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Jugadores del América que fueron transferidos directamente a Chivas

DENVER -- Tomás Boy salió a defender el pasado de Oribe Peralta, al no tener posibilidades de defender su presente.

Boy olvida que Chivas no necesita una pieza de museo ni una reliquia de anecdotario sino un gladiador que lo salve del descenso. Las tragedias no se anticipan ni se solucionan en las hemerotecas y cuando alguien habla tanto de su pasado, es porque ya renunció a su futuro.

Al hacer una efeméride de Oribe, Tomás Boy lo momificó en lugar de resucitarlo.

“El mejor delantero mexicano de los últimos 10 años”, asegura el técnico de Chivas para justificar el capricho compartido con #ElPelagatos2.0 (inmortalizado José Luis Higuera así por Ricardo Peláez) y el autoproclamado como presidente de los incompetentes, Amaury Vergara.

“Él (Boy) lo pidió y todos lo aprobamos”, explicó Higuera a ESPN y ese “todos” incluye al directivo y también achichincle de promotores (Greg Taylor), Mariano Varela.

Exagera, pero no miente Tomás Boy.

Oribe fue el delantero mexicano más importante en su Liga, pero decir de los últimos 10 años es una falacia. Hace dos años por lo menos que está en deuda con América. Los 35 años de edad del “Hermoso” no espantan a Boy. De hecho, él se siente un ungido por Dorian Grey y asegura que amamantará con la Fuente de la Eterna Juventud a Oribe, como lo hizo en Atlas con Omar Bravo, cuando el jugador tenía 32 años.

Peralta llega de una pretemporada trunca, tras vacacionar y tras una rehabilitación y por supuesto, meses sin competir y sin ritmo futbolístico. ¿Sabrá Tomás Boy que tiene un mes justo para poner a tono al delantero mexicano?

Seamos claros: “El Hermoso” tiene todo el derecho de, en el ocaso de su carrera, aceptar cualquier oferta que engorde su cuenta bancaria aunque enflaque su trayectoria deportiva. Especialmente si América fue generoso para dejarlo ir.

¿Chivas? Despedaza su ideología, sus principios, sus juramentos. Jorge Vergara había dicho que nunca llegaría un americanista a Chivas y #ElPelagatos2.0 dijo que nunca contrataría a un jugador mayor de 30 años. El mismo Oribe dijo que a “Chivas le basta con ganar Clásicos para salvar un torneo. En América, la obligación es ganar títulos”.

Bueno, ahora Peralta es reclutado como estandarte por y para esa legión del conformismo.

Un jugador de 35 años que viene de una secuela de lesiones, de rehabilitaciones, lentas, penosas, complicadas, cansinas, ¿estará en la plenitud competitiva, bajo presión, bajo amenaza de descenso y bajo la exigencia de esta farsa?

Para regresar a las canchas de la mejor manera posible, Oribe tendrá que someterse a un riguroso plan de trabajo regenerativo, nutricional, bajo cuidados y terapias especiales.

Para ello está buscando un referente perfecto: Rafa Márquez, quien regresó a los 33 años de edad a México. Aseguró que trabajaría para jugar el Mundial de Brasil y, además, ser capitán en ese mundial y en el de Rusia 2018, hizo bicampeón al León, emigró al Hellas Verona y regresó a retirarse con el Atlas a los 39 años.

El plan absoluto, integral, de Rafa Márquez puede alargar la vida deportiva de Oribe Peralta. Luis Fossati y Daniel Ipata, socios en las clínicas del jugador rojinegro, podrían asesorar al nuevo atacante de Chivas.

Vaya mezcla, vaya ecuación: un ícono del Atlas ayudando a un ícono del América, para que deje de ser repudiado por la afición de Chivas y salve al enquistadamente aborrecido rival, del descenso.

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Rafa Ramos, Fútbol, México

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LOS ÁNGELES -- Imagínese el diálogo. Hágalo. Sobre todo si es de esa feligresía abandonada, vituperada, abnegada, resignada, maltratada, de esa hermandad cáusticamente humillada por sus propios pastores.

Hágalo. Imagínese el diálogo, especialmente si Usted es de esa cofradía doliente y dolorosa de los llamados #ChivaHermanos.

- Pero, José Luis, no puedo ir a jugar a Chivas. Les he anotado y me he burlado del equipo, de su gente, de su dueño. No puedo, José Luis. No debo. La gente me ve como americanista.

- Ja ja ja ja. No importa, Oribe, no importa. Yo también lo hice como americanista. Me burlé en Twitter, muchas veces, y hoy me tienen que aguantar como su jefe de jefes, porque en Chivas mando yo y yo quiero que tú juegues ahí.

