osorio no descubrió la vacuna contra, por ejemplo, las rotaciones, pero sí retrajo y sustrajo, un tema que incomoda al futbolista mexicano: su proclividad al aburguesamiento en ese pent-house que es su jaula de oro.

Quien será el laboratorista del Tri-B para la Copa Oro, mientras regresan los cruzados tricolores de su gesta por Rusia en la Copa Confederaciones, recalcó la falta de osadía y codicia profesional del jugador mexicano por irrumpir en los mercados de Europa.

"Aquí (en México) ganan muy bien, y aquí se quedan", reflexionaba Pompilio Páez en charla con Destino Futbol de ESPNDeportes Radio.

No es muy diplomático de su parte. Sobre todo, porque en junio deberá empezar a trabajar con el pelotón a que Osorio margina de la Confederaciones, para tratar de convencerlos que la Copa Oro es importante.

Él, Pompilio, será el técnico interino de, usando sus reflexiones, la selección de los aburguesados de la Liga MX. De los que no arriesgan su comodidad millonaria para experimentar en los hostiles desafíos europeos.

Insisto, esa elección acomodaticia de vida existe en el jugador mexicano, pero, quede claro, tiene todo el derecho a marcar sus prioridades: familia, terruño, querencia, comida, amigos...

La Rosa de los Vientos de la mayoría de los futbolistas mexicanos no apunta temerariamente a la reconquista, ni a la itinerancia de los retos. Su Edén, su zona de confort es exquisitamente seductora. La prosperidad se convierte en aburguesamiento. Fama y fortuna.

Aseguraba Octavio Paz que "la resignación (hermana pobre del conformismo) es una de nuestras virtudes populares. Más que el brillo de la victoria (a los mexicanos) nos conmueve la entereza ante la adversidad".

Una sustentación del mismo Paz, cuando establecía que el mexicano, en general, teme más a la victoria que a la derrota. Sin arrepentimiento citaría después: "Un poeta me dijo algo divertido: que yo había escrito una elegante mentada de madre contra los mexicanos (Vuelta a El laberinto de la soledad)". Él bien sabía que la verdad, cuando hiere, es más verdad.

Plagiando el término de Alberto Cortez, el futbolista mexicano está predispuesto y programado con las "instrucciones para ser un pequeño burgués".

México es un generador de buenos futbolistas. En algunos casos, de excepcionales futbolistas. Sin embargo, la referencia más puntual se apega a dos jugadores que más allá de su talento exhibieron una combatividad admirable, una beligerancia absoluta ante la adversidad. Sí, los nombres saltan: Hugo Sánchez y Rafa Márquez.

En atmósferas de tremendismo mediático como hoy, Hugo emparejaría la trascendencia de las hazañas de Cristiano Ronaldo, porque además ambos son hijos de un trabajo de depuración diaria, indeclinable. Portentoso rematador, el mexicano le agregaba acrobacias asesinas y su eficiencia en los cobros directos fue superior a la del portugués.

Más allá del protagonismo de Piqué, en el Barcelona aún andan sus buscadores de talento con una Lámpara de Diógenes tratando de encontrar a un nuevo Rafa Márquez, cuya carrera, para la exigencia de ese club y de esa Liga, la clausuraron antes su lesiones.

"Mi alimentación, mi fortaleza, el trabajo físico de niño, no me preparban para ello", reconocía un día el eterno capitán del Tri.

En 1986, después del Mundial, el Brest de Francia quiso llevarse a Fernando Quirarte y a Félix Cruz. Ambos sacaron cuentas y entendieron que la bonanza financiera estaba en casa. Les contestaron a los galos: "Un tiens vaut mieux que deux tu l'auras", algo así como "más vale pájaro en mano que ciento volando".

