LOS ÁNGELES -- Néstor de la Torre soltó dos frases brutales este lunes en Raza Deportiva de ESPNDeportes: "Chivas es patrimonio de su afición".

Y: "Me siento más dueño (de Chivas) yo, que ellos (propietarios y directivos del Guadalajara)".

De cuna rojiblanca, ex jugador y ex directivo de Chivas, Néstor de la Torre lamentó el horizonte que se abate sobre el Guadalajara, en este naufragio absoluto del equipo, cuando aún debe enfrentarse a los dos equipos más poderosos del torneo: León y Tigres.

Sí: Chivas aún no toca fondo. Estará ahí, en la antesala del anfiteatro, cuando la fecha 17 lo condene al fondo de la Tabla por el no descenso.

¿Dispone el corporativo OmniLife de 120 millones de pesos para seguir la ruta cínica de supervivencia de Veracruz? Sin duda.

Incluso, esos seis millones de dólares para pagar el derecho a sobrevivir entre los muertos, son una miseria para la cirugía mayor que necesita el club. Con ese dinero, Chivas no puede contratar a ningún refuerzo.

Sin embargo, recordemos, en corto plazo, Chivas debe renegociar las transmisiones de sus partidos a nivel nacional e internacional y en todas las plataformas posibles. Claro, que no sea desde la Liga de Ascenso.

En la entrevista, Néstor de la Torre no menciona al nombre del responsable de la crisis de Chivas, pero da santo y seña del personaje más aborrecido por la afición rojiblanca: José Luis Higuera, a quien se colocó en letras rojas de la historia de la ignominia del Guadalajara, como #ElPelagatos2.0 por obra y gracia del ingenio de Ricardo Peláez.

En un enloquecimiento hormonal, dando rienda suelta a sus rencores, Higuera destazó a Chivas, casi con un fanatismo sospechoso dada su confesa y peligrosa raigambre americanista.

Hay quienes sospechan sobre si es un infiltrado del americanismo. De ser así, hace su trabajo de manera depredadoramente perfecta. Y ni quien detenga a este carnicero.

De haber obrado con una pizca de sentido común -ya no le reclamemos inteligencia--, habría ido reteniendo jugadores importantes, y no hostigaría a los entrenadores, para imponerles que alineen a su peor inversión: Alan Pulido.

Repase el cuadro del Guadalajara sin el #Chivocidio que está consumando Higuera: Rodolfo Cota, Chapito Sánchez o Dedos López, Oswaldo Alanís, la incorporación de Hiram Mier, Aris Hernández, Conejo Brizuela o Víctor Guzmán, Gallito Vázquez, Michael Pérez o Fernando Beltrán, Rodolfo Pizarro, J.J. Macías y Ángel Zaldívar.

Este equipo dirigido por Matías Almeyda, otro exiliado y vetado por Higuera en el futbol mexicano, mantendría un nivel altamente competitivo.

El error más grave ha sido, es y será, que se confíe a un equipo de futbol a un personaje desconectado emocional y pasionalmente del equipo, del futbol y de la necesidad de aprender, capacitarse y actualizarse.

Néstor de la Torre aceptó que su cordón umbilical con Chivas, pasionalmente, afectivamente, sigue intocable a pesar de dos procesos que terminaron en medio de caprichos al estilo de Jorge Vergara. Y reitera: "Nunca le diré no al Guadalajara".

El viernes pasado, Hans Westerhof, quien le diera un perfil holandés a la mejor época de los semilleros de Chivas, declinó volver al club, pero aportó un dato clave: "Cuando Efraín Flores manejó las fuerzas básicas de Chivas, eran las mejores de México; cuando se fue a Pachuca, hemos visto cuántos buenos jugadores han salido de ahí".

Lamentablemente, en esos devaneos de ira y explosividad, tanto Efraín Flores como José Luis Real terminaron hartos de los manoseos de que fueron víctimas en Chivas, pero, seguramente, con alguien que en verdad sepa de futbol, aceptarían regresar.

Pero, hoy, Néstor de la Torre confirma el diagnóstico reiterativo sobre Chivas: "Hoy no hay una figura de autoridad para tomar decisiones".

Ya es sabido, Jorge Vergara está alejado del club por enfermedad, y Amaury Vergara -"una excelente persona", explica Néstor-está más imbuido en la cinematografía.

¿Vender?, se le preguntó a Néstor. En la respuesta, eludió la pregunta. Tan peligrosos puede ser vender como no hacerlo. Emboscadas.

Porque, sin duda, parece el único camino de salvación de Chivas, pero, ciertamente, a Higuera no le importaría que terminara en manos del enemigo, y Amaury, tal vez, si le dejaran dirigir y producir una telenovela, o un programa de concursos, o de chistes en Televisa, aceptaría ciegamente.

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LOS ÁNGELES -- El Nido en llamas. Y el Infierno, también. Toluca les prendió fuego. El Diablo es un pirómano por destino y por vocación. 3-2, a fuego, en el pecho del América.

Y mientras el Diablo se asoma al cielo de la Liguilla, el América aún no puede ni balbucear ni silabar cla-si-fi-ca-ción. El sueño de uno es la pesadilla de otro. Uno todo que ganar, otro todo que perder.

3-2, el Infierno de fiesta en el santificado Domingo de Resurrección. Paradojas inocentes del fútbol. Y claro, Judas llegó con atraso, pero puntual a la traición y a su tradición: Luis Enrique Santander hizo negocio, recibió 30 monedas por sus neuronas... al nacer.

