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El alumno aún no supera al maestro
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LOS ÁNGELES -- El Nido en llamas. Y el Infierno, también. Toluca les prendió fuego. El Diablo es un pirómano por destino y por vocación. 3-2, a fuego, en el pecho del América.

Y mientras el Diablo se asoma al cielo de la Liguilla, el América aún no puede ni balbucear ni silabar cla-si-fi-ca-ción. El sueño de uno es la pesadilla de otro. Uno todo que ganar, otro todo que perder.

3-2, el Infierno de fiesta en el santificado Domingo de Resurrección. Paradojas inocentes del fútbol. Y claro, Judas llegó con atraso, pero puntual a la traición y a su tradición: Luis Enrique Santander hizo negocio, recibió 30 monedas por sus neuronas... al nacer.

Jornada espectacular. Las divinidades y las aberraciones del futbol en ese drama de 90 minutos: grandes goles, grandes atajadas, grandes los postes, grande la entrega, grande la astucia y mezquindad táctica del maestro LaVolpe y su escolapio Herrera.

Y claro grandísimos, pero requetegrandísimos... mequetrefes los que asigna la Comisión de Arbitraje para el VAR y para la cancha, con el propósito de ejercer la justicia, peor encontrando los caminos torcidos para corromperla.

Cierto: el Toluca jugó el mejor partido del torneo. El Diablo Mayor --caracterización gratuita en el caso de LaVolpe--, envió a su horda de diantres a su jornada de consagración.

Claro, LaVolpe les recordó que la presa es el manjar más codiciado por el canibalismo de la Liga MX. El menú incluía fiambre del #ÓdiameMás. Y se atascaron de gula.

En el contraste, América herido de ausencias, algunas físicas y otras mentales (¿en dónde deambulas Mateus Uribe?). Menéz, Castillo, Oribe, Benedetti, Ibarra y contando.

Con Toluca, hasta quienes el viernes usaban muletas, se reportaron con temple de espartanos. El tónico reconstituyente del #ÓdiameMás, obra milagros. En casos como el de este domingo, garantiza contratos.

El partido y la partida prometía ser trabado. Muchos peones y pocos alfiles. Pero, al minuto cinco, Mancuello puso la soga en ese cuello donde una vez puso la mano su ex técnico Hernán Cristante: en el cogote de Miguel Herrera.

Y ahí, a partir de ese gol que toma de bobalicones a Bruno Valdez y a Emanuel Aguilera, el juego prefabricado en los pizarrones, se va al demonio, por culpa de los demonios escarlatas. Y fue, a partir de ahí, a puro regocijarse desde fuera, con el averno crepitante de la cancha.

Cierto, Santander, embajador del descrédito, la deshonra y la ruindad arbitral, auxiliado cabalmente por los bártulos del VAR, en su torpeza, colaboró para agregarle ese estrujante sabor de la sospecha, de la rabia, de la indignación, para lo que se debe ser o bastante maquiavélico o suficientemente alcornoque. O ambas cosas.

La lista de pecados de Santander durante los 90 minutos no se expía en una Cuaresma. Perdona tarjetas, se niega a marcar penaltis, hace de la Ley de la Compensación un catálogo de injusticias. Y claro, desde el bunker ambulante del VAR le crean más conflictos para discernir.

Roger Martínez y Sebastián Córdova ponen arriba al América, pero LaVolpe ya tenía el antídoto en la cancha al descubrir una zona muerta del América. Envía a Alexis Canelo, jugador líder del Club Anonimato FC (zombi en Chiapas y Puebla), pero quien pepena dos balones en el corazón del área americanista.

América intenta, aprieta, se angustia, se desespera, y al final se entera que su monarquía vigente está tan firme que hasta Lobos BUAP lo tiene a tiro de piedra en la carrera rumbo a la Liguilla, además claro del mismo Toluca, Tijuana y Puebla.

Al final, LaVolpe se saluda con todos. Luzbel bendice a sus diantres en el Infierno, pero la estampa final, en un cameo, en una toma de televisión es la más genuina: esa sonrisa egoísta, ególatra, propia, íntima, de que para él, la victoria, va más allá del marcador, de la Tabla General, del torneo mismo, va hasta ese predio personal donde el orgullo arma su propio carnaval.

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LOS ÁNGELES -- El rostro enrojecido. La mueca, un puchero de rabia. Esa mirada de suegra insatisfecha. Todo ello en un contraste impecable con el impecable peinado y el impecable traje. Y el ademán, eso, el ademán, lo explica todo...

Era una mímica de imprecación, de ira, de reclamo. Miguel Herrera se ponía el puño con violencia sobre el costado izquierdo. Y miraba a Cecilio Domínguez... y a Henry Martin... y a todos. Ahí, justo ahí, en el costado izquierdo, ahí, donde están los dos corazones de un equipo de futbol, ahí, donde late el escudo del América, y debajo, donde repica, más que palpita el corazón desbocado.