- Pero, Higuera, tengo 35 años, en la situación de Chivas, necesitan sangre joven, sangre nueva, con retos, yo ya pensaba en mi juego de despedida. Apenas aguanto 45 minutos, según el Piojo (Miguel Herrera).

- Ja ja ja ja. No importa, Peralta, de verdad, no importa. Yo tampoco sé de futbol y Chivas necesitan alguien que sí sepa de futbol y aquí estoy, haciendo lo que me da la gana con el equipo.

- Pero, José Luis, ¿habrá manera de que no tenga que jugar el Clásico contra el América?

- ¡Ah, no! ¡No te pases de lanza, Oribe! El Clásico lo juegas. Además, vas a ser el mejor pagado del equipo.

- OK. Total. A ver si no me lesiono antes del juego o me suspenden, ja ja ja ja.

- Ja ja ja ja. No serías el primero ni el último al que por purititita casualidad le pasa eso.

- Oye, Higuera, ¿y el América está de acuerdo? ¿Ya arreglaste eso?

- Ja ja ja ja. Claro, Oribe. Ya hablé con el patrón, directo con él. Le dije: “Emilio, jefe supremo, necesito a Oribe Peralta”, y de inmediato me dijo que sí.

- Venga, pues, José Luis. Entonces, ganaré más que con el América, me rentas una mansión en Puerta de Hierro, camioneta blindada, guaruras… y necesito una podóloga, porque traigo una uña enterrada. Ah, pero si desciende Chivas, yo no desciendo, ojo, ¿eh?

- Ja ja ja ja. A que mi Oribe. Piensas en todo.

- No sé porqué Ricardo Peláez te llama #ElPelagatos2.0, si eres a toda máquina.

- ¿Qué pasó? ¡Ya soy tu jefe! ¡Respetillo!

Así, más o menos, imagínese usted una charla que, claro, nunca existió, seguramente, más que en la calenturienta imaginación de este espacio.

Aclaración: todo esto es mera ficción. Ni los personajes ni el diálogo son reales.

Pero, si para Usted… sí, para Usted, especialmente si es #ChivaHermano, le parecen totalmente reales, es porque usted es muy, muy mal pensado y aquí, nadie se hace responsable de sus aviesas elucubraciones.

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Rafa Ramos, Fútbol, México

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LOS ÁNGELES -- Las malditas bendiciones de un 7-0. Las benditas maldiciones de un 7-0. De las lecciones aprendidas ante Chile, a las lecciones por aprenderse ante Cuba.

Más allá del solaz momento de la afición mexicana, en medio de la artillería enemiga por haber masacrado a la selección “B” de beisbol de Cuba, en el seno del equipo de Gerardo Martino hay prudencia, más que cautela.

Así como México no condenó su futuro por el 7-0 ante Chile, tampoco abandera su futuro, ni olvida su pasado por ese 7-0 ante Cuba.

El rostro de un seleccionado de futbol es cincelado por las cicatrices de sus reveses y por el maquillaje temporal de sus éxitos. Claro, por eso el Tri tiene las delicadas facciones de Frankenstein.

La realidad de México es labrada por los fracasos monumentales, como el 7-0 ante Chile, así como es respetada por sus eventuales y pocos triunfos monumentales: el 1-0 a Alemania –sí, la peor de la historia--, o a Croacia en Brasil 2014, donde empezaba a gestarse la subcampeona de 2018.

Ni el infierno aguarda detrás de un 7-0 adverso, como tampoco el Quinto Partido en un Mundial tiene garantía endosada por un 7-0 sobre Cuba. Especialmente, porque, recordemos, el Tri se devanea entre el purgatorio y el limbo. Y el segundo, lastima.

Ni en el primer 7-0 tuvo la verdad tanto rostro de mentira, ni en el segundo 7-0 tuvo la mentira tanto rostro de verdad. Pero ninguno puede negar su parentesco con el otro.

Mesura, fue la oferta de Tata Martino la noche del cadalso para Cuba. Sin hacer jeroglíficos oportunistas y aventurados con la esterilidad de ese fecundo 7-0, el técnico clausuró la noche y se concentró en Canadá.

Porque Martino bien lo sabe: la zalea de Cuba –humeante y todo-- no ahuyenta, ni con un rito de magia caribeña, a los canadienses.

Y Martino tiene aliados para esa tarea de ubicación dentro del Tri. Recordemos que de esa generación bastarda del 7-0 ante Chile, aún algunos juegan con dignidad absoluta sus huesos dolidos con el pellejo del Tri: Andrés Guardado, Guillermo Ochoa y Héctor Moreno, principalmente.

Por eso, ocurra lo que ocurra ante Canadá, para este México invicto del Tata, el veredicto final no debe ser engatusado ni percudido por lo que ocurrió ante Cuba, o no debería ser así.