Jornada espectacular. Las divinidades y las aberraciones del futbol en ese drama de 90 minutos: grandes goles, grandes atajadas, grandes los postes, grande la entrega, grande la astucia y mezquindad táctica del maestro LaVolpe y su escolapio Herrera.

Y claro grandísimos, pero requetegrandísimos... mequetrefes los que asigna la Comisión de Arbitraje para el VAR y para la cancha, con el propósito de ejercer la justicia, peor encontrando los caminos torcidos para corromperla.

Cierto: el Toluca jugó el mejor partido del torneo. El Diablo Mayor --caracterización gratuita en el caso de LaVolpe--, envió a su horda de diantres a su jornada de consagración.

Claro, LaVolpe les recordó que la presa es el manjar más codiciado por el canibalismo de la Liga MX. El menú incluía fiambre del #ÓdiameMás. Y se atascaron de gula.

En el contraste, América herido de ausencias, algunas físicas y otras mentales (¿en dónde deambulas Mateus Uribe?). Menéz, Castillo, Oribe, Benedetti, Ibarra y contando.

Con Toluca, hasta quienes el viernes usaban muletas, se reportaron con temple de espartanos. El tónico reconstituyente del #ÓdiameMás, obra milagros. En casos como el de este domingo, garantiza contratos.

El partido y la partida prometía ser trabado. Muchos peones y pocos alfiles. Pero, al minuto cinco, Mancuello puso la soga en ese cuello donde una vez puso la mano su ex técnico Hernán Cristante: en el cogote de Miguel Herrera.

Y ahí, a partir de ese gol que toma de bobalicones a Bruno Valdez y a Emanuel Aguilera, el juego prefabricado en los pizarrones, se va al demonio, por culpa de los demonios escarlatas. Y fue, a partir de ahí, a puro regocijarse desde fuera, con el averno crepitante de la cancha.

Cierto, Santander, embajador del descrédito, la deshonra y la ruindad arbitral, auxiliado cabalmente por los bártulos del VAR, en su torpeza, colaboró para agregarle ese estrujante sabor de la sospecha, de la rabia, de la indignación, para lo que se debe ser o bastante maquiavélico o suficientemente alcornoque. O ambas cosas.

La lista de pecados de Santander durante los 90 minutos no se expía en una Cuaresma. Perdona tarjetas, se niega a marcar penaltis, hace de la Ley de la Compensación un catálogo de injusticias. Y claro, desde el bunker ambulante del VAR le crean más conflictos para discernir.

Roger Martínez y Sebastián Córdova ponen arriba al América, pero LaVolpe ya tenía el antídoto en la cancha al descubrir una zona muerta del América. Envía a Alexis Canelo, jugador líder del Club Anonimato FC (zombi en Chiapas y Puebla), pero quien pepena dos balones en el corazón del área americanista.

América intenta, aprieta, se angustia, se desespera, y al final se entera que su monarquía vigente está tan firme que hasta Lobos BUAP lo tiene a tiro de piedra en la carrera rumbo a la Liguilla, además claro del mismo Toluca, Tijuana y Puebla.

Al final, LaVolpe se saluda con todos. Luzbel bendice a sus diantres en el Infierno, pero la estampa final, en un cameo, en una toma de televisión es la más genuina: esa sonrisa egoísta, ególatra, propia, íntima, de que para él, la victoria, va más allá del marcador, de la Tabla General, del torneo mismo, va hasta ese predio personal donde el orgullo arma su propio carnaval.

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LOS ÁNGELES -- Coraje. Compromiso. Solidaridad. Preceptos de Pep Guardiola en el centro neurálgico del Manchester City: el vestuario.

Todo parece tan perfecto. Pero, la teoría, a veces, se hace añicos en la cancha. Todo parece tan perfecto, todo. Y, abruptamente, irrumpe el Tottenham en Cuartos de Final de la Champions League.

El documental Todo o Nada (All or Nothing) realizado por Amazon en las entrañas del City, pone de relieve el minucioso trabajo de Guardiola con una de las estanterías más finas, codiciadas y costosas del futbol universal.

Fue reclutando no sólo los futbolistas que necesitaba, sino los que Guardiola sabía que podía moldear. Lleva a cuestas, sin embargo, un estereotipo de perfección del futbol: el Barcelona.

Ocurre que la ilusión se hace tan densamente contagiosa, que él quiere que todos jueguen -y todos quieren que él haga jugar-- al futbol como a su muy personal y legendario Barcelona. Un estigma por asociación de ideas. ¿Cómo clonar a un clon?

Una utopía. Imposible. Frankenstein y Diógenes buscaron a su modo al hombre perfecto. Porque la ciencia y la aventura tienen vidas paralelas.

Uno, Frankenstein, destazó y usó rastrojos para confeccionar su obra con engrudo y tuercas. ¿El otro? Deambulaba esperanzadoramente con una lámpara desesperanzada.

El documental de Amazon corrobora leyendas y mitifica los mismos mitos que acompañan a Pep Guardiola desde el Barcelona, con escala en Múnich antes de acampar en la Liga Premier, pero con el faro oteando hacia la Champions.

Insisto: todo parece tan perfecto en el Manchester City, todo. Selectivo, punzante y puntual en su discurso, desde el pizarrón con fichitas hasta la arenga, con especial énfasis en cada entrenamiento.

Los jugadores coinciden: Guardiola les entrega absolutamente todas las herramientas. Desde el uso y el contacto del balón, hasta una radiografía de cada adversario. Conocen de su respectivo Aquiles, su espada y su talón.

Y sin embargo, nuevamente, en Champions, los Citizens, fracasan. Estruendoso fonéticamente el término fracaso, su simple definición no acepta reclamos: no cumplir el objetivo. Pero, ojo, fracasar no convierte a todos en fracasados.