Miguel Herrera sabe la pregunta que borbotea en su cabeza y en las entrañas de El Nido. Pero él sólo sabe que aún no sabe la respuesta.

¿Está la pasión (profesional, humana, deportiva, futbolística) de estos jugadores a la altura de la misión que tienen como americanistas? La misión es sabida: ser campeones.

¿Está su pasión a la altura de semejante cruzada? El primer tiempo ante Toluca, este domingo, deja en claro que sí. El segundo tiempo, sufrido, agónico, estoico, ante el Toluca, deja en claro que no.

Por eso, el aspaviento de Miguel Herrera al terminar rumiando el encuentro ante Toluca, con todo y boleto a Semifinales en la mano. Es un reflejo de su frustración, esa que no hará pública, esa que masticará sin tragar, en la intimidad del vestuario.

En conferencia de prensa, El Piojo explicó que hablaba de pasión, de poner corazón en la cancha. Al final, él lo sabe, en la cancha, el escudo bordado o impreso, es el brote externo del corazón. En el deporte, el emblema en el pecho y el músculo bajo el pecho, son mellizos.

En el coloquial y puntual lenguaje del vestidor, Miguel Herrera les habrá dicho lo mismo que les dijo a seleccionados nacionales cuando perdían 2-0 un amistoso ante EEUU y que terminaría 2-2. "Les dije que tenían que poner güevos, esa es la única forma de jugar al futbol", explicó aquella vez.

Y en su América parece que las gónadas sólo generan hormonas de furia competitiva durante 45 minutos, aunque él dice que fueron 75. La testosterona es la nomenclatura química de la pasión.

Lo mismo ocurrió ante Santos en la temporada regular. América dio un concierto como para escriturarle el título, durante el primer tiempo. En el complemento, como este domingo ante Toluca, le pasaron por encima. Terminó, como alguna vez lo describiría Hugo Sánchez, con las anginas en la garganta. El que entendió, entendió.

Es irónico, porque tradicionalmente, Miguel Herrera demostraba que era capaz de enderezar jorobados en el medio tiempo. Hoy, se le joroban los jugadores y el rendimiento del equipo.

Y El Piojo sabe que es responsabilidad suya. Todo el trabajo de la semana se sublima con lapsos como el del domingo en el primer tiempo, pero rendimientos como los del segundo tiempo son los que originan explicaciones bobaliconas como "es que no juega a nada".

El primer tiempo ante Toluca, preocupará a su rival en turno, Pumas. El segundo tiempo ante el mismo Toluca, relajará a Pumas, que, por el contrario, supo resistir y contrarrestar el aluvión de Tigres.

Es tiempo pues, de que Miguel Herrera, de cara al juego ante Pumas, y con la exigencia total de su patrón, Emilio Azcárraga Jean responda la pregunta planteada al inicio de este texto...

¿Está la pasión (profesional, humana, deportiva, futbolística) de estos jugadores a la altura de la misión que tienen como americanistas?

Es tiempo para El Piojo Herrera de identificar quién sí y quién no... y separar las manzanas podridas de las sanas.

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Santos Campeón. Exorcizó los pronósticos. Mató a todos los matones: Tigres, América y Toluca. Y el trofeo Clausura 2018 le pertenece con todos los destellos del merecimiento.

Santos ascendió de entre los Infiernos del Toluca: 1-1 en el veredicto y 3-2 en el Global. De nuevo Robert Dante Siboldi demostró esa habilidad para manejar el tablero e improvisar sobre las exigencias de los momentos del juego.

Con el 0-1 en la mano, al minuto 55, Siboldi quisó ahorcar la mula de seises. Y lo logró. Sacó a dos de sus todo terreno: Javier Cortés y Oswaldo Martínez, para meter a Diego de Buen y a Jorge Villafaña.

Con 35 minutos por delante y el asedio desesperado de Toluca, parecía un acto suicida. Pero, de nuevo, Siboldi eligió en qué terreno y con qué condiciones debía jugarse el partido.

Parecía con esos movimientos, en la juventud del segundo tiempo, que el técnico de Santos entregaba el partido. No era así: en realidad empezó a recuperarlo conforme a sus necesidades.

Ciertamente Jonathan Orozco fue la figura santista después del Gallito Vázquez, y es reflejo del abordaje constante, pero desordenado de los Diablos Rojo, heridos por ese gol marcado por Furch apenas a los diez minutos de juego.

Pero con dos goles de amparo ante el tribunal del marcador global. Siboldi demostró tener un manejo claro y bien trabajado de las condiciones del juego.