A muchos deberá parecerles exagerado, pero la versión más cercana en México a la leyenda de El Salvador, Mágico González, es sin duda Cuauhtémoc Blanco, con esa sagacidad futbolera magnífica, además de la maestría en los tiros libres, más allá del mismo molde de mujeriegos, parranderos y... juguetones. El Mágico es aún el eje del museo de memorias del Cádiz. El Cuauh, alcalde de Cuernavaca.

Citemos un caso reciente. Matías Almeyda vio al Gullit Peña y creyó que había encontrado su propia versión mexicana, pero con gol. Creyó que había encontrado al Almeyda que necesitaba en Chivas. Un jugador con potencia, fuerza en la marca, dinamismo, y capaz de recuperar y generar. Pero, desilusión absoluta. Al Gullit lo gobiernan "su vientre y su sexo".

El Pelado apenas anotó seis goles en 315 juegos, pero fue un símbolo en Lazio y River Plate. La diferencia es que el mexicano ya era millonario, a la edad en que Almeyda apenas pujaba en el Sevilla por las grandes bolsas. Almeyda nunca fue un fuera de serie, pero sí imprescindible. Gullit podría haberlo sido, pero se ha vuelto prescindible.

Hay quienes comparan a Benjamín Galindo con el máximo ídolo de Maradona: Ricardo Bochini. Pero el mexicano marcaba gol con las dos piernas y su disparo era un prodigio de artillería. El argentino era deseado fervorosamente en Europa, pero él nunca quiso emigrar. Galindo sólo quiso desfilar por clubes mexicanos, porque al ser transferido de Tampico-Madero a Chivas, como una carambola política, pasó a convertirse en el jugador mejor pagado de México.

Mientras los casos de todos, absolutamente todos, los que hoy batallan en Europa merecen el reconocimiento por sus afanes personales, aunque a la selección a veces le queden en deuda, lo cierto es que hubo algunos antes que decidieron renunciar espiritualmente antes que futbolísticamente.

Manuel Negrete era un jugador con todas las condiciones para liderar al Sporting de Lisboa, y Luis Flores en el Sporting de Gijón. Pudieron, debieron, pero no quisieron.

Y como casos ejemplares, puede citarse a Pável Pardo, Ricardo Osorio, Carlos Salcido, Maza Rodríguez, sin olvidar a un Luis García en el Atlético de Madrid, y quien incluso habría podido mantenerse un par de años más. Y en México ha habido otros con facultades similares a ellos, pero...

¿Alguien duda sobre la calidad de García Aspe, Luis Hernández, quienes experimentaron en River y Boca, sacrificando hasta la mitad de su salario? Ambos habrían sido exitosos protagonistas en ligas europeas... pero a mitad de sueldo.

Alguna vez Daniel El Ruso Brailowsky explicaba que "para el argentino el futbol es su proyecto de vida, sabe que no va a poder ser otra cosa, y se dedica a ello totalmente, mientras algunos jugadores mexicanos terminan viendo el futbol sólo como un hobby".

Como estos casos, abundan. Y es entendible para el jugador, un obrero privilegiado de corta vida. A ellos y a sus familiares les parecería un suicidio financiero generacional ir a Europa a ganar la mitad de su salario en México.

Es muy fácil tacharlos de conformistas, cuestionando sus preocupaciones y sus prioridades salariales, familiares, financieras y afectivas.

Decía Alfred Adler que para atreverse a juzgar a alguien "hay que mirar con los ojos del otro, escuchar con los ojos del otro y sentir con el corazón del otro".

Porque más allá de que Pompilio Páez hoy retraiga, hoy invoque, una vieja discusión, lo cierto es que en la lista de prioridades del futbolista mexicano no está el futbol mexicano como ente, regido además por una FMF que hace todos los esfuerzos por esclavizar y menospreciar a su propio jugador.

Merece el futbol mexicano y su federación que el jugador nativo se inmole por ellos. Absolutamente no, en ese terreno de inequidad y traición que existe.

Recordemos el caso de Cuauhtémoc Blanco cuando lo fracturó Ansil Elcock: "La FMF nunca me llamó, nunca me preguntó cómo estaba, si necesitaba algo, si podía volver a jugar. Me lesioné jugando por la selección, y me olvidó".