Frustrado, Guardiola, ahora, está urgido a ganar la Premier, no sólo para maquillar el fracaso en Champions, sino para darse una nueva oportunidad, seguramente acompañado de otra inversión millonaria.

El técnico catalán lo sabe: no puede recriminar a sus jugadores sobre esos principios básicos señalados: coraje, compromiso, solidaridad, etcétera. Asumen ser espartanos de una forma de jugar al futbol que les exige la perfección estética.

Ocurre, sin embargo, como ocurrió ante Tottenham este miércoles, que la desesperación los urge a tratar de anotar como sea, y se olvidan, sin renunciar, que hay una ruta crítica elaborada, día a día, para alcanzar el objetivo.

Y entonces, como otras veces en Champions, olvidan que coraje, compromiso, solidaridad y todos los etcéteras posibles, se rigen por espasmos y no por cordura y orden, que son, de nuevo, fundamentos en los que trabajan día con día.

Poco ayudó que Guardiola dijera antes del juego que "no vine al City para ganar la Champions", más allá de que ha sido reiterativo de un dogma de Johan Cruyff: "No hablo de ganar o perder, hablo de jugar a nuestro estilo".

Sin embargo, en momentos de apremio -y lo sabe bien Pep--, en la cabeza del futbolista, ese hoyo negro en su universo de presiones y exigencias, en momentos de desesperación, elige intentar ganar o intentar no perder, aún por encima de su estilo de juego.

Por eso, insisto, en el mundo coloquial del día a día, en el Manchester City todo parece perfecto, hasta que llega el tsunami, súbito y fortuito, como el que generó Mauricio Pochettino, y entonces parecería que la teología de Guardiola no está tan necesariamente cimentada en sus jugadores.

Y no es cuestión de fe. O de credibilidad. O de confianza. Sino de sentimientos. Puramente.

Guardiola tuvo una orquesta en el Barcelona. Hoy, sólo tiene a algunos de los mejores solistas que se alejan de la partitura cuando el Titanic encalla.

Y el director se queda sin orquesta, y la orquesta sin director...

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Rafa Ramos, Fútbol, México

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LOS ÁNGELES -- Antes de llegar a Chivas, el futbol era su vicio y su virtud. Hoy, el futbol, es sólo una virtud esclavizada por su vicio. Y el vicio tiene un catálogo más amplio de sirenas que la virtud. Un arcoíris de placer ante el soso y puritano blanco.

Javier López, La Chofis, cambió el revuelo de su ensueño de niño, de barrio, por la fascinación de adulto. El futbol dejó de ser un fin para ser un medio. De lucro se volvió lucrativo.

El viernes pasado en Raza Deportiva de ESPNDeportes revelábamos que tres jugadores de Chivas habían acudido un día antes, el jueves, a un sitio VIP en Puerta de Hierro, Zapopan: La Chofis, Miguel Ponce y Van Rankin, por cierto 48 horas antes de un juego clave ante Morelia.

Este martes, lo anticipado desde el viernes, fue retomado por todos los medios deportivos mexicanos y estadounidenses.

Un mesón exclusivo, especialista en carnes, pero, además, como ofrece obsequiosamente en su página de internet, la lujosa fonda dispone de atención personalizada y especializada, si se requiere, por damiselas anfitrionas.

Chivas se enteró del hecho el mismo viernes, a través de Sancadilla del diario Mural, y después pudo rastrear los nombres de los jugadores y del sitio en cuestión, al percatarse de los detalles en ESPNDeportes.

Claro, en las pesquisas, Chivas consiguió el video revelador que muestra a los jugadores saliendo al mediodía del lugar y subirse al auto de La Chofis, quien es cliente frecuente del sitio.

Cierto: el futbolista puede elegir dónde engullir sus sagrados alimentos, sin explicárselo a nadie. Pero hay dos detalles particularmente curiosos.

1.- Al enterarse Chivas, advirtió que de manera confidencial habría sanciones para los tres. Multas para dos de ellos y la confirmación de la etiqueta de transferible para La Chofis, por su reincidencia en indisciplinas.

2.- Curioso que los dirigentes de Chivas, enterados de lo ocurrido, de inmediato supusieron o supieron o identificaron, dónde estaba el pecado de estos pecadores. Es decir, alguno o algunos de los involucrados, ya sabía la amplitud de servicios en el exclusivo restaurant, claro, seguramente, porque alguien les había dicho, y no por vivirlo en carne propia, menos en tiempos de vigilia y Cuaresma.

Van Rankin y Ponce ya fueron advertidos por la directiva. Irán sobre su bolsillo. ¿La Chofis? Al tianguis de piernas que ya no existe -oficialmente--, pero que se celebrará en junio próximo.

Citados los antecedentes, el caso de La Chofis merece trato especial. Alguna vez algún despistado, engatusado, encandilado, por sus habilidades se atrevió a etiquetarlo -o estigmatizarlo, según se vea--: "es el Messi mexicano".

Chepo de la Torre se hartó de él: le vio cualidades, pero entendió que era perder el tiempo con el jugador. Le cautivó de inmediato, pero le desilusionó rápidamente.

Matías Almeyda vio un diamante en bruto, pero no pudo quitarle lo bruto, el rescoldo pues, a ese diamante. Alguna vez, tras una electrizante exhibición del jugador, dijo: "No le llamen La Chofis, su nombre es Javier López", pero demostró que ese apodo arrabalero le sienta como anecdotario de su intrascendencia futbolística.