De hecho, el agónico y dramático gol de Toluca, obra de Hauche, es una de las pocas distracciones y atribuible a un error de asistencia en la zona del otro Jonathan, el turista Rodríguez.

Aparte, el capítulo del Gallito Vázquez: cinco balones cortados dentro del área, anticipaciones, elección serena de la salida del equipo, que lo convierten en jugador determinante, como lo fue en el Bicampeonato de León y en el título de Chivas.

Ah, pero su estatura, no le permite estar en la selección nacional, pese a demostrar que es mejor que cualquier de los convocados por Juan Carlos Osorio, para ese tipo de funciones.

Toluca tuvo poca respuesta. Hernán Cristante sigue desperdiciando su fe en un Ángel Reyna que sólo da chispazos para mantener engatusados a sus bobalicones. Lo peor es que elige enviarlo en lugar de Leo López.

Además, sigue sin entender que hay un momento del juego en que los compromisos rebasan espiritual y emocionalmente a Rubens Sambueza.

Y en esa pléyade de desahuciados por otros equipos, Robert Dante Siboldi los inviste de nueva gloria como multicampeones: Jonathan, Oswaldito, el mismo Gallito y Javier Cortés.

Irónico pues que estos cuatros, los supuestos desechos tóxicos de otros planteles, enaltezcan la vigencia competitiva de sus respectivas carreras.

Y, bueno, el árbitro César Ramos Porlossuelos, perdón Palazuelos, tuvo una de las menos erráticas actuaciones de su equivocada carrera. Mientras que Toluca estudiará una nueva oportunidad para Hernán Cristante, ahora se consolida Siboldi, con la esperanza de que no ocurra, como otras veces, que las chequeras de otros, desvalijen un proyecto. La palabra la tendrá, cuando estallen las últimas burbujas de champaña, Alejandro Irarragorri.

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Un lunes convulsivo y convulsionado. Como si no bastaran los estertores de la Liguilla con el sepelio simultáneo y lloroso de los equipos regios.

  Rumores que se visten de futuro. Rumores que aún se debaten en el pesebre de lo increíble, pero no imposible. Renuncias anunciadas.

  Con Mohamed fuera de Rayados, en un exilio que se demoró seis meses, y con Rafa Puente metido en un gallinero donde sobran espolones para ser ofensivos, seguramente los estertores zangolotean al campeón de la Concacaf.

  Con el dulzor aún en los labios, ahora a los aficionados de Chivas, les aprietan las anginas. ¿Será posible una desbandada? Dicen que si el río suena, es porque se ahogó una orquesta.

  De golpe: Pizarro y Almeyda al Monterrey; Cota al León, Alanís al Getafe, Orbelín a Querétaro... ya sólo faltaría que Erick Gutiérrez termine en el Ajax, en lugar del Rebaño, y que regrese el Gullit.

  Y en la mira el Mundial de Clubes, en el que todos dicen que quieren hacer historia y verse la cara con el Real Madrid o el Liverpool. Paco Gabriel de Anda debe extrañar su lugar en la mesa de Futbol Picante.

  Insisto: son rumores y perviven en la clandestinidad del chismorreo, pero parece que la rebelión por la falta de pago de los premios, ya pasa factura, al vender a Pizarro a Rayados en lugar de al futbol de Holanda, y el mismo Cota es dejado en libertad para regresar, contra sus deseos, al feudo del Grupo Pachuca. Esas injusticias son la cuota tenebrosa de exigir justicia.

  Pero, no todas son malas noticias en los correrías financieras y deportivas del Guadalajara.

  Con las manos llenas de problemas, Paco Gabriel de Anda, de consumarse los rumores, esperará que el usufructo de Pizarro y la indemnización por dejar ir a Almeyda, más la renovación multimillonaria de contratos de patrocinadores y televisión, le alcancen para repatriar a alguna de las cartas que tiene boca arriba: Chicharito (en pláticas con "Pelagatos 2.0" Higuera), Carlos Salcedo, Marco Fabián y Raúl Gudiño.

  Ciertamente, el futuro de estas negociaciones deberá esperar al Mundial de Rusia. La cotización de estos futbolistas podría variar de lo que consiga el vacacionista Juan Carlos Osorio.

  En el cuerpo técnico, Paco Gabriel ha tenido un candidato: Víctor Manuel Vucetich, un entrenador que gusta del futbol pragmático, de seguridad, pero que en algunas etapas (León, Tecos, La Piedad), mostró que sabe jugar al ataque.

  Reitero: en este momento, los vendavales de los rumores sólo inquietan, pero a nadie mojan.

  Por otro lado, mientras el Turco Mohamed deja puesta la mesa para negociar para un equipo que tenga muchos millones de dólares para pagarle e invertir, Rafa Puente hizo una estupenda elección al aceptar la oferta del Querétaro.