Y aún así, pese a ese abandono que sufrió, tras ser determinante en clasificarse al Mundial de 2002, Cuauhtémoc regresó a recibir la traición de Ricardo LaVolpe, pero, todavía a rescatar al Tri para el Mundial de Sudáfrica.

Y aquí, para vulgarizar una conclusión, el futbolista mexicano bien puede puntualizar "que se haga la voluntad de Dios en los bueyes de mi compadre".

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LOS ÁNGELES -- Manoseada tanto, la frase parece salida de una galleta de un restaurante de comida china, pero es tan perfecta la reflexión de Nietzsche en 'El Ocaso de los Ídolos' que se convierte en un himno --sí, cierto, plagiado también --, del América: "lo que no te mata te fortalece".

Y El Nido, mientras más se debilita, más se fortalece. La cancha de entrenamiento se mueve del Búnker de Coapa al área de traumatología de la Clínica 32 del IMSS.

A la larguísima lista ya conocida de traumados y traumatizados en el América, ayer se sumaron dos: Cecilio Domínguez, lastimado nuevamente del hombro izquierdo, y Silvio Romero, quien sigue lesionado del puente troncoencefálico, porque parece que su cerebro convalece aún de amnesia del futbol y de sus deberes como futbolista, aunque eso sí, cada quincena, él, sólo él, es feliz.

Y sin embargo, América avanza. Convertido en un dispensario médico de barrio, reclutando piernas jóvenes y ambiciosas, está en la zona de privilegio de la Liguilla, prescindiendo de los especímenes más costosos de su nómina de damnificados.

Este sábado, a la selección sudamericana del Monterrey, que alternó a ocho extranjeros en la cancha, las Águilas de garras maltrechas y el pico, digamos, chimuelo, le jugaron "a lo Turco", y vencieron a Antonio Mohamed: 1-0.

Irrefutable: América roza la monstruosidad, la fealdad, en la cancha. Acaso el mocoso Lainez, cuando reclama el balón y tira un túnel que al americanismo le parece El Arco del triunfo, vivifica con embeleso el juego. El resto de las huestes de Lavolpe, son Neandertales. "¿Y qué?", dirá el argentino.

Pero aún así, con los heridos a cuestas, con el overol manchado, con recursos ásperos, rústicos, América, mientras más se debilita, más se fortalece en la tabla.

Con este Manual de Supervivencia a la Tragedia, edición Lavolpista, hasta los del Titanic habrían sobrevivido. Y es un mérito de El Bigotón, sin duda.

Ojo: tiene mayor merecimiento lo que hace hoy LaVolpe con este América achacoso, desvencijado, que lo que hizo con aquel semental amarillo flamante, vigoroso, aceitadito, el torneo pasado, en ese año ruinoso, morboso, del indeCentenario

Vamos: hasta es mejor este LaVolpe "cashadito" que el locuaz, parlanchín y vociferante del torneo pasado. "He cambiado", dijo a ESPN. De ser cierto, pero sólo de ser cierto, y estrictamente de ser cierto, que le entreguen, de nuevo, al Tri.

El América hoy juega de una manera que es una blasfemia para el espíritu legendario del América. LaVolpe hoy juega a algo que es una irreverencia para aquel pomadoso y altanero LaVolpe.

El América de este torneo, es execrable para el americanismo. Este lavolpismo es repugnante y abominable para el lavolpismo mismo. Pero, mientras más se debilita, más se fortalece.

Hoy, LaVolpe, aquel con los fatuos aires de arquitecto innovador mundial del futbol, se ha convertido en un burdo y rural carpintero, que de los residuos, de las ruinas de la mesa lujosa del torneo anterior, está construyendo sillas sólidas, fellonas, desprolijas, descuadradas, pero sólidas. Tan sólidas como para sentarse en la Liguilla.