La selección mayor de México que nunca ha ganado nada, no puede empulgarse de vanidad y arrogancia por la masacre en el Rose Bowl. Eso, sería, un reprobable acto de encogimiento, de empequeñecimiento, de retroceso.

Por lo pronto, el grupo debe sentirse tranquilo. Tata Martino ha prometido hacer ajustes para encontrar el cuadro competitivo para momentos más relevantes. Las rotaciones son una pesadilla que pertenecen a otra pesadilla.

Ante Canadá, y en el resto de la Copa Oro, México debe ratificar eso: que sobrevive a las malditas bendiciones de un 7-0, así como a las benditas maldiciones de un 7-0. De las lecciones aprendidas ante Chile, a las lecciones por aprenderse después de Cuba.

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Rafa Ramos, Fútbol, México

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LOS ÁNGELES -- Con su nosocomio ambulante, el rompecabezas de su once titular en manos del médico y del destino, Gerardo Martino es agobiado ya por el triángulo equilátero de las emboscadas: ganar, gustar y golear en esta Copa Oro.

Si la anterior eliminatoria de Concacaf fue pobre, el presente nivel de la zona pulula en los sótanos de lo paupérrimo. En término coloquiales mexicanos: "es la pior de lo más pior de las piores".

Por eso, no por los eventuales pespuntes que haga el sastre en turno, el Tata Martino, sobre el ajado frac del fracaso recurrente de la selección nacional, por eso, pues, es que en las tertulias mediáticas, se considera hasta como una ociosidad, que el Atila mexicano debe dejar su huella exterminadora en la zona, considerada por FIFA, como el Tercer Mundo del futbol.

Tundirle, a veces avasallando, a veces cumpliendo a cuatro selecciones sudamericanas en proceso de ensayo y armado, nutre las exigencias de México para la desnutrida Copa Oro, en la que se espera más del Caribe que de los esperados mastines del Tri: EEUU y Centroamérica.

Sin confabular contra el jugador y su tranquilidad, es decir sin rotaciones, inventos, misterios, adivinanzas y contradicciones, como con Juan Carlos Osorio, el técnico argentino le ha puesto orden, serenidad, convicción y compromiso a una selección mexicana que, como cuatro años, prepara su rumbosa excursión mundialista hasta el patíbulo de los Octavos de Final.

Al menos en la cancha fantasiosa de los amistosos, México parece haber entendido la comodidad de olvidarse del taka-taka de Osorio, para dedicarse al tiki-tata de Martino, y generando futbol ofensivo con más certeza.

Pero Martino ha comenzado con buenos auspicios. Ha puesto torniquete a la disciplina, ha dejado en claro que concede pero no cede fácilmente ante las arpías financieras del Tri, que son más exigentes y tortuosas en los sets de grabación que en las canchas de futbol.

Además, muestra todos esos síntomas benignos del Síndrome Almeyda (por Matías, obviamente), al menos de momento. Es decir, vive bajo una presión muy diferente a la que eventualmente le azuzaba dirigiendo al Barcelona o a Argentina.

Incluso ha encontrado un matiz humorístico que le sienta bien. Empieza a juguetear con los dobles sentidos, y también ha mantener la carta oculta cuando llegan temas espinosos. Suelta la guillotina con la dulzura de un monje.

Por ejemplo con Tecatito Corona, Carlos Vela y Javier Hernández, por citar ejemplos, les ha dado el respaldo absoluto, exactamente tanto, exageradamente, como para que se entienda en realidad que está en desacuerdo con ellos.

Además, lo ha reconocido, jugar de local, a pesar de circunstancias agrestes que él interpreta son algunas canchas en las giras de SUM, pero sabe que en la tribuna empieza a romper el hielo, de la manera más fácil, con ese picahielos implacable del marcador.

Y sí, ya se sabe. Cuando ha sido necesario que emerja la mano salvadora del Tri, llega la mano que mece la cuna del arbitraje de Concacaf, como en aquella Copa Oro, en la que llevó de la mano al México de Miguel Herrera a acuchillar a Panamá y a Costa Rica, aunque, ciertamente, la forma en que sometió en la Final a Jamaica, fue inobjetable.

Y el grupo, claro. Cuba, Martinica y Canadá. El plantel de México duplica en cotización los precios de las cartas de sus futbolistas, a la suma total de las otras tres plantillas, incluyendo las casas, los autos, las mascotas y sus seguidores en redes sociales de cada uno de sus adversarios.

Por eso, la exigencia mediática hacia el Tri. La Copa Oro tiene que jugarse bajo la letra "G" de Gerardo: ganar, gustar y golear. Y que nadie se esconda y nadie se asuste.