  A un equipo armado para ir al abordaje, lo entrenaban para recular. Si le mantienen el plantel a Puente, y le agregan un par de refuerzos, como se habla del regreso de Orbelín Pineda (sí, ese escándalo de los premios en Chivas), seguramente la historia será distinta a Lobos BUAP.

  Por lo pronto, queda claro que los remezones del sismo en el orgullo de Monterrey, se sienten fuerte en Guadalajara.

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La buena noticia para América: no enfrenta a Tigres. La mala: enfrenta a Santos. Monsieur Gignac se ausenta. Monsieur Menéz le sustituye.

La buena noticia para Rayados: Tigres quedó eliminado. La mala: ellos también. La tragedia pacifica a Monterrey. Que brinden por la muerte ajena, para que les sepa menos la suya.

La Final tiene contendientes: América contra Santos y Toluca contra Xolos. Que pongan todos sus barbas a remojar. El Diablo, y no necesariamente el toluqueño, anda suelto.

Las potencias financieras del Norte cayeron en bancarrota. Los planteles más caros del futbol mexicano se abarataron en la cancha. Irónicamente, sus entrenadores y arqueros, abrieron la puerta y la portería al tropiezo...

Ya Tigres y Rayados jugarán su partido de consolación en el lado perverso de las redes sociales. En diciembre eran el ombligo del mundo, hoy...

Lo de Santos tiene tintes de hazaña. Jugó con diez hombres todo el partido, porque Jonathan Rodríguez había dado tan poco antes de su expulsión que los Guerreros se sintieron más cómodos sin un bulto en la cancha.

La heroicidad santista, con inferioridad numérica aumentó las guirnaldas de gloria, porque después del gol de Oswaldo Martínez, maltrecho, lesionado, pero Djaniny sacó el 2-0 para añadir otra raya más a la zalea del Tigre que cubre la inmunidad de Ricardo Ferretti.

Pudo haber hecho algo Nahuel Guzmán en los goles. El otrora héroe se ve desconcentrado en ambas anotaciones. Pero la responsabilidad no es sólo suya: la culpabilidad es un pecado capital repartido a partes iguales... desde la banca, claro.

Entre la soberbia anestésica, la actitud displicente, de unos Tigres que se creyeron en la ruta de otro título, Santos asumió como un asunto de vida y muerte el saber y entender que con diez eran más espiritual y hormonalmente que los aburguesados de enfrente.

Ahora la advertencia queda hecha. Y parecería innecesaria. Porque América y Toluca saben puntualmente que no pueden ningunear a sus adversarios como algunos de los fantoches jugadores y entrenadores de Rayados y Tigres.

Lo exquisito de estas Semifinales del Clausura 2018 es que no hay sentenciados a muerte, porque tampoco hay marcador favoritos, especialmente después de que los Diablos Rojos casi se ven exorcizados por el Morelia.

Claro: ninguno de los cuatro equipos tienen totalmente el destino en sus manos. En realidad, y eso es irrefutable, la Final queda estrictamente en las garras perversas de la estulticia arbitral.

La realidad es esa: los jueces mexicanos son tan malos, que uno sospecha que actúan de forma delincuencial.

Y es difícil precisar que es más grave para el arbitraje: que se piense que aprueban con excelencia un examen de idiotez, o que se piense que actúan bajo consigna y complicidad de La Famiglia que tanto pondera Decio de María.

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Con el Toluca como favorito --hasta por decreto presidencial, dicen mal pensados--, la Liguilla arranca con su imprescindible lastre, esos habituales menesterosos con menos del 50 por ciento de puntos posibles, como Tijuana (25), Pumas (24) y Morelia (24).

La atención recae en la regularidad de los Diablos Rojos, la obligación que persigue al América, el colmillo retorcido de Tigres, y la deuda creciente de Monterrey, sin descartar a un Santos, pese a que de sus últimos cinco juegos sólo ganó uno y perdió cuatro.

Con la guillotina oscilando sobre el pescuezo de Hernán Cristante, luego de que en los primeros siete juegos sólo consiguió nueve puntos, con reveses extrañísimos como ante Puebla y León, el Toluca luego hilvanó nueve victorias consecutivas, hasta el tropiezo del viernes ante Tijuana, en juego de desperdicio en el que no hizo un disparo a gol y apenas sumó un tiro de esquina.

En evidencia queda el control absoluto del Infierno que tiene Cristante. Especialmente con jugadores con problemas de comportamiento en otros clubes, joyitas como Sambueza, Reyna y Quiñones, el histórico ex portero del Toluca alcanzó la madurez absoluta en manejo de grupos y reacciones estratégicas.

La amenaza constante para el líder sigue estando al norte de la geografía futbolística mexicana. Esa casi descarada displicencia de Ricardo Ferretti para manejar los escenarios de una Liguilla, con un cuadro administrado en esfuerzos, sabe que comienza verdaderamente el campeonato para todos.