Este sábado, con el frac de la alcurnia hecho jirones, El Nido se le plantó al suntuoso y oligarca súper equipo Monterrey. En términos regiomontanos, fue más cabrito, el cabrito de Coapa. Hubo más gónadas en América que en Rayados. Las renqueantes Águilas tuvieron más vigor que los recién salidos del lujoso Spa. ¿La Fecha FIFA? ¿El virus FIFA? Son mucosidades de plañideras.

Un gol de barriada hizo la diferencia. Atolondrados defensa y portero de Monterrey, permiten que Oribe Peralta clave la puñalada en el corazón timorato de un equipo que de nómina a nómina, de alineación a alineación, de maltrechos a hercúleos, era superior.

Rayados eligió su muerte entre los sinónimos de la cobardía. Y el diccionario de Mohamed es muy amplio en ese apartado, y si no, recordemos la Final ante Pachuca. A lo Turco, pues.

Aunque, claro, no podía faltar el ingrediente de la impunidad, de la sospecha. Esa tenebrosa decisión arbitral que parece ser la Mano Santa que acude al rescate del América. La falta de Bruno Valdez sobre Yimmi Chará merecía ir al manchón penal. El árbitro la vio mejor que nadie, y la ignoró mejor que todos.

Sin embargo, aunque, suena a disparate médico, pero, mientras más enfermo se le ve, el América parece más saludable en este torneo.

Cierto, hay quienes dicen que antes de la muerte, en enfermos terminales, vienen días de lucidez.

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LOS ÁNGELES -- El marcador es un testimonio y un testamento de incredulidad: 3-1. Y en él se conjuga infamemente el infinitivo mayúsculo de la tragedia: cruzazulear. El verbo es un acto suicida.

¿Y cuánto de ese súbito desenlace se origina en el ADN de la sangre negra de Cruz Azul o se origina en la nueva sangre escarlata del Veracruz?

La diferencia estriba en que a uno ya no le importa morir, en un hábito pernicioso, en una adicción casi, hacia el fracaso, y al otro sí, aún, le importa vivir.

Cuando en el nombre se lleva el suplicio, ganar es una blasfemia: Cruz Azul. La Noria tiene su propio Monte Calvario.

En el camposanto del Luis Pirata Fuente, en una tribuna que tenía más fantasmas que la Comala de Rulfo, Benítez había garabateado el 0-1 como firma de un dominio en la cancha. La Máquina bufaba, sí, bufaba, en el copretérito del desencanto.

Encima, Leobardo Rodríguez culmina su cumbiero pasito Tuntún en el manchón penal, entregando el cobro de castigo a la elasticidad agónica de Corona. Las hadas aleteaban celeste. Incluso el árbitro roñoso le negaría un penalti legítimo al escualo.

Pero, Cruz Azul honra su deshonra cuando parece imposible. La proclividad como alma gemela del Titanic. Cruzazulear debe ser tan dramático como que la novia casta descubra que en su Luna de Miel le espera un eunuco.

Y Veracruz, herido, se mueve con más fervor que La Máquina. Segundo tiempo y el Cabezón Luna ha hecho milagros en el vestidor. Esos que Carlos Reinoso ya no podía, no sabía o no quería hacer, pero, seguramente, desde la convalecencia, debió aplaudir.

Y los muertos no esperaron hasta el Tercer Día, según las Escrituras. Herrera aparece con un golazo de otro delantero, no de él ni de sus lamentaciones en el área. 1-1, el destino se viste de cura y prepara la, otra más, extremaunción celeste.

Y el clavo a la Cruz, es una alcayata de oro de un defenestrado por La Máquina y hasta por el mismo Reinoso. Entumido de inactividad, con las coyunturas oxidadas aún, pero Édgar Andrade se inventa un gol desde el catálogo de lo inverosímil. 2-1.

Cruzazulear es un acto despiadado de traición. Paco Jémez está poseído. Él no creía, se burlaba, se irritaba, cuando le entregaban un fiambre embalsamado casi 20 años, y le advertían, que, en este caso, el fracaso no tiene fecha de caducidad.