Almeyda quiso cuidar su dieta, sus distracciones nocturnas. Pero el jugador hacía de sus virtudes con el balón un atajo hacia el hedonismo. El Pelado le habló de ir a Europa, pero él eligió la Sodoma y Gomorra en un pequeño jacuzzi.

José Saturnino Cardozo se emocionó con él. Cómo no hacerlo. Si el tipo, si quisiera, porque puede, sería un futbolista fuera de serie. Pero...

Alguna vez pedí una respuesta sobre una misma inquietud a dos jugadores de alto nivel de Chivas, pero adictos a deambular nocturnamente. Les pedí que compararan el sabor de un gol con el de una copa de alcohol o una piel alquilada.

Ambos, Gaby García y Marco Fabián, contestaron igual: "Nada se compara con el sabor del gol". Pero, razonar no es la mejor razón para hacer lo correcto. Y ambos, lamentablemente, eligieron el encanto de los siete pecados capitales. Tal y como La Chofis.

Usted debe recordar al técnico José Luis Real: "Ojalá algún día a Marquito (Fabián) le podamos decir Don Marco". Dejó la BundesLiga por la MLS. Se explica todo.

Un jugador de notable nivel técnico, con una picaresca astucia para derrumbar muros y torres con un balón filtrado o una gambeta robada a un paso de mambo, pero Javier López ha claudicado, ha decidido no ser un futbolista de época en Chivas. Y es lamentable.

No le ha faltado ayuda. Como en su momento lo hizo con Marco Fabián, Jorge Vergara se acercó a La Chofis para alejarlo de las sirenas de los salones de masajes, y hacerle entender el generoso mundo del futbol.

Y los defensores enceguecidos que protegen a La Chofis, lejos de ayudarle, le causan más daño. El presunto amigo que engaña, es peor enemigo que el peor de los enemigos.

Para empezar si no es incorrecto o indebido acudir con frecuencia a ese tipo de sitios, entonces porqué lo mantuvieron a escondidas directiva y jugadores, del mismísimo entrenador Tomás Boy, quien aparece en conferencia de prensa y queda exhibido al asegurar que no sabe nada del tema.

Réquiem pues, por La Chofis. Javier López esclavizó sus virtudes de futbolista a sus vicios como ser humano.

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Rafa Ramos, Fútbol, México

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LOS ÁNGELES -- Fidel Kuri Grajales amenazó que este lunes arremetería contra la FMF y la Liga MX con artillería pesada.

Documentos, grabaciones, testimonios, denuncias. Y verbo, mucho verbo. No hubo tal embestida hasta el cierre de este texto.

Versiones en la Ciudad de México aseguran que el dueño de Veracruz entregó su arsenal a un medio capitalino. Yon de Luisa, aseguran, ordenó sofocar la metralla.

Y el lunes transcurrió sólo con los ecos de Kuri tratando de cubrir de verborrea el cataclismo de 9.2 grados en la escala de Tuzos. Kuri no se manda solo, también hay quien le pegue un grito. Y lo hizo.

Reclama el escualo mayor que la FMF le adeuda los pagos por los tres jugadores peruanos cedidos por Veracruz a la Copa del Mundo, unos 440 mil dólares, y que exigirá ese dinero.

La realidad, según diversas fuentes, es que la Comisión de Controversias de la FMF pidió que ese dinero que correspondía a Veracruz, se retuviera para cubrir parte de los adeudos que tiene con jugadores, técnicos y hasta con la propia Liga Mx.

De Veracruz reportan que Kuri prepara la contraofensiva. Socios políticos y financieros lo asesoran, ojo, sin querer hacerlo, porque incluso le recomiendan que venda al equipo.

Pero Kuri está dispuesto a librar la batalla fuera de la cancha, porque dentro de ella, ya la perdió. Y se va quedando solo. Yon de Luisa lo va aislando. Como a un leproso. Eutanasia no pedida.

Robert Dante Siboldi renunció este lunes a Veracruz. Tal vez lo hace resignado, además, a que ya no recibirá ni un centavo de los salarios caídos. Ya el 9-2 es un estigma, una cicatriz imborrable.

Antes, Mario Trejo también había abandonado el acuario gobernado por Kuri, harto del ejercito de pirañas, que infestan las redes sociales, las oficinas, los vestuarios, con la obligación de comadronas eficientes y chismorrear detalle, cierto o no, que se considere subersivo.

Se dice que Carlos Salcido fue enviado a la banca, porque se le ocurrió imprecar a Kuri respecto a sueldos atrasados. Arregló por poco dinero, muchísimo menos que en Chivas, y al final termina jugando por nada.

La historia del futbol mexicano ha estado poblada de dirigentes indeseables, por desafiar los intereses de la FMF. Algunos de manera sana, otros de forma mercenario, y otros más, pensando que pueden manejar el futbol como se manejan en el baño de su casa.

Uno de los primeros rebeldes, visionario por cierto, fue Armando Presa, empresario y propietario de los Atletas Campesinos de Querétaro.

Se le ocurrió colocar en sus camisetas, por entonces libres de publicidad en los equipos de México y casi en el mundo, un tractor para promocionar su franquicia con una empresa fabricante de estos artefactos.

Rafael del Castillo, el gestor de los fatídicos y fatalistas cachirules, doctor en Derecho por cierto, se ensañó hasta lograr que el empresario queretano se deshiciera del equipo, por presiones directas de sus jefes, Guillermo Cañedo y Emilio Azcárraga Milmo.