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Rafa Ramos, Fútbol, México

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LOS ÁNGELES -- Ecuador y el Estadio de los Vaqueros de Dallas son una ecuación tóxica para la selección mexicana de futbol.

Más allá de la merecida, apretada, pírrica victoria (3-2), nuevamente, el Tri termina en los hospitales texanos. Y tiene renta adelantada para tres vía crucis más, hasta el 2022.

Sin embargo, Ecuador fue un catalizador útil para el Tri, más allá del desazón que sazona la lista de bajas tras las lesiones de Héctor Moreno, Jonathan dos Santos y Jorge Sánchez. ¿El estado del terreno de juego?

Con el protagonismo de Andrés Guardado y Jonathan Dos Santos, bajo el mando del Chapito Montes y el vigor del Chaka Rodríguez, México evidenció flaquezas en el fondo, más allá del ceñido filtro que tenía en media cancha.

El fervor, la dureza, la ansiedad por la Copa América, permitió que Ecuador, mejor en el segundo tiempo, pero siempre con una prole de jugadores de élite para el continente, se convirtiera en un punto de referencia exigente para México.

Yendo de más a menos, exaltando su contundencia, el Tri fue acusando la preocupación por los jugadores lesionados, sobre una cancha dura –según reportes--, y el fantasma de aquella fractura de Luis Montes ante el mismo Ecuador en un amistoso previo al Mundial de Brasil.

Pero, el 1-1 restableció el compromiso. México plantó personalidad y recuperó el orden en la cancha y equilibró del juego, firmado por el gol de Luis Montes para el 2-1, y tras el empate a dos, un remate del Chaka Rodríguez, de esos, de los que el Tuca Ferretti añora en Tigres, para el 3-2.

Más allá de la bonanza en el arranque del proceso, de los boyantes resultados con abundancia de goles, el cierre de la preparación con el Tata Martino para la Copa Oro, deja claro que hay una coherencia absoluta de equipo. México juega a algo, pero, aún deberá mejorar.

En tiempos de transición radical en la Concacaf, con Centroamérica titubeando, con EEUU amorfo, el compromiso crece para el Tata Martino, porque además, debe cargar bultos ajenos, tras la bochornosa del Tri en la edición anterior, con Juan Carlos Osorio y su Pompi Páez.

Por lo pronto, como hospital ambulante, México esperará a los temibles heraldos médicos, para poder ajustar la lista para la Copa Oro, comenzando las hostilidades con Cuba, el próximo sábado en Los Ángeles.

Sin embargo, queda claro, más allá de las responsivas médicas, Tata Martino ya tiene a los once para enfrentar la Copa Oro, y ya Ecuador le permitió ver otras cartas que parecían ocultas.

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Rafa Ramos, Fútbol, México

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LOS ÁNGELES -- En México, la fe se descarga en figuras de yeso. Íconos de emergencia. Fugaces, efímeros. El milagro se esconde en esa orfebrería de 12 centímetros.

No hay, en México, abuela que se respete, que no tenga su propio retablo de imágenes de santos con sus respectivas veladoras. Ahí, habitan, desde San Judas Tadeo hasta San Cucufato, pasando por Simeón el Etilita, sí, etilita, no estilista.

Y ese retablo hay que renovarlo. Si se le descarapeló un ojo a San Cosme o la túnica a Santa Tetta, urge cambiar esa figurita, no vaya a ser que el santo en cuestión, ejemplo de ascetismo y humildad, se enoje, porque se le borraron las pestañas.

Y las abuelas enfrentan el dilema: “¿Santito nuevo, dónde te pondré; santito viejo, dónde te tiraré?”. Y la vieja efigie, con el quinto metatarsiano roto, va a la basura. La fe se recicla sin imperfecciones. Así ocurrió la noche del miércoles con la selección mexicana. Rodolfo Pizarro, Roberto Alvarado y Andrés Guardado forjaron el 3-1 sobre Venezuela.

Sí, fue un amistoso. Y sí, sólo cotiza en el tablero de veleidades de la Clasificación FIFA. Pero el adversario achispa el resultado y la actuación del Tri.

Porque, en futbol, los venezolanos ya no son “el hermano de la espuma, de las garzas y las rosas” del Alma Llanera del compositor Elías Gutiérrez. Han pasado a ser fervorosos guerreros y buenos futbolistas.

Y México fue mejor. En la cancha y en el marcador. ¿Con auspicio arbitral? México tiene en Estados Unidos su primera casa futbolística, porque el Estadio Azteca ha pasado a ser la segunda, y eso lo sabe el arbitraje conkakafkiano.

Pero el Tri del Tata Martino leyó, entendió y aceptó las condiciones del juego. Venezuela lo sorprende con un golazo, desde cierta óptica, y la torpeza técnica de Jonathan Orozco, según otras ópticas.