Y en esa amenaza norteña, imposible dejar fuera a un Monterrey menos contundente que el de años anteriores, pero más consciente de lo que necesita. Dejó, aparentemente, de quemar pólvora en los infiernillos de la notoriedad y el protagonismo obsoleto del torneo.

En la emboscada del norte, aparece Santos Laguna, que después de la lesión de Néstor Araujo con la selección, cargó con cuatro derrotas y un solo triunfo. Afectado resultó también por la lesión de Djaniny Tavares, quien había marcado 13 goles en los primeros diez juegos, y al retornar sólo marcó dos en cinco fechas.

La atención general sigue al América, un equipo sin palabra de honor. Tras comenzar el torneo con protagonismo, hasta antes de la victoria sobre Santos, atravesó por una racha de dos derrotas, dos empates y una victoria, de más alarde que peso, ante Cruz Azul.

Afectado por lesiones, bajas de juego, el América está lejos de responder a expectativas y expectación que se arremolinaron al segundo torneo, en el regreso de Miguel Herrera, especialmente con un plantel competitivo, y el funcionamiento está distante aún de ser un amparo para ese subliderato en el torneo.

El regreso de Menéz, Cecilio y Renato, aunque con la expectativa sobre la relación entre Mateus Uribe y su entrenador, ahora pierde a Aguilera, y el equipo demuestra que su filtro defensivo, más allá de la eficiencia de Guido Rodríguez, pone a Marchesín a prueba, semana a semana.

Ciertamente la Liguilla es un rasero distinto para América... pero también para sus rivales. Es una ociosidad repetirlo, pero la realidad muestra que sus adversarios ofrecen el partido de su vida enfrentando a las Águilas.

Herrera y América tiene algo en común: oficio en la Liguilla. Y para El Piojo dejó de ser importante si se juzga piojoso, aunque efectivo el tipo de juego que realiza su equipo. Lo sabe Herrera y lo sabe su grupo: el título pasó de ser una meta a ser una obligación.

Y mientras Marchesín se convierte en el jugador más valioso de El Nido, el contrapeso sigue perdido: Oribe Peralta y Henry Martín han renegado del gol, en especial el segundo, luego de ser víctima de su propio espejismo: hacerle tres a unos Lobos BUAP, que ya habían perdido al Maza Rodríguez por expulsión.

Al final prevalece el mismo sello de cada liguilla. Puede ocurrir cualquier sorpresa, milagro o desgracia, aunque Toluca y Cristante, teniendo a Enrique Meza como técnico, saben cómo desafiar la maldición del liderato general.

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El Toluca le ganó bien el sábado en el Azteca y acabó, en la fecha 12, con su invicto, mostrando que el América es un cuadro fuerte, candidato al título, pero al mismo tiempo, un equipo que tiene defectos y que está lejos de ser el "todopoderoso" que nos dibujaban sus más recalcitrantes aficionados y nos insinuaban sus complejos aparatos publicitarios. El América es terrenal. Puede ganar y puede perder. Pertenece a un grupo de "cualquieras", donde "cualquiera" --Tigres, Santos, Toluca y Rayados-- tiene las mismas probabilidades de aspirar a ser el campeón. Bienvenidos de regreso a la tierra, americanistas...

Por David Faitelson

LOS ANGELES, CALIFORNIA -- El América volvió del "espacio" justo a tiempo para colocar los "pies sobre la tierra".

Es un 'cualquiera'... Un 'cualquiera' dentro un grupo donde 'cualquiera' puede ser el Campeón, pero no es el América, al menos todavía, que nos pintaban sus más recalcitrantes aficionados y nos insinuaban sus complejos aparatos publicitarios. Es un América terrenal, no ha dado su mejor forma, tiene defectos y cuando un equipo serio como el Toluca sale a hacerle partido, a presionarlo y a trabajarlo en todos los sectores de la cancha, puede terminar vencido. El América esta junto con Tigres, Santos, Toluca y yo agregaría a Rayados --que va a volver-- como los cuatro grandes candidatos a ser campeones. Esta al mismo nivel que ellos. Tiene grandes virtudes y también grandes desperfectos. Puede ganar y puede perder. No es un equipo invencible.

Cuando pierde, el primer pretexto a la mano de un 'equipo grande', es el arbitraje. Y puede que la jornada del sábado en el Azteca haya estado acompañada de un trabajo regular del silbante, pero el América no puede justificarse ni cegarse ante la realidad: el Toluca fue mejor en la cancha y lo que es aún más meritorio, fue más inteligente que el América. Manejó los tiempos, tuvo el balón, presionó desde el minuto uno y tuvo un futbolista llamado Rubens Sambueza que en el América parecen seguir extrañando.