Pero, por ejemplo, la FMF no se atrevió nunca a proceder cuando Jacinto Lloret, empresario tapatío, fue despojado con armas con cartucho cortado sobre su escritorio, del equipo Jalisco, por terror hacia el poder político y en los submundos del nuevo propietario.

Y claro, en otra ocasión, el sistema de control total del futbol mexicano aplastó sin piedad ni decoro a Emilio Maurer, refundiéndolo en la cárcel, apoyado en documentos que lo dejaban mal parado tras una auditoria interna y otra externa.

Aquí, lo curioso, es que Maurer era el vicepresidente de la FMF, pero al presidente, Francisco Ibarra García de Quevedo, alias El Cuico, ni lo molestaron, como tampoco a Guillermo Lara, cuyo nombre aparecía con tenebrosa frecuencia en la investigación.

Y claro, al relevo entró Marcelino García Paniagua, por entonces presidente de Chivas, para vivir una segunda gestión al frente de la FMF. Él mismo le quitó los derechos de televisión a la empresa que hoy es TV Azteca, para restituírselos a Televisa.

Hoy, Kuri asegura que es acosado, perseguido, azuzado, descarnadamente. Puede ser. Hay una confrontación de situaciones: él ha perpetrado tantas irregularidades que ya debería haber sido echado, hace años, del futbol profesional.

Pero, Decio de María nunca se atrevió. Le tuvo, le tiene y le tendrá miedo a Kuri. Yon de Luisa ha sido más cuidadoso de las formas.

Es tan maquiavélicamente perfecto, tan exquisitamente minucioso, que Yon de Luisa le está ayudando a Fidel Kuri a practicarse la eutanasia, claro sin que éste lo sepa y sin que siquiera la haya pedido.

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Rafa Ramos, Fútbol, México

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LOS ÁNGELES -- Fiesta y festín, que no es lo mismo, nuevamente. América y Cruz Azul estelarizan la cartelera escabrosa del morbo este fin de semana.

Habida cuenta que Chivas es el encapuchado del ninguneo, de los segundones y del fuchi popular, América unge y urge a La Máquina como su contendiente para ornamentar de escándalo la Jornada 14.

Y el ardid despierta fascinación popular. Especialista en telenovelas y concursos balines, en el América trasforman un vodevil de vecindad en un Game of Thrones. Y se vale. Y se agradece que reviente la monotonía. Crimen que mata modorra no es crimen.

Al final, adalid insolente y pedante de su propio estilo de vida, ese #ÓdiameMás, el América quiere sangre de alcurnia, como la celeste, para escanciar la Copa Mx conseguida el miércoles, cierto, con más bostezos, mohines y muinas, que con la espectacularidad acorde a esa su encasquetada grandeza, que, de momento, los trofeos, hacen irrefutable.

Con un "vamos a tener que jugar interescuadras (para ganar otra Copa) porque ya ganamos todo y a todos", Miguel Herrera, monumento al engreimiento, corifeo del #ÓdiameMás, cuchileó con ácido de insolencia y fatuidad al resto del ardido, ardiente y ardoroso vecindario, incluyendo claro, al rival de este domingo, Cruz Azul.

Con suficiente reposo, pero con la baja de un ascendente Nico Benedetti, América llega motivado, con la vanidad como afrodisiaco de su Narciso, y deseoso de corroborar esas pistas, esas huellas de que ha retomado la personalidad del campeón del Apertura 2018.

Con Guido Rodríguez y Edson Álvarez en plan de capos, y con la esperanza de que la paz marital de Mateus Uribe lo reinstale como protagonista, América dispondrá de su mejor equipo para intentar asaltar a La Máquina con la misma encarnizada vehemencia que lo hizo en el Juego de Vuelta de la Final anterior.

Ojo: esta vez no será el mismo Cruz Azul del desenlace del Apertura 2018. O al menos no debería serlo. Porque su purgatorio ha sido extremadamente penoso, incluso al interior del mismo equipo.

Es, de momento, impensable, que los opacos, tibios, pusilánimes futbolistas de Cruz Azul, azorados por el escenario físico y moral de aquella Final, no hayan aprendido la lección.

Esa vez fueron humillados. En todos los terrenos y las reverberaciones de ese fracaso, aún las tragan con vinagre de pus. La burla ha sido cotidianeidad de los celestes, pero es de suponerse que el plantel debe estar tan harto de ello como su afición.

Y eso incluye a todos. Pedro Caixinha encabeza ese apostolado masoquista del rencor. Y le debe seguir Ricardo Peláez.

Y claro, detrás de ellos, los jugadores, los que, ante el América, dejaron la bayoneta en el vestuario y salieron armados -y rendidos--, con la flor de su propio sepulcro en los dientes.

Por eso, este domingo, el combate debe ser diferente. Bastante diferente. Por parte de ambos bandos y de ambas aficiones.

América amamantó el jueves ese aire de perdonavidas del #ÓdiameMás y sabe con una estrella más en su currículo, ya mete estremecimientos en el vestuario rival.

Sin embargo, Cruz Azul, queda claro, no puede ofrecer una versión más innoble e indigna que la del Juego de Vuelta de la Final pasada. Ha sido tan dañado, tan fustigado, tan flagelado en la biblia sádica de los memes, que sólo le queda una ruta de escape, redención y reivindicación: ganar este domingo, y sacar cita para un desagravio en La Liguilla.

Al menos, para quienes vestimos la camiseta blanca, del "poco me importa quién gane", nos ilusionamos con que Cruz Azul se beba la sangre amarga de su frustración y de su testosterona, para lavar, al menos por encimita, ese acné del fracaso, con la hemoglobina del odioda del #ÓdiameMás.