Pero, México se sobrepuso. Jugó sin presión, pero con devoción, y terminó por ser agradable el rendimiento de los elegidos por el Tata Martino, en especial ver que al Piojo Alvarado lo estimula más la camiseta verde que la azul.

Sin libretas ni jeroglíficos bicolores en ellas, y sin rotaciones pantagruélicas, México mandó mensajes. Uno de ellos a la Concacaf, de que puede competir legítimamente por volver a ser, en un título más inmobiliario que nobiliario, el Rey Tuerto en la Tierra de Ciegos.

El segundo es más revelador e impactante. El Tata Martino debió musitar, como las abuelas en México, al término del partido: “¿Santito nuevo, dónde te pondré; santito viejo, dónde te tiraré?”.

O mejor: “¿SanTRIto nuevo, dónde te pondré; sanTRIto viejo, dónde te tiraré?”.

El mensaje debió llegar nítido a los receptores de los desarraigados. Los que desertaron. Los que se negaron. Hoy son menos útiles que nunca.

Cierto: habrá que esperar el juego ante Ecuador y que este Tri del Tata cumpla con las exigencias de la Copa Oro: ganar, gustar y golear.

Mientras tanto, la renovación absoluta del Tricolor comenzó. No sobra nadie y no falta nadie. El santoral de Martino está completo.

Y tal vez él mismo alguna vez escuchó de su abuela esa feroz encrucijada, esa lacerante incertidumbre, ese atormentador dilema, esa inclemente disyuntiva…

“¿Santito nuevo, dónde te pondré; santito viejo, dónde te tiraré?”. “¿SanTRIto nuevo, dónde te pondré; sanTRIto viejo, dónde te tiraré?”.

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Rafa Ramos, Fútbol, México

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LOS ÁNGELES -- Hoy son más silenciosos los vivos que los muertos. ¿Será el bullicio de la culpa?

Cuando la verdad es genuina, aclararla innecesariamente se mastica con la suspicacia de una mentira necesaria. Y así ocurre entre los jugadores mexicanos que sacan el cobre por ausentarse de la Copa Oro.

Si Javier Hernández está trémulo, feliz y embarazadoramente ansioso de ser padres, no necesita desgañitarse, en el silencio de sus redes sociales, para convencerá nadie de que es en verdad por eso que no se reporta al Tri.

¿Desde cuándo el privilegio de la paternidad necesita acólitos o abogadillos para constatar su trascendencia? Sólo Adán vio su cunero abandonado. Chicharito va a ser padre y a nadie debe convencer de su gozo, o será que…

Miguel Layún tampoco pudo acallar los pulgares. Contestó a quienes lo increparon por no acudir al torneo estelar de Concacaf, que en el concierto mundial de futbol es apenas una pachanga de vecindad con acordes de danzón.

¿Desde cuándo convalecer de un padecimiento renal implica expulsar piedritas de rabieta a través de redes sociales? Layún debió entender que aquel que esté libre de cálculos renales, que lance la primera piedra.

Y aún con dudas de si no le dieron permiso para reportarse, por aquella habilidad extrema de anfitrión en la Infausta Fiesta de Las Lomas, Héctor Herrera se apresuró a hacer énfasis en que le urgía cerrar su fichaje con el Atlético de Madrid.

Mientras tanto, Carlos Vela sigue siendo el jugador de fantasía, con goles de fantasía, con actuaciones de fantasía, en el torneo del surrealismo mágico de la MLS, donde los defensas le contemplan en lugar de marcarlo. Cabeza de ratón, pero un ratón muy feliz.

Después de todo, le brotó de su ronco pecho y casi sin ese ceceo españolizado, que al fin y al cabo “conmigo y ‘sinmigo’, nunca ganó México nada”. No marcó ninguna diferencia, por su indiferencia.

Y así. Ellos y otros. Tecatito Corona sigue cojeando del mismo tobillo de las sospechas, ese mismo que lo puso en la lista negra de los desertores del Tata Martino. Sólo Tecatito se ha mantenido al margen de redes sociales, porque sabe que en ellas suelen quedar atrapados los peces de la mentira.

Insisto, la verdad no necesita explicaciones, a menos que no sea totalmente verdad.

Por lo pronto, sin saberlo, sin quererlo, se le presenta a Tata Martino una oportunidad maravillosa: le han desazolvado el presente y el futuro.

Bien lo había dicho: no le rogaría a nadie. Entre la edad y los momentos, Martino sabe que puede armar su propia legión de leales.

Cierto, le dieron mucho barro y poca arcilla. Tendrá figuras de tepalcate y figuras, muy pocas, de porcelana. Pero, recordemos que él tuvo más éxito con barrio criollo (Paraguay) que con arcilla sediciosamente exquisita (Barcelona).