Y después, Adrián Luna, un uruguayo de tumbos casi cruzazulinos, escritura el acta de defunción de Cruz Azul. 3-1.

En el responsorio, en el habeas corpus de su ingenuidad, Paco Jémez escritura su epitafio: "No somos tan bueno como creemos, y estamos donde merecemos estar".

Esa declaración del español es un acto y un acta de rendición, de renuncia. Lo rescataron de su mundillo de fábulas y fantasías en España para hacer campeón al maldecido, hoy es parte de la maldición reptante del descenso.

El esperpento de La Noria está ante el riesgo, casi inimaginable hace años, del exterminio del descenso. Hoy, famélico, cruzazuleado, sometido, desahuciado, es el maná salvador de Veracruz, Morelia, Chiapas y Puebla. Los carroñeros han cambiado de carroña.

Jémez asegura que no se va. En lo único que sabe que Cruz Azul no la va cruzazulear, es en pagarle su finiquito si lo echa. Hasta la escoria se regodea con el sabor lúdico de la champaña.

La ironía queda ahí. Los mejores 45 minutos de Veracruz no tuvieron testigos. ¿La televisión? Hoy se pueden fabricar vodeviles o guerras en los controles maestros. Su afición se quedó fuera.

¿Cruz Azul? Sucumbió tal vez como merece hacerlo, abandonado, arrumbado, sin afectos traicionados en el graderío. Los Judas salen a la cancha, Jesús se queda en la cruz de la tribuna.

Escribió Gabriel García Márquez como obituario de su coronel Aureliano Buendía: "Porque las estirpes malditas no tendrán descendencia".

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LOS ÁNGELES -- Lo único que se le pide al tramposo, al embaucador, es que por lo menos intente ser inteligente.

Si algo indigna es la chapuza de los torpes. Los grandes tahures, los grandes defraudadores tienen la delicadeza de ser artistas del engaño, de la trampa, del embuste. Y duele menos, porque al menos no insultan la inteligencia de la víctima.

Cierto, es demasiado exigente pedir un glamoroso derrame neuronal en el trono de la FMF y en las cortes de sus achichincles, principalmente claro, en la del desahucio intelectual: la Comisión Disciplinaria.

Vamos, ni en una empresa en la que se ha hecho de las telenovelas el arte supremo de la manipulación y el adormecimiento de conciencias ("Hacemos TV para jodidos", dixit Azcárraga Milmo), mediante urdir tramas deliciosamente lacrimógenos, fueron capaces de asesorar a Decio de María, que vuelve a demostrar que para ser ajedrecista se le da muy bien la matatena, porque el trompo le descarapela el manicure.

CAPÍTULO 1: El castigo a Diego Novaretti por agredir al árbitro Rosendo Bermúdez en un amistoso en Frisco es de siete partidos.

Aquí, quede claro, como ocurrió en un campo y contra un árbitro estadounidense, no se pidió que se quemara en leña verde y cubierto de malvaviscos al canallesco futbolista, que ya se ganó medio millón de dólares en la congeladora del Club León durante un torneo.

Los árbitros de EE.UU., la MLS y la USSoccer o son cómplices o timoratos o bobalicones, porque no apelaron la sentencia ni exigieron el año de suspensión por reglamento.

CAPÍTULO 2: Y al día siguiente de la sanción a Novaretti, Pablo Aguilar, apoyado por el América, decide apelar ante el TAS. Un legítimo derecho a repelar, apelar e interpelar. Al cabo, en México, la injusticia grita y la justicia gime.

Y, claro, el América emite el comunicado, con todo el derecho y con toda la obligación, de apoyar al rijoso paraguayo, que sabe que su carrera se terminó en México. Se ha convertido, malamente, en carne envenenada, en cebo, para los rencores arbitrales.