Y por otro lado, que ese América que ve al resto del mundo como liliputenses acomplejados de héroes, ojalá salga a la cancha con esa sed maligna de beber sangre celeste en su flamante Copa Mx como si fuera ese maná perverso propio de su insolencia.

Amén...

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Rafa Ramos, Fútbol, México

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LOS ÁNGELES -- Temerario, suicida, kamikaze, Tomás Boy acepta dirigir a Chivas. Llega a una emboscada que él mismo se fabricó.

Temerario, porque Boy firma por cuatro partidos: Morelia, Puebla, León y Tigres. Si gana los cuatro, se mete a La Liguilla y en la catafixia al estilo Chabelo, se lleva un premio: contrato por un año.

Chivas justifica su llegada bajo el grito de "no me defiendas compadre", y claro, en voz de su director general, personaje inmortalizado por Ricardo Peláez como #ElPelagatos2.0.

"Tenemos un plantel desconfiado. Necesita un líder. No nos pusimos a ver si tenía o no campeonatos. Es (Boy) un personaje que tiene futbol en la sangre, una personalidad polémica y es lo que necesitamos. Hace falta esa arrogancia deportiva para tener confianza", dijo José Luis Higuera a W Radio.

No habló de capacidad, de recorrido, de experiencia, de conocimientos, de actualización, o al menos de la brillante carrera de Boy como futbolista. Una presentación muy pelagatos, pues.

Sólo falta saber, si en la desesperación porque alguien más bobalicón que Chivas, contrate a Alan Pulido, obligará a Tomás a que mantenga en la alineación al Thanos totonaca.

En parte -mínima--, a Higuera le asiste la razón. Boy ha logrado rescatar equipos y hasta brevemente darles personalidad competitiva, como lo hizo con Morelia y Atlas, y pareció hacerlo con Cruz Azul.

Pero tenía más tela de dónde cortar. Ahora recibirá sólo retazos de la pésima elección y selección de jugadores del mismo eternizado como #ElPelagatos2.0, claro con la complicidad de Saturnino Cardozo y Amaury Vergara.

Boy es valiente -o inconscientemente suicida- subiéndose a este Titanic Rojiblanco, cuando ya hasta la orquesta arroja burbujas por el trombón.

Este matrimonio con Chivas es el ejemplo típico del concubinato entre el hambre y las ganas de comer. Tomás quiere dirigir, Guadalajara quiere a alguien a quien culpar si no clasifica.

Para colmo, después de que el técnico tiró estiércol en el ventilador, a través del micrófono, ocurre el efecto bumerang: todo se vuelve en su contra.

"No tengo considerado en lo personal trabajar en esa institución (Chivas), no en esas condiciones, no estoy interesado, para nada", habría dicho Boy, según recopilación del diario Récord.

Y, por otro lado, se habría referido de manera despectiva a uno de los jugadores que necesita urgentemente para que le rescaten contrato por un año: Luis Madrigal.

"¡Madrigal es un queso, por Dios Santo! No es posible que no pueda parar el balón", dijo Boy en ESPN. Claro, hay de quesos a quesos, pero para Tomás, tiene más consistencia el requesón que el atacante llegado de Monterrey.

Sin embargo, para suerte de Madrigal, ahora tendrá la oportunidad de enseñarle cómo hacerlo, especialmente por la gran depuración técnico que tuvo El Jefe como futbolista.

¿Puede hacer el milagro Tomás Boy? Los técnicos que lo precedieron parecieron darle orientación a su directiva para la llegada de El Jefe.

Desconfianza. Falta de mentalidad. Falta de personalidad. Falta de autoridad. Así podrían sintetizarse los diagnósticos de Pepe Cardozo y de Alberto Coyote.

Grave es, sin embargo, que en el diagnóstico clave, definitiva, no se ha cuestionado, ni por sus ex entrenadores, ni por su directiva, un tema puntual: el nivel futbolístico que desarrolla en la cancha. Y eso, refleja la superficialidad del análisis.

Tiene poco tiempo Tomás Boy para imbuirle esa personalidad a sus jugadores, especialmente convertir al Panela Madrigal en el Gruyere Madrigal.

Pero, especialmente, envenenan las circunstancias que tres de sus inmediatos rivales lo superan en la tabla: Puebla, y dos habitantes del pent-house: León y Tigres, porque Morelia, gime aún más con Jémez.

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Rafa Ramos, Fútbol, México

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LOS ÁNGELES -- José Luis Higuera busca entrenador para Chivas. ¿Y por qué él? ¿Y por qué no? Y el porqué no.

Es como pedirle a un carnicero que desentrañe el misterio sobre la replicación genética del ADN en microorganismos, sólo porque sus humildes y honestas manos se hunden en mioglobina y convierten en un objeto sexy un filete miñón al desnudo.

Así. O más o menos. Esperando pues que Higuera pueda acertar buscando al técnico correcto para Chivas.

O suplicarle a un enjundioso y honrado albañil que explique la importancia de la señal sinusoidal en tiempo continuo para realizar cálculos para que los nuevos edificios en Los Ángeles resistan al temido Gran Terremoto que guarda bajo la llave del suspenso la falla de San Andrés.

Así pues. Casi, casi. Más o menitos.

¿Cómo pedirle al personaje inmortalizado por Ricardo Peláez como #Pelagatos2.0, que sea capaz, no sólo de encontrar al técnico perfecto para Chivas, sino, además, garantizarle el respaldo, ese mismo que él, con el puñal de Brutus, clavó entre los omóplatos de Matías Almeyda, y con el mismo código de ética de Judas Iscariote, quien por cierto, se ahorcó en una higuera?