El América cayó en la cancha con parajes de desconcentración. Encontró un gol de contragolpe muy temprano que terminó haciéndole más daño que beneficio. Vio como uno de sus futbolistas --Bruno Valdez-- perdía la cabeza de forma absurda apenas a los 35 minutos de juego y al final, con 10 hombres, peleó y generó ocasiones de gol, pero el Toluca midió el juego y concluyó imponiéndose con toda justificación y claridad.

A este América le falta: el francés Jeremy Menez no termina de encontraste físicamente y sólo ofrece destellos del futbol que en realidad posee; Cecilio Domínguez aparece y desaparece con mucha facilidad; Renato juega a su propia velocidad y Oribe, en muchas ocasiones, parece aislado y con pocos balones para generar peligro.

Lo colocaba en perspectiva en su cuenta de twitter el periodista Miguel Gurwitz (Telemundo). Los triunfos del América se han dado ante Gallos Blancos (lugar 13), Atlas (último), Lobos BUAP (16) y León (12). Contra los primeros de la tabla, empató con Tijuana y con Tigres y superó a Morelia. El sábado perdió ante Toluca.

Los optimistas dicen que la derrota llega en buen momento para este América. La liguilla esta próxima, pero antes tendrá que librar batallas ante equipos como Cruz Azul --que es un Clásico--, Santos --que es el líder general de la competencia-- y Monterrey --gran candidato al título cuando comenzó el campeonato-- y hay que agregar que se medirá al campeón de la MLS, en Toronto, en las semifinales de la Concacaf.

Bienvenido a la tierra, América...

@Faitelson_ESPN

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LOS ÁNGELES -- Se infiltró en Chivas. Como un intruso. Entre ese vaho pestilente y denigrante de las mentiras. Había un técnico en funciones incluso, pero él zopiloteó desde Buenos Aires hasta Zapopan.

"Me hablaron de Coras Tepic. Voy a platicar con gente de Chivas. No hay nada", dijo Matías Almeyda, mientras su séquito de auxiliares pagaba exceso de equipaje. Parecía el bagaje de una estrella de rock. Había más maletas que palabras sinceras.

"No sabía que hay un técnico (Chepo de la Torre) aún al frente del equipo", dijo primero, como si el internet o su cuenta de Google estuviera hackeada en Argentina.

"No sabía que el director deportivo (Néstor de la Torre) con el que me entrevisté es hermano del entrenador", mientras con esa velocidad exprés, esa celeridad Speedy González con que opera la corrupción burocrática en México, su permiso de trabajo ya estaba listo antes que su contrato.

Detrás del operativo siniestro, con esa habilidad lúgubre con la que fisgoneó en las intimidades financieras de Angélica Fuentes, el hombre al que Ricardo Peláez inmortalizó como "el pelagatos de Jorge Vergara", consumó de manera sigilosa la contratación de Matías Almeyda.

Y El Pelado, un ícono con altares legendarios en River Plate y en la Lazio, empezó a remontar el tsunami implacable en su contra. Quien se atreva hoy, en la tertulia mediática, a pontificar que sabía que Almeyda regeneraría a Chivas, es un farsante. Todos, sí, todos, montamos nuestro particular patíbulo babeante y ansioso para ver rodar la melena del tipo que aún despierta suspiros entre las fanáticas de River.

Hoy, Almeyda, se ha apoderado de un sitio de privilegio entre el Rebaño. Se equivoca, de eso no hay duda. A veces, solucionar sus errores, le lleva a otras imperfecciones, pero ha perfeccionado esa doctrina samaritana de dar un paso atrás y dos adelante.

Al final, su doctorado como entrenador lo está realizando en Chivas. "Quien dirige en Chivas, puede dirigir con éxito en cualquier equipo", dijo en 1998 el Tuca Ferretti en Los Ángeles a este reportero.

Ciertamente, El Pelado cosecha donde otros sembraron. Cisneros, Pérez, Zaldívar, Edson, Zendejas, Benítez y hasta la inconsistente Chofis, ya estaban ahí, pero han sido amamantados de manera distinta por la Troupé Almeyda. Con el mismo barro, hay quienes moldean un bacín y quienes moldean un jarro. El Pelado moldea jarrones.

Ha convertido a Orbelín Pineda en un magnífico jugador todo terreno, hasta llevarlo a la aptitud universal de poder ser el mejor "8" en México, al lado de Jesús Dueñas, según se encapriche, en este caso, Tuca Ferretti.

¿Y el Carlos Fierro, con más tumbos que un ciego sin lazarillo? ¿Acaso no hay una labor inquietante de cómo a Alan Pulido lo bajó de ese pedestal de altivez que tanto criticó Tuca Ferretti para hacerlo un mayordomo de las urgencias del equipo? Y el Gallito Vázquez tuvo que aceptar sumarle más kilómetros a sus recorridos, o seguiría en la banca.