Pero, ojo, será su pelotón, su guerrilla, su escuadra suicida. Y Gerardo Martino no va a extrañar a ninguno de los ausentes.

Tal vez, al final, Martino tampoco se instale en el Quinto Partido de un Mundial. Pero, al final, que sería del futbol mexicano si llegara a perder esa masoquista frustración cíclica y cuatrienal de morirse en la orilla de la Tierra Prometida. ¿Sobreviviría a la felicidad de no ser nuevamente infeliz?

Por eso, es desquiciantemente fascinante que los vivos que van a la Copa Oro hacen menos bullicio que los muertos que no acudirán a ella.

La deserción es el único y el último acto de valentía de los cobardes y los traidores. Ya no habrá dudas en el Tri sobre miedos ni traiciones. Y eso, purifica hasta los fracasos.

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Rafa Ramos, Fútbol, México

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El futbol mexicano ha colapsado en el Mundial juvenil de Polonia. México firmó su peor actuación de la historia para una selección con límite de edad. Tres juegos, tres derrotas y este sólo es el comienzo de la gran catástrofe que se avecina. Hay falencias en el desarrollo de los jugadores. La Liga MX está copada por futbolistas extranjeros y no existe un proyecto sólido y serio de selecciones nacionales en la FMF. Lo de Polonia ha sido 'normal'. ¿Qué esperaban?

 

MADRID, España.- Este debe ser el comienzo de algo mucho peor...

Se consuma el fracaso del futbol juvenil mexicano en el Mundial de Polonia, pero la realidad es que a la industria del futbol mexicano le importa poco o nada...

¿Qué pensaban nuestros 'brillantes' dirigentes del futbol? ¿Qué el exceso de futbolistas extranjeros extranjeros y las pocas opciones del mexicano terminarían por potencializar a nuestras selecciones nacionales? 'Genios'. Y este apenas es el inicio...

El futbol mexicano debe hacerse responsable de este fracaso de la selección juvenil. Este es el resultado de, entre otras cosas, tres aspectos fundamentales:

1.- Pobre trabajo de fuerzas básicas de clubes. Lo acaba de subrayar Ricardo La Volpe: “No se trabaja bien en la formación básica del futbolista”. Los clubes se han dedicado a contratar futbolistas extranjeros al por mayor. Generar jugadores no es una prioridad ni un negocio como sucede en otras partes del mundo.

2.- La descomunal cantidad de futbolistas extranjeros en la Liga MX. Los puestos claves están dominados por foráneos. El futbolista nativo tiene pocas oportunidades. La selección mexicana sub-20 y sus minutos en primera división: Higuera 90’, Meraz 855’, Orona 53’, Figueroa 400’, Domínguez 207’, JJ Macias 1902’, Lainez 2426’. Álvarez, León, Cárdenas, Sepúlveda, Lozano, De la Rosa no han debutado. ¿Cómo queremos que respondan si no juegan?

3.- El endeble proyecto de las selecciones mexicanas en la Federación Mexicana de Futbol. No hay una base sólida y el hombre que tenía esa responsabilidad -Guillermo Cantú- ha renunciado o lo renunciaron. ¿Hacía donde se dirige ahora el proyecto? ¿Sólo les importa la selección mayor que es esencial para el negocio?

Que no me digan que en México no existe el talento suficiente. No me lo creo. Este futbol ha sido dos veces campeón mundial infantil y una vez campeón olímpico en los últimos 15 años. Talento, sobra. Lo que no existe es la administración y el trabajo adecuados. Hay un gran desperdicio de valores.

¿Qué pensaban nuestros 'brillantes' dirigentes del futbol? ¿Qué el exceso de futbolistas extranjeros y las pocas opciones del mexicano terminarían por potencializar a nuestras selecciones nacionales?

'Genios'. Y este apenas es el inicio...

@Faitelson_ESPN

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LOS ÁNGELES -- Los malos pasos que das en la vida, no son culpa de los zapatos. Olvidé quién lo dijo, pero lo rescato.

Los torpes pasos que dio el Tri Sub 20, en el peor Mundial de la especialidad en la historia, no son culpa sólo de sus zapatos.

Culpar estrictamente a jugadores de barniz exitoso, es ensañarse como buitres, sin atreverse a mirar hacia arriba. El pavor, vacuna contra la tortícolis.

Es despiadado cargarle las pulgas al perro más flaco, sólo porque el de arriba tiene pedigrí. Es despiadado y es cobarde.

1.- No es culpa sólo de Diego Ramírez, sino de quien lo puso. ¿Guillermo Cantú o Gerardo Torrado?