¿Por qué esperaron tanto para reaccionar Aguilar y El Nido? ¿Por qué dejaron pasar tanto tiempo? Simplemente, se encontraron con un accidente, con una situación fortuita, inesperada, que les abrió una puerta inexistente.

Y no se necesita ser un aprendiz de Maquiavelo para desenmascarar el oportunismo advenedizo de la FMF y sus titiriteros.

No debería explicar más, porque el ardid es tan pollinamente, tan borricamente obvio y descarado, que el mundillo del futbol mexicano debería sentirse ofendido por la jugarreta burda de Decio.

Ante el TAS, la referencia en las apelaciones de Triverio y de Pablo Aguilar será el castigo a Novaretti. A delitos similares deberían consumarse veredictos similares.

Recordemos que Pablo Aguilar es uno de los mejores activos del América. El club ha determinado vender todo lo vendible. Y el paraguayo era mercancía almacenada e innegociable por un año. ¿Quién querría casarse con un eunuco?

Ahora, gracias a la generosidad de la Comisión Disciplinaria, uno de los tentáculos más reumatoides y artríticos de Decio de María, abre la posibilidad de que el mueble guaraní, arrumbado en el sótano, se ofrezca en subasta a partir de agosto.

Novaretti termina siendo el parteaguas, el punto de quiebra, el señuelo para los indultos de Triverio y Pablo Aguilar, por eso es que hasta ahora el defensa americanista y su club deciden con la bendición de su asalariado y embajador, Decio de María, ir ante el TAS.

Por eso, al final, uno entiende que en una FMF que se ha regido desde siempre con el principio elemental de la trampa, el abuso, el chanchullo, la maquinación y la intriga torpe, aproveche este momento para salvar a Aguilar, al América, y posiblemente desquitarse y burlarse de los árbitros que la pusieron en jaque.

Ojo: hay dos vertientes por observar en este procedimiento.

1.- Si el TAS decide que las sanciones de Triverio y Aguilar son conducentes y justas, podrían cambiar el castigo de Novaretti a un año. El TAS tiene la autonomía, el poder y la soberanía para cambiar sanciones que considere injustas.

2.- Y si acaso el TAS se convierte en cómplice de la FMF y reduce los castigos de Triverio y de Aguilar, ¿cómo reaccionarán los árbitros? ¿Se irán a la huelga de nuevo? ¿O ya se les agotó la testosterona en una sola revolución?

Al final, sólo quedaría pedirle a Decio de María: no nos menosprecies como ese personaje de telenovela que menosprecian en ti, desde el Salón Oval de Televisa. No, Gutierritos, no, por favor.

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LOS ÁNGELES -- Gianni Infantino se parece cada vez más a sus predecesores: se prostituye al mejor postor. Proyecta ser un pésimo remedo de quienes le anteceden en el árbol genealógico de la corrupción de FIFA.

Con fecha de aprobación, seguramente unánime, en el mes de mayo, el presidente de FIFA favorece a los más poderosos y ofrece limosnas a los menesterosos, al anunciar la distribución de las 48 plazas para el Mundial 2026, seguramente también, para una sede tripartita: México, Canadá y EEUU, este último, según el bosquejo de Sunil Gulati albergará la inauguración y la gran final.

Infantino tiró mendrugos de ilusión a los indigentes del futbol mundial: seis plazas directas a Concacaf, cuyo valor futbolístico es paupérrimo, pero en las urnas es poderoso: dispone de 41 votos. Hoy, la región tiene tres boletos y medio. ¿Merece que casi se le dupliquen sus cupos? No.

Lo mismo ocurre con África. Dispondrá de nueve plazas porque dispone de 54 votos. Sin embargo, recordemos que en la pasada Copa África, al menos 58 jugadores participantes, pertenecían a clubes europeos, de diversos niveles. Hoy, de acuerdo a la Clasificación de FIFA, los nueve mejor ubicados de África están entre los sitios 20 y 47 de la tabla.