A pesar de haber salvado a Chivas, de seducir a su afición nuevamente, y de la temeridad para sacar promesas del cunero del Guadalajara, le cuestionamos el haberse proclamado como amo y señor del equipo, impidiendo que cualquier otro pudiera meter las manos en su feudo. Hasta en eso, el tiempo le ha dado la razón.

Insisto: aún se equivoca, pero ha sido capaz de descifrar los jeroglíficos de sus propios dislates, y solucionarlos. Le acribillábamos por su impericia absoluta para resolver el desplome de su Rebaño con un hombre más en la cancha. O cuando el reloj se desangraba y su equipo también.

Y se equivocó en sus discursos. Más allá del "dinosaurio, de aquellos de los antiguos", que se enfermó del riñón y orinaba a Chivas, o de reclamar que "ese juego ante Atlas debió repetirse", más allá de esos paréntesis de insensata locuacidad, se atrevió a justificarse lamentablemente con un "es que yo sólo cuento con mexicanos", o cuando en Argentina declaró que trabajar con sólo nativos, le obligaba a pensar tres veces qué hacer y a explicarlo tres veces a su plantel.

Pero, los resultados son baños de cloro sobre sus desacatos e imprudencias. Sus hechos, ciertamente, superan el indecoro de algunas de sus declaraciones. Y con eso se gana indulgencias y el indulto de eso que llaman la Nación Chiva.

Y sobre todo, la forma de jugar del Guadalajara. Ese ritmo agobiante, intenso, grato, espectacular, gratísimo, lo alcanzó antes y sólo en algunos momentos con Hans Westerhoff y con el Yayo de la Torre, pero Almeyda ha logrado consolidar la idea como una figura de culto para su futbolistas.

Cierto, a veces, esa obsesión asesina, implica un riesgo suicida. De hecho en la anterior entrega de este espacio, explicábamos que con las bajas que tiene por lesiones, parecería un acto de imprudencia mantener esa forma de juego ante la fiera cebada, ladina, amañada, que es el equipo del Tuca Ferretti.

Al final, la moraleja se destiñe. Cuando por primera vez Jorge Vergara rompe su hábito de llevar el equipo como una empresa, cuando por primera vez rompe los cánones administrativos y lógicos, encuentra un proyecto exitoso. Chivas está en la Final, diezmado, cierto, pero en la Final y en la Concachampions.

Insisto, la moraleja se prostituyó. Ése, el que llegó por un sendero oscuro y siniestro, ha demostrado ser el más diestro para el desafío que asustaba a otros: reconstruir a unas Chivas que jalaban bocanadas de aire, mientras se ahogaban.

Y la legión mediática de detractores, calladitos, nos vemos más bonitos, incluyendo, claro, a los advenedizos que hoy se dan baños de pitonisos.

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LOS ÁNGELES -- Con los paramédicos en la banca, con linimentos, árnica y chiqueadores en el botiquín, Chivas llega a la Final. Una larga ausencia. El Paraíso les había sido negado.

El problema, más allá de la metáfora, es que se sacaron en la rifa la piel del Tigre. Pero, la piel aún la trae muy bien puesta, y lustrosa, ese Tigre. Y desollarlo, será complicado.

Con Carlos Salcido en el infierno reumático, y un Chelo Zaldívar que en el pecado de la precipitación encuentra la penitencia de la recaída, más un Carlos Fierro en duda, Guadalajara volteará a la incubadora en busca de soluciones ante un equipo despiadado, convencido, concentrado, soberbio.

Con la serie de lesiones y recaídas, de decisiones mal tomadas, operaciones infructuosas, parecería que en el cuerpo médico de este Chivas ofician sobadores y curanderos, cuando por años han tenido al cirujano mágico, Rafael Ortega. O deberán revisar el trabajo físico: la perfección aeróbica no garantiza la perfección anaeróbica.

Agreguemos al 'Conejo' Brizuela y a Carlos Cisneros, en la suma de bayonetas rotas en la infantería del Guadalajara.

Deshaciéndose de Toluca, como del Atlas, con el reglamento salomónico a rajatabla, Chivas confirma sus credenciales: embelesa, pero con ellos arrastra un costo físico brutal, que se solventa, en parte, por la juventud del plantel.

Pero, lo comentamos, en la anterior entrega, este Rebaño sólo sabe jugar de una forma, afortunadamente. Por eso, el 1-1 de la ida era una emboscada. Ahora, con la columna vertebral fracturada, y con un ritmo y libreto en el que ninguno de los integrantes puede dar concesiones o desconcentrarse, Matías Almeyda ha visto como la flotilla de Ferraris con los que arrancó el torneo, empezaron a quemar motores.