Ambos deben responder por el fracaso mundialista. O se cruzarán de bando y montarán ellos mismos el patíbulo para jugadores y técnico. Se lavan las manos y Poncio Pilotos es un Judas oportunista.

2.- No es sólo culpa de Diego Ramírez, sino de quien no cuestionó a quien por dedazo le dio el mando. ¿Qué méritos tenía?

En Raza Deportiva de ESPNDeportes explicamos la cadena de favores que lo llevaron al puesto, incluyendo el favor a Xolos con la regla de menores.

¿Yon de Luisa y Mauricio Culebro se preocuparon por saber si Ramírez podía con la consigna mundialista? ¿O sólo se encogieron de hombros? Porque encogidos de hombres capaces, están.

3.- No sólo es culpa de Diego Ramírez, por aceptar una misión gulliveresca para su liliputense preparación y capacidad, sino de quienes desoyeron recomendaciones, advertencias, evaluaciones.

Denis Te Kloese había prevenido a Cantú y Torrado que Ramírez no estaba capacitado para el desafío. Ni profesional, ni moral, ni emocionalmente, además de una fatuidad y abuso de autoridad que afectó su entorno.

Y el mismo Te Kloese les había advertido que Jimmy Lozano no debe estar al frente de la Sub 23, pero como es compadre, amigo y ex compañero de la dupla mencionada, ahí llegó y ahí se quedará.

Por eso, el holandés mexicanizado emigró al Galaxy. Se cansó de tantos oídos sordos, sin que sus palabras fueran necias.

4.- Te Kloese recomendó a Luis Fernando Tena, técnico del seleccionador ganador del oro en los JJOO de Londres. Otros sugirieron al Potro Gutiérrez, campeón mundial Sub 17.

Sin embargo, improvisaron a Diego Ramírez, cuya mejor actuación fue en las penumbras como parte del cuerpo técnico de Miguel Herrera. Ya se sabe, en México, el amiguismo, compadrazgos, nepotismo patrocinan fracasos.

Los técnicos de sus rivales directos. Italia, Japón y Ecuador, tienen entre siete y diez años de experiencia con equipos profesionales o selecciones nacionales menores, y en procesos formativos. ¿Y Diego…?

¿Quién eligió zapatos apretados para un futbol con juanetes y callosidades? ¿Cantú o Torrado o Cantú y Torrado? ¿Y De Luisa y Culebro, sólo asintieron? Aprobar por ignorancia, los convierte en culpables, sin duda.

5.- Cebarse sobre los jugadores, cuando fueron colocados en posiciones distintas, con funciones diferentes, con improvisaciones tácticas, con demenciales modificaciones de un juego a otro, y con una arenga simplona como “vamos muchachos, a ganar”, cuestiona más a la cabeza que a los pies.

Juan Carlos Ortega, el hombre que durante siete años coordinó una forma de jugar y de trabajar con selecciones menores, por designación de Néstor de la Torre, fue ninguneado y desdeñado por el mismo Diego Ramírez.

Incluso Ortega no hizo el viaje al Mundial Sub 20 en Polonia, por el conflicto abierto con las formas, los modos y las decisiones improvisadas de Ramírez. ¿Para qué viajar si no tenía voz ni voto a pesar de ser el responsable del área técnica?

Por eso, insisto, no es culpa sólo de Diego Ramírez, sino de quien lo puso. Y de quien dio el visto bueno, a sabiendas de su incapacidad o por ignorancia sobre ella.

Quede claro pues: los malos pasos que se dan en la vida, no son culpa de los zapatos.

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Rafa Ramos, Fútbol, México

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Consumado. Obviamente comenzarán a regarse ríos de tinta roja en los medios. Normal. Es fácil señalar con el dedo culpas individuales e innecesarias críticas en vez de analizar responsabilidades compartidas. La eliminación de la Selección Mexicana de la Copa del Mundo Sub-20 es el primer aviso. La derrota mexicana tiene varias aristas que consolidan una página más de tristeza y vergüenza deportiva, en nuestra historia; lamentablemente creemos que en nuestro país nacen todos los días cracks, pero la realidad se estrella cuando los nuestros se miden a nivel internacional con sus pares.

¿Culpables? Ninguno. Responsables, todos. Empecemos. Guillermo Cantú, director general deportivo de la Federación Mexicana de Futbol, fue la persona que eligió a Diego Ramírez, joven entrenador del que se hablan estupendas cosas, pero que no tenía la experiencia internacional para aparentemente tomar el cargo. Hizo la apuesta, pero no salió. Simple.

Son los dos primeros señalados. Sin embargo, esa ‘experiencia’ no garantiza el éxito en ningún momento. Diego no fue un jugador importante en la Primera División. Estuvo con Atlante, en dos ocasiones, Acapulco FC y Monterrey. Su retiro fue a los 28 años de manera temprana, sin embargo, siempre mostró ser una persona con una visión estratégica diferente y convincente.