La injusticia evidente ocurre con Sudamérica: le entregan seis plazas directas, las mismas que a Concacaf, porque con sus diez votos si está de acuerdo o no, le importa un soberano centavo a Infantino. Aquí no pesa su poderío futbolístico, sino su enclenque peso en los sufragios.

No puede obviarse que tres de los jugadores protagonistas del futbol Mundial son sudamericanos: Messi, Luis Suárez y Neymar, más allá de la presencia de otros de la misma región en equipos de relumbrón como el Real Madrid, con Marcelo y James, o como Vidal, Alexis, Cavani, Agüero, Gabriel Jesús, Coutinho, Dybala, Casemiro...

¿Europa? Ya se sabe, a las 50 naciones afiliadas, Infantino les ofrecen 16 cupos. Y no necesita más. Sus 16 equipos mejor ubicados en la clasificación de FIFA están ubicados desde el sitio tres (Alemania) al 26 (Turquía).

Y claro, el presidente de FIFA sabe que no necesita de más respaldo europeo, si reúne los suficientes votos de la prole pordiosera futbolera: Concacaf, Asia y África. El poder de los indigentes balompédicos tiene el mismo peso que el de la sangre azul europea.

¿Asia? Con sus 47 derechos a voto, recibe ocho plazas mundialistas para el 2026. Lo curioso es que sus ocho mejores selecciones ocupan del puesto 33 (Irán) al 84 (Catar). ¿Merece ocho sitios? Absolutamente, no.

Oceanía tendrá una plaza que seguramente queda a perpetuidad para Nueva Zelanda, a menos, claro, que Australia decida abandonar la caravana de Asia y regresar a la que geográficamente le pertenece.

Pero Infantino consigue su objetivo. En este acto de gigantismo desordenado del Mundial, satisface al universo del futbol, aunque convierta la competencia en una verdadera kermese y al que en verdad deberán ser muy malos los equipos que no logren asistir.

Además hay una puerta extra de acceso: un Hexagonal de repesca a celebrarse en una sola sede, con un representante de cada Confederación, excepto Europa, y uno más designado por el Comité Organizador del país o países anfitriones.

Evidentemente hay un negocio billonario, y ese es el primer objetivo cumplido por Infantino. Aumentarán los ingresos los patrocinadores, y hasta negocios colaterales menores, por ejemplo, como el Álbum Panini de estampitas podrá aumentar sus páginas, su público y su negocio hasta en un 50 por ciento.

Además, las televisoras con derechos de transmisión verán generosamente incrementadas sus audiencias. Tal vez para el resto del mundo un Nigeria contra China no le interesa, pero seguramente los mil 500 millones de chinos estarán pendientes de ese juego, al igual que los 192 millones de nigerianos, y eso, basta para pingues negocios regionales o de hecho, continentales.

Si Guatemala o El Salvador logran meterse al Mundial, con el poder adquisitivo de 1.5 millones de chapines y 1.5 millones de salvadoreños que residen en Estados Unidos, seguramente empeñarían lo necesario para ser testigos de eventuales enfrentamientos grupales contra una potencia alemana.

Es decir, financiera, maquiavélica, farisea, abusiva, explotadora y advenedizamente pensándolo, este Mundial de 2026 debe ser un éxito absoluto, menos en la cancha, donde se correrá el riesgo que se empobrezca el espectáculo, aumenten las goleadas, aunque con una heterogeneidad étnica impresionante en las tribunas.

Infantino también deberá resolver de dónde sacará los árbitros suficientes, porque si a nivel mundial la capacidad y la calidad de los jueces es realmente paupérrima, ahora se verían, incluso más lamentables trabajos de los silbantes. En una de esas y por México hasta César Ramos Palazuelos se cuela.

Insisto, el nuevo presidente de FIFA se parece tanto a sus antecesores y que alguna vez fueron sus mentores y padrinos, que no puede engañarnos.

Bajo el sol de las sospechas, el cuerpo de Infantino parece proyectar la sombra de Blatter.

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