En la actualidad de Chivas, esperanzado en que los contratos televisivos próximos los pongan a flote, lo mejor que podría exigirle Jorge Vergara desde su hábitat de rehabilitación, es que Higuera busque el mejor comprador posible para el Guadalajara.

O pedirle a su hijo, a Amaury, que se distraiga de su ansiedad por ver el colapso final de #TheAvengers, con palomitas y refresco gigantes, y que sea él, como defensor del último bastión de la riqueza de su padre, quien busque un buen cliente, ahora, justo ahora, cuando el agonizante aún jadea y se convulsiona.

El problema es que Chivas hoy ya no vale lo que valía hace 15 años. O hace 10 años. O hace cinco años.

Pero, el equipo aún tiene el más poderoso de sus capitales: su afición. Es decir, 30 millones de aficionados, por lo menos, según el mismo Vergara, son un potencial cautivo, una mina de oro que además se regenera y se renueva, de generación en generación.

Y esa muchedumbre está ahí, aguardando la buena nueva, el anuncio. Aguarda ese heraldo que divulgue, para solaz momento de paz, de fe, de renovación, cuando la tragedia del descenso, bajo la cruel guillotina de la aritmética, pendula ya sobre el cada vez más enjuto y famélico cogote del Guadalajara.

Compradores hay. A Caperucita Roja le sobran lobos ansiosos y relamiéndose los bigotes del banquete. Hay un silencio discreto. Eso que se llama ética entre millonarios. No pueden saltar con la chequera en la mano cuando uno de los suyos, se encuentra delicado de salud, como Jorge Vergara.

Arturo Elías Ayub, consejero directo de Carlos Slim, lo dijo en Raza Deportiva de ESPNDeportes: "Siempre será interesante pensar en comprar a Chivas, pero no es el momento".

O el empresario inmobiliario Freddy Helfon, quien carga con el lastre y estigma de ser aficionado chiva, pero con negocios y relaciones, extremadamente americanista. A sus íntimos les ha confesado: "Lo primero, sería olvidarnos de nacionalismos. Chivas necesita futbolistas extranjeros".

Alguna vez, Jorge Vergara reconoció que mandos medios de la Familia Glazer (Manchester United, Tampa Bay, etc.), se interesaron en Chivas durante la transferencia de Javier "Chicharito" Hernández al club más poderoso financieramente del futbol mundial.

"Les dije que Chivas no estaba en venta, que mejor preguntaran por el América, ja, ja, ja, ja", dijo en aquel momento Jorge Vergara a este reportero. Hoy, pensaría distinto.

Entre las asignaciones para Higuera, el carnicero y el albañil, deposito mi fe, mi fe absoluta, 50% y 50%, en los dos últimos. A ciegas.

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Rafa Ramos, Fútbol, México

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LOS ÁNGELES -- La muerte es un requisito para la resurrección. El problema es cuando el muerto prefiere pervivir en el limbo del autoengaño como una desesperada forma de sobrevivir.

Chivas es un prófugo de su propio funeral. Pero prefiere deambular así, de alma en pena y de pena del alma de sus aficionados, y de pena ajena en el alma propia.

Entrampado en su propia ignorancia, sin directivos que conozcan el ABC del futbol, pero además jugueteando con fuego en almacén de pólvora, el Guadalajara sigue buscando chiquiadores, sobadores y yerberos, para su enfermedad terminal.

Analfabetos funcionales en términos de futbol, José Luis Higuera y Amaury Vergara, aún no se han enterado que tienen al que es, o tal vez era, antes de ellos, el equipo más importante de México. ¿Mariano Varela? Es sólo la rana que salta cuando croa el sapo.

La mayoría coincide. Chivas tiene sólo un camino: la venta a alguien con visión, seriedad y credibilidad. Hoy no existe nada de eso en ese entorno de pantalón largo e ideas cortas.

Dirá Usted: ¿y el cariño por el Guadalajara? Ese no existe hoy: el dueño es atlista; el director deportivo es americanista, y el hijo del dueño sólo venera al león, pero al león de la Metro-Goldwyn-Mayer.

Sin embargo, hay otro camino. Oculto y escabroso, sin duda, pero más genuino, más leal y más valiente, conforme a la historia del equipo.

Alguna vez, en la plataforma sadomasoquista pero favorita de Jorge Vergara, Raza Deportiva de ESPNDeportes, se le planteó esta peligrosa alternativa. No dijo que sí, ni no, porque, como muchas veces ocurrió, lo que comenzó con saludos cordiales terminó con las bayonetas expuestas.

Se le decía a Jorge, si no era mejor, salir frontalmente, honestamente, ante su afición, explicarle que era necesario sembrar para cosechar. Tiempos de Chivas flacas para tiempos de Chivas gordas.

Explicarles a sus devotos rojiblancos, que podrían venir dos torneos, o tres, de pobres resultados, para, en el siguiente, después de haber trabajado seriamente con fuerzas básicas, presentar un equipo genuino, remozado, identificado y educado bajo la religión del Rebaño.

Chivas ha tenidos, dos, tres, hasta cuatro torneos patéticos. Y lo que ha hecho es pagar por parches falsificados, por soluciones apócrifas, por cataplasmas de las que se ha deshecho a corto plazo, y otras que no sabe cómo deshacerse de ellas, como Alan Pulido.

En lugar de provechar esos tiempos de desastres cíclicos, rotos sólo, y parcialmente, por los cinco trofeos de Matías Almeyda, para desarrollar un crecimiento paralelo de fuerzas básicas, lo fue obstaculizando.