Ante Tigres, Almeyda tendrá que elegir entre el suicidio o la supervivencia desde el Juego de Ida en Monterrey. La Final puede tener su veredicto desde ahí.

Por ejemplo: ¿enviará al sacrificio a 'Chapito' Sánchez ante los aviones que enfilará por su zona el Tuca Ferretti? Chivas tiene un excelente carrilero, pero es un defensor puntualmente de medio pelo, y si además le permite desplazamientos hacia el frente...

En media cancha, la mejor forma de visitar a Tigres es colocar a tres de los mejores contenciones mexicanos muy encadenaditos y compactos: Orbelín Pineda, 'Gallito' Vázquez y Michel Pérez.

¿La 'Chofis' despertará algún día? O entonces tendrá que resignarse con 'El Avión' Calderón de soporte a una aventura gloriosa de Rodolfo Pizarro y Alan Pulido. Y ante el bloque sólido de Tigres, se necesitará más que eso para despellejarle la zalea a los felinos.

El conflicto de Chivas es que parece demasiado tarde para aprender una forma distinta de jugar. Su vértigo abierto, preciso, de enroques, atrevimiento y hasta en el mano a mano, puede, causarle migraña al adversario, y hasta generar oportunidades de gol, pero necesitará ser certero en la embestida final, y eso, ante un portero como Nahuel Guzmán, se vuelve una misión aún más compleja.

Por eso, en el Juego de Ida, Matías Almeyda deberá valorar muy bien las indicaciones a sus piezas. Y no sólo de orden táctico, sino de exigencia física. Tigres aprovechó la primera mitad del torneo para hacer su pretemporada, y después campear insolente en el desenlace.

Como sea, la expectación y las expectativas sobre la Final del Clausura 2017 son generosas, especialmente para un proyecto probado, claro de manera doméstica, como el de Tigres, y otro, de reivindicación absoluta del jugador mexicano con Matías Almeyda.

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LOS ÁNGELES -- El reglamento le cuenta un embuste a Chivas: salió con ventaja de Toluca con el 1-1. La regla lo bendice con gol de visitante y posición en la tabla. Un infundio.

El 1-1, a un equipo como el Guadalajara, de poco lo sirve. En la doctrina que practica de jugar ofensivo, y de la evidente repulsión que siente ante la especulación, este 1-1 es como partir de cero. Verlo distinto es suicidio para la osadía de Matías Almeyda.

Pensar que el Rebaño fincará su estrategia, ante un equipo desesperado como Toluca, con el código de la especulación es una farsa absoluta.

Sin duda el Guadalajara gana en tranquilidad y cultivará, en medio de esa desazón y desespero del adversario para poder administrar mejor la forma de atacar al Toluca.

Pero, es sabido, es imposible que Chivas pretenda fincar su pase a Semifinales en la tacañería obsesiva de defender el dictamen del 1-1, por hábitos futbolísticos y por defectos futbolísticos.

Por eso, por el espectáculo, mejor aún. A sabiendas que Chivas parte del principio genuino de saber que el parcial del juego de este jueves en Toluca es poco lucrativo, buscará ponerle su firma al desenlace.

Incluso, la serie ante Atlas debió aleccionar al Guadalajara sobre su incapacidad para especular con el enclenque veredicto de un empate, especialmente en un belicoso trámite ante Diablos Rojos aún con 90 minutos en blanco.

Tras un orden legítimamente cauteloso en el primer tiempo, equilibrando las acciones e incluso desperdiciando un par de remates de Fierro y Orbelín, en la segunda mitad, incorporando a Pizarro y Zaldívar, se adueñó de la estrategia más que del balón, y sólo volvió a tragar amargo cuando quiso volverse compacto en el fondo, especialmente cuando concedía absurdas faltas en los perímetros del área.

Toluca tuvo descuidos por ansiedad. Uno de ellos genera el gol de Pizarro, originado sin duda en la velocidad de respuesta del adversario, especialmente tomando desbordado al ansioso equipo escarlata que entendía la urgencia de romper los bostezos en el marcador.

Más allá de si Hernán Cristante se equivoca demorando cambios y ajustes en el cierre del encuentro, víctima de inmadurez y nerviosismo, lo cierto es que el mayor nerviosismo fue de Uribe y Hauche ante las numerosas oportunidades que le generó la orquesta de Sambueza.

Así, con la mascarada del 1-1, susceptible de ser una emboscada para ambos equipos, entienden Matías Almeyda y Cristante que el juego de vuelta es a matar y morir, lejos, muy lejos, por sus propios estilos de juego, de aferrarse a la fragilidad de un marcador fantasma como el de este jueves.

Porque eso lo han demostrado en el torneo: a Chivas y a Toluca les place jugar sin tener y sin pedir piedad.

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