Gente conocedora del medio asegura que el conocimiento de Diego es basto en cuestiones tácticas. Tanto que incluso jugadores de Primera, cuando fue auxiliar, eran realmente ‘conducidos’ por el hijo del Campeón del mundo, Jesús Ramírez. Miguel Herrera lo tuvo como su auxiliar en su primera etapa con el América, así como también en su estancia en los Xolos. Sin embargo, los Dorados de Culiacán le dieron la gran oportunidad en el Ascenso MX, otorgándole la responsabilidad del primer equipo. Fue cesado después de 19 partidos dirigidos entre Liga y Copa. Ganó 6, empató 2 y perdió 11.

Sin embargo, aunque los antecedentes eran pobres, tampoco puede asegurarse que por esa razón México regresó de su aventura en Polonia en forma pronta. Debe recordarse que justo su padre, en el 2005, tampoco tenía experiencia y convirtió a los juveniles en campeones del mundo. En el mismo caso se encuentra Raúl Gutiérrez, que, sin currículum espectacular, como entrenador, llevó al éxito al representativo nacional menor. El ‘Potro’ lo hizo en 2011, pero actualmente su experiencia no es aprovechada en la estructura de la FMF.

Ramírez es apenas uno de los factores, pero otro lo fueron los clubes. Monterrey y América no quisieron prestar a sus seleccionados en el caso de Jonathan González y Carlos Vargas. Aunque hace unos días, Duilio Davino, presidente de Rayados, expresó que sí quiso dar a su futbolista, la realidad es otra. Lo sabe, pero se engaña. Fue rehén de los intereses del club –naturales, son los que le pagan al jugador—el futbolista fue negado rotundamente. Se quedó en México a la espera de jugar un solo minuto. Resultado: Estuvo en la banca con los Rayados que fueron eliminados. Carlos Vargas llegó hasta las Semifinales con el América. Entró de cambio al minuto 90 (¿para qué?).

Misael Domínguez (Cruz Azul), llegó después de después de la eliminación de Cruz Azul. Participó en ambos juegos donde sumó alrededor de 10 minutos. ¿Hizo alguna diferencia su permanencia? No. Otros casos como el de Juan José Macías (León) y Diego Lainez (Betis), son lamentables. Se incorporaron tres días antes del arranque de la Copa del Mundo. JJ Macías con los Esmeraldas tuvo una buena participación e incluso hizo el gol que permitió a los Panzas Verdes avanzar a la Final del Torneo Clausura, mientras que Lainez ni si quiera piso el campo con los béticos frente al Real Madrid. Se quedó admirar a las figuras blancas.

Los dos factores anteriores se suman los pocos minutos de los seleccionados nacionales en la Primera División. Si se analizan las estadísticas (presentadas en este mismo portal) el comparativo de los mexicanos con sus rivales, Italia, Japón y Ecuador, sus plantillas cuentan con experiencia en la alta competencia. El Tri apenas tiene a JJ Macías como su máximo referente, porque el resto rasguña minutos en el máximo circuito o en algunos casos no se han asomado ni al mismo.

Seguramente, amable lector, también responsabilizará a los medios. También hay razón. Jugadores que apenas dan chispazos de calidad en nuestro balompié los llevamos a lugares insospechados. Un par de juegos de Domínguez con La Máquina y creemos que ya está para el balompié europeo. Consideramos que Lainez debe ser sí o sí titular en el Betis. Hace gol y lo llevamos al estrellato no es titular y le recriminamos su ‘error’ que no fue al Ajax que estuvo a segundos de jugar la final de la Champions League. Pero Quique Setién, técnico del Betis, dejó en clara la realidad: No regaló nada al futbolista que debe ganarse los minutos en España. Punto.

El cóctel es jugoso. Apetitoso para quienes buscan un solo responsable. Terminaría en esta suma de errores con el número de extranjeros que cada semestre se importa a México, en muchos casos hacer negocio y otros para quitarle minutos a los connacionales, pero ya es un tema tan trillado e informado que estaría demás agregarle líneas. Se ha tratado de limpiar a los foráneos, pero siguen inundándonos cada temporada.

El panorama luce triste. Pasan los años, años y años y las consecuencias son las mismas. México es como aquella melodía donde se da un pasito pa’delante y dos pa’ trás. Eso sí, previo al juego frente a Ecuador hacemos cuentas matemáticas a fin de avanzar mediocremente a la siguiente ronda.

El fracaso es de todos. No es forma es fondo y estamos ahogados desde hace muchos en la mediocridad en juveniles y en la mayor.

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René Tovar, México, Fútbol

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