Recordemos: en la época Vergara, José Luis Real y Efraín Flores fueron y vinieron sin tiempo de consolidar un proyecto; el esquema de Hans Westerhof, después se fue despedazando, y luego se contrató pomposamente a Albert Benaiges con mitos de La Masía y se despidió a casi todo el personal de los viveros.

Después se dio marcha atrás. Se fue Benaiges y rescataron algunos entrenadores, pero enseguida a Almeyda le dio un ataque de dictador y se le ocurrió propiciar otro caos, y echó a todos, para traer a amigos, parientes y demás, que después se irían con él.

Y volver a empezar, con Marcelo Michel Leaño, quien prepara su propia generación de talentos para cuando él espera, le dejen manejar a Chivas, es decir, en dos años. ¿Es válido hacerlo así? Parece lo único cuerdo, en el manicomio de sinrazones de Chivas.

El problema hoy es el quién. Sí, quién tiene, ante la Nación Chiva, credibilidad, autoridad, imagen, jerarquía, respeto, trayectoria, como para salir al púlpito del Guadalajara y hacer semejante anuncio. Nadie. Tendría que ser el mismo Jorge Vergara, pero su salud no se lo permite.

¿Podría ser Néstor de la Torre? Imposible que regrese, especialmente cuando hay un tipo que instigó a la agresión al hoy comentarista, es decir ése al que Ricardo Peláez inmortalizó como el #Pelagatos2.0.

De otra manera, si no se decide a un brusco cambio de rumbo, o a venderlo, Vergara deberá contemplar precisamente lo señalado al principio: Chivas es prófugo de su propio funeral.

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Rafa Ramos, Fútbol, México

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LOS ÁNGELES -- La desgracia ajena estruja con delicia el sadismo. Algo así como "me deleita más tu muerte que mi vida". Hablo, estrictamente del futbol mexicano.

Chivas reincidía como el hazmerreír del pueblo futbolero, y su vecindario se regocijaba en una bizarra kermesse fúnebre en la que el muerto participa activamente. Primero la burla sobre el occiso, claro, ya vendrá, momificado, el descanso eterno.

Y mientras el americanismo se regodeaba del placer lúdico y morboso del fiambre rojiblanco, se olvidaba de su mejor motivo de alborozo: una demostración implacable de sus Águilas sobre Tigres.

Miguel Herrera y el América han salido airosos de terrenos y adversarios tenebrosos. Primero, doble tunda a Chivas, que, si bien está postrado en la agonía, el escenario innegable y desafiante de un Clásico, es siempre una trampa.

Después, se vino la encerrona con Tigres, quienes salían desdentados por la ausencia de Gignac, un erudito en este tipo de confrontaciones, pero sólo las domésticas claro, porque si es fuera de las fronteras, ya dejó una firma de pusilanimidad ante River Plate.

Cierto: El Piojo honra el sobrenombre. Ya no es el encarnizado y desalmado entrenador que soltaba cebada y hambrienta a su jauría. Sigue teniendo un equipo movidito y espectacular, pero con la inteligencia prudente del que sabe que para matar no es necesario morir.

La voracidad está prohibida cuando el hambre está chimuela. América ya tragó amargo, por ejemplo, ante Pumas y Necaxa. Y si el anacoreta del Lavolpismo ya juega al Lapuentismo, pues a Miguel Herrera hay que respetarle que experimenta en cabeza ajena y propia. Una lección aprendida con heridas. Perder cuatro partidos en un torneo con cinco fechas pendientes, escoce y preocupa a un entrenador que ha hecho una promesa con sangre: el Bicampeonato.

En todo terreno, en todas las líneas, y hasta en casi todos los duelos individuales, América fue superior a Tigres. El 3-0 incluso puede parecer parco, piadoso, tolerante.

El mismo Miguel Herrera ha aceptado cierta inconsistencia. Fue su sello el torneo anterior, pero en el segundo juego de Semifinal ante Pumas y en la Final misma, desparecieron los abismos en el rendimiento.

Incluso, supo administrar mejor que Cruz Azul el salto de un torneo a otro. La Máquina ha padecido para volver a meterse en zona de Liguilla, mientras el América sólo una jornada se salió del vagón de finalistas con el torneo ya maduro.

Insisto, este América puede pecar aún de bohemio. Este martes por la noche podrá verse más claramente la consistencia del mismo. Xolos es un examen engorroso, complicado, provocador. Una jauría genuina contra un equipo con espíritu de jauría.

Y claro el arbitraje y el VAR seguramente tendrán horas extras en este encuentro. Ahora sí, no podrán, como los acusa el mismo Piojo, "estar tragando tortas", y habrá que tener hasta a los camilleros listos.

Más allá de que nadie extraña a Cecilio Domínguez, o que Oribe Peralta consulta su horóscopo para saber si volverá a jugar al estar en plenitud, América tiene un plantel más poderoso que el torneo anterior cuando fue campeón.

Por eso el Doblete (Copa y Liga) no es un antojo, no es una opción, sino una obligación absoluta. Si no, entonces para qué demonios promulgar ese #ÓdiameMás.

Con el plantel, y un tahúr especialista en todo tipo de barajas, sólo es necesario corroborar que este América mantiene sobria, sólida, orgullosa, la personalidad de campeón. Esa sangre del #ÓdiameMás.

Esa identidad, esa idiosincrasia de vestuario, de que se sabe que es más que todos, que es más que el resto, pero que tiene que ser más guerrero que el resto para poder ratificarlo. Los reyes blandengues no perduran. América, aparentemente, no es de esos.

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Rafa Ramos, Fútbol, México

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